Encuentro | misterioso J.J. Benítez

Vuelve el polémico biógrafo de Jesucristo

Nunca ha confesado el misterio que le llevó a escribir su primer "Caballo de Troya", en el que relata los últimos días de Jesús. El periodista le visita en su refugio gaditano, donde el escritor pamplonés explica el éxito de una saga literaria que ha vendido cuatro millones de ejemplares y de la que ahora lanza la séptima entrega.

   Te mira a los ojos con serenidad y una cierta distancia. Habla con convicción pero ya hace mucho tiempo que ha renunciado a intentar convencer a nadie. Se siente cada vez más seguro y más cerca de ese final inevitable al que no le tiene ningún miedo. Cree, con naturalidad, en la otra vida e incluso en una vida anterior. "Estamos aquí para cumplir un contrato y lo vamos a vivir hasta la última coma". Lo que no crees es en la culpabilidad, en el Juicio Final. "La sorpresa que se habrá llevado Juan Pablo II cuando haya visto por delante en la cola a Stalin o Hitler". Lo dice para provocar, pero en su sonrisa se adivina toda una compleja y elaborada filosofía de vida, la misma que le ha llevado a viajar, a experimentar y a escribir sin descanso.

Ahora va publicar su libro número 50. Se trata, nada menos, que de la séptima entrega de la saga de su buque insignia, su obra más aplaudida, Caballo de Troya. Acaba de cumplir 59 años. Los pocos que han podido ver su cicatriz, la que le atraviesa el pecho de arriba abajo, son conscientes de la gravedad de un percance que le dejó hace pocos años a las puertas de la muerte. Podía haberle sucedido en cualquier rincón perdido del planeta, en cualquier recodo polvoriento de esos tres millones de kilómetros que lleva recorridos. Pero la "nave nodriza" quiso que el corazón le explotara en la ciudad de Cádiz, a escasos metros de un buen hospital.

El Ducados, el maldito Ducados que devoraba entre párrafo y párrafo, hora tras hora, año tras año, había convertido sus arterias en unos frágiles conductos de cristal. Se recluyó más que nunca en su casa de Zahara de los Atunes, en un promontorio sobre la playa del otro lado de la colina de los Alemanes, un paraje salvaje y espectacular. Fue allí donde pensó durante demasiados meses que ya no tendría fuerzas para escribir más, que su ciclo profesional se había acabado.

Pero con los "caballos de Troya" le ha sucedido algo muy especial. "Puede parecer de locos, pero con los Caballos me pasa algo que no me ocurre con ningún otro libro. Es como si alguien me pasara el texto por fax. Simplemente lo recibo y me limito a trasladarlo al papel. No controlo. Por eso, en el momento preciso, y no cuando yo me lo propongo, el Caballo sale". Así ha surgido esta séptima entrega y así surgirán la octava y la novena, hasta que considere acabada su obra.

Juan José Benítez ha ganado mucho dinero con sus libros, pero son pocos los que conocen todo el esfuerzo que tuvo que hacer para llegar a una situación cómoda. "Yo provengo de una familia muy humilde. Mi padre era chófer de la Guardia Civil y el destino quiso que desde su Barbate natal le enviaran al Pirineo a luchar contra el maquis. Yo nací en un cuartel de la Guardia Civil en Pamplona en un ambiente de penuria económica en el que nadie te regalaba nada. Pero mi padre luchó con una tenacidad impresionante para que su hijo tuviera unos estudios. Consiguió una beca para los Maristas. Era un negado para las matemáticas. A mí lo que de verdad me gustaba era dibujar y pintar. Yo en realidad lo que quería era ser Miguel Ángel".

"Tuve que compaginar mis estudios con el trabajo. Primero, como chico de los recados de una empresa de calderas, más tarde como dibujante para adornar platos y jarrones en una fábrica de porcelanas. En el colegio hacíamos murales medio informativos, medio satíricos, y ahí fue cuando uno de los frailes me descubrió para el periodismo. Aquella carrera tenía dos ventajas esenciales. Una, que era corta, tres años, y podía estudiarse en Pamplona, y la segunda que no se necesitaba el preuniversitario —el COU— para ingresar en ella. Me dieron una beca y seguí trabajando para ayudar en casa y poder pagarme las salidas de fin de semana con mis amigos".

