J. J. Benítez: "Echo de menos las redacciones, pero con el ambiente de antes"

JUANJO BENÍTEZ REBOSA ENERGÍA, AUNQUE QUIERE EMPEZAR A TOMARSE LA VIDA CON CALMA. HA PUBLICADO SU NOVENO Y ÚLTIMO ‘CABALLO DE TROYA’, UNA SAGA DE LIBROS QUE SUMAN MÁS DE TREINTA MILLONES DE LECTORES.

[TEXTO: ROSANA LAKUNZA.FOTOS: JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ] ON GENTE. Diciembre 2011.

El periodista y escritor navarro Juanjo Benítez es el autor de la saga "Caballo de Troya", sobre la vida de Jesucristo.


Fue casualidad que este pamplonés se interesara por el fenómeno ovni: su jefe en la redacción de la desaparecida La Gaceta del Norte de Bilbao le mandó a hacer un reportaje a un pequeño pueblo de Burgos, donde un grupo de habitantes decían haber visto objetos extraños en el cielo. Ese momento marcó un punto de inflexión en su carrera de reportero. Siete años después, y ante la opinión contraria de todos los que le rodeaban, incluida su familia, dejó el periodismo activo para meterse de lleno en la investigación y dedicarse a escribir libros. Sigue siendo un creyente confeso de sus investigaciones, pero también reconoce que en ocasiones echa de menos el periodismo que  voluntariamente abandonó. Hoy pasea la vista por las redacciones y dice que ya no es lo mismo: no hay ruido, no hay olor a tabaco, han desaparecido los cigarros prendidos abandonados en el cenicero y tampoco hay botellas de whisky escondidas "Todo ha cambiado mucho", reconoce con cierta añoranza el autor de la serie Caballo de Troya, una de las más vendidas en lengua española.

¿Los caballos de Troya dejan de galopar?

Sí, la Operación Caballo de Troya termina con lo que publico ahora en el número nueve de la serie.

Usted trabajaba de periodista y de repente se mete en un mundo complicado que muchos consideran irreal.¿Qué le llevó a investigar los  fenómenos ovni?

Aparentemente la casualidad, pero ahora sé que no fue la casualidad. Desde 1966  hasta 1979, cuando decidí dejar el periodismo activo, trabajé en todo: confección de páginas, cierre del periódico, reportero de sucesos, deportes, teatro, entrevistas, nacional, internacional, teletipos…En 1972, cuando entré en La Gaceta del Norte, mi jefe, Alfonso Ventura, me mandó a un pueblo de Burgos para hacer un tema sobre ovnis. Era la primera vez que yo tocaba ese asunto; ni me había preocupado ni me había interesado en la vida.

¿Era un escéptico?

Tampoco, es que ni siquiera me lo había planteado. Me sorprendió aquella gente tan sencilla de ese pueblo de Burgos que decía que había visto algo. Yo ni siquiera me planteé que aquello fuera mentira.
Era gente honrada que contaba una experiencia, y a partir de entonces me encargué de todos los casos sobre ovnis de los que me  enteraba. En esos años estábamos en una oleada.

¿Por qué ahora no escuchamos hablar de ovnis?

No lo sé, porque yo cada vez investigo más y sé menos. Hay oleadas, y no sabemos cuándo se producen y tampoco por qué. Ahora hay casos, pero no son oleadas, aunque en el momento en que se produzca otra los medios de comunicación volverán otra vez a la carga.

¿No ha echado de menos el mundo del periodismo que dejó por sus investigaciones y sus libros?

Yo me lancé al mundo de los libros en contra de todo el mundo, incluida mi familia. Recuerdo una frase de un compañero mío en La Gaceta del Norte que me dijo con toda su buena voluntad: ¿Tú sabes qué clase de desprestigio vas a coger si te dedicas a los ovnis? Y sabía que era real. Mira, yo tenía un sueldo fijo cuando me fui en 1979 y en la editorial me pagaban entonces 330.000 pesetas por libro entregado, sin derechos de autor.

¿Era mucho o poco dinero?

Poco. Tuve un contrato leonino con Plaza y Janés. Tenía que entregar seis libros en un año, pero entregué cinco porque no podía más. Lo pasé muy mal durante los primeros años, pero yo sabía que tenía que hacer eso.

