Comiendo con Satanás

J.J. Benítez presenta Nahum (Editorial Planeta), séptima y antepenúltima entrega de la serie Caballo de Troya, una historia nada ortodoxa de la vida de Cristo que lleva vendidos cinco millones de ejemplares.

     Mientras bajamos entre los "esteros de Santi Pectri y las salinas de San Fernando", que cantaba Camarón, camino de Atlanterra, al lado de Zahara de los Atunes, los datos sobre el escritor con quien vamos a comer apabullan: cincuenta libros publicados, diez veces viajero alrededor del mundo, catorce mil fuentes consultadas, un centenar de cuadernos de campo, mil siete notas a pie de página para su Caballo de Troya, la serie que comenzó en 1974. Para unos, un admirable autor, un explorador heterodoxo de la vida de Jesucristo (de eso van "Los Caballos", como a él mismo le gusta resumir el titulo del conjunto), un atrevido desmitificador, en suma. Para otros, uno más, pero el afortunado por excelencia, de los sacamuelas que cuentan historias de ovnis, de viajes en el tiempo, y demás majaderías fantasiosas. Es J. J. Benítez, pamplonica del 46, sedicente periodista, millonario confeso por sus libros, que saluda uno a uno (apretón de manos firme, mirada a los ojos) a los comensales que vamos acompañarle en la presentación de Nahum. Americana azul, camisa blanca de rayas azules, pantalón claro, piel tostada, voz muy baja. La Montaña de los Alemanes, que cierra la playa, con chalés de muy rica gente, resguarda un tanto del levante otoñal que azota y vuelve locos a los lugareños. Alguien me apunta que aquí es el lugar donde más ovnis se avistan.

Entremeses

     La editora de "Jota Jota" o "Juanjo", como le llama, acude al adjetivo laudatorio sin rubor y con tópico: "excepcional", "no tiene parangón", "es un privilegio tenerlo con nosotros"... J. J. Benítez vive muy cerca de donde comemos y confiesa lo mal que lo pasa hablando de su libro: "Quizá no lo vuelva a hacer, quizá sea ésta la última presentación a la que asista". Corrige un tanto a su predecesora en la palabra: "Más que una historia peculiar de la vida de Jesús, creo que "Caballo de Troya" es una historia no ortodoxa, la historia de ese hombre, de cuya divinidad no dudo, tal y como la hubiera escrito un periodista". Insiste en lo incómodo que se encuentra presentando, pero, listo como las águilas, va desgranando titular tras titular para desesperación de quienes, a la vez, tenemos que vérnoslas con un pinchito de pulpo montado sobre una rodaja de patata cocida con finas hierbas (nueva cocina: no se come, se degusta) y con sus palabras. "Me han llamado Satanás por esta serie. Quizá lo sea, quizá vosotros estéis comiendo con Satanás".

Entrada

     "Con esta séptima entrega pretendo calentar motores para la octava. Es un libro demoledor, desmitificador, nada que ver con esas cosas abominables de que Jesús y Magdalena tenían un lío". Le gusta la palabra "abominable": "Los Evangelios están manipulados desde siempre de una manera abominable; están comidos y carcomidos por la tradición y la Historia. Yo abomino de la jerarquía eclesiástica, que es una suma de intereses: yo dejé de ser católico". Mientras atacamos diminutos trocitos de atún de la zona en sus infinitas variedades (insisto, para no comer, para degustar), repite Benítez su mensaje: "Quiero que la gente piense, dude... Me aterrorizan aquellos que creen tener la verdad. Yo invito a la gente a dudar de todo". Así, aunque declara que no le gusta escribir, vuelve a cargar con que no escribe por dinero (ya hizo su fortuna), sino, por el deber de contar la historia de Jesús a su modo, muy diferente del que mantiene esa jerarquía "de corruptos que mienten".

Plato fuerte

     Un miniarroz caldoso sobre el que dos gambas penan su soledad y un rico plato de urca dan paso a las preguntas de los presentes y a un Jota Jota mas suelto (aunque controla todo, da pausas, mide, "parece a punto de largarse", me comenta una fotógrafa). E insiste: "La verdadera obligación de un periodista es transmitir información y dudas". Su "Caballo de Troya" es un "noventa y nueve por ciento de investigación, no propiamente de novela", todo a partir de una de esas catorce mil fuentes que ha cotejado, estudiado, comprobado, pero manteniendo siempre el juego de esa incógnita, de esa Gran Fuente, la que sigue sin ser conocida, la que nunca diría Benítez, ni siquiera a su mujer. Sonríe: "Le he comentado a mi editora que quizá escriba una novela erótica tras "Los Caballos"", alguien aplaude en la mesa, quizá por la excitación del vino blanco malagueño que se sirve para empujar la degustación. "Hay que dudar, dudar incluso de lo que yo digo", finaliza, no sin antes protestar con rictus de sonrisa lateral: "En realidad, no hemos hablado nada de "Nahum"". Educado, frío, sin descomponerse, muy profesional.

     Al salir, el levante sigue aturdiendo. "Es muy amigo nuestro, se queda siempre con nosotros", me comenta el chofer. A lo lejos, en bruma, el Cabo Trafalgar: nada apenas preparado para el bicentenario de la Gran Batalla Naval. Según una periodista, están estudiando aún lo qe van hacer: a menos de quince días. "Nada, traerán cinco o seis conferenciantes y listo". Asturias no es la única en improvisar. Miro hacia la Montaña de los Alemanes, donde vive J.J. Benítez, por donde vivió el profesor Jiménez del Oso (y Paloma San Basilio, me apunta alguien). Intento ver un ovni al menos. Nada: hay que dudar de todo, es verdad.

Francisco García Pérez. La Nueva España. 13-X-2005

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