Ampliación  de la primera fotografía tomada por el señor Mathar. Curiosamente, esta imagen poco o nada tiene que ver con lo que afirmaron haber visto. Además, nadie vio la extraña estela de la parte superior. Un misterio más a añadir al fenómeno ovni.

1972

Bélgica: «Ahora me ilumino, ahora me apago...»

El mes de julio de 1972 fue especialmente agitado en Bélgica. Los ovnis, como vemos, están en todas partes...

Aunque las más intensas «oleadas» se han registrado en este país en los años 1954 y 1955 -justamente cuando estas naves iniciaron una sistemática «exploración» del viejo continente europeo-, en aquel verano de 1972 los ovnis descendieron sobre las campiñas y poblaciones belgas. (Sería tremendamente interesante que un equipo de investigadores se tomara en serio la posible vinculación de la presencia ovni con determinados y trascendentales acontecimientos socio­políticos en los lugares donde han sido vistos «en oleadas»... Puede que nos llevásemos más de una sorpresa.)

El caso es que ya el 5 de julio de 1972, un ciudadano belga -el señor Saillé­- tuvo un primer tropiezo con un ovni. Saillé se encontraba en su ventana, en el 86 Boulevar Clovis. Miraba al cielo cuando, de pronto, observó un objeto plateado que le excitó su curiosidad. Aquel aparato reflejaba los rayos del sol. Parecía inmóvil, aunque oscilaba ligeramente de derecha a izquierda a lo largo de su eje horizontal.

El hombre se precipitó en busca de su cámara fotográfica y al regresar a la ventana comprobó cómo el ovni se desplazaba, alejándose a gran velocidad. Sus buenos reflejos le permitieron, no obstante, sacar una foto.

Dos semanas después

Pierre Delval, otro gran investigador de los temas ufológicos, nos describe un segundo caso ovni, registrado en Bélgica dos semanas después.

Aquel 19 de julio, y en mitad de una riada de noticias e informes sobre objetos no identificados, Lucién Clérebaut, secretario del centro de investigación ovni SOBEPS, iba a convertirse precisamente en testigo excepcional.

El matrimonio Mathar y sus dos hijos se encontraban aquel miércoles en su casa, presenciando un programa de televisión titulado «juegos sin fronteras». Al concluir, la familia salió del domicilio con dirección a la casa de los padres de la señora Mathar. La noche era cálida y el cielo se presentaba despejado. Eran aproximadamente las 22 horas y 35 minutos.

El pequeño grupo caminaba por la carretera de Wévercé cuando la señora Mathar, que marchaba por delante y en compañía de su hijo mayor, se volvió y observó en el cielo, en dirección Sur-Sureste, a su izquierda, un punto luminoso que sobresalía por encima de las chimeneas de la parte alta de la población. Esta gran «estrella» era de color rojo-anaranjado y se desplazaba a una velocidad constante hacia el Noroeste.

Cuando el grupo familiar pasó por delante de la casa del señor Giet, éste se hallaba en el exterior y la señora Mathar le alertó sobre el extraño objeto que se acercaba hacia ellos. La mujer recordó entonces haber leído en días pasados cómo otras personas en Bélgica habían sido testigos de ovnis.

       En ese instante los contornos del ovni aparecieron mucho más nítidos. Su color, además, resultaba más claro. Era evidente que «aquello» tenía volumen.

Ampliación de la segunda toma. La luminosidad que desprende el ovni resulta extraordinaria.

Prevenidos por Mathar, sus padres y un sobrino salieron igualmente de la casa, contemplando el paso del ovni. El tamaño del mismo era de una vez y media el de la Luna llena, aproximadamente, y su altura de unos 5 o 6 grados.

La señora Mathar, consciente de lo que estaban contemplando, tomó el teléfono y se comunicó con Lucien Clérebaut. Éste le rogó que hiciera fotos y el señor Mathar salió a la carrera hacia su casa, con el propósito de tomar su máquina. En ese mismo instante, casi como si los tripulantes del ovni estuvieran escuchando la conversación telefónica, el objeto disminuyó su luminosidad, desapareciendo. (¿La estarían escuchando verdaderamente...?)

La decepción duró poco

Al regresar con la cámara fotográfica, Mathar quedó decepcionado: el objeto ya no estaba...

     Pero aquella frustración duró poco. A los pocos minutos, el ovni reapareció en el cielo, aunque con una luminosidad más vaporosa.

     «Parecía una mancha alargada», comentaron los testigos.

     Esta vez, el señor Mathar no se entretuvo. Caminó hasta un pequeño sendero perpendicular a la carretera y tomó dos fotografías en tres segundos.

Así dibujó la señora Marthar el ovni que pudo ver aquella noche de julio de 1972. La forma, como vemos, no tiene nada que ver con lo fotografiado por su marido.

Desgraciadamente, en su precipitación, graduó el aparato en situación de «pose» y se vio obligado a accionar el obturador con rapidez. La duración de esta última aparición fue de 5 a 10 segundos. Según los testigos, el ovni desapareció bruscamente, «como si se hubiera apagado». El ovni no volvió ya a aparecer...

     El testigo había utilizado una cámara Agfacolor Agnar, cargada con película en blanco y negro de 20 DIN de sensibilidad.

     Por supuesto, los negativos, analizados por expertos del SOBEPS, son genuinos y aunque estoy reservando para el final de este informe algunas «sabrosas» consecuencias o conclusiones sobre el «comportamiento» de los ovnis «ante las cámaras», no puedo resistir la tentación de marcar en rojo ese «ahora me ilumino, ahora me apago» del ovni del 19 de julio sobre Bélgica. Y justamente, cuando el señor Mathar acababa de llegar al lugar con la máquina fotográfica entre las manos...

¿Por qué será que cada vez creo menos en la casualidad?

 

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