J.J. Benítez, investigando el enigma de la tumba de Verne.  (Foto: Blanca).

AMMIENS (FRANCIA)

         El 24 de marzo de 2006 se han cumplido 101 años de la muerte de Julio Verne. Hace casi veinte años me decidí a investigar la vida del gran genio francés. Visité Francia y, por supuesto, las sorpresas fueron continuas. Fruto de aquellos ocho meses de pesquisas fue mi libro “Yo, Julio Verne” (1988). He aquí algunas de esas sorpresas:

VIAJERO INFATIGABLE

         Siempre creímos que el autor de  “La vuelta al mundo en ochenta días” solo viajó en sueños o  desde su gabinete de trabajo. Nada más lejos de la realidad. Entre 1857 y 1884, es decir, en un total de veintisiete años, Verne llevó a cabo diez grandes cruceros y un sinfín de viajes “menores”. Su frustrada vocación marinera, no resultaría tan frustrada. Su pasión por la mar era tal que, en el referido año de 1857, recién casado con Honorine de Viana, no dudó en abandonarla para emprender su primer gran viaje a Escocia. Es más: en 1861, con su esposa en avanzado estado de gestación, tampoco lo dudó y, haciendo caso omiso de las lógicas protestas familiares, se embarcó de nuevo rumbo a Escandinavia. El crucero resultó abortado por un súbito cable de su mujer, reclamándole. Verne llegó a tiempo de ver nacer a su único hijo, Michel. Después, merced a los dineros de sus primeras y triunfantes novelas, haría realidad otro de sus sueños: la compra de un barco. El “San Michel”, lo llevaría a Inglaterra, al mar del Norte y a numerosos puertos de la costa francesa.  A bordo de este pesquero reformado concebiría su novela  “Veinte mil leguas de viaje submarino”, llegando a escribirla, incluso, mientras navegaba. “Nemo” nació en la mar.

         Aquel barco, sin embargo, pronto se quedó pequeño. Verne ansiaba cruzar los siete mares. Y en 1876, a los tres meses de su 48 cumpleaños, Julio Gabriel Verne AIIotte compró un segundo yate: el “San Michel 2”. Para esas fechas, el inquieto navegante ya había visitado los Estados Unidos, en compañía de su hermano y confidente Paul. En marzo de 1867, a bordo del trasatlántico “Great Eastern “, los hermanos Verne se dirigieron a Nueva York. Y durante veinte días recorrieron la costa Este y la frontera con Canadá. De esas experiencias nacerían muchas de sus novelas. Con el segundo “Michel” se aventuró de nuevo en el mar del Norte e Inglaterra. Y en 1877 tiró la casa por la ventana, gastando 55.000 francos en un tercer y espléndido yate: el “San Michel 3”, un velero de dos palos, con un motor de cien caballos y treinta y tres metros de eslora. Es la época de sus largos cruceros por el Mediterráneo. Por costumbre, Verne dejaba de trabajar en julio y navegaba hasta octubre. Así recorrió España (Vigo, Cádiz y Málaga), África del Norte, Malta e Italia. Fue recibido por el papa León XIII, en 1884.

         El clamoroso éxito de novelas como “Cinco semanas en globo”, “De la tierra a la luna”, “La vuelta al mundo en ochenta días”, etc., traducidas a numerosos idiomas, hizo de estos cruceros una permanente manifestación de gloria para el vanidoso Verne. Fue agasajado, en Lisboa, Gibraltar, Túnez y Venecia. En 1885, misteriosamente, Julio Verne malvende el “San Michel 3”, negándose a volver a la mar. Su pasión por los viajes desaparece y sólo a partir de ese momento viaja con la imaginación. La razón de este drástico cambio pudo estar en la muerte de su secreto amor, una mujer afincada en París.

 

Jules Verne con Honorine, su mujer. (Cortesía del Centro de Documentación “Jules Verne”).

 

Gabinete de trabajo de Julio Verne. Junto a la mesa, una humilde cama. (Cortesía del Centro de Documentación Jules Verne)

 

Flores blancas para un genio que hizo soñar a miles de seres humanos (Foto: Blanca Rodríguez).

 

La tumba de Julio Verne, en el cementerio de la Madeleine, en Amiens. La mano y el rostro han sido orientados al Oeste. (Foto: J.J. Benítez)

 

Leyenda funeraria. La mano de la escultura oculta y oscurece las fechas de su nacimiento y muerte: 1828 y 1905. (Foto: J.J. Benítez)

 

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