En plena prohibición de torear a pie las mujeres, Conchita Cintrón toreó así al natural en un festival en Oropesa (Toledo).
 

CONCHITA CINTRÓN

     Cuando era niño –muy niño–, mi padre tenía un gato (en realidad una gata). Era ágil, desafiante, silenciosa, rebelde y con unos ojos azules interminables. La llamaban “Conchita Cintrón”. Después, con los años, supe que el nombre se lo había puesto mi padre en recuerdo y homenaje a una gran torera y rejoneadora, muy famosa en aquella época. La dictadura franquista no le permitió torear a pie. Mi padre, además de guardia civil, era un temerario y un romántico…

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