Publicado el 12-02-2006

J. J. Benítez habla de Caballo de Troya

Por Luis de la Paz
Diario Las Américas

Después de siete años sin visitar Miami, el escritor español Juan José Benítez, más conocido como J. J. Benítez, llega al Sur de la Florida con el octavo tomo de la saga Caballo de Troya bajo el brazo, un voluminoso libro de 552 páginas.

El autor navarro es uno de los más reconocidos escritores de libros esotéricos. Ha escudriñado con éxito de librería en los misterios de la ciencia. Entre sus estudios se encuentran investigaciones sobre el manto de Turín, el misterio de la Virgen de Guadalupe y numerosas publicaciones sobre objetos voladores no identificados (incluso afirma haberlos avistado personalmente). Su más ambicioso proyecto parece ser la extraordinaria y abarcadora serie programada en nueve volúmenes Caballo de Troya. En los libros se cuentan las hazañas de Jasón y Eliseo, dos militares norteamericanos que viajan por el tiempo a los días de Jesús de Nazaret. El primer libro de la saga apareció en 1983, después de estar guardado un tiempo en la gaveta del editor José Manuel Lara que pensaba que no sería rentable. “Al principio no lo quiso publicar. Me pidió que le quitara cuatrocientas páginas y yo le dije que no podía quitarle nada”, comenta Benítez, en entrevista con Diario Las Américas.

Tres décadas después el escritor ha vendido cuatro millones de ejemplares en el mundo y con la promoción de Caballo de Troya 8: El Jordán (Planeta, 2006), la serie aparentemente está llegando a su final. “En el 2008 daré a conocer el volumen de cierre”, señala.
El escritor prefiere no adelantar mucho sobre este octavo tomo que centra la narración en el encuentro de San Juan el Bautista con Jesús en un afluente del río Jordán. “Yo prefiero no adelantar nada del libro porque si uno lo devela no le hace un buen servicio al lector que conoce los siete volúmenes anteriores. Es preferible que lo vaya descubriendo, que lo vaya saboreando”, afirma. Desde luego esta entrega, como las anteriores, resulta desmitificadora. “Lo que ocurre en ese encuentro no es exactamente el bautismo como lo interpretan los cristianos. No hay una ceremonia del perdón de los pecados, ni Jesús se arrepiente de nada y sobre todo se lleva una gran sorpresa durante el momento de la inmersión en las aguas, pues ocurre algo (entiendo) que significa la puesta de pie de la divinidad de Jesús”, explica Benítez creando mayor interés y curiosidad.

La imagen de San Juan el Bautista que ofrece el escritor es realmente sorprendente, pues aparece definido como el Gigante de las 7 Trenzas y se le describe como un fanático medio enloquecido, que anda con una colmena, que percibe luces y ha estado en contacto con lo que denomina «ellos», algo que pudiera entenderse como extraterrestres. Esto no se afirma en el texto categóricamente, pero se sugiere. Sin embargo Benítez juega continuamente con esta inquietud y dice “que eso se sabrá, tal vez, en el noveno libro”.

La saga apunta que existe una relación entre la vida de Jesús y civilizaciones superiores. Le preguntamos si podría ser Jesús una pieza clave en la tierra de esos seres superiores. A Benítez no le cabe duda de ello y afirma: “Jesús es un creador, un hombre Dios, un hombre relacionado con nosotros y con otras criaturas”.

El escritor alega que su interés al incursionar en la vida de Jesús de Nazaret “es para que se conozca un perfil de él que no es el tradicional y que seguramente es el más probable desde mi punto de vista”. Luego agrega: “La figura de Jesús y su posible mensaje ha sido muy distorsionado, la historia ha tergiversado, mutilado y censurado muchos de los pasajes de la vida de Jesús y lo que yo he intentado como periodista es recrear una vida que seguramente pudo ser así”.

Sin embargo Benítez no practica ninguna religión, pues “es una enfermedad que hay que pasar lo antes posible. Yo fui católico, fui bautizado y hace un año renuncié por escrito a la iglesia católica”. Su solicitud fue atendida y recibió un documento de la iglesia concediéndole el pedido. Aún así dice creer en Dios, pero matiza al aclarar que cree en un Dios distinto, que “no es vengativo, con el que no hay ajuste de cuentas; un Dios que me concede desde el momento que yo aparezco en la tierra la inmortalidad sin condiciones”. Más tarde puntualiza que sus estudios y la saga de Caballo de Troya, que inició hace más de veinte años, han fortalecido su acercamiento a Dios. “Yo me he favorecido antes que los lectores y tengo la ventaja de conocer la historia en su totalidad. Todo esto a mí me ha producido un gran impacto a nivel personal y gracias a ello soy un hombre más confiado y la vida se me ofrece ahora desde una perspectiva muy diferente; entiendo mucho mejor lo que sucede, no mucho mejor, pero sí un poco mejor y todo gracias a la información que he podido beber”.

Benítez es bastante reticente en la conversación, matiza continuamente lo que expresa y siembra una dosis de ambigüedad. Ante la pregunta de si con el libro noveno habrá dicho todo lo que presuntamente le aportaron los científicos norteamericanos responde: “eso es una sorpresa que le reservo a los lectores”. Reconoce que con la serie ha ganado mucho dinero, pero que no hubiera podido escribir ni un solo libro sobre Jesús pensando en el dinero, la prueba de ello es que entre uno y otro han pasado cinco y seis años.

No se puede concluir la conversación sin abordar algunos aspectos interesantes sobre Caballo de Troya. El autor juega con la numerología, siendo el nueve un número destacado, por ello, explica, que la serie concluirá con el tomo nueve. Además afirmó que ningún número que aparece en sus libros está puesto al azar, sino que son fruto de un estudio serio. Curioso también es que ninguno de los libros de la serie ha sido traducido al inglés y que nunca nadie, según el propio autor, ha escrito una crítica de sus libros. Para estas realidades dice no tener respuesta. Aunque la serie Caballo de Troya podría considerarse más escandalosa, que El Código Da Vinci, la saga no ha llegado a debates tan acalorados. ¿A qué le atribuye usted eso?, le pregunto. Benítez piensa que se debe “a que su serie es una investigación muy profunda e intensa, con más de catorce mil fuentes y veintidós años de recorrido, por lo tanto más difícil de rebatir por los sectores más conservadores de las religiones y en consecuencia una serie de libros más peligrosos. El tema de El Código Da Vinci es un tema puntual, donde se dice que Jesús tuvo una relación íntima con María Magdalena, cosa que para mí es un despropósito propio de una persona que no ha investigado en profundidad la vida de Jesús de Nazaret”.

Caballo de Troya es como señala el autor, “una serie mágica”. En realidad es una saga llena de misterios, donde cada entrega invita a profundizar más en el fascinante mundo que J. J. Benítez nos ha estado revelando periódicamente.


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