1973

Cádiz: ovni «gemelo» al brasileño de Barra de Tijuca

Si algún día logramos demostrar que las fotografías de Aldea de Bolonia son auténticas, creo que los investigadores y la sociedad en general habremos tropezado con un valioso -muy valioso- documento ovni.

Cuando tuve en mis manos, por primera vez, una copia de las fotografías originales, me sentí confuso. Aquella imagen era prácticamente igual a una de las famosas tomas de Barra de Tijuca (Brasil), obtenida por el fotógrafo profesional Keffel e l7 de mayo de 1952.

¿Se trataba de una falsificación «a la española»?

Sólo había un sistema para aclarar la cuestión: analizar el negativo y hablar con el testigo.

Me trasladé a Cádiz y tras una ardua búsqueda por la ciudad (en aquellos momentos disponía, como única «pista», del siguiente dato: el autor de la foto ovni había trabajado o trabajaba aún en un establecimiento de farmacia o perfumería de la capital gaditana) logré hallar a Juan Antonio Cerpa Niño, un joven tímido y amable, de excelente reputación entre sus amigos y conciudadanos. Juan Antonio, algo sorprendido por mi visita, puesto que habían pasado ya tres años desde el «suceso», accedió sin embargo a relatarme lo ocurrido y a proporcionarme uno de los dos negativos. Quedé sorprendido cuando comprobé que no había sido una, sino dos, las fotografías sacadas aquel verano de 1973.

Según me explicó el joven, el segundo negativo no se encontraba en su poder.

Sí pude disponer del primero, gentilmente cedido por su autor -y esto debe constar en favor del testigo-, así como de todas las explicaciones que consideré oportunas. En ningún momento hubo rechazo u oposición por parte del vecino gaditano a declarar cuanto había visto.

Digamos que a la hora de hacer «balance», ambos hechos deben ser tenidos igualmente, en consideración...

Aficionado a la arqueología 

Juan Antonio Cerpa Niño se había trasladado aquel día a la vecina y diminuta población de Aldea de Bolonia, en el término municipal de Tarifa (Cádiz). En el lugar se trabaja desde hace años en las excavaciones de una de las ciudades romanas -Baello Claudia- más importantes del mundo. Los ingleses primero, y ahora los franceses -con la debida autorización de la Casa de Velázquez en Madrid-, han llevado a cabo una importante tarea de recuperación de lo que fue una de las poblaciones más florecientes del imperio romano. En el verano de 1980, precisamente, fue descubierta en estas ruinas una de las estatuas -en mármol blanco- más grandes y mejor conservadas del famoso «tartaja» Claudio.

     Cerpa es aficionado a la arqueología y llevaba su elemental cámara fotográfica: una Nera Sport de óptica fija, con película en blanco y negro.

-Estaba en aquellos momentos haciendo fotos, cerca del acueducto. El día era espléndido. Hacía calor. Había algunas nubes, pero muy altas. Serían entre las 11 y las 12.30.

     -¿Estabas solo?

     -Sí. Miré hacia el Sol, para ver en qué posición se hallaba y tomar las fotografías sin problemas de contraluces, cuando vi «aquello»...

     -¿En qué lugar lo vistes?

     -Hacia el mar.

Las citadas ruinas romanas se encuentran a muy corta distancia de la playa -quizá entre 100 y 150 metros- y prácticamente pegadas a la carretera (antigua pista militar) que une Bolonia con la ruta nacional Cádiz-Algeciras. Esta carretera comarcal, de dos kilómetros, se encuentra actualmente cortada en las proximidades del cuartel de la Guardia Civil, a causa precisamente de las citadas excavaciones arqueológicas. La distancia, por tanto, del fotógrafo respecto al mar no era superior a los 200 metros.

     -El acueducto, como sabes, está a la derecha de la carretera -prosiguió el joven- y cerca de unos peñascos.

     (Muy cerca del lugar donde se encontraba Cerpa nace una segunda pista, construida por los militares, y que conduce a una serie de baterías costeras.)

     -Total, que me quedé mirando «aquello» durante décimas de segundo. Estaría a unos 800 o 1 000 metros y a no demasiada altura sobre el agua.

     En aquel instante, cuando yo me percaté de su presencia, ascendía con un ligero movimiento de balanceo.

     -¿Cómo era?

     -Redondo. Quizá tuviese unos 50 metros de diámetro. No brillaba al sol. Tenía  una tonalidad uniforme. Yo diría que «plomiza»...

     -¿Escuchaste ruido?

     -Ninguno. Y eso me llamó mucho la atención. Tú sabes, porque lo conoces bien, que aquel lugar es sumamente silencioso. Allí no hay barcos ni fábricas...

Aldea de Bolonia, en efecto, es un rincón delicioso, apartado de todas las carreteras nacionales y protegido por varios macizos montañosos. Durante horas, el único sonido que quiebra aquella paz es el golpe de las olas en la arena.

El autor de las fotografías Juan Antonio Cerpa.

La primera foto

-¿Cómo hiciste la primera fotografía?

