< ¿Por qué Colón modificó las velas de la Pinta?
Las cartas marcadas del Almirante
El error en el primer viaje
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Colón triunfa, en efecto. Pero las sorpresas no han terminado. El Destino sigue ahí, a su lado...
Y llegó el gran viaje. Y con éste, y las siguientes singladuras, el Almirante terminaría descubriendo sus cartas. Unas cartas marcadas...
Veamos algunos de los hechos registrados en aquel histórico viaje y que muy pocos conocen:
Fiel a lo consignado por el prenauta, Colón, en lugar de navegar directamente hacia el oeste (así figuraba en las noticias y en la carta de marear de Toscanelli ) siguiendo los paralelos de España, alarga la ruta y pone proa al sur. ¿Por qué? Colón lo sabe muy bien. Es allí donde encontrará los vientos y las corrientes propicios. Desciende hasta las Canarias, y se sitúa entre los paralelos 27 y 28. Modifica las velas de la Pinta y cambia el aparejo latino (cuadrado) por el redondo, más útil para beneficiarse de los vientos de popa. Ésos fueron los consejos del piloto anónimo. Y así fue: el jueves, 6 de setiembre de 1492, un viento del este empujó a los barcos hacia lo desconocido. Lo último que vieron fue San Sebastián de la Gomera y la isla de Hierro, a babor. ""
El error del prenauta Colón, siguiendo al pie de la letra las informaciones del piloto anónimo, reúne a los capitanes de las tres carabelas y, poco antes de partir de las Canarias, les hace una advertencia: a cosa de setecientas leguas de Hierro deberán tener especial cuidado con un rosario de arrecifes y roqueos. Los Pinzones se miran desconcertados. ¿De dónde ha sacado el Almirante una información tan útil y puntual? ¿Cómo podía hablar con semejante seguridad si jamás había navegado por esos mares?
La seguridad de Colón al hablar de los arrecifes situados entre Canarias y las Indias dejó perplejos a los capitanes.
Colón, sin embargo, desconfía. La seguridad en el secreto del prenauta es total, sí, pero... y el 10 de setiembre -a los cuatro días de la partida de Canarias- empieza a falsificar el diario de a bordo. Colón lleva una doble contabilidad con respecto a las leguas navegadas por su barco, la Santa María. Una cosa es lo que escribe y otra lo que comunica a sus hombres...
He aquí otro rasgo característico en la compleja personalidad del genovés: mentir le fascina. Pero, al desconfiar, no le falta razón: el piloto anónimo cometió un grave error. El informador de Colón se equivocó al situar la gran isla del oro. El Almirante, al seguir el paralelo 27, dejó esa isla ( Cipango ) mucho más al sur. Por eso, en este primer viaje, no encuentra el peligroso laberinto de arrecife, ni tampoco las islas de las amazonas y de los caníbales. Lo que Colón llamaba la «entrada a las Indias».
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Todo estaba previsto (o casi todo), incluida la escala en la islas Canarias.
Segunda revelación del secreto Y las cosas siguen complicándose para Colón. Al atardecer del martes, 9 de octubre, la marinería está harta. Su paciencia se ha terminado. Quieren regresar y tienen razón. El Almirante había prometido encontrar la tierra de Cipango a 750 leguas de las Canarias. Pues bien, las cuentas de los pilotos de la Pinta y la Niña no dicen eso: las citadas carabelas han navegado 844 y 860 leguas, respectivamente. Colón guarda silencio. En la contabilidad «verdadera» de su diario aparece otra cifra: mil leguas... ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué no han encontrado la gran isla del oro?
La situación es tan violenta que Colón se ve obligado a reunir a los capitanes. El motín puede significar la ruina para su proyecto descubridor. Quedan las provisiones justas para el viaje de regreso. Es preciso dar la vuelta y ¡ahora! El Almirante trata de ganarse de nuevo a Martín Alonso Pinzón, sin duda el marino más prestigioso de aquella expedición. Pero el de Palos se siente engañado. Tres días antes, los vizcaínos ya intentaron rebelarse...
