Blanca, en Jerusalén.

ATENTADO EN JERUSALÉN

Llegamos a Jerusalén en plenas fiestas de la Pascua Judía, en el mes de marzo del año 2002.

Habíamos retrasado varias veces el rodaje en Israel. Era difícil trabajar en la situación en la que se encontraba el país. Aparte de la seguridad del equipo, teníamos muchos problemas para conseguir los permisos para rodar en los territorios palestinos.

Decidimos, por consejo de las autoridades judías, salir de Israel en esas fechas y viajar a Jordania para no desperdiciar ningún día y poder seguir trabajando.

Al cabo de una semana de trabajo en Jordania llegamos a la frontera con Israel, en el Puente Allenby, al otro lado de la ciudad de Jericó.

Estábamos solos en la frontera y eso nos pareció extraño. Después de pasar todos los controles y ya cargando todo el  material en el autobús que nos esperaba, escuchamos unas fuertes explosiones. En ese momento estaban bombardeando Ramala.

Blanca delante de la maqueta del Templo de Jerusalén.

La carretera que une la frontera con Jerusalén estaba solitaria. Cuando llegamos a la ciudad, aquello era un desierto.

Ya en la entrada del hotel, uno de los pocos que quedaban abiertos, nos encontramos con un vehículo del ejército y varios soldados en la puerta. Nos advirtieron que era peligroso salir del hotel, pues los atentados suicidas, en esos momentos, estaban en pleno apogeo.

Con esa situación seguimos trabajando como pudimos, y recibimos algunos sustos en pleno rodaje. Uno de ellos en el Muro de los Lamentos. Por supuesto, no había turistas y eso a nosotros nos venia muy bien, el trabajo era mas rápido.

En un instante, en la explanada del Muro, aparecieron muchísimos policías. Habían encontrado una mochila. Desalojaron inmediatamente el lugar y, por supuesto, a nosotros los primeros. Al cabo de una hora nos dijeron que era una falsa alarma. Probablemente, uno de los soldados que estaban visitando el lugar la había olvidado. Así vivimos, con esa tensión, cada día de trabajo.

Muro de las lamentaciones, en la ciudad de Jerusalén.

En algunos países, el equipo descansaba unas horas al acabar el rodaje, y en Jerusalén con más razón, para poder visitar esa maravillosa ciudad. Y ese fue el día. Decidimos todos ir a comer a un restaurante italiano en pleno centro comercial de la ciudad. La comida, muy buena, y después de la sobremesa, cada uno decidió en qué iba a ocupar el resto de la tarde.

Juanjo decidió regresar al hotel. Tommy y Rafa, al Museo del Libro, y el resto pensó en dar un paseo. Lo que son las causalidades. Marta, nuestra productora, en el momento de pagar, se dio cuenta de que no tenia la tarjeta Visa. Se la dejó olvidada en el lugar donde entregó y pagó el alquiler de los cinturones de baterías para las cámaras. Los chicos empezaron a protestar. Les comentamos que los alcanzábamos en unos minutos, en cuanto pagáramos la cuenta. Yo aproveché el retraso para ir al servicio. Era pequeñito, con una pequeña vidriera justo detrás del inodoro.

Fue en un segundo, un estruendo fortísimo, todo se movió. Los cristales explotaron. 

Salí asustada del lavabo, todo el personal del restaurante estaba en la puerta de salida. Una persona, vestida  de paisano pero con una metralleta en la mano, no dejaba salir a nadie. Marta y yo nos miramos, estábamos aterradas. No habían pasado más de diez minutos desde que nuestros compañeros salieron del restaurante. No sabíamos donde había estallado la bomba, aunque imaginábamos que muy cerca. ¿Dónde estaban nuestros compañeros? Nos sentimos atrapadas. No podíamos salir. Los teléfonos no funcionaban y era imposible comunicarse con nadie .

Así estuvimos casi dos horas. Ya sabíamos que el atentado había ocurrido a escasos 300 metros del restaurante, y ellos, seguro, estaban en la zona.

Nos informaron que había muertos, y bastantes heridos. En esos momentos, lo único que escuchábamos eran sirenas de ambulancias y policía. Era angustioso y, lo peor, no podíamos movernos. Al fin pudimos salir. Intentamos llamar al hotel, pero las líneas continuaban colapsadas.

Túnel de los Asmoneos, en Jerusalén.

Decidimos acercarnos al lugar del atentado. Todo era un caos, la policía tenía cercada la zona. Pudimos ver camillas, con heridos. El atentado ocurrió muy cerca de un hospital. Allí nos enviaron para pedir información sobre los fallecidos y heridos. Jerusalén no es una ciudad muy grande, y en esos casos, las noticias vuelan. Hasta el hospital llegaban muchas personas para pedir información y junto a ellos estuvimos en silencio, esperando.

Al fin las listas. Nuestros amigos no estaban en ellas, no nombraron a ningún extranjero. Fue un alivio, pero la tristeza y el dolor que vivimos en aquel lugar, creo que nunca se nos olvidará. Tuvimos suerte.

Una Visa olvidada y un comercio, con un atractivo escaparate de productos informáticos, donde entraron nuestros amigos, quizás nos salvo la vida.

¿Causalidad…?

 

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