«Acepto que me llamen Satanás»

J. J. Benítez retrata a la Virgen como una nacionalista judía en la séptima entrega de «Caballo de Troya»

La fórmula es la misma, pero el contenido, no. J. J. Benítez regresa a Palestina en su novela «Caballo de Troya VII» para ahondar en la vida de Cristo y de los que le rodeaban en un viaje que cabalga entre el ensayo y la literatura.

Cádiz- «Hay otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribiesen una por una, creo que el mismo mundo no podría contener los libros escritos». La cita, tomada del evangelio de San Juan, encabeza el primer volumen de Caballo de Troya, cuya séptima entrega fue presentada ayer en Zahara de los Atunes (Cádiz). Después de casi 4.000 páginas escritas sobre la vida del «hijo del hombre», resulta evidente que Juan José Benítez, el autor de esta popular e inquietante saga, parece dispuesto a seguir, al pie de la letra, las enseñanzas del evangelista. De hecho, el periodista navarro anunció que la serie no estará completa hasta 2007, año en que llegará a las tiendas el noveno y último de sus «caballos». A pesar de que acumula ya cuatro millones de libros despachados, el escritor desmintió que a lo largo de los últimos lustros su objetivo haya sido hacer un negocio de la vida del inspirador del cristianismo, «cuando a principios de los ochenta, comencé a escribir estos libros, estaba en números rojos y es innegable que me ayudaron a salir del bache. Después de veinte años, está claro que el dinero no es mi motivación principal. Los lectores saben discernir entre las cosas que están hechas con el corazón y desde la honestidad».
   
Entre la ciencia y la literatura. Para la más reciente entrega, Benítez reitera su exitosa estrategia literaria. Nuevamente se trata de un viaje en el tiempo que discurre entre la novela y el ensayo, la documentación y la imaginación, la investigación y las licencias literarias. Como en los capítulos precedentes, el objetivo se fija en aspectos polémicos, desconocidos o sencillamente negados en las Sagradas Escrituras, «mi propuesta es dudar y desconfío de aquellos que aseguran conocer la verdad. La única verdad es que todo es mentira por eso estoy convencido de que mi aportación para conocer algunos aspectos de Cristo es importante. Yo no soy creyente, gracias a Dios», dijo parafra- seando a Luis Buñuel.
   En «Nahum» –subtítulo de «Caballo de Troya VII» (Planeta) que hace referencia al profeta menor del mismo nombre– la virgen María es una nacionalista israelí esperanzada en que su hijo sea el libertador político que necesita su pueblo y no el referente espiritual que finalmente acaba siendo. El autor no sólo no rehuye de los aspectos escabrosos sino que se recrea en ellos, aportándolos como testimonio de su investigación, «San Juan Evangelista sería calificado como un enfermo mental si hoy estuviera predicando en la Gran Vía. Sólo había que ver como vestía, con ropas de otra época. Estoy dispuesto a que me llamen Satanás, si eso significa defender lo que creo. Además, la jerarquía eclesiástica es pura mentira, una estafa. Igual que la historia, que carcome nuestros plantea-mientos y los esclaviza ¿Por qué no va a ser verdad lo que cuento si lo siento como real? Yo insto a que cada uno conciba su propia visión de los hechos». «Propongo dudar. Lo más sano es acostarse cada día con dos o tres dudas nuevas. Desconfía de los que dicen conocer la verdad», afirmó Benítez que durante su comparecencia reiteró su timidez para afrontar el proceso de promoción de un libro y dejó entrever su previsible retirada. No obstante, tampoco descartó que su «filón» sea llevado al cine, «abordé a Spielberg cuando rodaba “El Imperio del Sol” en Huelva y le propuse que leyera el primero de los libros. Él obvió esa posibilidad porque no estaba en inglés. Para realizar una adaptación razonable de «Caballo de Troya» harían falta al menos 10 millones de dólares. Yo soy muy providencialista y creo que si está escrito se filmará y si no, no y no ocurrirá, como casi siempre, absolutamente nada».

Paco Reyero. La Razón. 11-X-2005

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