En más de una ocasión tuvo que empeñar su colección de libros para sacar unas pesetas extra. Pero siempre las recuperaba."Era un época de una enorme ingenuidad. No tenía conocimientos de nada. Me enamoraba, pero era incapaz siquiera de insinuarlo".

Los veranos en Barbate, en Cádiz, le supusieron, desde niño, una válvula de escape. La mar y sus gentes sencillas le marcaron profundamente. "Fue una casualidad la que me llevó a hacer prácticas en La Verdad de Murcia. Yo era el el periodista más joven de España. Aquello me fascinó desde el primer momento. Tenía todo por aprender. Eran tiempos distintos donde los profesionales vivíamos como en una gran familia. Todos sabíamos las alegrías y las miserias de todos. Nos ayudábamos".

Nochevieja, 1965. "Llegué en un tren el 31 de diciembre de 1965, lleno de ilusión y de miedo. Aquella Nochevieja la pasé en una pensión sin atreverme a salir a la calle", recuerda. Conoció el trabajo en el taller, en lo que entonces se llamaba confección y que tenía mucho más que ver con obreros y plomo fundido que con mesas de diseño.

Pero lo que de verdad le fascinó fueron los sucesos, descubrir la vida que se escondía detrás de cada puerta. Aprendió la técnica, adquirió la disciplina de lidiar con los pequeños temas que él afrontaba como si tuviera que ganar el Pulitzer con cada uno de ellos. "Hice el servicio militar en Zaragoza y allí conocí a una chica y me casé con ella. En aquel tiempo si habías trabajado antes, tenías derecho al 80% del sueldo durante la mili. Además conseguí entrar en El Heraldo de Aragón y seguí asimilando todo, aprendiendo el oficio".

"El verdadero salto lo di al llegar a La Gaceta del Norte de Bilbao. Era un periódico dinámico, poderoso económicamente. Enviaba a la gente por el mundo y así empezaron mis viajes. Me topé con los ovnis, después de una serie que hice en un pueblo de Burgos". Aquello encerraba muchos datos inexplicables, incógnitas que supo describir y que calaron en el público. Saltó a América y quedó prendido de otros enigmas que formaron una cadena irreversible y que cambiarían su vida.

                     

Cinco imágenes de 2003 durante el rodaje de "Planeta Encantado".
A la izquierda, en la isla de Pascua, Chile. A la derecha, analizando un dibujo "dogon" en Mali.

"El día más amargo fue cuando ETA mató, en 1978, a José María Portell, mi jefe de local en La Gaceta. Tuve que hacerme cargo de la sección. Lo hice lo mejor que pude, pero en aquel momento decidí que iba a dejar el periodismo activo para dedicarme a escribir libros. Yo veía que la mayor parte del material de mis investigaciones periodísticas se quedaba en el tintero. Hacíamos mil fotos y se publicaban tres. En los libros podía explayarme más a mi gusto".

No fueron unos comienzos sencillos. "Mi primer libro se llamaba OVNIS, SOS a la Humanidad. Se lo llevé a Plaza y Janés y lo rechazó. Durmió en un cajón de una mesa más de un año. Pero insistí y escribí otro: Existió otra humanidad. Las Piedras de Ica, y esta vez lo publicaron después, claro está, de que otro editor lo hubiera rechazado. No me digas por qué, pero fue un éxito. Hicieron como 20 ediciones. Aquello supuso un pequeño despegue. Recuerdo que Camilo, un compañero entrañable del periódico, me dijo con su mejor voluntad: ‘¿Tú sabes el desprestigio que vas a adquirir en la profesión si te dedicas a escribir de ovnis?’".

Más tarde, a lo largo de años comprobaría en sus carnes toda la carga de profundidad que encerraban aquellas palabras. "Me despedí del periódico el 28 de junio de 1979. Habían comenzado a llegar mis cuatro hijos y tenía que seguir comiendo. La editorial Plaza y Janés me planteó un contrato draconiano. Tenía que comprometerme a hacer ¡seis libros al año! Me pagarían 333.000 pesetas por cada uno de ellos siempre que renunciara a los derechos de autor. En ese dinero estaban incluidos todos los gastos que ocasionaban los viajes que tenía que hacer para obtener documentación. Entregué cinco. Con el sexto ya no pude. Escribía en una mesita baja del comedor de mi casa, con una vieja portátil".

