1974

Francia: puso música para tranquilizarse mientras contemplaba el ovni

El 19 de noviembre de 1974 ocurrió en la ciudad ducal de Uzés, al sur de Francia, un hecho altamente curioso.

A las afueras de la población, y en el extremo de una larga y empinada ca­rretera, se levanta la vivienda de la familia Fernández. Se trata de una villa relativamente aislada.

Hacia las seis de la mañana de dicho 19 de noviembre, Christophe Fernández, de 16 años de edad, se disponía a salir de la casa. Su intención era dirigirse a la ciudad y entrevistarse con sus amigos. Se encontraba solo en su domicilio, así que, antes de salir, se aseguró de que todas las puertas y ventanas estuvieran bien cerradas.

Cuando ajustaba las contraventanas de la cocina, el hijo de la familia Fernández observó una bola luminosa, parcialmente oculta por detrás de una tapia que rodea el jardín de la finca.

      Pero el muchacho no le prestó atención y siguió cerrando ventanas.

      Al llegar al cuarto de baño y aproximarse a la ventana -que mira hacia el norte-, Christophe volvió a ver aquella bola luminosa. Por apreciaciones posteriores calculó la distancia en unos 35 metros. Tenía un color dificil de definir. No parecía metálico. A pesar de su gran brillo, la bola no iluminaba el terreno a su alrededor. El objeto seguía inmóvil junto a la carretera y en un total silencio. El muchacho calculó entonces el diámetro en unos dos o dos metros y medio, aproximadamente. Posteriormente concretó estas dimensiones en dos metros y veinte centímetros.

Parecía tocar el terreno o estar muy cerca del mismo. Y curiosamente, a pesar del «mistral» (un viento frío del NE), el globo o bola seguía absolutamente inmóvil.

La «visión», naturalmente, sorprendió a Christophe. En un movimiento casi reflejo, el joven tomó una escopeta y regresó a la ventana. Y allí permaneció por espacio de diez o quince minutos.

 

Un extraño «glu-glu»

 

Recordó entonces que su cámara fotográfica estaba cargada. La tomó y salió al exterior, aproximándose hasta unos 23 metros del ovni. Sólo pudo escuchar una especie de ruido modulado y continuo. Algo semejante al «glu-glu» que hace una botella al vaciarse.

A tan corta distancia, Fernández pudo observar también en el interior del «globo» luminoso una serie de «parches» circulares más oscuros y uniformes que el resto de la esfera. Había tres y se movían muy lentamente alrededor del objeto, «como si buscaran algo»...

La proximidad al ovni empezó a afectar a Christophe, que no pudo controlar su nerviosismo. Sus temblores fueron tales que no pudo disparar su cámara. Y optó por volver a la villa. Trató de serenarse y, tras recoger un trípode y un fotómetro, salió de nuevo al exterior. Allí pudo hacer sus primeras fotos: tres tomas a unos 35 metros del ovni y otras dos a unos 23 metros. De estas últimas, una no salió.

Después entró en la casa y puso un disco, intentando animarse un poco. Y siguió observando el brillante ovni.

Unos minutos más tarde, el «globo» de luz comenzó a elevarse lentamente. Cuando había ascendido unos cuatro o cinco metros, el ovni se detuvo y Christophe vio cómo se desprendía de la bola luminosa un «cilindro» cuyo brillo resultaba cegador. Tan fuerte era su luz que el muchacho tuvo que protegerse los ojos.

       El «cilindro» debía tener unos 80 o 100 centímetros de longitud y medio metro escaso de diámetro.

       Inmediatamente, el «globo» luminoso salió disparado y en vertical, perdiéndose en décimas de segundo. La observación había durado una media hora.

A pesar de la intensa experiencia, el muchacho continuó con su idea de viajar a Uzés. Tomó su motocicleta y se dirigió hacia la ciudad. Al pasar junto al lugar donde había estado aterrizada la bola experimentó una fuerte sensación de calor.

Durante los siguientes días gastó el resto de la película, haciendo fotografías a su hermano menor. Después se dirigió al laboratorio del Centro Juvenil de Uzés, donde revelaron el rollo en presencia de dos profesores de enseñanza secundaria.

