1974

Proyecto "Luz Estelar": ¿Quién está en posesión de la verdad?

El proyecto "Luz Estelar" de Ray Stanford: el sistema múltiple de la unidad de transmisión de láser, el telescopio, la cámara de televisión y la base de control y guía del ovni-vector, con el resto del instrumental.

Durante años -incluso en la actualidad-, los investigadores «de campo» de la ufología (los que queman su tiempo, dinero, familia e ilusiones interrogando a los testigos allá donde se registran los casos ovni) hemos tenido que soportar el mo­nótono chirriar de los que se auto califican como investigadores «científicos».

«El problema ovni -escribía en 1976 uno de estos «diosecillos» de la ufología hispana- debe ser encarado con decisión y sin más dilaciones, y una aproximación científica es la única actitud seria y honrada por parte de quienes hacen de la ciencia su modus vivendi: el reto lanzado por la fenomenología ovni no es para charlatanes, místicos ni seudocientíficos.»

Proyecto «Luz Estelar Internacional»

Así las cosas, un buen día se creó en los Estados Unidos el llamado «Project Starlight International» (Proyecto Luz Estelar Internacional).

¿Y qué es el PSI como se le conoce en los medios ufológicos mundiales? Ellos mismos lo explican:

    «La Association for the Understanding of Man, Inc. (Asociación para el Entendimiento del Hombre), una corporación científica norteamericana sin fines lucrativos, ha creado una división investigadora que, bajo el nombre de Project Starlight International (PSI), intenta encontrar una forma más directa de resolver científicamente el misterio de los ovnis.»

La aparición de dicho Proyecto -esa es la verdad- llenó de emoción y espe­ranza a cuantos nos dedicamos a la investigación o difusión del fenómeno ovni. Al fin, un sofisticado equipo electrónico había sido puesto al servicio de la Verdad...

La ciencia, definitivamente, se aliaba con los estudiosos e investigadores. Con todos...

     El director y diseñador de buena parte del equipo instrumental, Ray Stanford, cuenta con excelentes colaboradores, en su mayoría, ingenieros, físicos, fotógrafos, etc.

Y gracias a las subvenciones de la citada Asociación o Corporación Científica de EE. UU. -aparentemente civil y sin fines lucrativos-, el proyecto PSI pudo montar su «campamento» a unos 24 kilómetros al noreste de Austin, en Texas. Sobre una solitaria colina, los hombres de Ray -provistos, incluso, de uniformes con el emblema del proyecto- establecieron unas instalaciones que, día a día, se ven incrementadas con nuevos y costosos instrumentos. Sus objetivos -según ellos- son dos: obtener todo tipo de información sobre los «no identificados» y, al mismo tiempo, «poner a prueba el interés -o desinterés- de los ovnis en el intercambio de comunicaciones inteligentes...».

La idea no era mala... 

El «arsenal»

Poco a poco, los técnicos del PSI fueron engordando el llamado sistema UFO-VECTOR con instrumentos como un detector giratorio de ovnis, un magnetómetro (que costó una fortuna), un equipo de rayos laser de helio-neón modulado por un sistema video TV (tipo Liconix 605 M), un telescopio Schmidt-Cassgrain de 2100 milímetros de distancia focal, una cámara de televisión AVC-3400, un fotomultiplicador y amplificador del video, base de control remoto de alta velocidad (hasta 10 grados en dirección vertical y 27 en horizontal), monitor de TV de video para «blancos» remotos, unidad de control de tipo Dumont, así como un sin fin de los denominados «aparatos pasivos»: unidad de suministro de energía de alta tensión Liconix 605 M y componentes de frecuencia intermedia, unidad de alto voltaje para el fotomultiplicador, unidad de video Sony AV-3400 para grabación y reproducción, unidad de video Sony AV-3600 de grabación y reproducción que registra la salida del fotomultiplicador; otra unidad idéntica a la anterior para el registro del supuesto ovni que se llegue a contemplar en la pantalla del video, juntamente con los comentarios y reacciones de los testigos, un monitor de TV que muestra la imagen o luz modulada producida en el amplificador de una de las unidades anteriores y monitor de video adicional en el que debe aparecer el programa transmitido mediante el laser.

Mayo de 1972

Gracias a estos delicados equipos técnicos, el PSI espera poder grabar en televisión los datos generales de una observación ovni, suponiendo, claro está, que el objeto se acerque lo suficiente.

También es posible la detección, registro y exhibición de los posibles impulsos luminosos del ovni -suponiendo que «entre» en la banda del sistema fotomultiplicador del laboratorio-, todo tipo de fotografías, señales por medio del rayo laser y un largo y complicado etcétera.

Con el tiempo y las sustanciosas subvenciones, el equipo pudo disponer también de una segunda «base» para el rastreo ovni, incluso con radar. Todo ello vinculado a una computadora (sistema Argus), con el objetivo de localizar, avisar y recoger información de una extensa red de voluntarios, monitores para la representación gráfica y determinación de localizaciones por triangulación sobre mapas topográficos.

