FECHA: 1954

LUGAR: Base aérea de Edwards. EE.UU..

AUTOR: © U.S.A.F.


El caso del B-57 o cómo "camuflar" un ovni

Fotográficamente hablando, 1954 es el año de otro caso "clásico" en la ufología mundial. En realidad, nadie se había percatado de aquel ovni, hasta que los expertos revelaron las fotografías del bombardero Martin (Camberra) B-57.
El citado año, y sobre la base Edward de la U. S. Air Force, en California, una serie de especialistas en fotografía aérea tomaron placas del referido B-57, con destino a una futura publicidad del avión. El tiempo era bueno y, como digo, ninguno de los fotógrafos notó objeto alguno en las proximidades del bombardero. Hasta que se revelaron las placas...
Al principio se pensó en una mancha en el negativo o quizá algún defecto en el proceso de revelado. Un escritor especializado en aeronáutica tomó el documento y lo puso en manos de un especialista del St. Louis Aeronautical Chart Center.
En el análisis efectuado por el experto se podía leer que los tres puntos que aparecen en la parte inferior izquierda del objeto -una vez ampliado- eran en realidad defectos del negativo, "aunque el objeto fotografiado era real, relativamente pequeño y próximo al B-57".

Ampliación del objeto próximo al B-57

El analista hizo ver igualmente que la luz reflejada por este misterioso objeto era idéntica a la que reflejaba el bombardero. El asunto cobró tal importancia que fueron enviados otros aviones sobre la región, tratando de descubrir en el suelo alguna construcción o accidente natural que hubiera podido provocar alguna reflexión. Sin embargo, los pilotos no encontraron ninguno.

El arte de enturbiar las cosas

El hecho cayó después en el olvido, hasta que en noviembre de 1964 la fotografía fue enviada al NICAP -una de las más importantes asociaciones norteamericanas para el estudio de los fenómenos espaciales- y encomendada a Ralph Rankow, consejero en fotografía de la agrupación y fotógrafo profesional, para un detenido examen.
Los resultados finales de dicho estudio han sido publicados en diversas revistas especializadas, entre otras en Inforspace número 8 (Bruselas).
Con el cliché en sus manos, Rankow buscó los indicios o señales de un posible montaje: quizá un pequeño dibujo o un extremo de película hubiera podido ser pegado sobre otro negativo y el conjunto habría sido entonces vuelto a fotografiar, para dar un documento trucado.
En ese caso, después de la ampliación del objeto, se hubiera descubierto inmediatamente unas aristas acusadas y unas sombras particulares alrededor de éste.
Sombras provocadas por la iluminación necesaria en el momento de la nueva fotografía del montaje. Nada de esto pudo descubrirse. Por razones análogas, Ralph observó que tampoco podía tratarse de un objeto posado en tierra.
Si la foto había sido tomada al atardecer o en el inicio del anochecer, todo cuerpo en el suelo -árbol, matorral o casa- hubiera estado acompañado de una larga sombra.
A causa de la oscuridad y esos objetos en tierra tan sumamente alejados, su intensidad luminosa y su contraste serían débiles. En el mejor de los casos, mucho más débiles que los que se notan en el objeto fotografiado por detrás del B-57.
No hay más prueba de ello que la comparación entre la zona arbolada del plano de fondo y el ovni mismo: este último aparece netamente sobre un fondo completamente sombreado. Rankow remarcó asimismo que "el objeto mostraba manifiestamente un relieve. Las zonas de luz y de sombra debidas al sol -situado hacia la izquierda de la escena- están en perfecto acuerdo con el resto del documento. El objeto que vemos sobre esta fotografía es simétrico y posee todos los tonos del gris, del blanco y hasta del negro".

El examen hubiera podido quedar ahí, pero en el verano de 1965, Rankow recibió dos nuevas copias de la fotografía del Martin B-57, enviadas por el profesor William E. Weitzel, doctor en filosofía de la Universidad de Pittsburg y presidente del comité local del NICAP.
Uno de aquellos clichés recibidos era idéntico a aquel que estaba en posesión de Rankow, pero el segundo difería en algo importante: en éste se apreciaban marcas negras que cubrían una buena parte de la zona iluminada del objeto.

Algo así como si se hubiera intentado camuflar torpemente el ovni, atenuando estos puntos más luminosos. Estas fotos habían sido remitidas a su vez al profesor Weitzel por la compañía Glenn Martin, fabricante del B-57.
Cuando el señor Weitzel escribió a la compañía, pidiendo explicaciones por estas "marcas negras", le respondieron "que aquello no era un platillo volante, sino un simple defecto en la película".
Weitzel no se sintió satisfecho y volvió a escribir a los fabricantes del bombardero, aludiendo a las evidencias de la simetría y del relieve del objeto. Pero esta vez no hubo respuesta. Ni tampoco para las siguientes cartas del profesor. Rankow tomó entonces carta en el asunto y escribió a la Glenn Martin Company, pidiendo explicaciones sobre las diferencias entre los clichés que él poseía y los del profesor Weitzel. Un mes más tarde volvió a escribir y telefoneó a la oficina de relaciones exteriores de la empresa en Nueva York. Aquello parece que dió resultado. A la semana recibía nuevos documentos fotográficos, y entre éstos, ¡una tercera versión de la foto en cuestión!

Esta vez, la emulsión había sido cuidadosamente eliminada sobre la mitad izquierda del objeto y reemplazada por una zona negra, que le quitaba así toda impresión de relieve. Aquello era el colmo...
Evidentemente, alguien tenía sumo interés en "enturbiar" el asunto. Y era lógico imaginar que la compañía constructora de los aviones no deseara perder sus importantes contratos con la Fuerza Aérea -abiertamente opuesta al asunto ovni, como era público y notorio- por "quítame allá... un ovni".

A pesar de todo, el tenaz R. Rankow se dirigió en diciembre de 1965 al presidente de la Glenn Martin, en Maryland.
A los veinte días le contestó el director de relaciones públicas, justificando las evidentes diferencias entre las fotos por el hecho de que aquella fotografía "había sido tomada hacía más de 10 años y que centenares de copias habían sido hechas a partir del negativo desde entonces. El proceso utilizado para una serie dada varía un poco cada vez -esgrimió el relaciones públicas-, lo que puede explicar las diferencias señaladas...".

Y en la continuación de la carta, el director de la firma asegura que el famoso ovni no era en realidad más que un defecto del negativo original, defecto que sería amplificado después de las numerosas manipulaciones que se sucedieron.
Rankow escribió al director de relaciones públicas de la empresa de Maryland y le mostró su total desacuerdo con estas afirmaciones. Por ejemplo, preguntaba lo siguiente:

"¿Cómo es posible que un defecto de la película del negativo, que se amplía por manipulaciones sucesivas -es decir, que pierde cada vez más materia- pueda provocar zonas negras sobre el revelado obtenido, en tanto que lo lógico hubiera sido lo contrario: dejar pasar más luz?"

La Glenn Martin debió perder la paciencia y respondió a Rankow que pensase lo que quisiera...

Por supuesto, el pensamiento del asesor del NICAP siguió siendo el mismo:la fotografía era auténtica y aquel ovni real... Resultaba muy curioso, sin embargo, que -por primera vez en la historia de la ufología- se hubiera intentado trucar una foto, precisamente porque "contenía" un ovni... La cosa tiene su gracia.

 

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