La verdad al descubierto gracias a una exclusiva de J.J. Benítez

El fraude de la desclasificación OVNI

El investigador J.J. Benítez ha dado a conocer en su página web -jjbenitez.com- una serie de documentos que certifican que el proceso de desclasificación de informes secretos sobre OVNIs en España fue manipulado con objeto de restar credibilidad al fenómeno. Y ahora nos permite reproducir algunos de éstos, y habla de ello en exclusiva para ENIGMAS.

Bruno Cardeñosa - ENIGMAS núm. 149.

El pasado 14 de febrero el periodista J.J. Benítez ofrecía en su página web una exclusiva que supone un antes y un después en la historia del proceso de desclasificación de documentos secretos de OVNIs en España. Gracias a la información revelada por el autor navarro, se ha demostrado que un grupo de escépticos examinó los citados informes antes de que fueran dados a conocer a la opinión pública. El objetivo del grupúsculo era ofrecer explicaciones desmitificadoras a cada uno de los casos y proporcionarlos "bajo cuerda" a los servicios de Inteligencia del Ejército del Aire, para que dichas explicaciones fueran transmitidas a la opinión pública a medida que se desclasificaban los "expediente OVNI" que custiodiaban los militares. El cabezilla de ese grupo fue el valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos, que en 1992 reclutó para la misión a media docena de colaboradores. Uno de ellos fue el físico norteamericano Willy Smith, quien desde un principio dudó de la honrabilidad del "comité". En 2004, poco antes de fallecer, Smith entregó a Benítez las 58 cartas que se intercambió con Ballester durante el proceso con la condición de que no las publicara mientras estuviera vivo. Cuatro años después de su muerte, el investigador navarro ha revelado esas 58 misivas. El contenido de las mismas conducen a una conclusión rotunda: las autoridades militares engañaron a la opinión pública para dinamitar la credibilidad del misterio de los OVNIs. Y, para lograrlo, no dudaron en apoyarse en los servicios prestados por un grupo de personas que negaron cualquier precio la existencia de los "no identificados". Dos décadas después se reconstruye la historia de esta infamia...

Hace 16 años...

Todos los que hemos dedicado gran parte de nuestros esfuerzos a intentar descubrir qué hay detrás del mayor enigma de los tiempos modernos vivimos con intensidad el año 1992. Desde hacía meses, diversas filtraciones procedentes de las altas esferas indicaban la posibilidad de que los OVNIs dejaran de ser "materia reservada", clasificación que se asoció a todos los informes sobre avistamientos elaborados por el Ejército del Aire desde 1979, si bien fue en 1968 cuando se determinó que todo lo relativo a este asunto fuera considerado "confidencial", decisión que las autoridades de entonces tomaron tras una serie de consultas efectuadas por la CIA. A partir de entonces, los oficiales del Ejército del Aire elaboraron decenas de informes sobre avistamientos. Para la realización de éstos se nombraba un juez instructor militar que recopilaba la información del caso en cuestión, y una vez concluido su trabajo, remitía el expediente secreto a sus superiores. De este modo, después de casi un cuarto de siglo, los archivos secretos del Ejército del Aire pasaron a aglutinar cientos de testimonios y documentos que atestiguaban la realidad del enigma.

Como decía, a comienzos de 1992 la decisión de levantar el secreto cobró cuerpo. Por aquellas fechas, servidor recibió respuesta positiva en ese sentido en varias cartas remitidas desde el Ministerio de Defensa y la Casa Real. Finalmente, el 14 de abril de 1992 la Junta de Jefes del Estado Mayor tomó la decisión. Y para gestionar el proceso se determinó que la organización de la desclasificación recaería en la Sección de Inteligencia del Mando Operativo Aéreo (MOA) -un departamento del EdA- que en los meses siguientes daría a conocer la información oficial. Por entonces, todos los estudiosos españoles celebraron la noticia. Del mismo modo, investigadores de otros países pusieron su atención en España, uno de los primeros países desarrollados en tomar tan arriesgada decisión. Posiblemente, la ilusión hizo que muchos pécaramos de no percibir que si el proceso se encargaba un departamento de Inteligencia Militar es porque algo siniestro anidaba tras la decisión oficial...

