Blanca y Juanjo en la basílica de Guadalupe, en México D.F.

EL JURAMENTO

Después de tantos años viajando, siempre hay cosas que me asombran, y descubro lugares nuevos, que aunque parezcan salidos de alguna película, en este caso italiana, ahí están.

Yo viví cinco años en México D.F., y, por supuesto, visité muchísimas veces la Basílica de Guadalupe. Pero no visité nunca la antigua Catedral. Estuvo durante muchos años cerrada, a causa del deterioro que tenía. Los terribles terremotos habían afectado sus cimientos y estaba prohibido al público entrar en ella. Quizás por eso nunca me acerqué a la parte trasera del edificio.

En este viaje Juanjo y yo decidimos ir una mañana a visitar a la Guadalupana.

México D.F. Capilla de los Juramentos. (Foto: J.J.Benítez)

Con calma recorrimos todo el recinto. En un lateral de la antigua Catedral nos encontramos delante de una gran puerta, y lo que leímos nos llamó la atención: ¡“JURAMENTOS”!. Nos acercamos a la puerta. En la penumbra pudimos ver una pequeña capilla, y, oímos una voz que nos decía que los juramentos empezaban a las 12 del mediodía.

¿Qué juramentos?. La verdad es que no entendíamos nada. Enseguida salimos de duda.

Un padrecito salió de la oscuridad, y ahí empezó el interrogatorio, y el lío.

Pensó con su mejor intención que éramos unos posibles clientes, y nos atendió con toda su paciencia.

Capilla de los Juramentos, única en el mundo. (Foto: J.J. Benítez)

Aquella capilla se dedicaba  únicamente a los juramentos. Diariamente, bajo pago de cierta limosna, los maltratadores, los borrachines, los polígamos y demás marginados, juraban ante el Señor dejar sus malos hábitos, volver al redil  y seguir el camino de Dios. Según nos decía, algunos repetían el acto una vez a la semana. Bueno, al menos lo intentaban, la Fe no les faltaba, pero la carne era débil, nos decía.

Nos dio toda la información, incluso las oraciones que se rezaban en el solemne acto.

El problema empezó fuera de la capilla. Juanjo se empeñó que yo tenía que representar el papel,  arrepentirme y entrar a jurar. Bien, entro, y, ¿qué juro?.

No lo sé, me dice.

Tú sabrás.

Momento del juramento. (Foto: J.J. Benítez)

Entre tanto, al lugar se iban acercando hombres, mujeres y niños. Yo dándole vueltas a la cabeza, en qué mal momento se me ocurrió acercarme a la capilla.

El genero masculino iba entrando, los familiares esperando fuera.

Cuando ya iban a cerrar la puerta entré. Me senté en uno de los últimos bancos. Era la única mujer. La situación, más que ridícula. Empezó el acto. Uno por uno se ponían de pie y en voz alta confesaban sus pecados. Mi turno se estaba acercando, no sabía que confesar. Sentía que todos me miraban.

Pero fui valiente, me puse de pie y confesé mis faltas.

El sacerdote nos invitó a ponernos de pie, levantamos el brazo derecho, y, JURAMOS.

Me imagino que os gustaría saber mi juramento…

SERÁ EN OTRA OCASIÓN (por cierto no he vuelto a visitar la capilla).

Escena de la aparición de la Niña al indio Juan Diego, al fondo. (Foto: J.J. Benítez)

 

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