El segundo motín es decisivo. Colón se ve obligado a revelar su secreto nuevamente. Esta vez a Martín Alonso Pinzón.
Colón está a punto de perderlo todo. Martín Alonso no cede: quiere volver a España. Y se produce otro hecho de vital importancia: Cristóbal Colón no tiene más remedio que hacer un aparte con el paleño, y hacerle partícipe de su gran secreto. Y Colón, en mi opinión, le muestra «algo» que termina de convencerlo. ¿Una pieza de oro entregada por el prenauta? ¿Oro hallado en la gran isla? No sería de extrañar, dado que el piloto anónimo permaneció en el Caribe durante casi dos años. Y Colón, muy probablemente, le habla de la ubicación de una de las minas de oro del supuesto Cipango. Por eso, semanas después, el 21 de noviembre, Alonso Pinzón -sin justificación aparente- deserta y desaparece con la Pinta, abandonando al Almirante. Pinzón sabía de la existencia de esa mina de oro y decide llenarse los bolsillos. Colón nunca se lo perdonó...
Pero el Almirante, una vez más, consigue su propósito: la marinería le concede tres días de plazo para hallar tierra. De no ser así regresarán. Ha sido la segunda revelación de su gran secreto.
Colón nunca perdonó la traición de Alonso Pinzón.
El día más amargo Y el 12 de octubre descubren una pequeña isla del grupo de las Lucayas, llamada Guanahaní por los nativos. Colón respira y la bautiza como San Salvador.
La historia, sin embargo, ha vuelto a engañamos. Aquél no fue un día de gloria para Colón y su gente. Aquello era una pequeña isla perdida en el océano. Aquello no era la tierra firme (las Indias) que buscaba el Almirante con tanto afán. ¿Dónde estaba el error? ¿Por qué no habían desembarcado en Cipango? Como ya he mencionado el error, en realidad, no fue de Colón, sino del prenauta. Y el Almirante, perplejo, tuvo que tragarse la rabia. Fue, sin duda, un día muy amargo...
Y el genovés siguió de isla en isla, buscando «su» Cipango, «su» gran sueño...
Primer viaje de Colón. Un error en los cálculos del piloto anónimo llevó a las carabelas mucho más al norte.
Es en esas angustiosas jornadas cuando se destapa el verdadero objetivo de Colón: el oro. Es lo único que le preocupa realmente. Embarca a los indios en las naves y, como puede, les hace ver que busca una tierra (Cipango) rica en oro. E1 28 de octubre alcanza la costa norte de Cuba y cree que ha pisado Cipango. Pronto comprueba que no es así. Los datos facilitados por el prenauta no coinciden. Y, obsesionado, navega hacia el este...
Hombres blancos Y el 12 de diciembre, costeando al norte de la actual Haití, tiene lugar otro suceso que llena de admiración a la marinería de la Niña y de la Santa María. Otro hecho que, naturalmente, no sorprende al astuto Colón. Al desembarcar en una ensenada que el Almirante denominó De la Concepción, varios de los exploradores acertaron a establecer contacto con un nutrido grupo de indios. Pues bien, entre ellos descubrieron varios hombres y mujeres blancos. «Hombres y mujeres jóvenes -dicen- tan blancos como los de España...»
¿Cómo era posible? ¿Hombres y mujeres blancos entre los caribeños?
Días después, en un paraje próximo que Colón bautiza como valle del Paraíso, los expedicionarios vuelven a encontrar otro poblado. Y en él, de nuevo, hombres y mujeres «harto blancos, que si vestidos anduvieren serían cuasi tan blancos como en España».
¿Hombres y mujeres blancos en América antes de Colón? ¿Cómo era posible? (Isla de la Juventud, Cuba.)