En agosto de 1992 se rompió el silencio. El encargado de hacerlo fue el entonces teniente-coronel Ángel Bastida, que participó en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial (Madrid) para explicar cómo iba a llevarse a cabo el proceso. Según aseguró Bastida, los expedientes originales iba a ser desclasificados, uno a uno, siguiendo un criterio cronológico, para posteriormente ser depositados para su libre acceso a los ciudadanos en la Biblioteca del Cuartel General del Aire en Moncloa (Madrid). Pero cuando a partir de octubre de 1992 los primeros expedientes empezaron a ser liberados, la inicial euforia pasó a convertirse en indignación. Y es que junto a los documentos originales se añadieron páginas previas con "consideraciones" y "conclusiones" redactadas por el MOA. En esos añadidos se explicaban gran parte de los episodios como observaciones erróneas de Venus, estrellas, globos meteorológicos, aviones, etc.

En ocasiones contradecían rotundamente las conclusiones redactadas por los jueces instructores que elaboraron los documentos originales, pese a que fueron ellos los que manejaron las informaciones de primera mano y tuvieron acceso directo a los testigos y sus escritos. Además, los estudiosos detectaron que no se estaban entregando a la opinión pública todos los informes secretos. Por si fuera poco, en algunos expedientes se apreciaba la ausencia y alteración de determinados escritos; casualmente, esos "fallos" servían para justificar las explicaciones peregrinas que se ofrecían para los encuentros con OVNIs investigados de forma oficial. De este modo, la opinión pública pasó de la sorpresa a la desidia, debido a que los casos oficiales parecían tener casi siempre una respuesta convencional. Sin duda, fue una estupenda operación de comunicación por parte de los Servicios de Inteligencia, desvelado ahora como un engaño dirigido a la opinión pública. Así, unos meses después, medio millar de estudiosos del enigma OVNI firmaron un manifiesto capitaneado por J.J. Benítez para hacer pública la queja de los firmantes ante las oscuras maniobras del proceso de desclasificación.

En sus protestas señalaron que las explicaciones ofrecidas por el MOA se asemejaban mucho a las que sobre algunos casos -pese a que los informes eran secretos, algunos de los episodios a los que se referían habían trascendido en su momento a los medios de comunicación- mantenían los autoproclamados "escépticos" del fenómeno OVNI, cuya obsesión era proporcionar explicaciones para todos los avistamientos. Desde ese primer momento se apuntó a Vicente-Juan Ballester Olmos -conocido ufólogo valenciano, autor de varios libros y cuya línea de trabajo se ha escorado cada día hacia posturas opuestas a reconocer la existencia de casos reales, salvo en un porcentaje pequeño- como el "contacto" entre los escépticos y los militares españoles. Sin embargo, todos negaron la existencia de tramas ocultas...

Petra (Jordania), noviembre de 2006

La gigantesca y monumental ciudad de Petra ya tiene su hueco entre las 7 maravillas de la humanidad. Por sus calles y junto a enormes edificios de piedra talladas paseábamos en compañía de J.J. Benítez en noviembre de 2006, unas horas después de haber asistido a la presentación en el Mar Muerto de su libro Caballo de Troya 8. Durante aquella larga conversación en tierra de beduinos, el investigador nos confesaba que disponía de un dossier que revelaba a la perfección cómo habían sido las entrañas del proceso de desclasificación que se extendió durante varios años, ya que los expedientes secretos fueron liberados poco a poco. Y un día esa información vería luz y serviría para aclarar la verdad sobre un proceso al que el propio Benítez dedicó un libro monográfico titulado Materia Reservada (Planeta, 1994) en donde examinaba y ya desvelaba algunas de las maniobras del Ejército del Aire y del investigador Vicente-Juan Ballester Olmos.