¿Cuántas veces ha oído la palabra loco referida a usted?

Muchas, pero no me ha molestado en exceso. La gente que tiene información sobre el fenómeno ovni sabe que es verdad. Los malnacidos, los mal informados, los que injurian por injuriar, dicen barbaridades, pero aquellos que tienen información de verdad saben que es un  fenómeno absolutamente cierto y que hay naves que no son de aquí. Pero hay mucho malnacido y no solo en el fenómeno ovni, en casi todo.

¿Se ha arrepentido alguna vez de las decisiones que tomó en 1979?

Me he arrepentido alguna vez de dejar el periodismo activo. Lo que pasa es que a mi manera he seguido haciéndolo. Cuando voy a un viaje de investigación de un caso sigo actuando como un periodista, pregunto como un periodista, etcétera, etcétera. La redacción de esos casos es un poco más larga, pero es periodismo.

Sí que echo de menos las redacciones, pero con el ambiente de antes.

¿Qué les falta a las redacciones de ahora?

No hay ruido de máquinas de escribir, no hay humo, no hay botellas de whisky escondidas, ni broncas…

No crea, broncas sigue habiendo.

Yo creo que diferentes, no hay discusiones como las de antes, apasionamiento…

No hay máquinas de escribir pero sí ordenadores, ¿no le gustan?

No es que no me gusten, es que me parecen otra cosa. Yo recuerdo a mis compañeros, permíteme que los nombre: recuerdo a Joaquín de Goñi tecleando, a María Jesús Gandariasbeitia escribiendo, a Paco Erro y a Adolfo Roldán, a mis compañeros fumando un cigarrillo que nunca acababan, que se consumía solo y se encendían otro... Todo eso ya no existe.

Le recuerdo que está prohibido fumar hasta en los bares.

Es verdad. Quizá es que las redacciones han cambiado con los tiempos. Veo esta redacción [por la del periódico Deia, donde transcurre la entrevista] y me parece tan limpia y tan silenciosa que parece la sala de un aeropuerto.

¿Echa mucho de menos a sus compañeros?

Sí, tanto a los de la competencia como a los de mi propio periódico. Aunque perteneciéramos a diferentes medios, al final del día nos reuníamos en algún bar y no pasaba nada.

¿Cree que el periodismo ha cambiado mucho?

Muchísimo, ha cambiado enormemente.

¿A peor?

Sí, a peor. Creo que son ciclos, pero el periodismo que yo conocí y practiqué era el periodismo del pisotón, el de la investigación, el de sacar la historia humana. Ahora no hay tanto movimiento en esa dirección, hay mucha rueda de prensa, mucho comunicado… José María Portell, cuando no había nada que cubrir de forma específica, sabía que los tres que andábamos por allí nos íbamos a patrullar y sabía también que siempre volvíamos con algo.

¿Cree que ahora no hacemos eso? ¿Cree que tiramos de internet y ya está?

A mí me parece un poco lamentable, porque la vida está fuera de las paredes de una redacción y hay que buscar. Hay que ir por los pueblos y buscar ese periodismo de interés humano. Eso volverá.

¿Usted cree que ahora vamos a lanzarnos a buscar un reportaje humano sin unas coordenadas concretas?

Sí, porque esa es la vida de un periodista. Un periodista no es el que está sentado esperando a que el tema o la historia llame a su puerta. El periodista está para buscar cosas y contarlas, no para que venga alguien y se las cuente en la redacción, que también, pero en menor medida.

Se fue muy pronto de Navarra, su tierra.

A los dieciocho años. Primero a La verdad de Murcia, luego a El Heraldo de Aragón y finalmente a La Gaceta. Siempre que vuelvo a Navarra entro con mucha emoción, pero me siento bien donde vivo, en Barbate (Cádiz).

¿Por qué cambió el norte por el sur?

Porque mi familia es de alli y por alguna otra razón.

¿Se vive mejor?

Hay más calidad de vida, pero tiene sus contras, como que la forma de trabajar del norte no es la del sur. La eficacia está aquí, en el norte. Allí hay mucho compadreo, mucha calidad de vida, un clima estupendo...

¿Se acuerda del Bilbao que dejó?

