Blanca y Juanjo con una gran esfera.

ACCIDENTE EN COSTA RICA

En el mes de diciembre del año 2001, nos encontrábamos trabajando en la serie Planeta Encantado en Costa Rica.

Habíamos acabado las grabaciones en la  ciudad de San José y nos dirigimos a la zona sur de ese maravilloso país, para filmar las esferas en el pueblo de El Palmar Sur y sus alrededores.

El calor y la humedad no nos hacían muy agradable el trabajo, pero ya pensábamos en la vuelta a casa para pasar las navidades.

En la selva, poco antes del accidente.

Estábamos en los últimos días de rodaje y nos quedaban muy pocas tomas por hacer. En una de ellas Juanjo debía entrar en algún lugar con mucha vegetación acompañado por el guía y un lugareño. Él tenía que estar en medio de estas dos personas e ir todos armados con machetes de grandes dimensiones pues se suponía que estaban abriendo un camino en la selva.

No parecía muy complicado, pero no sé, cuando vi a Juanjo con ese machete entre sus manos, les comenté entre risas, “Qué peligro, qué peligro, no sabéis con lo que os podéis encontrar”. Por supuesto Juanjo no tenía ni idea de cómo manejar esa afiladísima arma.

Se hizo una primera toma, pero el realizador decidió repetirla. Estábamos todos nerviosos y con ganas de acabar. Las nubes de mosquitos, a pesar de los repelentes, no se separaban de nosotros.

Río DIQUÍS, en plena selva de Costa Rica.

En un abrir y cerrar de ojos me di cuenta que la persona que iba detrás de él, al bajar el machete, le rozó levemente en la mano derecha, cuando Juanjo levantaba el suyo. Se paró inmediatamente el rodaje y nos acercamos para ver lo que había sucedido. Nos dimos cuenta que tenía un pequeño corte en la parte superior de la mano. No le dimos mucha importancia, incluso yo le dije: “Venga hombre, chúpate la herida, ya verás como dejas de sangrar rápido”.

Por fin acabamos y ahí empezó la aventura.

Según pasaba el tiempo, aquel pequeño corte no paraba de sangrar y la mano tenía muy mal aspecto. El dedo corazón de su mano derecha había perdido la movilidad.

                    

Nunca hagas planes más allá de treinta segundos.                     Palmar Sur junto a las esferas de piedras. Blanca, "levitando"...

En ese pequeño pueblo sólo había un centro de salud, allí le atendieron, le pusieron una vacuna antitetánica, le dieron un par de puntos en la piel en la parte superior de la mano para intentar sujetarle el dedo, inmovilizaron la mano y nos dijeron que le habían seccionado el tendón extensor, por lo cual era urgente que lo viera un cirujano. Estábamos en las primeras horas de la tarde y el tendón extensor se podía retraer con gran peligro de dejarle inútil el dedo para siempre, además de una posible infección. Nos recomendaron ir hacia un pequeño hospital que estaba en la frontera con Panamá. Tardamos más de dos horas en llegar, por caminos imposibles, pero con la esperanza de encontrar a un cirujano.

Esferas enterradas en la selva. Blanca y Juanjo durante un rodaje con el Dr. Jiménez del Oso (1989).

La desilusión me dejó helada, a pesar del calor. El concepto que tenemos de hospital allí no existe, sí había un traumatólogo pero que nos dijo que él no estaba preparado para realizar esa operación, por lo que nos aconsejó ir a San José, la capital. Uno de los médicos residentes nos dijo que su padre, el doctor Alfredo Vargas, era cirujano plástico y quizá él nos podría ayudar.

Nos pusimos en contacto con él y así fue. El podía operarlo, el problema era llegar cuanto antes. Ya había anochecido y la única manera de salir era en avioneta, pero claro, al amanecer del día siguiente. Sobre las 6 de  la mañana llegó la avioneta. Teníamos un coche esperando en el aeropuerto y fuimos los dos directamente a la clínica Santa Rita, en la capital. El doctor Vargas nos estaba esperando.

       

San José de Costa Rica. Minutos antes de la intervención quirúrgica.                   Días después de la operación. Faltó poco para perder la mano.

Hicieron los pertinentes análisis y entró a un quirófano, por primera vez en su vida, el 14 de diciembre del 2001 a las 12 de la mañana.

Todo salió bien. Con el tiempo recuperó la movilidad de la mano.

NO CREO QUE SE LE OCURRA TOCAR UN MACHETE EN SU VIDA…

 

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