Fueron instalados micrófonos ambientales y parabólicos y casamatas de protección, todo ello en el interior de sendos círculos de 30 metros de diámetro, compuestos por reflectores, dependientes de un sincronizador capaz de efectuar impulsos luminosos con la representación, por ejemplo, del número «pi».

Los expertos del proyecto PSI sabían que los ovnis han respondido en nume­rosas ocasiones a las señales luminosas de los testigos. Yo he podido investigar algunos casos realmente interesantes, en los que el objeto u objetos han contes­tado a las señales efectuadas con linternas, faros de coches e incluso simples mecheros...

     Y guiados por estos hechos reales, Ray Stanford y sus hombres formaron en 1972 un círculo de unos 33 metros de diámetro, compuesto por 91 lámparas de 150 vatios cada una. Su objetivo era muy simple: atraer la atención de los ovnis mediante secuencias y movimientos de luz perfectamente estudiados.

El «aro» luminoso se instaló por primera vez en Pipe Creek, en Texas. (No puedo evitarlo. El asunto del «aro» luminoso me hace pensar en el explorador que intenta atraer al chimpancé mostrándole un plátano. Lo triste es que en este caso, los «papeles» aparecen un tanto cambiados...)

Pues bien, en mayo de 1972, alrededor de la una y cuarto de la madrugada, el personal de PSI recibió, aparentemente, una respuesta luminosa por parte de un ovni, que se aproximó y sobrevoló a gran altura sobre el círculo de luces. En aquellos momentos, los técnicos emitían una secuencia luminosa que «reproducía» gráficamente el número «pi» (3,1416).

Aquella luz blanca se situó a considerable altura sobre el círculo y allí permaneció por espacio de unos dos minutos y medio. Durante ese tiempo, la luz del ovni se encendía cuando se daba por concluida la «secuencia luminosa» desde tierra.

Según los científicos de PSI, estas «respuestas» del ovni fueron consideradas como la «inversa matemática» del citado código «pi».

La experiencia -aunque un poco «pobre»- animó al equipo a instalar otro círculo de mayores dimensiones y cerca de la colina de Austin. Las luces iluminan en tres grandes grupos que cubren 120 grados de la circunferencia total, dando así la impresión de tres «meteoros» que se estuvieran persiguiendo en círculo.

     Ray Stanford quiere, al parecer, ampliar esta potencia luminosa, dotando al «aro» de luz con 100 lámparas de un millón de bujías cada una. Con ello se alcan­zaría una potencia total del orden de los 100 millones de bujías.

La primera fotografía

Los científicos siguieron vigilando día y noche. Y el miércoles, dos de octubre de 1974, consiguieron al fin ver y fotografiar un ovni. El objeto realizó dos giros bruscos de 90 grados y a gran velocidad. El ansiado «acontecimiento» se produjo a las 20.55 horas. La fotografía muestra un trazo ondulado, hecho este que ha sido observado con frecuencia en los avistamientos. Sin embargo, Ray Stanford advirtió que este efecto particular podría ser debido a la inestabilidad atmosférica...

En la imagen -y esto es lo importante según el PSI-, se han reflejado claramente dos giros de 90 grados, realizados a gran velocidad por el objeto blanco-amarillento.

El análisis de la foto, realizado por Ray Stanford y Samuel H. Young, director de fotografía del PSI (anteriormente había ocupado un puesto similar en la revista Look), probó que ningún satélite o avión conocido hechos por el hombre habría podido realizar las maniobras reflejadas. (Tomen buena nota aquellos hipercríticos y ufólogos de «salón» que han descalificado en múltiples oportunidades fotografías y observaciones similares a la de Stanford por el mero hecho de que tales testimonios no se hallaban avalados por equipos científicos como el de Texas.)

«Si el objeto, como así parecen confirmarlo los efectos atmosféricos sobre la luz del mismo se estuvo moviendo fuera de la capa más densa de nuestra atmósfera -dice textualmente el PSI-, la velocidad angular (estimada visualmente en tres grados por segundo) durante sus dos giros a 90 grados sugiere que éstos debieron haber sido realizados a más de 18 000 kilómetros por hora.»

La fotografía en cuestión fue tomada con película TRI-X, de 35 mm, utilizando un teleobjetivo de 300 milímetros. Mientras que el cielo tuvo unos 10 segundos de exposición, el paso del ovni, antes de que sus luces se apagaran instantáneamente, tuvo de 2 a 4 segundos, durante los cuales se realizó todo el trazo y los dos giros. La cámara iba fija sobre un trípode. El ovni fue filmado cerca del cénit, cuando venía del SO.

Según el director, Ray Stanford, «la foto demuestra que los ovnis no son tan ilusorios, ni es tan difícil obtener datos como la gente ha imaginado. Sólo sentimos no haber tenido entonces un magnetómetro sensible y los instrumentos para obtener un mayor número de datos. Pero esto deberá esperar hasta que nuestro laboratorio esté completo. Por ahora, el hecho de que estos objetos, cualquiera que sea su origen, puedan realizar giros de 90 grados a gran velocidad, junto con otros datos recogidos durante años, debería inducir a los científicos del mundo a inves­tigar, por lo menos, los aspectos tecnológicos y físicos de este tipo de objetos y sucesos. El interés que tenemos en comunicar los resultados de nuestra investigación tanto a los científicos como a los legos, nos ha llevado a dar a conocer este primer resultado fotográfico de todo un año de esfuerzo en nuestro laboratorio».

