1973

Estados Unidos: la burla del destino

En ocasiones el destino parece burlarse de los grandes profesionales. Y en el fenómeno ovni, de los profesionales de la fotografía. Es extraño que un fotógrafo, con el más sofisticado equipo, llegue a captar un ovni. En cambio, estoy cansado de ver cómo aficionados que disponen de modestas cámaras logran los documentos gráficos más sorprendentes de la historia de la ufología. Basta con que repasemos los casos aquí expuestos para comprobar lo que digo.

Así sucedió, por ejemplo, el 8 de febrero de 1973 en las cercanías de Conejo, en el estado de California (Estados Unidos).

Un joven de 15 años -Curt Huettner- disponía en aquellos instantes de una modesta pero eficaz máquina Polaroid (Square Shooter). Hacia las cinco menos cuarto de la tarde, y en un cielo azul, apareció un disco de aspecto metalizado. El muchacho consiguió una fotografía de gran calidad.

La distancia entre el observador y la nave fue estimada en unos 300 metros. Según ICUFON, «especulando con la longitud focal de la cámara -114 mm- se puede estimar que el diámetro del ovni podía estar alrededor de los 10 metros. Los testigos afirmaron que el objeto parecía girar sobre sí mismo y que se desplazaba a la misma velocidad de un reactor comercial».

Cuando uno examina este documento gráfico se ve obligado a reconocer que, a pesar de la juventud del fotógrafo y de su modesta máquina, el «trabajo» es digno del mejor de los profesionales.

 

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