Penúltimo “Caballo de Troya”

J. J. Benítez relata el bautismo de Jesús en la octava entrega de la exitosa serie

Juan José Benítez en las ruinas de Petra, uno de los mayores atractivos históricos y turísticos de Jordania. Foto: MERCEDES RODRÍGUEZ

ROGER PASCUAL
AMÁN
Después de 22 años, Caballo de Troya encara la recta final de su carrera tras los pasos de Jesucristo. La exitosa serie en la que J. J. Benítez (Pamplona, 1946) relee la vida del hijo de Dios llega a su octava y penúltima parada con Caballo de Troya 8. Jordán (Planeta), donde pone luz al bautismo del Mesías. "Me siento liberado y nada apenado porque se termine. Con 60 años no tengo las mismas fuerzas que cuanto tenía 35", aseguró el escritor navarro durante su enésimo viaje a la fascinante Jordania. Y es que, como comenta este sexagenario que parece haber bebido del caliz de la eterna juventud, "aunque la carrocería esté bien, el motor está muy cascadete". No en vano ha dado más de 100 vueltas al mundo, amén de varios viajes astrales: "Tuve que dejarlo porque era muy angustiante ver en los periódicos las desgracias futuras y no poder hacer nada".

VIAJES EN EL TIEMPO
Los viajes en el tiempo son el punto de partida de Caballo de Troya. En 1973, dos astronautas de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos son transportados a la Palestina de Jesús de Nazaret para conocer cómo era, pensaba y actuaba el Mesías. En su última entrega, el Mayor Jasón --cuya autoridad es cuestionada por Elíseo-- acompaña al galileo en su reclusión durante 39 días en una cueva que Benítez descubrió en 1997 en Beit Ids. "Algunos de los acontecimientos más interesantes de su vida pasaron en suelo árabe. Esta es tierra tan santa como la de Israel, porque aquí Jesús hizo curas milagrosas a beduinos", aseveró en la orilla del alucinante Mar Muerto.


Su descripción del bautismo dista mucho de la pintada por los apóstoles. Además de defender que se hizo en un afluente del Jordán --"un acto de purificación no se podía hacer en un río que arrastraba animales y desperdicios"-- no tiene empacho en perfilar un cielo con luces extraterrestres y una voz divinamente femenina, algo que hubiera hecho salir un sarpullido a un "misógino" como san Pablo. El apóstol no es que se caiga del Caballo, sino que este lo pisotea con la misma virulencia que a Yehohanan (Juan Bautista), al que presenta como misógino, impotente y demente: "La verdad es que me inspira más tristeza. Él esperaba un libertador político, no religioso".


Pero ¿de dónde saca toda la información? Él dice haber recurrido a 14.000 fuentes, aunque sigue sin querer revelar "la Fuente" que le inspiró: "Quizá la deje en el notario para que se publique tras mi muerte", señaló. De momento, este creador que sigue escribiendo con su Olivetti y que ha vendido más de nueve millones de sus libros (cuatro de ellos de Caballo de Troya) ya ha pasado por la notaría para dejar el final de la serie. "Pregunté en la web cómo creía la gente que terminaría y corría el riesgo de que alguien lo acertara". ¿Alguien ha atinado? "No, pero algunos se han acercado".
Habrá quien piense que es un zumbado que se quedó medio traspuesto en 1974 tras viajar a Perú para conocer a la secta contactista Misión Rama. Nada más lejos de la realidad. Huyendo del dogmatismo de los iluminados esgrime que él solo invita a la duda. "Nadie sabe cuál es la verdad; yo solo doy mi aproximación". Para alumbrar las 4.384 páginas que, a falta del último tomo, integran su investigación se ha metido en campos de minas, tanto en sentido metafórico como literal. Mucho antes de que Dan Brown pusiera de moda el revisionismo cristiano, este domador de palabras que ejerció de periodista durante 13 años empezó a cuestionar la imagen que los apóstoles dieron del Mesías: "No me molesta que me llamen diablo. Solo he intentado hacer un Jesús más cercano y humano".


El libro culmina con 22 aforismos, entre ellos "vive más el que sueña", máxima que corona su página web. "La imaginación es la capacidad que más nos aproxima a la divinidad", apunta este letraherido que pagó 1.800 dólares por un libro de Julio Verne y que aventuró que "lo nos espera al otro lado es mucho mejor de lo que nos podamos imaginar". Tan convencido está que advirtió que "si existe el infierno, yo me borro; no quiero saber nada de ese Dios". La serie se cerrará en el 2007 que, no por casualidad, sumará nueve libros, un número sagrado: tres multiplicado por sí mismo para completar la eternidad: "Todo tiene una simbología subterránea".

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