Blanca y el guia.

INCONSCIENTE

Esas Navidades me tocó preparar el viaje. Se supone que cada 28 de diciembre nos toca elegir un lugar para viajar sin que el otro sospeche, hasta el final, hacia donde viaja, y, ese año fue mi turno.

Yo tenía que pensar en un lugar relativamente cercano y con calorcito.

Aparte de las islas Canarias no había mucho donde elegir y, sin pensármelo dos veces, me decidí por Gambia. Era exótico y nos separaban pocas horas de avión.

El hotel era agradable, pero pasar una semana sin salir del hotel era un poco aburrido, así qué decidimos hacer un par de excursiones para conocer un poco el país.

¿Sola ante el peligro?

Nos hablaron de una gran charca que, para ellos, es sagrada y en la que viven cantidad de cocodrilos.

Nos acercamos al lugar. Después de caminar por unos senderos, y rodeados de una gran vegetación, nos encontramos ante una gran charca de un color verdoso muy sospechoso; aquella agua estaba estancada.

Nuestra sorpresa fue cuando descubrimos unos bultos rodeando el filo del estanque: eran cocodrilos, muchísimos cocodrilos que se camuflaban entre la tierra de color gris.

" No tocar ningún cocodrilo...." Por supuesto.

Según nos comentaron, las mujeres que querían tener hijos se acercaban a la charca y se bañaban en ella , por supuesto, entre los temibles cocodrilos. Era un baño ritual peligroso, y aunque nos tranquilizaron diciéndonos que por supuesto a los cocodrilos les daban antes de comer, yo no me fiaba ni un pelo. Por lo visto, para ellas, estos animales son un símbolo de fertilidad, y visto lo visto no lo dudé ni un momento.

Después de unos instantes de duda, el guía me dice, tan tranquilo, que  puedo acercarme y tocarlos, claro, con cuidado. Los que estaban fuera del agua ya habían comido y estaban haciendo la digestión al sol. Eso dijeron. Algunos no debían tener mucho sueño. Abrían su enorme boca, no sé si para bostezar o con otras oscuras intenciones.

Prueba cumplida.

Me coloqué a una prudencial distancia y al que creí más dormidito le acaricié el lomo. Casi no me atreví a mirarle, pero él si me estaba mirando de reojo.

Nadie ha contado nada de los cobardes; espero que cuenten algo de las valientes e inconscientes como yo…

Ejemplares de hasta una tonelada.

 

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