Tras las huellas de Jesucristo

En el viaje del Jordán con J.J. Benítez

Han pasados veintidós años desde el primer "Caballo de Troya", donde el autor explicaba un experimento secreto que llevó a dos pilotos a la Galilea de Jesús. La octava entrega, "Jordán" (Planeta), nos sitúa en el momento en que se sumerge en las aguas y emerge como profeta. Viajamos a Jordania tras los pasos de Jesús.

"Qué Leer" N-116 Texto: Antonio G. Iturbe. Fotos: Mercedes Rodríguez.

Jesús de Nazaret es uno de los personajes históricos, religiosos o míticos que siguen siendo un icono para millones de personas, más allá de sus creencias religiosas. Sin embargo, muchos historiadores afirman que ni siquiera puede asegurarse, papeles en mano, que en verdad existiera: no hay partidas de nacimiento ni crónicas de la época que den fe de manera directa de que anduviera por la Galilea de la época un predicador llamado Jesús. De hecho, la gran fuente de información sobre la vida de Jesús es el Nuevo Testamento, que se escribió alrededor de cien años después de su muerte. Por eso, cuando una persona como J.J. Benítez, que durante los últimos veinte años ha escrito 5.000 páginas sobre la vida de Jesús, dice que organiza un viaje a Jordania para conocer in situ los lugares que este pisó, pues hay que ir tras él. Algún periodista exquisito declina la invitación porque Benítez, ese señor hablaba de ovnis, le parece poco serio. ¿Acaso es más serio el Nuevo Testamento, que dice que Jesús andaba por encima del agua como si fuera Harry Potter?

En su penúltimo volumen, Benítez invita a los lectores a viajar al año 26 de nuestra era, a orillas del Jordán, donde un visionario llamado Yehohanán (que pasará a la historia como Juan el Bautista) está a punto de bautizar al llamado Mesías.

Destino Jordania

El viaje a Jordania es un viaje en el espacio y en el tiempo, a 2.000 años atrás, en los tiempos en que se dice, se cuenta, se cree (de manera ferviente por parte de millones de creyentes) que anduvo por Palestina y aledaños un hombre santo predicando una forma de entender la religión en la que había que amar a tus enemigos en lugar de arrancarles los hígados. Toda una novedad para la época. El trayecto discurre a través de la oscuridad de un mar Mediterráneo que parece un abismo, el que separa dos mundos, Oriente y Occidente. Y tras más de cuatro horas de negritud absoluta, aparecen las primeras luces que delatan la llegada a tierra firme, la llegada a la otra orilla. Y sorprende, desde 8.000 metros de altura, el fogonazo de carreteras kilométricas iluminadas completamente, largos paseos costeros que se puntean de luces con una opulencia que revela que estamos cruzando el cielo de Isarael. Un despilfarro lumínico y energético propio de ricos despreocupados. Y algo más allá, vuelve a hacerse la oscuridad, salpicada de luces menguadas, dispersas; y se intuye que se ha cruzado el Jordán.

En el sitio oficial del bautismo  >

Mar Muerto

"Jesús vivió en una ciudad de sal del mar Muerto, sin duda", afirma Benítez. Y hacia ahí nos dirigimos. Los puestos fronterizos romanos que J.J. describe en el Jordán no existen, pero en su lugar el Ejército jordano tiene, a lo largo de la carretera que enlaza Amman con Betania, diversos check point, que el autocar atraviesa sin complicaciones. La llegada al hotel se produce a las doce de la noche, hora a la que lo más que puede uno aspirar a cenar son unos bocadillos, y si fuera en España probablemente no le darían a uno ni las buenas noches. Pero estamos en Jordania. Hay tres cocineros tras un bufé de comida recién hecha y una mesa de postres caseros propia de Las mil y una noches. Cobran sentido varios pasajes del libro de Benítez en que nos muestran a un Jesús goloso, que degusta con la delectación de los dulces, como ese halwa, una especie de turrón hecho por los beduinos que se lleva envuelto en un pañuelo para saborear justo en los acantilados adonde se retira a meditar. Y al probar los pastelillos de hojaldre, miel y pistachos, uno entiende que hasta Jesús aplazase la meditación, o entrase directamente en trance. Por la mañana comprobamos que, efectivamente, en el mar Muerto se flota. Quizás la enigmática o milagrosa facilidad de Jesús para caminar sobre las aguas pueda explicarse por la salinidad de este mar, que lo hace a uno insumergible.