La misteriosa presencia de gente blanca se repetiría en el segundo y tercer viaje de Colón. En el sur de Cuba, por ejemplo, un ballestero que se adentró en tierra con ánimo de cazar se vio sorprendido por un grupo de indios entre los que destacaban tres individuos blancos, vestidos con sendas túnicas blancas. El ballestero se encontró tan súbitamente con dichos hombres con túnicas que, por un momento, pensó que se trataba de frailes de la Trinidad. Según cuentan Bernáldez, Hernando, Anglería y Bartolomé de las Casas, nadie consiguió explicar satisfactoriamente la presencia de aquellos hombres blancos entre los naturales. Y el ballestero huyó aterrorizado sin atender las llamadas del hombre de la túnica cumplida que, al parecer, le reclamaba a voces.
En esa misma isla de Cuba, el citado De las Casas recoge una insólita leyenda taína: los naturales decían tener reciente memoria de la llegada a la isla de La Española (el Cipango de Colón) de unos hombres blancos y barbados, iguales a los españoles, pero desembarcados antes que los hombres del Almirante. No mucho antes...
Colón sabía que los hombres de la carabela se habían mezclado con las indias. Por eso no se sorprendió al contemplar blancos en el Caribe. (La Habana.)
También en el tercer viaje colombino (1498), Colón y su gente descubren otros hombres y mujeres blancos entre los nativos del golfo de Paria, en lo que después sería Venezuela. «Gentes amabilísimas -escriben los cronista- que nos recibieron como si nos conocieran de antiguo.»
Los conquistadores españoles quedaron asombrados, sí, pero no el Almirante. Él sabía por el piloto anónimo que la tripulación de aquella carabela había permanecido uno o dos años con los indios de la región. Y sabia igualmente que los predescubridores se mezclaron con las indias. Ésta, sencillamente, era la explicación a la insólita presencia de hombres y mujeres blancos. Una presencia confirmada por los indios taínos de Cuba cuando se referían a «hombres blancos y barbados».
Monte Christi ¿Por qué esa obsesión por navegar hacia el este? Me costó entenderlo. Colón descubre Guanahaní (San Salvador) y en lugar de proseguir hacia poniente, por el rumbo que, supuestamente, debería haberle llevado a la tierra firme (las Indias), cambia primero hacia el sur (Cuba) y, finalmente, se decide por el este. La clave, como dije, estaba en el oro y en la silueta de un monte. Ésas eran las informaciones facilitadas por el piloto anónimo antes de morir. Colón busca la isla del oro (Cipango) como objetivo prioritario. No puede regresar a España sin las inmensas riquezas que ha prometido a los Reyes Católicos y a cuantos han costeado el viaje. Y al mencionar la palabra «Cipango», los indios asienten y señalan al este.
Monte Christi, un cerro con un perfil muy peculiar. Ésta fue otra de las claves del piloto anónimo.
Y exclaman en su idioma: «Cibao.» EI Almirante asocia «Cibao» con «Cipango» y por eso navega hacia el oriente. Y el 4 de enero de 1493, al fin, aparece ante él la señal que identifica a la isla del oro: un monte con figura de alfaneque o pabellón de campaña (forma cónica) que visto de lejos «parece una isla». Es una de las claves del prenauta: Monte Christi, una pequeña montaña asomada al mar y con un perfil muy particular e inconfundible. No hay duda: Monte Christi está marcando la isla del oro, su añorado Cipango...
Colón no fue un profeta, aunque así se lo pareció a su gente.
Y prueba de lo que digo son las propias palabras de Colón. En esa oportunidad -sin llegar a desembarcar- anuncia a sus hombres que allí, a escasas veinte leguas de la costa, se encuentran las ricas minas de oro...
Poco después (marzo de 1494), durante el segundo viaje colombino, el Almirante desciende a tierra frente a Monte Christi y se adentra en «su» Cipango. La región es el valle del Cibao. Y a dieciocho leguas, ante el asombro de la marinería, descubre las minas de oro de las que le había hablado el prenauta. ¿Dotes proféticas? Por supuesto que no. Colón tenía información previa...
Durante el segundo viaje, Colón desciende a tierra frente a Monte Christi.
