Visita inolvidable a la casa de la Madre Teresa de Calcuta, en Agra (India) (Foto:R.M.Paraíso)

YO CREO EN LOS MILAGROS

No tuve la suerte de  conocer a la Madre Teresa de Calcuta, pero siempre soñé que, si algún día viajaba  a la India, visitaría una de las casas de las Misioneras de la Caridad.

Creo que la Madre Teresa ha sido uno de los personajes más importantes del siglo XX.

Y llegó ese momento, mi sueño se iba a cumplir.

Llegamos a Agra al medio día y, nada más dejar el equipaje en el hotel, nos dirigimos a la casa de acogida que las misioneras tienen en la ciudad.

Después de atravesar una bulliciosa y ruidosa Agra, entramos a un lugar de paz y silencio.

Lo primero que vi fue la imagen de la Madre, adornada con unas pequeñas flores.

Flores para Teresa de Calcuta.

 

Monumento a la Madre Teresa.

Todo estaba limpio y bien cuidado. Había varios edificios de una planta, pintados en alegres colores en los que vivían  acogidos, ancianos con enfermedades en la piel, adolescentes deficientes mentales y niños. Todos abandonados y rechazados, los parias de la sociedad.

Al momento apareció una hermana con una amable sonrisa y en un perfecto inglés nos preguntó de dónde éramos  y nos agradeció la visita. Como  una experta guía nos fue explicando cómo hacían su trabajo y nos acompañó hasta el pabellón de los bebés.

La religiosa que nos acompañó en la visita a la casa de la Caridad (Foto R.M.Paraíso)

Deficientes mentales e inválidos en la casa de la Caridad (Foto R.M.Paraíso)

Hay momentos que, por mucho que quieras contarlo, es imposible, no hay palabras.

Sentí un nudo en la garganta, y no pude contener las lágrimas.

Allí había más de cincuenta cunas, alineadas a los lados de un estrecho pasillo.

Cunas de hierro, también pintadas con alegres colores, y en ellas bebés de no más de dos añitos, acostados. La mayoría con graves problemas: desde parálisis cerebral a raquitismo. Son bebés abandonados al nacer y todos parias, lo último de la sociedad india.

Niños en la casa de la Caridad, en AGRA (Foto Blanca)

Algunos lloraban cuando intentábamos tomarlos en brazos, otros nos miraban con cara de asombro, abriendo unos inmensos ojos negros.

Uno de ellos se me tiró literalmente a los brazos y trepó hasta mi cabeza como si fuera un  monito. Pensé que caeríamos los dos al suelo. Tuvieron que venir a socorrerme.

Ya empezaba a oscurecer y era la hora de dar la cena a  los niños, así que, acompañados por la amable religiosa, nos acercamos hasta un pequeño despacho.

 

Estuvimos a punto de caer (Foto:R.M.Paraíso)

Todas las paredes aparecían decoradas con imágenes de Jesús y fotografías de la Madre Teresa con diferentes personalidades del mundo.

Y allí, sentada detrás de una pequeña mesa, nos explico cuál era el milagro para poder mantener abierta la casa y acoger a quien lo necesitara.

Por supuesto los donativos llegaban de todo el mundo, así como de las personas que, como nosotros, nos acercábamos para ayudarlas con alguna pequeña cantidad.

Pero, sobre todo, la FE y el AMOR. Confiar en el AMOR y no perder nunca la FE.  Ese era el mensaje de la Madre Teresa.

 “Haznos merecedores, Señor, de ayudar a nuestros compañeros del mundo que viven y mueren en la pobreza y el hambre. Dales a través de nuestras manos, el pan de cada día y, a través de nuestro amor y comprensión concédeles paz y alegría”.

A a la hora de la despedida nos quedamos sorprendidos cuando la monja nos entregó un pequeño recibo en el que daba cuenta de la cantidad de dinero que habíamos donado. Le dijimos que no lo necesitábamos pero ella insistió.

Recibo de la donación.

Nos despedimos con el corazón encogido, pero las sorpresas no habían terminado.

Ya en el coche, cuando nos marchábamos, al abrir  las puertas de la casa, vimos a una multitud, y entre ancianos, mendigos, mujeres y niños, un enorme perol humeante y dos personas vestidas de blanco.

Eran dos religiosas que, como todos los días del año, repartían unos puñados de arroz a los más necesitados de la ciudad de Agra.

Ahora sí creo en los milagros…

“A veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”.

 

 

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