Benítez nos recuerda que estamos en tierra santa: "Tan santa o más que la de Israel". Más allá de las suaves lomas se enmarcan el mar Muerto, se levantaban Sodoma y Gomorra. Y no es de extrañar que Dios convirtiera a la mujer de Lot en estatua de sal, porque materia prima no falta en la zona. Después está el monte Nebo, desde el cual Moisés vislumbró la tierra prometida, y por aquí transitaron Josué y tantos otros patriarcas bíblicos.

En un salón del hotel se realiza una presentación de Jordán con la presencia del secretario de Turismo y Antigüedades del Gobierno jordano, Mazen Hmoud, y del director de la Oficina de Turismo de Jordania en España, Pedro Oviedo. El escritor navarro apunta antes de empezar que le ha pedido a Hmoud "que hable en árabe, porque me gusta mucho más cómo suena el árabe que el inglés". Escuchando a Hmoud, a uno le parece que sería muy sencillo entendernos todos en vez de andar a tiro limpio: "Desde Abraham hasta Mahoma, todos son profetas". No haría falta más. Bastaría aplicar ese espíritu jordano del respeto hacia todos, puesto que al final todos, con variaciones solo de forma, están hablando de un mismo Dios. Una de las bazas fuertes del libro de Benítez es, precisamente, que cuando Jesús es bautizado e inicia su vida de hombre-dios, no se va a orar al desierto, sino que se retira durante 39 días a una comunidad de beduinos en Beit Ids: "No nos han contado que Jesús vivió entre los árabes y es una de las partes más transcendentales. Eso no es casual. Se han tergiversado muchas cosas de su prédica y de su mensaje". El secretario de Turismo jordano explica que gracias a Benítez se ha hallado esa cueva de Beit Ids en la que actualmente hay excavaciones en marcha que están arrojando resultados muy prometedores: el hallazgo de restos romanos ya ha certificado su antigüedad y Benítez cree que, cuando acaben los trabajos, se convertirá en un lugar santo de peregrinación. Si es así, Benítez: uno, escépticos: cero.

<  Benítez ha ido quince veces a Jordania.

Jordán: bautismo polémico

Una de las autoridades jordanas asistentes a la presentación del libro es el responsable de Márquetin del sitio del bautismo. Porque Jordania es un país árabe, pero conciliador y, sobre todo, turístico. Conociendo la habilidad de nuestros profesionales del turismo, uno teme llegar allí y encontrar una especie de parque temático sobre el bautismo, con azafatos vestidos de san Juan Bautista y yacuzis de agua bendita. Pero la sensatez (o la falta de infraestructura turística) hace que nada de eso suceda. Lo más que hallaremos serán -en alguna de las tiendas de suvenires que se abren a los lados de las carreteras como áreas de servicio, entre los paquetes de barro del mar Muerto envasado al vacío y las camisetas con camellos- con unos frascos de agua bendita convenientemente sellados con cera para su transporte por parte de cualquier viajero pío. Un modesto cartel anuncia la llegada al sitio del bautismo y una explanda en medio del paisaje árido y despoblado, con un par de pequeños autocares, señala que se ha llegado al punto de arranque. A través de un sendero abren paso Benítez y el guía, y escoltados amablemente por un empleado, llegamos hasta el río Jordán.