El paso de este objeto fue observado por siete testigos del PSI aunque pocos días después se supo que también había sido visto por otras dos personas ajenas al proyecto.

Otras fotos en noviembre

Posteriormente, el 11 de noviembre de ese mismo año, el PSI conseguía nuevas fotografías de objetos volantes no identificados. Se tomaron cuatro fotos del paso de tres ovnis, uno de ellos prácticamente «invisible» en la fotografía, a pesar de haber sido tomada con tres segundos de exposición.

Una segunda serie -algo más importante- formada por 42 tomas de un mismo objeto de color naranja, visto a las nueve de la noche del 10 de diciembre del año siguiente, constituye seguramente el más interesante logro del equipo. (Ignoro si en 1979 y 1980 se han obtenido resultados mejores.)

El ovni de 1975, circular y muy luminoso, se encontraba estático, por lo que pudo ser fotografiado «a placer». El tiempo de exposición fue de 5 segundos.

El extraño «quiebro» de Stanford

Todo lo visto hasta ahora me lleva, casi sin querer, a algunas deducciones y preguntas...

¿No es un tanto extraño que el mejor laboratorio técnico y científico del mundo para la detección ovni haya obtenido, en años de trabajo, tan pobres y escasos frutos? Si comparamos las fotografías del PSI, y el remoto intercambio de señales luminosas de 1972, con otras instantáneas -cientos de ellas- logradas en todo el mundo y con asombrosos intercambios de luces, salta a la vista que el camino de la ufología científica no es el único ni el «único serio y honrado...».

     «Para este viaje, no nos hacían falta alforjas...»

     Y que conste que defiendo plenamente el «camino» de la ciencia al servicio de la investigación ovni. Me parece un sistema básico y necesario para aproximarnos a la verdad ovni, suponiendo que podamos hacerlo algún día...

Lo que ya no me parece tan justo ni razonable es que se pretenda «enjaular» a la joven ciencia de la ufología en los únicos y estrechos límites y fronteras del «cientifismo».

Y mucho menos cuando, meses después de la declaración de Ray Stanford sobre la fotografía del 2 de octubre de 1974, este mismo señor se descuelga ante la opinión pública con una información en la que deja entrever que, «quizá la explicación convencional para aquella alteración de la trayectoria (en ángulos rectos) del ovni fue un movimiento brusco de la cámara y no por una desviación en el camino del objeto».

En otras palabras, un año de trabajo, esfuerzos sin cuento, cientos o miles de horas-hombre de dedicación, análisis y miles de dólares, «quemados» a causa de una patada o de un empujón a la cámara fotográfica...

¿Cómo puede uno confiar en la ciencia cómo la «única» actitud seria y honrada por parte de quienes hacen de ella su modus vivendi?

Este «quiebro» de Ray Stanford -muy sospechoso para algunos- deja bien a las claras, al menos para mí, que todos nos equivocamos y que los frutos de la ciencia pueden ser tan ridículos y dudosos como los de los «iluminados», «seudocientíficos» o simples investigadores solitarios...

     ¿Cuál puede ser entonces la solución para el estudio y esclarecimiento de la verdad ovni?

No pretendo estar en posesión absoluta de «esa» verdad, ¡Dios me libre!, pero tampoco caeré en el fanatismo de los ufólogos «científicos», cuyas orejeras no les permiten ver la totalidad del horizonte ufológico...

A mi corto entender, quizá el único medio de aproximamos a la «sombra» -sólo a la sombra- de la gran verdad ovni esté en la amplitud de criterios. Es decir, en el término medio del que sabe escuchar a la ciencia, a los «místicos» e «iluminados», que afirman las cosas más insólitas sobre los ovnis, y a los investigadores «de campo», que han sumado y siguen sumando preciosas y directas in­formaciones.

     Resulta tan peligroso caer en el fanatismo «científico», como en el contrario: el de los «iluminados».

     ¿No ocurrirá que la Verdad -como en otros órdenes de la vida- está precisamente en la mitad? ¿Por qué no poder conjugar ambos campos?

Esta «situación» me recuerda un reciente viaje a Japón. Allí tuve la oportunidad de visitar el más importante complejo científico y técnico para la detección de terremotos. Durante toda una mañana, los más destacados expertos nipones en seismos me mostraron sus computadoras, redes de transmisión de datos, sismógrafos, etc.

     Quedé sencillamente maravillado ante un despliegue semejante de ciencia. Sin embargo, cuando me disponía a salir del Centro Mundial de Detección de Terremotos de Tokio, «algo» llamó mi atención. Junto a los más sofisticados orde­nadores había algunas jaulas con pájaros y pequeñas ratas blancas.

      Pregunté a los profesores japoneses qué significaban aquellos animalitos...

      La respuesta fue inolvidable:

      -A pesar de toda nuestra tecnología, los primeros que captan un terremoto son precisamente éstos...

 

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