En aquellas misma conversación, ambos intercambiamos impresiones sobre la entrevista que realicé a Ballester Olmos durante el programa de radio La rosa de los vientos, en Onda Cero, en agosto de 2006. En esa conversación, negó que hubiera firmado un acuerdo de colaboración con el Ejército del Aire para asesorar y proporcionar las explicaciones a los responsables del MOA que se encargaban de levantar el secreto sobre los informes de OVNI. Sin embargo, durante la entrevista, Ballester Olmos se mostró titubeante ante las cuestiones que desvelaban la existencia de algún tipo de trato entre él y las autoridades militares...

Cuando a comienzos del presente 2008, J.J. Benítez anunció la publicación de una exclusiva en su página web el 14 de febrero, muy pocos sabían de su contenido. Ni siquiera nosotros. Así que hubo que esperar al "día D", cuando pocos minutos después de la medianoche aparecieron publicadas las 58 cartas que desde 1992 se intercambiaron Ballester Olmos y el físico Willy Smith. En ellas se encontraba gran parte de la verdad sobre el proceso.

La implicación de un físico de EE.UU.

Benítez ha explicado a ENIGMAS que en numerosas ocasiones "visité" a Willy Smith en su casa de Miami, cuando viajaba allí, para charlar sobre lo divino, sobre lo humano, y por supuesto, sobre OVNIs". De esa relación con el físico norteamericano -quien era considerado como uno de los más importantes ufólogos de la historia del siglo XX, no obstante es considerado como el heredero del legado de Allen Hynek, el padre de la investigación OVNI mundial- surgió un elevado nivel de complicidad. Y en numerosas ocasiones, salió a colación el nombre de Ballester Olmos y de los trabajos que ambos realizaban en colaboración. "A partir de un momento determinado, Smith se convenció de que este hombre estaba mintiendo". "Mintió, no era lo que dijo ser, ni licenciado, ni físico. Nos manipuló a casi todos.", le dijo Smith al investigador español. Y es que el físico siempre pensó que Ballester era un científico titulado, pero realmente carece de sustento para el aura académica que se ha granjeado. "En una de aquellas visitas, me llevó a su despacho, me enseñó la documentación que ahora he publicado y me la entregó", nos narra Benítez.

El investigador -autor de una veintena de obras dedicadas a los "no identificados"- devoró los folios de las 58 cartas en una noche. "Aquellas cartas confirmaban lo que suponíamos, pero ratificaba cómo se había llevado a cabo el proceso de desclasificación de puño y letra de su principal protagonista", explica Benítez. "Los participantes en la trama siempre habían negado que tuvieran algo que ver, y ahora se demuestra que mintieron".

Las cartas revelan que el EdA entregaba los informes secretos a Ballester Olmos antes de que fueran desclasificados. En un ejercicio sin precedentes, se puso en manos de un civil información secreta sin que mediara comunicación pública alguna sobre lo que estaba ocurriendo. Se hizo de espaldas a los ciudadanos y a las normas democráticas. Así, una vez que el informe oficial de turno estaba en la mesa de Ballester, éste los enviaba a un grupo de seis personas -entre las que se encontraba Smith- para que analizaran los episodios OVNI que aparecían reflejados en esos papeles todavía secretos. Así, lo que tenía que hacer este grupúsculo clandestino era intentar explicar cada caso y remitir su propio informe vía postal a Ballester, quien una vez que ya disponía de la explicación racional, enviaba al MOA su conclusión. A partir de ese momento, los oficiales de la Sección de Inteligencia incluían esa explicación en las páginas previas al informe original y procedían a la desclasificación. Es decir, que era el propio Ballester quien en realidad marcaba el ritmo de la desclasificación en función de los rápidos y tenaces que fueran sus colaboradores. Tamaña irregularidad jamás fue confesada ni por las autoridades ni por los implicados. Y es que la situación es de una gravedad antidemocrática sin paragón en la historia reciente...