El libro de Benítez empieza precisamente a orillas del Jordán, con el gigantesco Yehonanán bañándose en taparrabos para tratar de purificarse y escrutando los cielos en busca de señales de la divinidad que anuncien la llegada del Mesías que va a partir las costillas a los invasores romanos. Benítez sostiene en su libro otra de sus teorías provocadoras (aunque sensata): que el bautismo de Jesús no se produjo en el mismo río Jordán, sino en un afluente, a unos kilómetros más arriba: "Para los judíos el baño en el río era un acto de purificación y eran muy meticulosos con eso. Nunca realizarían ese rito como el Jordán, que arrastraba animales muertos, ramajes y todo tipo de desperdicios. El bautismo de Jesús se hizo en un afluente de agua pura, más arriba del que, de buena fe, el Gobierno jordano señala como el lugar del hecho". Y sí, el Jordán baja con aguas muy turbias; además, resulta decepcionante por su pequeñez, es poco más que una acequia. ¿Pero este es el mítico río Jordán?, se pregunta uno con incredulidad. Y entonces el guía explica que Israel desvió el setenta por cierto de su caudal hacia su territorio. Así se explica el milagro israelí de convertir un desierto en un vergel, tangándole el agua a los vecinos. Nos acercamos hasta una zona donde se están realizando excavaciones y que es oficialmente el punto exacto del bautismo. Es una zona árida, porque los movimientos sísmicos desviaron el curso del Jordán, pese a que aún se aprecia el cauce seco en el suelo. Aunque mantiene su idea de que el bautismo fue mas arriba, Benítez si está de acuerdo, por los vestigios hallados, en que este era el lugar en el cual Yehohanán (Juan el Bautista) realizaba habitualmente rituales de purificación. En el libro, el autor cuenta que Yehohanán se viste igual que el profeta Elías, un personaje de ochocientos años atrás, y qe sufre importantes trastornos mentales. Yehohanán espera ansioso la llegada del Mesías de los judíos, el líder fuerte que va a ponerse al frente de un ejército judío para expulsar a patadas a los romanos de Palestina. Pero las ideas de Jesús son muy distintas: él no ofrece violencia, sino amor para conseguir la redención de las almas. Aun así, Jesús acude a que Yehohanán lo someta al rito de purificación del agua. El bautismo resulta mucho más que un ritual; para Benítez, es el momento crucial que marca la aceptación de su divinidad, el momento de ponerse en marcha. Le pregunto por qué, si Jesús es un pacifista, reafirma a un bruto enloquecido como Yehohanán al dejarse bautizar por él, y luego, tras el bautismo, ya no le dirige ni la palabra ante sus requerimientos de acciones belicosas: "Hay enigmas que no están resueltos del todo. Yo creo que forma parte de la puesta en escena, Yehohanán es un líder respetado, un hombre santo, y Jesús visualiza de manera plástica ese momento. Es un teatro... maravilloso".

En las montañas de Petra, al sur de Jordania.  >

Petra, ciudad de piedra

Cuatro horas de autocar nos separan de la ciudad nabatea de Petra. Aunque les han construido un poblado al lado, los beduinos siguen durante el día en el sitio arqueológico, alquilando burros y vendiendo abalorios de plata. Y fueron los beduinos quienes le hablaron a Benítez de Du Shares, el dios de las montañas: "Me contaron que es un dios que convertía el agua en vino y que celebran su festividad el 5 de enero. ¿casualidad?" Nos muestra en Petra un pedrusco con dos círculos y un rectángulo vertical en el que, echándole imaginación, puede verse la cara cuadrada de Du Shares. "En estas montañas se vieron luces en el cielo de manera continuada, lo dicen todas las leyendas beduinas."

