1973

Louisville: miraba a las ardillas y apareció un disco

    Círculos oficiales del gobierno y servicios militares oficiales de los EE.UU se han esforzado siempre en reducir a una «medida soportable» el interés del público por los «objetos volantes no identificados», por medio de intentos de explicaciones por causas naturales y estadísticas de ocultación. Pese a esta «política de tranquilización», parcialmente comprensible, que se retrotrae a una sesión secreta de altos círculos militares y de los servicios secretos en enero de 1953, en los años siguientes se continuó denunciando nuevas apariciones de ovnis por miles de testigos dignos de confianza (Slate/Druffel, 1975). Estos fenómenos celestes aparecieron en los años famosos 1947, 1950, 1952, 1965, 1967 Y 1973, con especial frecuencia. Durante la última gran oleada en otoño de 1973 en Kentucky, Indiana, Tennessee, Ohio y otras ciudades del sudeste de EE. UU., se pudieron tomar innumerables fotografías, tanto diurnas como nocturnas, de objetos volantes no identificados. Una de estas series de fotografías fue conseguida por un electrotécnico de Louisville, que se encontraba empleado en una de las estaciones de televisión locales. En la tarde del 3 de octubre, el fotógrafo aficionado, conocido entre sus colegas como individuo equilibrado y pragmático, paseaba por los bosques de la zona de Bullitt, en las proximidades de la reserva de caza de Bernheim, al sur de LouisviIle (Kentucky). Equipado con dos cámaras esperaba obtener buenas tomas instantáneas de las ardillas, conejos y ciervos que allí vivían. «Serían las 2 horas del mediodía -relataba el amante de la naturaleza, quien incluso había llegado a ganar un premio estatal en 1973 por sus fotografías-. Precisamente miraba la parte superior de un plátano, en el que correteaban dos ardillas, cuando se presentó un objeto circular. Parecía literalmente un gran platillo volante. Me quedé con la vista inmóvil hacia lo alto, quizá 10 o 15 segundos, antes de pensar en tomar una fotografía. Por suerte, el objeto se desplazaba de modo muy lento, quedando uno o dos segundos totalmente inmóvil en el aire.» El técnico pudo obtener un total de seis fotografías, de las que, por cierto, dos no resultaron nítidas a consecuencia del rápido vuelo de alejamiento del «platillo volante». «Durante las tomas cambié mi posición varias veces y tuve tiempo suficiente para enfocar con exactitud. Creo que la máquina se pudo ver durante más de un minuto por encima de un bosquecillo.

»Durante mi servicio militar en el ejército del aire oí, con frecuencia, cómo hablaba la gente sobre los objetos volantes no identificados, aunque no presté ninguna atención seria a esas discusiones. Dicho con claridad, después de esta experiencia, no me preocupé más por ello y evité hablar del tema con desconocidos. Del mismo modo, tampoco tenía ganas de enseñar por ahí mis fotografías, porque temía con fundamento que la gente se riese de mí, pensando que estuviese loco o que era un bromista.» De este modo, el técnico hubiera preferido no presentar nunca una denuncia sobre el suceso en un servicio oficial de la policía o del ejército. Debido a una «casualidad», con cierto retraso, el periodista Glenn O. Rutherlord fue informado de la existencia de las fotografías y obtuvo permiso del autor para su utilización ulterior. Las fotografías y los negativos fueron examinadas con detalle por los escépticos expertos en fotografía del periódico Courier-Journal. John Webb, redactor fotográfico del periódico, opinó que las fotografías causan una impresión muy auténtica. En caso de que fuesen trucadas, el falsificador tendría que haber invertido un gran esfuerzo en su trabajo. En la última fotografía, en la que el objeto desaparece volando a gran velocidad, se puede apreciar con particular claridad que los grises periféricos se ajustan bien a aquellos del objeto volante. (Abajo, derecha.)

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