El 20 de diciembre de 1974, el periódico Le Midi Libre publicaba la noticia del aterrizaje del objeto no identificado. Inmediatamente, grupos de investigadores privados se dirigieron a Uzés, celebrando entrevistas con el joven testigo.

Uno de estos grupos -el «Verónica», de Nimes- llevó a cabo una exhaustiva investigación. Los miembros de esta asociación, dirigidos por el especialista Charles Gouiran, tuvieron acceso a los negativos, comprobando también su autenticidad y la nitidez de los clichés.

Según cuenta Gouiran, intentaron que la película fuera enviada a Claude Poher para su análisis, pero fue inútil. El propietario se negó a ello. Algún tiempo más tarde, los clichés fueron robados del Centro Juvenil de Uzés, donde habían sido dejados. Las imágenes existentes en la actualidad son, consecuentemente, una copia de otra copia.

«La familia Fernández es muy estimada en fa región. El cabeza de familia es profesor técnico en el Instituto de la ciudad, donde el propio Christophe estudia segundo curso. El padre del muchacho se dice ateo, por lo que el joven carece de tendencias místicas.»

 

Ningún signo radioactivo

 

El informe elaborado por este grupo francés de investigación concluye así:

                     Detalles de la cámara utilizada por Christophe Fernández, la película, etcétera:

                     Cámara: Agfa Vitoret, objetivo 2,8/50.

                     Velocidad: 1/60 segundo.

                    Abertura: No observada, pero ajustada de acuerdo con las indicaciones facilitadas por el fotómetro.

                    Distancia (mostrada por la cámara): 15 metros.

                    Distancia real ovni a la cámara: 23 metros.

                    Película: Kodak Pan «X» (125 ASA).

                    En el punto indicado como lugar donde había estado el ovni no pudimos detectar nada desusado.

                    Radiactividad: El contador Geiger no registró radiactividad residual, ni siquiera ligera.

                    Anomalías magnéticas: No se comprobó ninguna.

                    Efectos en la alimentación eléctrica: El testigo no observó caída ni interrupción de la corriente.

                    Efectos en el reloj del testigo y en los relojes de la casa: No se apreció perturbación del funcionamiento.

              Fallas geológicas: La varita zahorí reaccionó con mucha fuerza a lo largo de la línea que une el lugar a la casa. Por consiguiente debe haber un gran caudal de aguas freáticas. El señor Fernández confirmó de hecho que tiene un pozo que queda directamente en esta línea y que da un caudal uniforme de cinco metros cúbicos de agua por hora.

                    Examen de la vegetación: Cuando realizamos el examen, un mes después del suceso, la vegetación no parecía afectada.

                    Intentos de siembra: Dado el aspecto de la vegetación existente pareció innecesario realizar cualquier ensayo de germinación.

              Análisis de la tierra: Una capa delgada de tierra cubre las lajas calcá­reas de este terreno de marjal típico. El examen de la tierra en el sitio del aterrizaje, mostró, a una profundidad de unos pocos centímetros, algunos puntos que sugerían un aumento considerable de la temperatura. Se tomaron muestras pero el análisis no reveló nada notable.

                    Fotografías: película en blanco y negro. No se obtuvieron resultados debido a un error, al no haber encajado debidamente la película.

                    Película en color: Tomamos algunas buenas películas en color del lugar y los alrededores (Kodachrome Il).

              Película infrarroja: Como es bien sabido, las películas infrarrojas no duran mucho y deben ser utilizadas al poco de ser adquiridas. Nuestro grupo tenía una película infrarroja. Tomamos algunas fotografías con ella, principalmente para no perder la película, pero no había esperanza de conseguir nada ya que había transcurrido más de un mes desde el aterrizaje.

                  Efectos en los animales:

              a.  Perro: El perro alsaciano Wouky estaba amarrado detrás de la casa en aquel momento. No reaccionó de ninguna manera particular, no ladró ni estuvo inquieto dicha tarde, ni en los días siguientes. Esto pudiera sugerir que no hubo emisiones ultrasónicas ni infrasónicas. Sin embargo, Wouky no reacciona a la luz, es ciego.

         b. Pájaros: los pájaros que frecuentan la zona no parecen haber sido afectados. Su número sigue siendo apreciablemente el mismo.

        c. Conejos: Por otra parte, los conejos que solían juguetear por la zona próxima en las primeras horas del anochecer, no habían sido vistos de nuevo hasta el momento de nuestra investigación, es decir más de un mes después del aterrizaje.

