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EL JEFE

     En 1984, hacia el mes de abril, quizá mayo, alguien llamó a la puerta de mi casa. Yo no me encontraba en ella. Uno de mis hijos recogió un paquete: un tubo de cartón, dirigido a mi nombre. Cuando lo abrí, algunos días después, quedé sorprendido. Se trataba de un dibujo, a carbón, con la imagen de Jesús de Nazaret. Era una imagen muy diferente a las que conocía. En el envío no había nota alguna, ni tampoco remitente. Era un paquete anónimo. Nunca supe quién lo envió a mi domicilio, pero le estoy muy agradecido. Desde entonces, la figura del Jefe me acompaña en mi despacho, muy cerca.

P.D.: Si descubre algo especial en este rostro, por favor, avíseme.

 

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