Las sorpresas, sin embargo, no concluyen ahí. En esa región del bellísimo Caribe, Colón entra en los dominios de Cao-na-boa, el Señor de la Casa de Oro, del que también le habló el piloto anónimo. Y el Almirante se siente feliz y orgulloso, confirmando, al mismo tiempo, las noticias de Toscanelli: un Cipango con las casas reales cubiertas por tejados de oro...
Ya no hay duda: Cipango y Cibao, para Colón, son la misma cosa.
El Almirante se adentra en el Cibao (actual República Dominicana) y descubre las minas de oro de las que le habló el prenauta.
Unas balas imposibles Y Cristóbal Colón, astutamente, va administrando su información privilegiada. El siguiente paso está allí mismo, en el valle del Cibao. Busca un lugar «especial» -inconfundible y muy estratégico-, rodeado por un río, y ordena construir un pequeño fortín. Será el fuerte de Santo Tomás. Pero Colón busca algo más. Al preparar los cimientos, los hombres quedan nuevamente atónitos: allí, en un nido de paja y barro, aparecen tres o cuatro piedras de lombarda. ¿Balas de cañón en La Española antes del descubrimiento? ¿Quién ha dejado esas balas «imposibles» en el Cibao? Nadie se lo explica, salvo Colón. Pero el Almirante guarda silencio. Él sabe que fue la tripulación del prenauta quien dejó allí el preciado «tesoro». Otra señal y otra aplastante demostración del paso de los predescubridores por el Caribe antes de 1492.
Al construir un fortín, los españoles descubren balas de lombarda.
Obviamente, el genovés no pudo leer nada al respecto en los libros de Pío II, D 'Ailly o en los escritos de Toscanelli. Ninguno de estos autores podía proporcionarle pistas tan concretas y exactas como las minas de oro en el Cibao (a escasas veinte leguas de la costa), la silueta de Monte Christi o el nido de lombardas. ¿Solución? Una de dos: o Colón era un profeta o alguien le facilitó dichas informaciones. Naturalmente, me inclino por lo segundo.
Siguen las profecías y es también en ese segundo viaje (1493-1496) cuando Colón, al aproximarse a la actual isla de Jamaica, reclama la atención de la marinería y dice: «... Señores míos: os quiero llevar al lugar de donde salió uno de los tres magos que vinieron a adorar a Cristo, el cual lugar se llama Saba…»
Balas de piedra: una de las claves de la información del prenauta.
Cuando los españoles desembarcaron y preguntaron a los nativos, éstos replicaron que la isla se llamaba Sobo. Entonces, el Almirante explicó que Saba y Sobo eran la misma palabra, pero que los indios no la pronunciaban bien.
Y la tripulación, desconcertada, se preguntó: ¿cómo sabía Cristóbal Colón el nombre de esta isla si jamás la había pisado? ... La respuesta es elemental: por el piloto anónimo...
Y conforme siguieron los viajes de exploración, las supuestas dotes proféticas del Almirante dejaron sin aliento a cuantos le acompañaban. Un nuevo ejemplo: lo que Colón llamaba la «entrada a las Indias». En noviembre de 1493, el Almirante navega derecho hacia ese laberinto de arrecifes (hoy conocido como el archipiélago de las Once Mil Vírgenes). En el primer viaje, como se recordará, aunque advirtió de la existencia del roqueo a los capitanes de las carabelas, la expedición navegó más al norte, y no coincidió con dicha «entrada». Ahora, Colón se saca la espina. Pero ¿cómo podía saber de la presencia de tales arrecifes un año antes? El lector ya conoce la respuesta: por el prenauta y allí, tal y como le refirió igualmente el piloto desconocido, Colón encuentra dos islas muy especiales: Matininó y Carib. La primera habitada por las amazonas. Carib, por los caníbales. Y el Almirante se cubre de gloria ante sus hombres. ¿Cómo pudo saberlo don Cristóbal Colón?
En Matininó (Guadalupe) se registran otros sucesos insólitos que, supongo, hicieron sonreír maliciosamente al genovés.
Al llegar al archipiélago de las Once Mil Virgenes. Colón sabía de la existencia de dos islas muy especiales...