Sí, claro que me acuerdo. Me gusta mucho más el Bilbao que me encuentro ahora, un Bilbao renacido, limpio, precioso, atractivo… Recuerdo aquellas humaredas de Sestao, aquellos atascos y que no había por dónde coger la ciudad. Y este de hoy es espléndido. ¡Qué bien lo han cuidado! No sé ni quién manda en el Ayuntamiento, pero lo ha hecho fantástico…

Manda Iñaki Azkuna. Veo que está totalmente desligado de su pasado.

Sí, estoy muy apartado. He hecho la presentación de este libro porque la editorial me ha obligado.

¿Está pensando en la jubilación?

Estoy muy retirado de todo. Sigo investigando, seguiré escribiendo cosas, pero ya me tomo todo con otro ritmo. Quiero pensar, dibujar, escuchar música, estar tranquilo... No quiero correr.

¿Ha corrido quizá demasiado?

No he parado. He corrido mucho en mi vida y ha llegado el momento de bajar ese ritmo.

Si traducimos sus nueve caballos de Troya a los fríos números…

Hay veintisiete años de trabajo físico, quince o veinte viajes a Israel, Jordania, Egipto, Estados Unidos y un esfuerzo considerable.

Sus libros generan fobias.

Sobre todo entre los sectores más conservadores. Las iglesias más integristas los tienen prohibidos. El Opus Dei y las demás de ese estilo los han prohibido siempre.

¿Y eso es un halago?

En parte sí, pero llega un momento en el que esas cosas tampoco te importan mucho. Creo que hay que ser respetuoso con todo el mundo. También hay mucha gente que me dice que mis libros le han influido poderosamente.

¿Cuántos libros ha vendido usted?

Según la editorial, que siempre miente, alrededor de cinco millones de ejemplares. Si tú asocias cuatro lectores por libro pueden salir unos veinte o treinta millones de lectores.

¿Ha vivido bien escribiendo libros?

En algunos momentos he ganado muchísimo dinero. El problema es que después me lo gasto todo haciendo viajes e investigaciones. El dinero te sirve para dos cosas: una, para ayudar a los demás y la otra, para divertirte.

La primera no se practica mucho.

No, pero yo, si tengo dinero y sé de alguien que tiene un problema, le ayudo, eso por supuesto. El resto lo empleo en  divertirme, no me lo voy a llevar a ningún lado. Ahora no lo tengo y voy a decir una cosa: las editoriales son muy rácanas, siempre les debes dinero, hagas lo hagas, les debes dinero.

 

PERSONAL

Edad: 65 años (7 de septiembre de 1946).

Lugar de nacimiento: Pamplona.

Familia: Tiene cuatro hijos, uno de los cuales ha seguido sus pasos y trabaja como periodista en Pamplona.

Periodismo: Estudió Periodismo en Pamplona. Tras su licenciatura trabajó en El Heraldo de Aragón, La verdad de Murcia y La Gaceta del Norte. Fue en este último periódico cuando entró en contacto con el fenómeno ovni.

Literatura: En 1975 realizó investigaciones sobre el sudario de Turín, hecho que marcó su vida y dio origen a la serie de novelas Caballo de Troya, en los que muestra su visión acerca de la vida de Jesús de Nazaret. Ha realizado trabajos para la televisión, conferencias, artículos de prensa y entrevistas con testigos de supuestos fenómenos ovni. En 1976 recibió de la mano del Teniente General Felipe Galarza, jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire español, 12 expedientes ovni clasificados que Benítez publicó íntegramente en su libro Ovnis: documentos oficiales del Gobierno español (que posteriormente se reeditaría con el título Ovni: alto secreto). Fue la primera desclasificación de archivos ovni en España después de que en diciembre de 1968 este tema fuera declarado como materia reservada. A lo largo de los años ha ido compaginando sus investigaciones sobre ovnis con la de la vida de Jesucristo.
En 1992 intervino en los cursos de verano de El Escorial, donde disertó sobre ovnis, lo que dio lugar a críticas desfavorables por parte de la comunidad científica española (críticas negativas que han sido habituales a lo largo de su carrera).
En octubre de 2006 publicó la octava parte de la serie Caballo de Troya (Jordán) y el mes pasado publicó el noveno Caballo de Troya (Caná), el último de la saga. Además ha publicado ensayo, filosofía, poesía y novela entre otros géneros.

 

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