EL CHINO

         Sucedió hace tiempo, cuando El Chino navegaba en “La Perla del Océano”, un barco muy marinero que prefirió morir en las playas de Barbate; pero esa es otra historia…

         En aquel tiempo, La Perla navegaba por el Estrecho de Gibraltar.  Se dedicaba a la pesca de la sardina  Y un buen día, entre la abundante captura, apareció una sorpresa: una cría de delfín, atrapada en la red.  La marinería se apresuró a liberarla y la devolvió a la mar, junto a la familia de delfines.  Y sucedió algo que llenó de emoción a los pescadores: la familia, alborozada, empezó a saltar junto al barco y acompañó a La Perla hasta su destino, en la población de Casablanca, en Marruecos.  La madre, sobre todo, fue la que dio más muestras de gratitud.  Saltaba sobre la cola y corría la banda, una y otra vez.  A los pesadores de Barbate se les saltaron las lágrimas.  Y al llegar a Casablanca, los delfines desaparecieron, aparentemente…

         El barco se hizo nuevamente a la mar, y en ello estaban, cuando saltó un fuerte temporal de poniente.  La marinería, como es habitual, se refugió en la bodega.  Todos menos tres.  Horas más tarde, la tormenta amainó.  Fue cuando cayeron en la cuenta: faltaba un pescador: El Chino.  La mar se lo había llevado.  La Perla viró en redondo y empezó una desesperada búsqueda, sin demasiada esperanza de hallar al desaparecido.  Tres o cuatro horas después, cuando se disponían a retornar a Barbate, alguien lanzó un grito.  Entre el espumerío, el viento y el cabeceo del barco, alguien había visto algo.  ¡Era el Chino, flotando sobre las olas!.  Permanecía tumbado, boca abajo, agarrado a algo oscuro.  Al principio creyeron que se trataba de un madero.  ¡Y a su alrededor, nadando en círculo, la familia de delfines!.  Al ver al pesquero, la madre comenzó a chillar y a decir que “sí” con la cabeza, que el Chino estaba vivo…

         El Chino se hallaba tumbado sobre uno de los delfines.  Fue su tabla de salvación.  Según su propio relato, fue golpeado por la mar cuando intentaba asegurar el arte, cayendo a las embravecidas aguas.  Ninguno de sus compañeros en el puente reparó en ello.

         Y cuando el pescador creía que había llegado su fin, apareció la familia de delfines. Y por espacio de más de diez horas lo sustentaron y protegieron de los tiburones, nadando en círculo.

         “Ellos”…

Fotografías de J.J. Benítez.

        

 

© www.jjbenitez.com