Y sonó el teléfono. "Un día me llamó José Manuel Lara, el patrón de Planeta. ¿Tú quieres correr en mi cuadra? Dije que sí, naturalmente. Me pagaba un dinero dividido en mensualidades para que no me lo gastara todo de golpe en los viajes. Pero por mucho que publicaba siempre estaba en números rojos, siempre le debía dinero a la editorial".

J.J. Benítez empezaba a tener muchos lectores incondicionales, pero también serios y poderosos detractores. "La Iglesia Católica me puso seriamente la proa. Yo había escrito El Testamento de San Juan, mi primera reivindicación seria contra la Iglesia oficial". En 1983, después de algunas revelaciones que aún hoy se niega a desvelar, y en sólo 100 días, escribió el primer Caballo de Troya. "Suponía una manera diferente de adentrarse en la vida y en la época de Jesucristo. Y eso mucho antes de que se pusiera de moda la novela histórica. Lara no lo vio en un primer momento. Me dijo que le sobraban 400 páginas y lo metió en un cajón durante un año. Yo no estaba dispuesto a cortar ni una coma".

"Mi aproximación a Jesús había sido a través de unos reportajes que hice sobre la Sábana Santa de Turín. Me fascinó. Fue así como, sin proponérmelo, comencé a reunir muchísima información sobre Jesús, el personaje que más fascinación ha ejercido en mi vida. Yo sabía que aquél era un libro mágico, siempre tuve conciencia de que aquello encerraba algo raro, fuera de mi control".

"Algunos dicen que soy Satanás. He recibido serias amenazas de muerte, anónimos..."

Lara se decidió al fin a publicarlo, "por probar", sin ninguna fe, en 1984. La repercusión fue espectacular. "Ha sido un auténtico fenómeno editorial. De mis seis Caballos anteriores se han vendido en todo el mundo cuatro millones de ejemplares. Y todo ello sin una crítica literaria, sin que los medios llamados ‘serios’ y los críticos ‘reputados’ se dignaran a mencionarlo siquiera. Yo no sé qué autor en castellano ha vendido cuatro millones de ejemplares de un libro pero creo que no serán muchos. Se ha traducido al portugués, al italiano, al alemán, al francés, al griego, al ruso…".

Éxito insospechado. "Es evidente que tiene unas condiciones físicas atractivas. Yo escribo los Caballos dándoles un ritmo trepidante, tratando de capturar al lector en la primera línea y procurando no soltarle. Pero sobre todo tiene un trasfondo que es el que capta de verdad. Después de 21 años se siguen vendiendo, se incorporan nuevas generaciones de lectores. Para mí los Caballos suponen una forma de vida. Parte de una base esencial y es que las cosas no son siempre como nos las han contado. Yo cuestiono la versión oficial y aporto todos los datos que puedo. El trabajo de campo siempre es exhaustivo. Tengo 100 cuadernos rellenos de apuntes y dibujos. He recorrido centenares de veces los lugares exactos donde transcurre la acción. No puedo describir el sonido de los pies en la arena, o el viento o la posición del sol en un día determinado, en un lugar determinado si antes no lo he experimentado".

"Los Caballos tienen tantos datos que hay quien me ha dicho: ‘Sabemos que no los escribe usted sino un equipo de gente’. Mi método no tiene trucos. Primero viajo para documentarme de una forma concienzuda. Luego, todo consiste en rutina y disciplina. Me levanto temprano y comienzo a escribir a primera hora. Siempre en el mismo lugar, con la misma música de fondo relajante, sin la menor interrupción ajena".

En su estudio, en la parte alta del edificio, siempre con el mar brillante de fondo, no entra nadie ni para limpiar. No sabe lo que son sábados, ni domingos. Cuando escribe lo hace todos los días. Tacha en un calendario cada jornada y anota el número de folios que ha redactado. Últimamente no más de tres al día. Apenas corrige y, eso sí, todo con su vieja máquina de escribir.

