FECHA: 6 de Agosto de 1965
LUGAR: Luna
AUTOR: ©James Lucci
Apareció cuando fotografiaban la Luna
El 6 de agosto de este agitado año de 1965, tres días después de las fotografías de Santa Ana (California), otro estudiante norteamericano conseguía la imagen de un extraño ovni.
James Lucci, hijo de un fotógrafo de la Fuerza Aérea -¿ironías del destino?- preparó aquella noche su cámara, con el fin de fotografiar la Luna. Con él se hallaban su hermano John, de 20 años, y un amigo, Michael Grove.
El acontecimiento ocurría en Brighton Township (Pennsylvania), Estados Unidos.
Cuando se disponían a fotografiar el satélite natural apareció de pronto -sin que ninguno de los testigos logre recordar cómo ni por dónde- un objeto de enorme luminosidad, que permaneció a corta distancia y sobre los árboles próximos.
Según Lucci, el ovni era más grande que un avión Piper Club, con un diámetro de unos nueve metros. "Su luz -explicaron los testigos- no tenía nada que ver con las que conocemos de los aviones."
Las fotografías tomadas por James fueron analizadas por expertos y consideradas como genuinas. Aquella noche, y como confirmación del hecho, la Fuerza Aérea recibió llamadas de ciudadanos de Pittsburgh, en Pennsylvania, que también habían visto extraños, silenciosos y luminosos objetos volantes.
John Fuller, el gran investigador norteamericano -autor de Incidente en Exeter- pudo entrevistarse con los muchachos, así como con los dos especialistas en fotografia que llevaron a cabo el análisis de la película, y sus conclusiones fueron igualmente positivas: la foto no es un trucaje.
La familia Lueci goza de una excelente reputación y los investigadores pudieron confirmar que el joven James era aficionado desde mucho antes a la fotografía astronómica. No era pues de extrañar que aquella noche, J. Lucci, su hermano y su amigo Michael hubieran salido para hacer fotografías de la Luna con exposición.
"El objeto era ancho, brillante en extremo, en forma de disco y plano en la base."
Los jóvenes afirmaron que el ovni se detuvo, suspendido en el aire. Fue el momento en que Lucci aprovechó para fotografiarlo. Acto seguido -y como si los tripulantes del ovni se hubieran percatado de la fotografía que les habían tomado-, el objeto se desplazó hacia la derecha, deteniéndose de nuevo. Momento en el que fue hecha la segunda foto. En la primera, al contrario de esta segunda toma, la Luna aparece a la derecha del ovni.
Analizando minuciósamente las ampliaciones de esta segunda imagen, los expertos observaron cómo de la parte inferior del ovni salía una especie de vaho, procedente quizá de alguna radiación o de alguna nube de gas evacuada por el aparato.
Una vez tomada esta segunda foto, el ovni se alejó a gran velocidad.
Los fotógrafos Harry Frye y Birdie Shunk realizaron un buen número de fotografias del negativo original, con el fin de excluir la posibilidad de una doble exposición o un reflejo de la lente. Superpusieron ambos negativos para ver si encajaban los detalles. La verdad es que todo era correcto: coincidía todo. Desde los árboles a los contornos del horizonte, el movimiento de la nave, etc. No cabía hablar de doble exposición ni de reflejo óptico. Era pues muy difícil pensar en un trucaje o manipulación de los negativos. Ambas fotos -tomadas con una Yashica 635- se habían hecho en 30 segundos.Los empecinados del Comité Condon
El caso llegó también a los "expertos" del Comité Condon, que lo pusieron en manos del doctor Hartmann. Este tuvo la idea de realizar pruebas con fotografías de un puño cerrado sosteniendo un plato...
Se trataba -dijo- de producir la misma ilusión que en los negativos originales de Lucci. Pero la prueba no dio resultado, según consta en el caso del Comité de la Universidad de Colorado.
Por su parte, P. Klass acudió también al lugar de los hechos y repitió la escena del "plato en el puño". Se vio nuevamente que era imposible colocar un plato lo bastante alto como para que el paisaje quedara incluido en el marco de la fotografía. El experimento fue repetido por tercera vez en Washington y el resultado fue idéntico. Klass -gran defensor de los "plasmas", como veremos en el siguiente caso- tuvo que admitir que las fotos de James Lucci eran genuinas.
No ocurrió lo mismo con el doctor Hartmann, que, a pesar de las evidencias, siguió "en sus trece", llegando a manifestar: "las fotografías tienen escaso valor para determinar si se ha producido o no un fenómeno extraordinario".
A esto, en mi pueblo, se le llama "no querer bajarse del burro...".
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