Finalmente, no hemos podido ver la cueva de Beit Ids -actualmente en excavación-, dónde según Benítez se retiró a meditar Jesús tras su bautizo, ni hemos hallado otro vestigio tangible de la divinidad que las botellas de agua bendita que venden en la macrotienda. Hly Land de Amman, Benítez sostiene tozudamente que nada de lo que hay en el libro es ficción, así que hay que creerse que tiene información sobre el viaje en el tiempo de unos pilotos norteamericanos y que domina todos los datos sobre la vida de Jesús al milímetro, un conocimiento buscado por la humanidad desde hace siglos. Pues nada, que le den el Pulitzer de este año y de los veinte venideros. ¿Pero es Benítez un farsante que no se cree ni una línea de lo que dice? No lo parece. Si lo es, había que quitarse el sombrero y pedir para él un Oscar. Ni es un iluminado vociferante, ni un encantador de serpientes que se mueve a base de golpes de efecto. No intenta convencer a nadie. Cuando habla, transmite honestidad. Quizás las cosas le vienen a la cabeza y él se sugestiona de manera que le parece que se trata de algo que le imponen desde algún lugar. Aunque él parece muy lúcido y sigue aferrándose a esas fuente que no puede revelar. Benítez es un enigma en sí mismo. Sea como fuere, ha hecho algo valioso: nos ha hecho revisar todo lo que nos habían enseñado. "Es muy importante que la gente dude, y filtre. Cuando más sagrado es un tema, más debes dudar de lo que te cuentan." Mensaje recibido.

Benítez a tumba abierta

"El que quiera entender, que entienda"

¿En qué quedamos¿ ¿Caballo de Troya es o no es ficción?

No es ficción, es investigación. Yo no tengo tanta imaginación.

¿Entonces por qué viene el libro con un sello de novela?

¡Qué le voy a hacer!

¡Usted manda!

Es que a veces es mejor simplificar las cosas. Hay gente que tiene creencias muy cristalizadas. ¿Quién soy yo para herir a nadie?

Si lo que cuenta es cierto, tiene la información del siglo. Pero como no muestra las pruebas, mucha gente puede creer que es un farsante...

Cada uno es libre de creer lo que quiera, yo no digo a nadie lo que tiene que creer. Me he documentado con 14.000 fuentes durantes veinte años. Y tengo una fuente muy especial, pero esa no puedo revelar.

Si la revelara nadie podría dudar de sus afirmaciones... ¿Por qué no dice cuál es?

No la voy a revelar mientras viva. Debo un respeto hacia esa fuente y la voy a mantener en secreto, aunque me meta en la cárcel el juez Garzón.

¿Por qué todo ha de ser tan misterioso? ¿Por qué, tal y como cuenta en Jordán, Jesús decide no dejar ni una línea escrita? ¿No son ganas de complicar las cosas?

No, en eso Jesús fue muy listo. Si hubiera dejado sus máximas por escrito, habría habido interpretaciones desviadas.

¡Pero si las ha habido igual! Si lo hubiera puesto por escrito, quizás sería más claro el mensaje para sus seguidores.

Él fue muy claro, pero lo cambiaron todo. Las religiones son un sarampión.

¿Y qué le parece que muchos historiadores pongan en duda la existencia de Jesucristo ante la absoluta falta de documentos que lo acrediten?

Sí que ha constancias históricas: ahí están los Anales de Suetonio. Flavio Josefo es un poco posterior, pero en sus crónicas habla de un "hacedor de maravillas". En el Talmud se burlan de Jesús, lo llaman "cojo", pero aparece.

¿Y quién fue Jesús, un dios o un hombre, o un hombre-dios?

Las palabras no ayudan... Hay cosas que escapan a nuestro entendimiento.

Usted evita mencionar en el libro la palabra extraterrestre. Pero surcan el cielo luces en formación, la nube azulada sobre la cabeza de Jesús parece una nave... Pues, si tiene cuatro patas y ladra... ¡será un perro!

Es que la palabra extraterrestre en la información capital no está. Los carros de fuego están incluso en la Biblia, las leyendas beduinas que hablan de luces que van y vienen ahí están. El que quiera entender, que entienda.

¿Fue Jesús un contactado?

Puede que fuera más que eso. Pero sí, a los contactados ahora se los llama profetas. Los profetas de la Antigüedad serían las antenas de una cultura superior.

Con sus teorías, no lo deben querer mucho en el Vaticano...

No me van a poner un piso, está claro. La jerarquía católica miente. Hace un año apostaté de la Iglesia Católica. Me fui al Obispado y dije: "Quiero renunciar".

¿Y qué pasó?

Que, con toda tranquilidad, me dieron un formulario para que rellenase, me pidieron el DNI y mi impreso fue a parar a una gran pila de solicitudes.

 

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