El anillo de plata que apareció bajo las aguas, en el mar Rojo. J.J. Benítez lo encontró a las 18 horas del 25 de julio de 1996, cuando intentaba buscar otro anillo propiedad de Blanca, su mujer.

AXUM

     Es raro que sienta miedo.  Los que me conocen saben que sólo temo a las mujeres, y poco más.  Pero aquel día, en la ciudad de Axum, en Etiopía, sucedió algo singular, y sentí miedo.  Nos hallábamos a las puertas de la iglesia de Santa María de Sión, donde,  supuestamente, se guarda el arca de la Alianza.  Pues bien, tras no pocos esfuerzos, conseguimos hablar con el “atang”, al guardián de la citada arca, Abba Tekelu.  Y el anciano terminó por fijarse en el anillo de plata que encontré en el mar Rojo, y que siempre me acompaña.

     --- Ese anillo es especial  -afirmó-  ¿Puedo verlo?.

     Dudé, pero, finalmente, lo puse en sus manos.

     --- ¿Me lo regala?. Las cosas de Dios deben estar con Dios…

     Me negué, claro.  Y el anciano Tekelu insistió e insistió.  Y yo seguí negando.  Finalmente, el guardián preguntó si podía prestárselo durante unas horas.  Quería introducirlo en el interior del arca de la Alianza.  Acepté a regañadientes, con la condición de que me fuera devuelto a primera hora de la mañana siguiente.  Y Tekelu se retiró con prisas.

     Ahí empezó el suplicio y el miedo.  No fue posible dormir.  Me hallaba inquieto y preocupado.  Y llegué a pensar que había perdido el querido y misterioso anillo de plata para siempre.

     A las ocho de la mañana del día siguiente me presenté junto a la reja que rodea el santuario y reclamé el anillo.  Poco después aparecía Abba Tekelu.  Sonrió y me hizo entrega del anillo, al tiempo que comentaba:

     --- Esta noche, al introducirlo en el arca de Dios, se ha iluminado…

     Quedé desconcertado.  El guardián no sabía  -no supo nunca-  de las extrañas características del anillo y del intenso halo luminoso que lo rodea y que sólo es visible con los sistemas de termovisión.  Jamás tuvo en sus manos uno solo de los termogramas que demuestran esa singular e incomprensible virtud del anillo.

Santa María de Sión, en Axum (Etiopía), un lugar santo para los etíopes. En este santuario  -dicen-  se encuentra depositada el arca de la Alianza. Personalmente lo dudo.  (Fotos: Iván Benítez)

Un misterioso halo de luz rodea el anillo de plata de J.J.Benítez  (Termograma gentileza de Francisco Sánchez Viera)

 

 

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