J.J. BENÍTEZ

CABALLO DE TROYA 3. SAIDAN.

J. J. Benítez. 1987. Editorial Planeta. 15x23 cm. Tapa dura. 520 páginas.

NUEVA EDICIÓN REVISADA POR EL AUTOR

 En esta tercera parte del diario del mayor USA que "viajó" a la Palestina de Cristo, el lector, entre otras fascinantes sorpresas, encontrará la respuesta a una de las grandes incógnitas de la vida del Hijo del Hombre: su infancia. "Algo" que los evangelistas silenciaron, privándonos de una perspectiva más auténtica sobre la más grande figura de la Historia. Nadie, hasta hoy, había tenido la audacia suficiente para atreverse a narrar, paso a paso, cómo fueron esos primeros años de la encarnación humana del Hijo de Dios. Una vida tan inquietante, alegre, dolorosa e intensa como la de millones de seres humanos. Podía imaginar, por ejemplo, que Jesús vivió más de dos años en Alejandría? Sospechó alguna vez que Jesucristo era amante de la música y del dibujo? Qué ocurrió realmente, a sus doce años, en el templo de Jerusalén? Saidan. Caballo de Troya 3, además, le ofrece una singular narración de las apariciones de Jesús en el lago Tiberíades, así como una desconcertante descripción de su "cuerpo glorioso". Como escribe J. J. Benítez en esta nueva y polémica obra, "si sus principios religiosos se hallan definitivamente cristalizados y no se siente con fuerza para evolucionar, por favor, no lea Saidan. Caballo de Troya 3".

Fragmento del libro, Caballo de Troya 3 Saidan:

El diario
(TERCERA PARTE)

«Otoño de 1978. Estoy perdiendo el sentido del tiempo. Presiento el final. Ya nada me preocupa. Sólo terminar. La vida y el aliento se escapan. Pronto me reuniré con mi "hermano". Pero antes, ¡oh Dios misericordioso!, dame fuerzas para concluir lo empezado. ¡Es tanto lo que aún resta por rememorar y dejar escrito!

»Hoy, cuando me dispongo a retomar el hilo de nuestras experiencias y exploraciones en la Palestina de Jesús de Nazaret -bendita sea su memoria , sigo sin conocer al hombre o mujer que deberá custodiar y difundir cuanto llevo anotado y que, ése es mi único fin, pretende reflejar, torpe y pobremente, lo sé, la maravillosa "luz" del Maestro. Ni siquiera tengo la certeza de que estas apresuradas memorias lleguen a ser leídas. No obstante, tal y como aprendí de Él, debo confiar en la mano diestra y amorsa del Padre. Él tiene un plan para cada uno de nosotros. Él, por tanto, sabrá cómo y cuándo hacer llegar cuanto aquí se narra a quienes, en verdad, están sedientos de su palabra.

»Y antes de sumergirme de nuevo en la apasionante aventura de este par de locos" en las altas tierras de la Galilea, solicito la benevolencia y comprensión de cuantos acierten a leer esta especie de Diario. Seguramente, un consumado escritor lo habría hecho con más acierto y brillantez. Creo, asimismo, que estoy en deuda con ese todavía anónimo destinatario de cuanto llevo escrito y de lo que, espero, me queda por contar. El brusco final que precede a lo que ahora me ocupa no ha sido gratuito. Ni debe ser interpretado como el capricho de un hombre senil o decadente. Lo que nos tocó vivir y presenciar en Palestina, a partir de aquel inolvidable domingo, 16 de abril del año 30 de nuestra era, resulta tan espectacular y decisivo que, honradamente, he creído necesario adoptar un máximo de precauciones. Ese criptograma, que en cierta medida cierra la primera fase del segundo "salto" de la Operación Caballo de Troya, sólo pretende salvaguardar nuestro "tesoro". Y ha sido concebido de tal forma que, al igual que en el primero de los enigmas, sólo una persona sedienta de conocimientos y dispuesta a arrostrar toda suerte de riesgos y sacrificios esté capacitada para desentrañarlo y, finalmente, respetando su contenido, darle el tratamiento justo. Estoy seguro que ese anónimo y no menos loco" personaje sólo puede ser un entusiasta de Jesús de Nazaret. En ello confío.»

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