INFIERNO E IGLESIA CATÓLICA

        He aquí otras razones – no las más importantes – que invitan a huir de las religiones; no importa cual.

        En mi lejana infancia, la iglesia católica enseñaba con la ayuda de los catecismos de los padres Gaspar Astete (1537-1601) y Jerónimo de Ripalda (1531-1618). Entre otras “lindezas”, al hablar del cielo y del infierno, decían textualmente:

        “La Gloria es un estado perfectísimo, en el cual se hallan todos los bienes sin experimentarse mal alguno; como en el Infierno se hallan todos los males sin experimentarse bien alguno”. (P.Astete)

        (¡Pobre Dios!)

 

        Por su parte, el P. Ripalda escribía:

        “-- ¿Cómo es Dios Remunerador?

        -- Porque premia a los buenos y castiga a los malos.

        -- ¿A dónde van los buenos?

        -- A la Gloria

        -- ¿Y los malos?

        -- Al Infierno.

        -- ¿Qué cosa es la Gloria?

        -- El conjunto de todos los bienes sin mezcla de mal alguno.

        -- ¿Cuáles son los dotes de un cuerpo glorioso?

        -- Impasibilidad y claridad, agilidad y sutileza.

        -- ¿Qué cosa es el Infierno?

        -- El conjunto de todos los males sin mezcla de bien alguno.

        -- ¿Qué penas padecen los condenados?

        -- Pena de daño y de sentido.

        -- ¿En qué consiste la pena de daño?

        -- En carecer de la vista de Dios.

        -- ¿Y la pena de sentido?

        -- En padecer para siempre tormentos indecibles”

        (Durante los años de mi infancia sufrí lo indecible. No comprendía que el Número Uno (el buen Dios) pudiera crear algo como el infierno, donde no existía su inmenso Amor. Algo fallaba en semejantes simplezas…)

 

1970

        Veinte años después, supongo que sonrojados, los obispos cambiaron tímidamente de catecismo. Para el infierno buscaron otra definición: “Es el lugar donde los malos, apartados de Dios, sufren penas eternas”.

        (Aquello seguía sin tener sentido. El Amor no necesita de la justicia)

 

1975

        El Vaticano insistió: el Diablo es algo real. En un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe aseguraba que “el mal es una realidad terrible, misteriosa y pavorosa.”

        (¡Pobre diablo!)

 

Estatua dedicada al Ángel Caído, en el Parque del Retiro, en Madrid. La base se encuentra a 666,355 metros sobre el nivel del mar. La estatua fue levantada en 1874 por iniciativa del duque Fernán Núñez.

1999

        Juan Pablo II eliminó de un plumazo las viejas ideas sobre el infierno, purgatorio y Satanás, pero sólo fueron palos de ciego. Sobre el infierno explicó: “El hombre puede rechazar el amor y el perdón de Dios, privándose de la gozosa comunión con Él. Esta trágica condición es lo que se llama condenación o Infierno”.

        (El gran error de Juan Pablo II es que no supo que el buen Dios no necesita perdonar. ¿O sí lo supo?.)

 

        En relación con el purgatorio, el fallecido papa escribió: “El hombre tiene ante sí dos perspectivas últimas: o vive con el Señor en la bienaventuranza eterna o queda apartado para siempre de su presencia. Los que terminan su vida terrena en una apertura a Dios, pero de modo aún imperfecto, necesitan una purificación. Esto es lo que la fe enseña mediante la doctrina sobre el Purgatorio”.

        (Puedo imaginar la cara de susto del papa tras despertar del sueño de la muerte…)

 

2000

       El Vaticano siguió empeñado en las malas artes de Satanás, y un experto italiano manifestó públicamente que el número actual de diablos sueltos por el mundo es de 1.758.640.176.

        (Poco más o menos, un diablo por cada tres habitantes. No está mal…)

 2008

        La iglesia católica volvió a cambiar el catecismo. El infierno – ahora – “es el sufrimiento de los hombres que, después de la muerte, están separados de Dios para siempre”.

        (De ser así, Dios sería dios)

 

        Respecto del purgatorio, el nuevo catecismo dice: “Es el sufrimiento de los hombres que han muerto en paz con Dios, pero que tienen que ser purificados de sus pecados antes de participar en la felicidad del Cielo”.

        (La iglesia sigue sin comprender qué es el Amor; al menos la jerarquía)

 

© www.jjbenitez.com