Los españoles, al penetrar en una de las aldeas, fueron a topar con otros dos objetos «imposibles»: un codaste y un cazuelo de hierro. El primero, la pieza recta y vertical que remata la nave por popa, nada tenía que ver con las canoas utilizadas por los indios. En cuanto al segundo, ¿qué pudieron pensar los españoles? Los naturales no conocían el uso del hierro. Y el Almirante, como digo, sonrió para sus adentros. Aquellas piezas sólo podían tener un origen: el prenauta.
El reino de Ofir Y las hazañas proféticas de Colón siguieron registrándose en ese segundo viaje. Ocurrió cuando navegaban al sur de la isla de La Española (la actual República Dominicana). A cosa de siete u ocho leguas de tierra fueron a divisar un montículo. Y Colón, con una seguridad que desarmó a sus hombres, aseguró que aquél era el lugar llamado Ofir, los montes «todos de oro» o las célebres minas del rey Salomón. Un yacimiento aurífero sembrado de profundos y enigmáticos pozos. Y así fue. Aquel paraje recibió el nombre de San Cristóbal.
Para Cristóbal Colón, uno de los Reyes Magos salió de Jamaica.
Colón lo sabía desde mucho antes de 1492 y lo confirmó en mayo de 1493, a su regreso del primer viaje triunfal. Lo sabía, naturalmente, porque así se lo había detallado el piloto anónimo. No debemos olvidar que, para Colón, aquellas tierras seguían siendo el extremo de Asia. Y allí, para su turbulenta mente, se encontraban Ofir y Sophora, los legendarios parajes donde Salomón envió sus naves para cargar el oro destinado a la construcción del Primer Templo en Jerusalén. Los citados y profundos pozos que existían junto a las minas (hoy San Cristóbal) animaron -y no poco- a consolidar su creencia: dichos pozos, como le advirtió el prenauta, no pudieron ser excavados por los indios. No tenían herramientas para tal menester. "En consecuencia, tuvo que ser Salomón.
< Colón, al parecer, deseaba reconquistar Jerusalén: ése fue uno de los objetivos del descubrimiento: proporcionar oro a los Reyes Católicos para emprender dicha cruzada.El legendario reino de Ofir
· El nombre de Ofir aparece mencionado en la Biblia. Dice así: «... Hizo también el rey Salomón navíos en Ezion-gaber, que es junto a Elath, en la ribera del mar Bermejo, en la tierra de Edom. Y envió Jirám en ellos a sus siervos, marineros y diestros en el mar, con los siervos de Salomón, los cuales fueron a Ofir y tomaron de allí oro, cuatrocientos y veinte talentos y trajéronle al rey Salomón...»· Del citado reino o territorio de Ofir se transportaba también madera preciosa (posiblemente sándalo), oro fino, plata y marfil. El viaje duraba alrededor de diecisiete meses.
· Durante siglos se ha especulado sobre la ubicación de dicho país. En la época de Colón se creía que Ofir podía hallarse en el extremo de Asia (las Indias para Toscanelli y Cristóbal Colón). Otros lo buscaron en Yemen, África Occidental, Persia, Etiopía y la India. En 1871, Carl Mauch alcanzó las ruinas de Zimbaoche, en la actual Zimbabwe (África). Y los exploradores creyeron que se trataba del antiguo reino de Ofir. Posteriormente se descubrió que dichas murallas fueron levantadas en el siglo XII. (El Primer Templo de Jerusalén fue construido entre el año 972 y el 932 antes de Cristo.)
· Hoy, Ofir sigue siendo una incógnita. Nadie sabe realmente dónde pudo estar ubicado.
< Isabela (norte de La Española).
No hay deuda que no se pague
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…ni plazo que no se cumpla
Pero la locura del Almirante no se detuvo ahí. El piloto anónimo le había informado también de un increíble lugar en el que los ríos procedentes de una montaña desembocaban en un enorme lago y producían un gran estrépito al chocar con la mar. Pues bien, en el tercer viaje a las Indias (1498), Colón busca ese territorio, situado -según el prenauta- a cosa de cincuenta o setenta leguas al sur de Cipango (La Española). ¡Y lo encuentra! Es el golfo de Paria, al norte de la actual Venezuela.
