PASCUA 

          La primera vez, si no recuerdo mal, fue en una tormenta, en Bonanza.  La muerte me tocó en el hombro.  Después lo hizo al galope, en un caballo desbocado, cuando regresaba del cortijo del Moro.  La tercera –que no la última- sucedió en la isla de Pascua. Ocurrió en octubre de 1990. Y sucedió por mi culpa, por el afán de explorar y de llegar más lejos…

         Nos hallábamos en el interior de una angosta, casi insufrible, cueva, a la búsqueda de pinturas rupestres. De pronto, cuando nos arrastrábamos, una súbita inundación nos hizo retroceder. Poco faltó para que nos ahogáramos. No importó. Volvería a Pascua en otras oportunidades…

 

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