Aeropuerto de Mataveri, en la isla de Pascua.

VISITA COMPLICADA

En el mes de octubre del año 90, precisamente cuando me dejó un mensaje en la Isla de Pascua, Juanjo estuvo haciendo una serie de investigaciones en la isla. Allí le hablaron de un señor que se llamaba Napoleón. Se dedicaba a tallar en madera figuras de moais y él quería encargarle algunas de gran tamaño para traerlas a España.

Este hombre era un gran artesano a pesar de su enfermedad. Tenía la lepra y ya había perdido una pierna y sus manos estaban deformadas. Cerraron el trato y ahí quedó todo, de momento.

Napoleón, a la izquierda, en un viaje anterior.

En el año 93, Juanjo y yo regresamos a Pascua, para mi era la primera vez. Al cabo de unos días Juanjo preguntó por Napoleón. Nos dijeron que estaba enfermo y lo habían trasladado a la capital, a un hospital de Santiago de Chile, pero nadie sabía nada del encargo.

Nos quedamos sin los moais, pero cuando se le mete una cosa en la cabeza no para hasta conseguirlo y decidimos buscar a otro artesano para hacer de nuevo el encargo.

Hablando con nuestro guía, nos comentó que podía ayudarnos.

Así me enteré que en Pascua había una leprosería y allí se encontraban algunas personas que trabajaban la madera.

Conocía a una enfermera que, una vez por semana, iba a llevar las medicinas y a hacerles las curas.

Rafael Tuki, trabaja la madera y la cerámica aunque carece de manos.

Juanjo le preguntó si había algún problema en acompañarla en su próxima visita.

Así, me vi la noche anterior a nuestra cita sin poder pegar ojo. Le decía que estaba loco y que, por supuesto, yo no iba con él. Lo único que me respondía era que no había ningún problema porque esa lepra no era contagiosa, que no tuviera miedo.

La verdad es que yo, no sabía nada de esa enfermedad, solamente por libros y películas.

A fin llegó el día. No sabía cómo iba a reaccionar, qué iba a decir, si me atrevería a mirarles o a darles la mano.

Llegamos a la leprosería. Me encontré delante de varias construcciones de una planta, el corazón me latía muy fuerte, pensaba que aquello no me podía estar pasando.

Al momento aparecieron un par de personas. No tenían muchas visitas y nosotros éramos una novedad.

 

Ellos, los leprosos de Pascua, son felices. Mucho más que nosotros. En la imagen, Joel Hereveri.

 

Leprosería de la isla de Pascua. Nada es lo que parece

No recuerdo quién empezó a hablar, lo que sé es que entramos. Todo estaba muy limpio, no había muchos muebles. Todos sonreían. Eran muy amables. Al poco tiempo, aparecieron 4 o 5 personas más. No eran más de 9. Nos enseñaron sus trabajos, estaba cercana la Navidad. Joel Hereveri sin parar de sonreír, nos enseño sus pinturas. Estaba haciendo tarjetas de felicitación, pintaba sin manos con los pinceles atados a sus muñones. Rafael Tuki trabajando la madera sin dedos y Papiano Ika que era ciego se encargaba del pequeño huerto.

Estaban contentos, se notaba que agradecían la visita.

A los cinco minutos de estar con ellos ya no me importaba su aspecto, ya no tenía miedo.

Lo que sí quiero deciros, cuando llegó el momento de la despedida, los abracé lo más fuerte que pude y ellos me lo devolvieron igual de fuerte, con el corazón.

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

Blanca, en la ladera del Rano Raraku, junto a los moais, las gigantescas estatuas de Pascua.

 

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