Descubre el lago, los ríos y queda maravillado al oír el fortísimo ruido provocado por la reunión de las aguas dulces y saladas. Ya esta tierra incógnita, hacia la que el Almirante navegó directamente y sin la menor sombra de duda, la llamó la «tierra firme de acá».
El tornaviaje Las pistas se suceden unas a otras. Colón, en efecto, disponía de una información secreta y privilegiada, que utilizó sin escrúpulos, incluso, para programar el difícil viaje de regreso a España. Es un hecho que, durante la primera travesía hacia América, los marineros se mostraron muy preocupados por la dirección de los vientos. Los alisios, efectivamente, siempre soplaban de popa. ¿Cómo regresar con semejante viento en contra? Colón, sin embargo, guardó silencio. No hizo un solo comentario. ¿Por qué? Sencillamente, porque sabía cómo hacerla. Fue otro de los consejos del prenauta. Veamos algunos detalles:
Aquel 16 de enero de 1493, cuando toma la decisión de retornar, pone rumbo «nordeste, cuarta al este». En otras palabras: busca el norte, evitando los vientos que lo han empujado en la llegada. Y en el paralelo 38, frente a las costas de la actual Virginia (EE. UU) cambia el rumbo hacia el este, aprovechando los vientos del oeste. Él sabe que así llegará a las costas de las Azores, Madeira o de las Canarias. Y no se equivoca. El 17 de febrero avista Santa María, en las Azores. Poco después, el 4 de marzo, desembarca en Lisboa y, finalmente, arriba a Palos el 15 de marzo de ese año de 1493. ¿Cómo pudo saber que debía navegar hacía el norte y, posteriormente, hacia el este? ¿Por qué evita el rumbo que había mantenido con tanta tozudez a su salida de las Canarias? Colón no conocía la zona y, sin embargo, acertó...
En el tercer viaje, Colón encuentra el golfo de Paria, al norte de la actual Venezuela.
En el golfo de Paria, el Almirante escucha el fortísimo ruido que provoca la reunión de las aguas dulces con las saladas. Algo que le advirtió el prenauta.
Pero el genovés cometió un gran error. Hizo suyo un secreto que no le pertenecía. Ignoró al piloto anónimo y se quedó con toda la gloria. Y el Destino pasó factura: en la primavera de 1499, el virrey y Almirante es encadenado y devuelto a la corte de Castilla. Poco después, el 20 de mayo de 1506, muere en Valladolid. Y muere olvidado y en la ruina.
Ni siquiera sus restos descansan en paz. Nadie conoce su paradero con exactitud. ¿Se encuentran en Sevilla o en Santo Domingo?
Como reza el adagio, no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague.
Catedral de Sevilla. Supuesta tumba de Colón.
Las ideas delirantes de Colón
· El Almirante se consideraba un elegido de Dios. Vestía como un monje y su conducta religiosa se hallaba muy cercana al fanatismo. Cualquier escrito lo iniciaba con la frase «Jesus cum Maria sit no bis in via».
· Vivió obsesionado con la conquista de Jerusalén. Consideraba que las riquezas obtenidas en América (las Indias) servirían a los Reyes Católicos para dicha cruzada. La tradicional amistad de Colón con los franciscanos pudo alimentar estas obsesivas ideas. (Los franciscanos tomaron estas ideas sobre Jerusalén de los escritos del abad Joaquín de Fiore. del siglo XII.)
· Durante toda su vida creyó oír «voces» que lo aconsejaban y guiaban. Uno de los ejemplos se registra el 14 de febrero de 1493, cuando se encuentra de regreso a España. En mitad de una tormenta, una «voz» le habla y le sosiega. Cuatro días después desembarca en las Azores.