El contenido de las cartas no deja lugar a dudas. Ballester conocía a la perfección la irregularidad de la misión que estaba encabezando: "Esto es absolutamente confidencial: estoy colaborando con las autoridades aéreas en dicho proceso", le explica a Smith en una carta fechada el 9 de diciembre de 1992, en la cual le formula su oferta: "¿Estarías dispuesto a realizar algún análisis de información de origen militar?", le pregunta. "Es importante que aceptes la confidencialidad de este asunto" -ver carta 1-.

En una de las comunicaciones que el líder del grupo remite a todos los "asesores", delata la conciencia de la irregularidad del proceso en el que se encuentra colaborando: "Vuestras reflexiones ya se usan para asesorar e informar al Ejército del Aire... Muchas gracias por participar en la sombra en un trabajo de verdad histórico". En otra carta, fechada el 5 de abril de 1993, se expresa en sentido similar: "Vuestro trabajo no cae en saco roto y ayuda mucho a dar a los casos su verdadera perspectiva, previamente a su desclasificación". Apenas dos meses después, señala en otra carta: "Pido a cada uno que firme los informes, para que así el Ejército del Aire sepa de quien proceden". Y es que las sospechas -basadas en otras cartas, y en una conversación informal mantenida por Ballester durante un congreso OVNI en los EEUU, en donde los ufólogos se mostraron interesados en cómo se estaba llevando el proceso en España- indican que fue elegido porque Inteligencia necesitaba a alguien que hiciera el juego a las autoridades militares para desprestigiar el fenómeno y se le pidió que el resultado de los casos fuera negativo, que se descartara la tesis OVNI en todos los casos posibles.

"No hagas copia... se descubriría el pastel"

A medida que el intercambio de informes se llevaba a cabo, Smith empezó a mostrar dudas acerca de la honorabilidad de la misión del grupo de expertos. Y sin pelos en la lengua mostró a Ballester su inquietud. La respuesta de Ballester fue harto reveladora: "En consecuencia, no se te ocurra mandar copia a nadie de lo que haces para mí, porque entonces se descubriría el pastel" -ver carta 2 y 2 bis-. Sobran los comentarios...

En el intercambio dialéctico, Ballester pedía que la conclusión que se extrajera estuviera basada sólo en la información militar que remitía a sus colaboradores, pero el problema es que, aunque entre esa documentación había información confidencial, en algunos informes se había detectado la ausencia de determinados escritos que invalidarían cualquier explicación. Sin esos legajos, el camino hacia la explicación era más fácil. E insistió: "No hay razones ocultas en dicha censura... Eso sí, prefieren que la relación MOA y nosotros no sea conocida por otros investigadores o que sea de dominio público". Ballester Olmos remitió el documento secreto -al igual que el resto de los casos- relativo a uno de los "grandes" de la historia ufológica española. Ocurrió el 2 de enero de 1975, cuando varios soldados destinados en el polígono de tiro de Bardenas Reales (Navarra) vieron un objeto luminoso a ras de suelo sobre la zona en la que hacen sus ensayos los aviones españoles y norteamericanos en la Base Aérea de Zaragoza. El objeto, después de elevarse, se dirigió a la torre de control, en donde estaban los soldados, efectuó una extraña maniobra y desapareció a gran velocidad. En aquella época, el EdA informó a la opinión pública que el suceso tenía explicación. Que todo había sido un efecto óptico provocado por el halo de la Luna. Sin embargo, aquella "resolución" fue una burda maniobra para tranquilizar a la opinión pública. Durante muchos años, Ballester incluyó en sus trabajos esa explicación como válida. La investigación que realizamos -y entre los entrevistados estaba el juez instructor, el coronel Fernando Zamorano, que nos aseguró que el objeto efectuaba maniobras imposibles- demostró que el suceso no tenía explicación, pero en sus informes, miembros del comité asesor del MOA determinaron que el OVNI era... ¡un helicóptero! -ver cartas 5 y 5 Bis- Para solucionar algunos inconvenientes, los miembros del equipo dedujeron que el viento creó un tipo de condición para que no se percibiera ruido procedente del aparato. Finalmente, el MOA pareció disentir con los colaboradores secretos y omitió hacer más consideraciones pese a incluir algunos documentos en el informe oficial que tendían a sostener de nuevo la teoría de la Luna como causante. Pero, según las cartas astronómicas, aquella noche la Luna todavía no era visible sobre el polígono de tiro.

