Blanca, frente a a tumba del presidente Kennedy, en el cementerio de Arlington.

NUEVA YORK: CON EL CORAN EN LA MANO

El 11 de septiembre lo vivimos en Turín.

Todo el equipo que trabajaba en la serie “Planeta Encantado” pasó con inquietud  esas horas. Cuando estás fuera de tu casa y lejos de la familia, todo resulta más duro. No sabíamos cómo iba a acabar aquel desastre.

La primera semana de noviembre teníamos que volar a Estados Unidos. El trabajo nos esperaba en Washington. ” Mirlo Rojo”  aguardaba…

Sabíamos que todo el país estaba en alerta.

Por problemas de producción, Juanjo y yo adelantamos dos días el viaje.

Cementerio Nacional de Arlington, en Washington.

En Madrid, antes de salir, entre bromas, Juanjo  hizo una apuesta con los compañeros de rodaje: un cuba-libre por persona, si él entraba en USA con el Corán en la mano. Si lo detenían, sólo pedía que le enviaran tabaco. Por supuesto, todos aceptaron la apuesta y yo, temblando, pensé: “Seguro que es capaz de hacerlo“. “Qué peligro”.

Entramos a Estados Unidos por Nueva York, pasamos el control de pasaportes sin problemas, pero nuestro destino era Washington por lo tanto debíamos pasar un control para entrar en otra Terminal. Ahí empezaron los nervios.

Cada uno llevaba su mochila al hombro. Como suele ser normal, mi mochila era más pesada y Juanjo me insistió para que nos las cambiásemos. Pero él, sin soltar el Corán de su mano…

      

El Corán que entró en Nueva York.

Ya en la entrada al control de equipajes de mano,  nos separamos. Cada uno fue por su cinta, y después a la correspondiente mesa, a vaciar el contenido de las mochilas, bajo la atenta mirada de dos marines americanos, que eran como armarios.

Yo no podía quitar los ojos del Corán que estaba encima de la mesa. Mientras tanto las preguntitas: ¿”Esto que es”? ¿”Esto para qué sirve“?

¿”Esta cámara es suya”?, ¿“Estas pastillas para qué son”? etc. etc.

El Corán, subrayado.

A la policía no le extrañó, en absoluto, que en una mochila de hombre, encontrara cosas como barras de labios, lápices de ojos, maquillaje y demás enseres femeninos.

El Corán seguía encima de la mesa. El título era grande y el libro no era pequeño. Yo pensaba: Como lo abra y vea que está subrayado en rojo, no se qué vamos hacer. No eran momentos para que nos dejaran dar explicaciones.

Lo único que parecía importarle a la policía de seguridad era que estaba prohibido llevar un pequeño cortauñas y una lima. Por supuesto, los confiscaron.

Memorial a los soldados muertos en la guerra de Corea.

Parece ser que los libros, en ese país, no tienen ninguna importancia y lo mismo les da que lleves una Biblia o un Corán “subrayado en rojo.” Recogimos todos nuestros enseres y por supuesto, el Corán. Nos dirigimos a nuestra puerta de embarque.

¡¡¡Ganó la apuesta, pero por poco pierde una esposa de un ataque al corazón!!!

 

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