A la derecha, tomando notas junto a las pinturas rupestres Jabbaren de Tassili N´Ajjer, en Argelia.   

"Un día me entró el pánico, fui a un almacén de papelería y compré todas las cintas que pude encontrar. Así que tengo provisiones para 20 años. Me encanta el ruido de la máquina, me acompaña. Sé las servidumbres que tiene y sus desventajas frente al ordenador, pero la máquina de escribir y yo somos una pareja. La escucho, la cuido, la reparo".

Filosofía vital. También le hace pensar con más detenimiento lo que va a escribir, por eso apenas sí tiene necesidad de corregir. "Cuando escribo pretendo transmitir una filosofía de vida. Los Caballos no se pueden hacer por dinero. Por eso, a veces he tardado tanto entre uno y otro, hasta seis años. Para transmitir algo primero tengo que sentirlo y eso el lector lo nota". El Caballo número 7, el que sale ahora, no será el último. "Sé que escribiré nueve. Pienso que los Caballos hay que verlos como una obra conjunta y así es como se la debe juzgar y como la recibirán las generaciones futuras".

En el séptimo se describen los prolegómenos de la vida pública de Jesucristo. "Cada Caballo tiene sus características. No es lo mismo contar la Pasión, que un año de su vida cuando era un adolescente. La intensidad no puede ser la misma.

En esta séptima entrega cobra una enorme importancia la figura de ese gran desconocido que es Juan el Bautista. Como podrás comprobar la vida pública de Jesús que yo voy a contar tiene poco que ver con los Evangelios. Soy consciente, una vez más, de la oposición que voy a encontrar en la Iglesia Católica. Yo he afirmado que María no se conservó virgen y que Jesús no fundó ninguna Iglesia, así que imagínate. Algunos dicen que soy Satanás. He recibido serias amenazas de muerte, llamadas, cartas anónimas. Me han sometido a cosas más sutiles como el desprestigio profesional, amparándose en que soy un experto en el ‘fenómeno ovni’. Para la extrema derecha soy el Anticristo".

Ha cubierto con creces el cupo de vanidad después de más de 500 conferencias, centenares de presentaciones y entrevistas. Ahora, huye más que nunca de la popularidad y se recluye en su mundo del que quiere hacer, para desesperación de la editorial, una fortaleza inexpugnable. Reconoce que padece crisis de terror antes de ponerse a escribir.

"Yo no sé que autor en castellano habrá vendido cuatro millones de ejemplares"

"Yo me imagino como un torero, pálido, mordiendo el capote. Luego sale el toro, veo cómo da dos o tres derrotes y así es como salgo al ruedo del folio en blanco, cada día con verdadero terror. Cuando he terminado mis tres folios ya no los miro. No quiero tener la tentación de romperlos así que ocupo el resto del día absorto en la documentación. Tengo 100 cuadernos de campo con datos con los que podría escribir sin salir de casa el resto de mis días".

Pero no podrá dejar de viajar. Este año ha estado sólo y a pesar de las indicaciones de los médicos, en Estados Unidos y en China, además de un crucero y otros viajes menores. En el jardín de su casa, o por la pequeña huerta de tomates y pimientos que cuida Blanca —su mujer, su compañera, su sostén durante tantos años y su única ancla con lo cotidiano—, corretea su primer nieto. Es un querubín rubio de ojos azules por el que no ha dudado en sacrificar a sus perros. El mar, "la mar" de Barbate es testigo de que sueña con una vida aún más tranquila en la que ya ni siquiera tenga que escribir esos tres folios diarios que le unen al éxito. Pasearé, dibujaré, escucharé música, leeré. No tengo miedo del final. No habrá juicio. Y ¿sabes lo más divertido? En la otra vida seguiremos trabajando. Esto no ha hecho ni comenzar. No sé si llegaré a ser Miguel Ángel, pero estoy seguro de que al menos me dejará pintar a su lado".