"Como conclusión a esta mentira hay que decir que la desclasificación, aparte de un fraude, fue ilegal"

Rumbo de colisión

Uno de los casos que más discusión provocó fue el ocurrido el 23 de noviembre de 1973. El suceso fue protagonizado por los dos pilotos de un Mirage III de las Fuerzas Aéreas que sobrevolaba la costa valenciana en la tarde-noche de ese día. Los pilotos vieron una esfera luminosa que se situó en rumbo convergente con el avión. El piloto tuvo que efectuar una maniobra de evasión para no poner en riesgo la seguridad del vuelo, ya que el "no identificado" estaba en rumbo de colisión. Al unísono, los miembros del grupo de negadores "contratado" por el MOA determinaron que aquel objeto era el planeta Venus. Y Smith, que había seguido de cerca este episodio, se mostró totalmente contrario. Contrario y contrariado. Para él, no había explicación y la tesis de Venus era estirar la cuerda -baste decir que el "no identificado" fue detectado en el radar-.

Smith empezó a ser mucho más crítico con los miembros del grupo al que pertenecía. A algunos de ellos los denominó debunkers, negadores del fenómeno a toda costa. Salieron a relucir en las cartas publicadas informaciones en las que el físico norteamericano le recordaba a Ballester que su acuerdo con el Ejército parecía incluir una norma: todos los casos deben ser explicados. A Smith aquello le pareció poco científico y inmoral -ver carta 6-. "Todos mintieron. El Servicio de Inteligencia militar del EdA por suministrar material secreto a civiles. Ballester y compañía, por acceder a tan oscura maniobra y por negar que haber colaborado secretamente con los militares en un proceso que dijeron fue limpio y transparente. ¿Por qué no dijeron públicamente lo que escribieron de manera confidencial? La segunda desclasificación además de un fraude, fue ilegal".

 

El comité secreto

El comité creado por el investigador Vicente-Juan Ballester Olmos estuvo formado por individuos de la llamada corriente escéptica. La participación en la trama de asesoría fue aceptada por motivos biográficos por el Ejército del Aire. El grupo estaba liderado por Ballester Olmos, e integrado por las siguientes personas. Todas ellas, por supuesto, siempre negaron haber participado del "pastel". Estos son sus nombres:

· Javier Armentia: director del Planetario de Pamplona y uno de los más destacados miembros de la llamada "Alternativa Racional a las Pseudociencias" (ARP). Es el único de los implicados que ha tenido una reacción pública. Tras la publicación de los documentos el 14 de febrero, reconoció ante la agencia EFE que había participado en el grupo.

· Joan Plana: colaborador de Ballester y coautor de un libro titulado Los expedientes secretos (Ed. Temas de Hoy, 1994). En apariencia, es especialista en temas militares.

· Juan Antonio Fernández Peris: ingeniero y colaborador de Ballester Olmos desde la década de los ochenta. Su aportación más sorprendente es asegurar que el OVNI que provocó la suspensión el 11 de noviembre de 1979 de un vuelo con más de cien pasajeros, que efectuaba maniobra en torno al avión, que se paseó sobre la pista del aeropuerto de Manises, que se detectó en radar, que fue perseguido por un caza del Ejército del Aire... había sido en realidad el fulgor de una chimenea.

· Miguel Guasp: físico de la Universidad de Valencia que había escrito junto con Ballester Olmos un libro titulado Los OVNIs y la ciencia (Plaza & Janés, 1984)

· Manuel Borraz Aymerich: investigador vinculado a la publicación restringida Cuadernos de Ufología, en donde presenta análisis de casos OVNIs. Ha llegado a la conclusión de que todos los episodios de este tipo tienen explicación. Que no hay un sólo caso digno de ser calificado como "real". Esta posición es la que agradó a los responsables de Inteligencia en este caso y en el resto.

 

 

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