SI NO VIENES NOS HUNDES

Cruceros con 80% de descuento. Si abrís el ordenador, o cualquier periódico, os encontraréis con un bombardeo de ofertas para todos los gustos, incluso niños gratis. Parece barato, pero, al final, haces cuentas y a, lo tonto, se te pone en un pico. Si no es un” todo incluido”, entre bebidas, fotos y excursiones (que por cierto en algunas te timan) cuando recoges la cuenta te das el gran susto. Es muy fácil entregar la Visa al embarcar, eso es lo primero. La salida del barco resulta más triste, sobre todo la cuenta bancaria es la que sufre.

He tenido la suerte de hacer algún crucero, con llegada a puerto sin contratiempos. Siempre ocurre alguna anécdota, pero ahora no voy a entrar en ese tema.

Me voy a centrar en las prácticas de los simulacros por si ocurriera alguna emergencia.

Según tengo entendido es obligatoria para tripulantes y tripulación. Lo que no entiendo muy bien es por qué siempre la hacen al segundo o tercer día. Si ocurriera algún percance el primer día, eso sí sería un caos.

Simulacro en el casino. El colmo... (Foto J.J.Benítez)

Otra cosa que no me parece normal es que aunque vayas en un barco de una naviera española, la tripulación no habla ni una palabra de español. Últimamente, (ha coincidido en mis dos últimos cruceros) el capitán y demás oficiales eran de países del este, y la mayor parte de la tripulación no hablaban ni ingles.

Eso lo entiendo en cruceros de compañías norteamericanas o italianas pero no en las españolas.

Ya de por sí los simulacros son un lío. Suenan las sirenas, cientos de personas corriendo por los pasillos hasta su camarote para recoger y ponerse sus chalecos salvavidas, por supuesto los ascensores están terminantemente prohibidos así que toca subir o bajar escaleras. Si tienes suerte, tu camarote está en un piso arriba o debajo de la cubierta donde se encuentran los botes salvavidas.

Para saber cuál es tu punto de encuentro otro lio, aún no te has orientado y no tienes ni idea por donde queda el salón azul, el teatro o la discoteca.

La tripulación no aparecía. Tuvimos que ayudarnos unos a otros. (Foto J.J. Benítez)

 

Nadie sabe qué hacer durante el simulacro (Foto J.J. Benítez)

A mí, en mi último crucero, me tocó reunirme en el casino, que estaba cerrado, por si acaso a algún pasajero se le ocurría echar una monedita en las máquinas tragaperras.

Ya en cubierta, y todos bien formaditos, te explican por megafonía cuál es el número de tu bote salvavidas. Miras a tu alrededor y piensas: “que no pase nada porque con todo este gentío no entramos ni la tercera parte”.

Ahí sí te entra un poquito de pánico, pero cambias inmediatamente la cara. Se acerca el fotógrafo y detrás el cámara. No es cuestión de enseñar las fotos y el video a tus amigos y familiares con cara descompuesta.

Silbato, por si te caes al agua... (Foto J.J.Benitez)

Termina la alarma y de nuevo otro atasco para dejar los chalecos en la habitación. La vida a bordo sigue, y todo el personal ha corrido a ocupar las hamacas de la piscina. Qué mala suerte: me toca sentarme en una silla para reponerme del estrés, se suponía que era el día de navegación para disfrutar del barco.

Un crucero: toda una experiencia… agotadora.

 

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