+ "Caballo de Troya 7" (Editorial Planeta), sale a la venta el próximo martes. 500 páginas. Precio, 22,50 euros. En la web, www.planetabenitez.com, y www.jjbenitez.com

 

Una vida llena de anécdotas


Éxito. Fue en Brasil donde sintió el mayor vértigo. “Llegábamos con la hora justa a un centro comercial en Sao Paulo. Nuestro coche apenas podía avanzar. Blanca y yo creímos que podría tratarse de un evento deportivo y preguntamos al taxista. Nos dijo que eran colas que esperaban para que un escritor, un tal Benítez, les firmase un libro. La gente esperó en aquella ocasión hasta siete horas para que yo les firmara un ejemplar rodeado de siete guardias de seguridad.

Admiradoras. Las “fans” siempre han querido colarse en su habitación. “En una ocasión hubo una señora que me mandó un talón con una importante cantidad de dinero acompañado de una carta en la que me pedía que fuera a verla. He sido siempre muy tímido. Si volviera a la juventud no me dejaría arrebatar las novias. Tal vez tenía que haber disfrutado algo más”. Blanca ha sido la mujer de su vida y la que espera que siga aguantando hasta el final todas sus neuras.

Miedo. En El Salvador alguien le advirtió a su mujer del peligro físico que corrían ambos. “Atienda bien a lo que le voy a decir. Si sigue escribiendo esas cosas va a durar poco”. En otra ocasión, en una firma de libros, alguien se plantó delante y le hizo un expresivo gesto de cortarle el cuello. En el Jordán, se metió sin darse cuenta en un campo de minas. Nunca ha tenido un accidente aéreo y sólo dos de coche, sin consecuencias. Hay muy pocas cosas que le causen temor.

Viajes. Ha dado decenas de veces la vuelta al mundo. Sólo en grandes viajes ha recorrido más de tres millones de kilómetros. Ha estado en la mayor parte de los países. Le falta por conocer Australia y el Polo Norte. Nunca ha tenido percances de salud más allá de un par de infecciones intestinales y un corte con un machete. Come poco y lo que más le gusta es la sopa de picadillo y los huevos fritos. ¿Para vivir?: España. En una ocasión, en el Amazonas, probó el alucinógeno más fuerte, la ayahuasca.

Pensador. Se considera un hombre muy raro. Confiesa que piensa y actúa de una forma muy distinta al 99% de las personas. No le interesa la política ni el fútbol. Su verdadera pasión es pensar. Declara su confianza en Dios a pesar de no ser religioso. Considera que es mentira que la verdad te hace libre. El exceso de información es una mochila demasiado pesada. 

Los "caballos" anteriores


Caballo de Troya. Un militar estadounidense se pone en contacto con el autor para entregarle documentación sobre un proyecto ultrasecreto de 1973. La transcripción desvela que dos militares de EEUU viajaron en el tiempo hasta Palestina para vivir los últimos días de Cristo. Fecha de publicación: 1984. Ediciones: 40.

Masada. Caballo de Troya 2. Una segunda entrega apasionante que revela que Jesucristo, tras su muerte en el Gólgota, se apareció más veces que las que dice la doctrina “oficial” del Evangelio. Fecha de publicación: 1991. Número de ediciones: 20.

Saidan. Caballo de Troya 3. Su lectura descubre uno de los misterios más fascinantes de la vida del hijo de Dios: su infancia. Las etopeyas y retratos de Jesucristo como nunca antes se habían abordado. Fecha de publicación: 1991. Ediciones: 11.

Nazaret. Caballo de Troya 4. El militar de la Air Force estadounidense viaja de nuevo en el tiempo para detenerse y detallar la adolescencia de Cristo, una de las edades más ignoradas por los Evangelios. Fecha de publicación: 1992. Ediciones: 5.

Cesarea. Caballo de Troya 5. El entorno, el ambiente, los lugares y las compañías que frecuentó Cristo son diseccionadas por el autor para acercarse a los personajes secundarios –y olvidados– de la Biblia. Fecha de publicación: 1996. Número de ediciones: 6.

Hermon. Caballo de Troya 6. La penúltima entrega de la exitosa serie abunda en más apariciones de Cristo, e incluye episodios inéditos como análisis de ADN y rebeliones entre sus discípulos. Fecha de publicación: 1999. Número de ediciones: 5. 

Por Fernando Múgica. Fotografía de Luis de las Alas. - Magazine El Mundo 9-X-2005

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