-Creo que pude tener el objeto ante mi vista unos 10 segundos. En ese tiempo hice la primera foto. Inmediatamente, el objeto se colocó en posición vertical y se alejó a toda velocidad hacia el mar. Volaba mucho más rápido que un avión. De eso estoy seguro.

-¿Cómo era la cara inferior del objeto?

-Como dos circunferencias concéntricas. En esos instantes, cuando se marchaba, hice la segunda foto. Y ya no lo volví a ver.

-¿En qué dirección se alejó?

-Hacia el S-SE. Hacia el Estrecho de Gibraltar.

-¿Te distes cuenta de lo que era...?

-Sí, estaba muy claro. Era un ovni. Y puedo decirte que sentí miedo.

-¿Por qué?

-No lo sé. Fue una sensación extraña.

-¿Crees que los posibles seres que manejaban aquel disco podían estar viendo lo que tú hacías?

     -Es posible. Yo estaba relativamente cerca y visible. La verdad es que parecía que «esperase a que yo le fotografiase»...

     -¿Pudiste apreciar algún tipo de «ventanillas», emblemas, etc., en el ovni?

     -No, estaba herméticamente cerrado. Esa fue, al menos, mi impresión. Y su  color era como el del plomo.

     Juan Antonio regresó al domingo siguiente, pero no volvió a ver el objeto.

El análisis del primer negativo

Por supuesto, sometí el único negativo disponible a los expertos y especialistas que ya me habían ayudado en otras ocasiones en Madrid y Bilbao. El resultado fue igualmente unánime:

«No existe manipulación en el negativo, ni tampoco se aprecian signos claros de trucaje por lanzamiento de maqueta u otro objeto de pequeño tamaño.

»A través del examen de granulometría, y mediante el uso de microscopio, se aprecia una continuidad en el grano, así como una especie de halo o bruma muy superficial a lo largo de todo el perfil del objeto. Desconocemos la naturaleza de dicho halo, pero pudiera tratarse de alguna radiación o energía que emana del citado objeto.

»Si se hubiera tratado de un cartón o figura recortada, pegada, por ejemplo, al cristal de una ventana, la dureza del perfil de la pieza habría quedado patente a simple vista y especialmente en los sondeos granulométricos.»

En estos momentos resta por verificar el análisis del segundo negativo.

El ovni de Aldea de Bolonia. Su parecido con el ovni de Barra de Tijuca es extraordinario. Una especie de halo o radiación parece envolver la totalidad de la nave.

Puntos coincidentes

Si la presente fotografía, como vemos, parece genuina, no cabe duda que el objeto fotografiado en Aldea de Bolonia y el que fue captado en Brasil 21 años antes son del mismo tipo.

Y resulta no menos asombroso que, justamente la primera toma de Ed Keffel y la primera de Cerpa, sean prácticamente «gemelas». Esto, como digo, ha llevado a algunos investigadores (muy pocos, puesto que la presente foto de Bolonia apenas si ha sido difundida) a dudar de su autenticidad. «¡Demasiada casualidad!», afirman. Y reconozco que yo mismo he compartido esas sospechas durante algún tiempo. Por lo menos, hasta que he recibido los resultados de los análisis fotográficos.. .

En honor a la verdad, mis dudas no se han visto disipadas en su totalidad. Para llegar a algún tipo de conclusión creo del todo necesario someter a nuevos exámenes el segundo negativo, suponiendo que pueda ser recuperado.

     En ese momento, y sólo en ese momento, quizá pueda emitir un juicio claro y definitivo.

     En la actualidad, y tratando de ser lo más objetivo posible, hay algunos puntos a favor y otros en contra de dicha autenticidad. A saber:

     A favor:                                                   

     1. El testimonio del testigo. En mi opinión es sincero. No se trata de un «loco» de los ovnis, ni jamás ha pretendido sacar partido de tales fotos. Al contrario, en todos estos años, su silencio ha sido absoluto. Cuando le rogué que me facilitara los negativos se prestó a ello incondicionalmente y desde el primer momento.

2. Los exámenes del único negativo que llegó a mi poder fueron practicados por personal altamente cualificado y fuera de toda sospecha. Esos análisis valoraron dicho negativo como «auténtico».

3. Entre los casos de fotografías de ovnis hay varios a lo largo del tiempo y del mundo que también parecen «calcados» o «gemelos» de otros, que habían sido obtenidos años antes. Varios ejemplos: las fotos de Cluj (Rumania) de 1968 y las de Santa Ana (California), de 1965. Las fotos de Ruan (Francia) de 1954, las de McMinnville (Estados Unidos) de 1950 y las de 1966 en Nueva York. Las imágenes del Central Desert de California, tomadas por George Adamski en 1952 y las de Inglaterra y Escocia de 1954. Y así podríamos seguir...

En contra:

     1. La ausencia de ese segundo negativo, que podría resultar sencillamente esclarecedor.

     2. La formidable semejanza entre la forma del ovni de Barra de Tijuca (Brasil) y el de Aldea de Bolonia (Cádiz).

     3. La misma coincidencia a la hora de describir la forma general y la zona inferior del disco en particular por parte del testigo y que resultan simplemente idénticas a la tercera toma de la secuencia del fotógrafo brasileño.

Será preciso, por tanto, un tiempo de espera...

 

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