LA ALDEA DE LA ETERNA JUVENTUD

Cuando llegamos a México D.F. no teníamos ni idea que íbamos a visitar Huatulco, un incipiente lugar turístico con playas y vegetación increíbles.

Se suponía que repondríamos fuerzas para seguir con las investigaciones, pero las leyendas del lugar  nos cortaron las merecidas vacaciones.

Llegó a nuestros oídos que un extraño ser había acabado con cientos de animales en la sierra cercana a Huatulco.

Ya teníamos el gusanillo dentro y, sin pensarlo mucho, cambiamos el día de playa por una excursión a la selva. Contratamos un chofer, y de nuevo a la aventura.

Debíamos llegar a Santa María de Xadami, un pueblecito perdido en la sierra de Oaxaca.

Iglesia de Santa María de Xadami.

Después de varias horas de ascender por una pista forestal y atravesando un paisaje exuberante llegamos a la pequeña aldea.

Preguntamos a un vecino por las personas más ancianas del lugar y amablemente se ofreció a acompañarnos.

Ahí empezó nuestra sorpresa. Nunca imaginé que en un lugar tan pequeño había tantas personas con 100 años o más.

Alfonso Fernández Rey, nos recibió en la entrada de su casa y charlamos un buen rato. Su memoria era muy buena, se acordaba de lo del ganado, pero según él aquello fue una peste que acabo con cientos de vacas. Luego en la zona se empezó a cultivar café y ahora todo el pueblo vive del trabajo en los cafetales.

Alfonso Fernández Rey.

Ahora se encontraba un poco mejor, porque le habían operado de la vista y ya podía caminar solo, pero lo increíble es que ni usaba ni usó nunca gafas en sus 101 años.

Octaviana Martínez Zárate, 103 años. Limpia como una patena, sus trenzas impecables.

Ella se aseaba y peinaba, no le gustan los vestidos oscuros. Se ocupa de sus flores y de sus dos loritos. Nos cuenta que las piernas ya le fallan un poco, pero así y todo ella se daba sus paseos, para visitar nietos y biznietos. Pero lo más importante es que no había perdido el humor, sonreía sin parar. Solo se puso sería para la foto.

Octaviana Martínez Zárate.

Jacinta Aragón Borja y Felipa Gijón Ramírez, dos abuelitas encantadoras. Jacinta llevaba varios años en cama, estaba muy débil, recordaba lo de la  enfermedad del ganado, pero pasó hace mucho tiempo, cuando ella era jovencita. Tenía más de 100 años, pero no sabía cuantos más.

Felipa era su comadre, es decir, su consuegra. Una de sus hijas se casó con el hijo de Jacinta. Ella rondaba los 100 pero ya no tenía bien la cabeza, porque no se acordaba del ganado, de los cafetales sí.

Jacinta Aragón y Felipa Gijón.

Benito Fuentes, vivía solo en una cabaña de madera a las afueras de la aldea.

Según le decían tenia 101 años. Era la persona más frágil que he visto en mi vida.

Nos recibió con un viejo pañuelo desgastado en la mano, que no había visto el agua en la vida. Me llamó la atención la cantidad de pelo que tenía y apenas canas.

Benito Fuentes.

En un par de horas conocimos a cinco personas mayores de 100 años.

La pequeña iglesia abre sus puertas muy de tarde en tarde, ya que el cura de la región sólo se acerca a Santa María de Xadani cuando hay un funeral; por lo que parece no tiene mucho trabajo en el pueblo de la eterna juventud…

 

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