FECHA: 27 de Abril de 1961
LUGAR: Costa adriática italiana.
AUTOR: ©Bruno Ghibaudi
Italia: el extraño "monstruo alado"Uno de los objetos volantes no identificados más extraordinarios pudo haber sido fotografiado por el periodista y escritor italiano Bruno Ghibaudi el 27 de abril de 1961 sobre la costa del mar Adriático. Volviendo de un viaje de negocios, viajaba de Ancona a Pescara. A una distancia de unos 7 kilómetros de ese lugar, de improviso, se detuvo su motor. Guibaudi ya había tenido frecuentes dificultades con el automóvil. Mientras iniciaba la reparación del auto, pasaron por allí varios coches sin detenerse. Cuando ya había terminado y se limpiaba las manos, su mirada fue atraf da por un punto oscuro que llegó volando del Sudeste y que oscilaba de modo extraño entre las nubes. Mirando con mayor atención, Ghibaudi pudo reconocer el particular contorno del cuerpo volante.
Tenía una forma elíptica de la que sobresalían dos pequeñas alas triangulares y un timón vertical de dirección. El color del extraño "avión a vela, equivalía a un gris mate, sin mostrar reflexión alguna. Se desplazaba de modo silencioso y no demasiado alto sobre el paseo de la playa. Al principio, Ghibaudi tomó el objeto por un avión americano de reconocimiento, que correspondería a algún avión nodriza y que, como consecuencia de una avería, iba a aterrizar por emergencia en la playa. Tomó con rapidez su aparato fotográfico del auto, atravesó corriendo la calzada y tomó la primera foto. El cuerpo volante, estimado por él en unos 8 m de longitud, se acababa de aproximar bastante. Por mala suerte, Ghibaudi no había tenido tiempo para ajustar adecuadamente la distancia, de modo que el aparato que volaba a pocos metros de la superficie del agua, fue fotografiado en forma poco nítida. Cuando se dispuso a tomar otras fotos, la máquina aceleró y desapareció por la costa. Algo contrariado, se quedó de pie todavía un instante, mirando alrededor. De repente, dirigió su atención hacia un ligero silbido en dirección sudeste. Inmediatamente advirtió varios objetos oscuros, de los que uno se aproximó a velocidad vertiginosa. Segundos más tarde, Ghibaudi tenía el disco volante, completamente silencioso, dentro del alcance de su cámara. Su perfil lenticular con una cúpula hemisférica se puede apreciar perfectamente en esta segunda fotografía. Ghibaudi consideró que el cuerpo volante, gris plateado y reflejando ligeramente la luz solar, debía haber descendido hasta una altura de 50 metros. Las dos enigmáticas manchas oscuras en la parte izquierda de la foto no pudieron ser identificadas por el testigo.
Segunda imagen captada por Ghibaudi.
Después de que el disco se hubiese alejado algunos kilómetros en dirección noreste, Ghibaudi descubrió dos nuevos puntos oscuros que se desplazaban hacia él a velocidad vertiginosa desde el horizonte, por el sudeste. Eran otros dos discos de unos 10 metros de diámetro, a los que se unió pronto un tercero. En particular, uno de ellos mostraba tres semiesferas claras que sobresalían en su parte inferior y formaban entre sí una separación de 120 grados. Durante esto, Ghibaudi percibió una intensa sensación de calor, se excitó totalmente y creyó estar en un intenso campo eléctrico. Miró a su derredor, pero no pudo encontrar nada especial. Por cierto, tuvo vanas veces la impresión de que, de los discos volantes silenciosos, partían hacia él descargas de rayos. Además, sintió un zumbido propio en los bordes del objeto volante. Del brillo luminoso se desprendían de vez en cuando nubes negruzcas, como las que ya había apreciado al llegar el primero de los discos.
Ghibaudi intentó correr varias veces, pero una peculiar fascinación parecía inmovilizarle las piernas. Cuando, finalmente, perdió el equilibrio, rodando por la arena, dos niños escaparon de allí gritando, los cuales habían jugado a una distancia de unos 200 metros. Breve tiempo después, se disolvió la formación de ovnis y desapareció en la lejanía. Aún temblando de excitación, Ghibaudi subió en su coche y partió hacia Pescara. Allí, inmediatamente, llevó a revelar su película y tuvo las primeras fotos en una media hora. Mostraban inequívocamente los objetos extraños, aunque las tiras de los negativos se encontraban misteriosamente "deformadas"...
Un estudiante de la Universidad de Roma se había detenido aquel día en Pescara. Y, desde lejos, observó también los ovnis, así como al fotógrafo Ghibaudi. Más tarde descubrió el automóvil del periodista y, a través de la ventanilla, observó un ejemplar del periódico Gazzetta del Popolo. De esta forma pudo localizar al testigo principal de este extraordinario caso ovni.
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