              Líneas de alta tensión. Por la proximidad del lugar del aterrizaje pasa una línea de 15 000 voltios.

              Seguimiento: Mantuvimos al testigo en observación durante varios meses. En ningún momento mostró señal alguna de trastornos fisiológicos.

        Mientras tanto, aunque no es posible establecer una vinculación con el caso de Christophe, deberá indicarse que en numerosas ocasiones durante el mes siguiente, al caer la tarde aparecían en el interior de la villa, al nivel del piso y en el mismo punto en que había permanecido Christophe, destellos luminosos que, en ocasiones, asumían la forma de círculos de color verde azulado «eléctricos». La duración de estos destellos no ha sido nunca de más de una fracción de segundo. Su padre ha realizado un estudio sistemático del fenómeno. No se ha establecido ninguna relación entre estos destellos y algo que tenga que ver con las ropas de Christophe, por ejemplo, ni se ha establecido ninguna relación entre ellos y los muebles de la habitación. Durante este período de seguimiento, realizamos una encuesta sistemática en el distrito con vistas a encontrar corroboración de la experiencia de Christophe Fernández y se encontraron dos nuevas evidencias.

        La primera de estas evidencias concierne a una persona que reside en los arrabales del norte de Nimes la cual, a primeras horas de la tarde del 19 de noviembre de 1974, «vio un ovni esférico desplazándose hacia Uzés».

        El segundo informe procede de la señora Clutien, cuya casa está situada a unos 150 metros del lugar de la «bola luminosa de Christophe». La tarde en cuestión, la señora Clutien, sus dos hijas y una sobrina, vieron el ovni hacia el oeste, entre las 5.00 y las 6.00 de la tarde. Debido a las irregularidades del terreno no pudieron observar su lugar real de aterrizaje, después de su descenso lento. El lugar del aterrizaje es, de hecho, invisible desde su casa.

 

Extraordinaria sangre fría

No cabe duda -como apunta Gouirán- que el muchacho hizo gala de una extraordinaria sangre fría. Como investigador del fenómeno ovni desde hace ya muchos años, no conozco a más de media docena de testigos que hayan desplegado un coraje y valor tan acusados cuando se han encontrado cerca de una de estas naves. Al contrario: lo normal es que el testigo o testigos emprendan la huida.

Charles Gouirán apunta en su comentario sobre el suceso «que la sinceridad de Christophe está fuera de toda duda. De hecho, el temor a ser acusado de exageración le indujo a mantener en silencio algunos puntos del avistamiento. Por ejemplo, la forma en que se produjo el despegue del ovni. Fue precisamente un miem­ro de la familia Fernández quien informó a la prensa. De lo contrario, el asunto quizá hubiera muerto en el silencio del reducido grupo de familiares que llegó a conocer el "encuentro". Esto habría sido realmente lamentable -prosigue el presidente del grupo "Verónica"-, puesto que un avistamiento ovni, con fotografías, y tan cercano, no es muy frecuente en ufología».

Estoy totalmente de acuerdo con Gouirán. Es más: sólo conozco un caso relativamente parecido al de Uzés -ocurrido en Navarra- y que relataré, en primicia mundial, en próximos capítulos.

«Cuando Christophe tomó confianza con el grupo -comenta Charles-, el testigo habló con mayor naturalidad y nos explicó la perplejidad que le había producido la naturaleza y algunas características de aquel globo de luz. En ciertos momentos, por ejemplo, parecía transparente...

      »-Pensé -cuenta Christophe- que podía ver la pared de piedra a través de aquel cuerpo.»

      Como quizá recuerde el lector, también en 1976, en las islas Canarias, se registró un importante caso de encuentro cercano con dos humanoides que se encontraban en el interior de una nave «transparente».

En resumen, la bola luminosa de Uzés nos ratifica una vez más cómo el ser humano se encuentra ante una tecnología, ante una «supercivilización» y ante unos objetivos por parte de estos seres, total y absolutamente desconocidos.

 

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