· Colón asocia la región del golfo de Paria (Venezuela) con el Paraíso Terrenal. Y lo bautiza con el nombre de Los Jardines, en recuerdo del Jardín del Edén. Murió creyendo que había pisado la patria de Adán y Eva.
· Para el Almirante, la isla de Jamaica fue el mítico reino de Saba y el sur de La Española (San Cristóbal) el no menos legendario país de Ofir (las minas del rey Salomón).
"Llore por mí quien tiene caridad...". Acertadas palabras del propio Colón. (Santo Domingo.)
Colón: algunas fechas clave
· 1451: Posible nacimiento de Colón en Porta dell'Olivella (Génova). Sus padres (Domenico Colombo y Susana Fontanarossa) son tejedores y comerciantes.
· 1471: Primeras navegaciones por el Mediterráneo.
· 1474: Carta de Toscanelli al rey de Portugal, en la que expone la posibilidad de viajar a las Indias por el mar Tenebroso (Atlántico).
· 1476-1477: El prenauta viaja por el Caribe.
· 1476: Colón naufraga frente a las costas de Portugal. Tenía veinticinco años.
· 1477: Matrimonio con Felipa Moniz. Traslado a Porto Santo. Primeras noticias sobre tierras extrañas existentes al oeste.
· 1477: Viaja a Galway. Colón observa a un hombre y a una mujer extraños. Los toma por chinos o hindúes.
· 1478: Nace su hijo Diego.
· 1478 o 1479: El piloto anónimo desembarca en Porto Santo o Madeira. Allí está Colón.
· 1478 a 1483: Colón se documenta.
· 1482 o 1483: Viaje a Guinea. Comprueba vientos y corrientes.
· 1484: Ofrece su proyecto descubridor a Juan II de Portugal. Primer gran fracaso.
· 1485: Colón abandona Portugal. Deja a su hijo en Huelva. Encuentro con los franciscanos de La Rábida.
· 1487: La Junta de Salamanca rechaza su proyecto. Segundo fracaso.
· 1488: ¿Nuevo viaje a Portugal? ¿Ofrece su sueño a Juan II por segunda vez?
· 1489: Bartolomé, su hermano, habla del proyecto en Francia e Inglaterra. Nuevos fracasos.
· 1491: Nueva reunión con fray Antonio de Marchena. ¿Le revela parte de su secreto?
· 1492: Los Reyes Católicos firman las llamadas Capitulaciones de Santa Fe (Granada). Colón triunfa.
· 1492: Colón revela su secreto a Martín Alonso Pinzón. Evita un segundo motín.
· 1493: Colón descubre Monte Christi, las minas de oro de Cibao y el nido de balas de cañón.
· 1493: Retorna a España por el paralelo 38.
· 1535: Primer testimonio escrito sobre el piloto anónimo (Gonzalo Fernández de Oviedo).
Punto final
Y Colón cumplió su Destino. Como todos…
Y ante sus restos en Santo Domingo (?) analizo el mío. Permanezco «dormido» sobre mis propios pensamientos. Un escalofrío me envuelve.
Aquel 13 de diciembre de 2001 (jueves). El diario de campo, y mi propia vida, se ven súbitamente interrumpidos. Gravísimo susto.
Sucedió en Costa Rica, una semana antes de embarcamos hacia la República Dominicana. No había más remedio que abrir la selva de Palmar Sur a machetazos. De pronto uno de los guías me golpea accidentalmente con su largo machete. Veo llegar el brillo de la hoja. Demasiado tarde. Cañas y ramas frenan la caída del acero sobre mi mano derecha. El machete me secciona el tendón extensor. He estado a punto de quedarme sin mano...
Cuadernos de campo
Publicados por primera vez
A lo largo de treinta años de investigación por todo el mundo, J. J. Benítez ha reunido un centenar de cuadernos de campo. Unos textos íntimos -él prefiere llamados «cuadernos casi secretos», en los que refleja el día a día de viajes, investigaciones, éxitos y fracasos.
Jamás se habían publicado. Con «Planeta encantado» salen al fin a la luz. Una vez más, las imágenes hablan por sí solas...
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