Se declaraba un
escéptico y se
jactaba de no
profesar ningún
credo. Pero un día,
tras una supuesta
llamada de un hombre
que poseía unos
documentos secretos
de la Nasa, su vida
cambió. Un documento
que narraba las
visiones,
conversaciones y
testimonios de dos
científicos que a
través de un
desintegrador de
materia viajaron en
el tiempo para
conocer la vida de
Jesús, se convirtió
en el insumo de su
polémica saga El
Caballo de Troya. El
Espectador habló con
el escritor español
Juan José Benítez
¿Se dice que usted
no sólo imagina,
sino que es un
riguroso
investigador, eso lo
heredó del
periodismo?
Yo no podría hacer
nada de lo que he
hecho y de lo que
tengo sin el
periodismo. Empecé
en las secciones más
oscuras, en los
talleres, en la
confección del
periódico poniendo
los tipos de plomo y
luego progresé y fue
entrando en el
periodismo local y
de él heredé el
rigor investigativo.
Cuando recibe la
llamada del hombre
de la Nasa que le
quiere entregar los
documentos que
testimonian un viaje
en el tiempo ¿supo
que tenía en sus
manos una gran
novela?
Fue un proceso
gradual, cuando
recibo la
información capital,
en la que estaban
contenidos todos los
testimonios, me doy
cuenta de la
inminencia de
publicarla. Después
me doy cuenta del
impacto que tuvo el
Caballo de Troya y
decido hacerla
toda pública.
¿Por qué lo
eligieron a usted
como receptor de
esos documentos?
Yo siempre pensé que
me hubiera gustado
escribir la vida de
Jesús de Nazaret,
como lo hubiera
hecho un periodista,
paso a paso, y en el
año 1978 me
encuentro con una
noticia de unos
científicos que
están trabajando
sobre la sábana
santa de Turín, y me
ocupo de la
investigación. A
partir de ahí llegó
todo rodado, luego
me llegaron los
documentos. Aunque
la gente no lo
crea, yo tengo que
ver poco en lo que
se narra en los
libros de El Caballo
de Troya.
¿Y cuando leyó los
documentos, qué se
planteó?
Quedé muy
sorprendido,
necesité mucho
tiempo para
corroborar y
meditar, para
contrastar, para ver
si podía ser verdad
y finalmente me
lancé a escribirla,
porque consideré que
al margen de que
fuera o no verdad,
la información en sí
es de una enorme
belleza y podía ser
muy útil para mucha
gente.
¿Partió de unos documentos que tienen pretensión de cientificidad y agregó ficción o es al revés, parte de una intención más ficcional que se alienta de elementos reales?
No hay ficción casi en Los Caballos de Troya, la información más importante es la que está en los documentos, yo intervengo menos de lo que la gente piensa.
¿Alguna vez tuvo algún tipo de censura e intervención por parte de las instituciones religiosas o gubernamentales para no publicar los libros?
Ha habido intentos de ridiculizar la información, yo soy poco menos que el diablo para muchas iglesias, ya no tanto, en un primer momento en los años 80 hubo críticas feroces, se prohibió el libro en el Opus Dei y hubo una persecución personal.
¿Cómo nace en este contexto este nuevo libro ‘De la mano con Frasquito’?
Nace probablemente como consecuencia de los caballos, las reflexiones que aparecen aquí son la recolección de pensamientos que me fueron surgiendo durante estos años de trabajo, quería compartirla. Frasquito es un libro que nace al ver a mi nieto (a quién apodé así) y ver muchas de sus actitudes. Es un libro espontáneo y tierno que cuenta mis pensamientos más íntimos sobre la vida, la muerte y la felicidad.
¿Se está cocinando el noveno y último libro de El Caballo de Troya sobre qué versará?
Eso no lo voy a decir, es una sorpresa, el noveno caballo puede de principio dejarle a la gente los ojos muy abiertos, el final está en una notaria registrado y yo creo que saldrá a la luz quizás en 2010.