Herodes el Grande acudía a este lugar  (Foto: J.J.Benítez)

DIOS Y ALÁ

Jordania es un país de contrastes.

La capital, Amman,  es una ciudad moderna, con grandes hoteles, muy buenos restaurantes y una atractiva vida nocturna, con muy buenas discotecas. Nadie pensaría que estás en un país árabe.

Su juventud tiene las mismas inquietudes que las de cualquier país europeo.

Pero cuando sales de la capital o de las típicas zonas turísticas y visitas  los lugares frecuentados por los jordanos, las cosas cambian.

Handi, nuestro guía y amigo, nos preguntó si nos gustaría conocer unas cascadas de aguas termales, donde los jordanos van a tomar baños terapéuticos ya que sus aguas son medicinales.

Handi, nuestro guía, con Blanca. (Foto: J.J.Benítez)

Su fama no es de ahora, se supone que Herodes el Grande viajaba desde Maqueronte hasta las cascadas de Ma´in, para recibir tratamiento para sus problemas en la piel.

Así que después de visitar Maqueronte, a  orillas del Mar Muerto, salimos hacia Ma´in.

Me parecía imposible que en medio de un lugar tan árido y seco pudiera existir agua y menos unas cascadas.

Después de recorrer una estrecha y peligrosa carretera  pudimos ver  desde lo alto un  desfiladero; el agua no la podía ver, pero sí la podía oír.

La verdad es que hasta que no estuve casi enfrente no  podía creer lo que estaba viendo.

Era impresionante. La montaña manaba agua por todas partes, formando pequeños riachuelos, pero lo que más me impresiono fue la cascada, con más de 20 metros  de altura. Con la fuerza del agua, (que luego pude comprobar en mi espalda) y con la ayuda del eco resultaba difícil  mantener una conversación.

El sofocante calor animaba a ponerte bajo  la cascada, pero según me comento Handi, no debia pensar que la “ducha“ iba a ser resfrescante; al contrario: el agua manaba a más de 40 grados.

    

Cascadas de Ma´in, en Jordania (Foto: J.J.Benítez)

Eso no me desanimó, y sin pensarlo dos veces ya estaba en bikini preparada para el baño.

Inmediatamente, me sentí observada y creo que con no muy buenos ojos.

Estaba tan fascinada por el espectáculo que no me fijé: todas las mujeres, e incluso las niñas, se estaban bañando vestidas, pero vestidas hasta los tobillos y con sus cabezas cubiertas por unos pañuelos o velos.

Para los hombres no había tales reglas, ellos si podían ir en bañador.

Me sentí avergonzada y me puse la camiseta, a pesar de no llevar ropa para poder cambiarme.

El baño fue fantástico y lo disfruté. Mereció la pena regresar a Amman mojada de cintura para arriba.

Siempre respeto las tradiciones del lugar al que viajo, pero también me hago preguntas:

¿Existen diferencias entre DIOS y ALÁ  a la hora de disfrutar de un baño?...

 

 

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