1975
Las Grutas: una formidable nave espacial
El año 1975 dio comienzo, desde el punto de vista fotográfico, con un caso sencillamente espléndido.
El grupo de investigación argentina ONIFE, que dirige Fabio Zerpa, llevó a cabo una minuciosa investigación. Gustavo Álvarez y Guillermo Carlos Roncoroni lo relatan así en su obra Los ovnis y la evidencia fotográfica:
El testimonio de la familia Moreno
El día 3 de enero de 1975 la familia Moreno (Aclaramos que los nombres de los testigos han sido cambiados por expresa petición de los mismos.) se encontraba veraneando en el balneario Las Grutas, distante unos 10 kilómetros de la ciudad de San Antonio Oeste, en la provincia argentina de Río Negro. (Las coordenadas de la localidad de Las Grutas son: 40º 26´ latitud sur, 65º 26´ longitud oeste.) Ocupaban un chalet que les había sido cedido por un familiar.
Ese día habían planeado visitar la península de Valdés y, a tal efecto, se habían levantado a las 06.30. Pero el día había amanecido sumamente frío y nublado con amenaza de lluvias, por lo que, dado que debían recorrer varios kilómetros por caminos de tierra, decidieron aplazar el viaje para otra oportunidad.
Siendo aproximadamente las 09.15, Francisco Moreno se encontraba leyendo una novela en el escritorio situado en la planta alta del chalet, mientras que su esposa e hija se hallaban realizando la limpieza del dormitorio del matrimonio, en la planta baja del edificio.
< Las dos fotografías del ovni de Las Grutas y una ampliación, en la que se aprecia su gran parecido con el del lago Tiorati en 1966.
Fue entonces cuando algo llamó la atención del señor Moreno. Oyó una especie de zumbido, que comparó con el producido por un aparato de televisión. En un primer momento no le dio mayor importancia, pero el zumbido, muy tenue al principio, cobró mayor intensidad y comenzó a intrigarlo.
«Primero pensé que se trataría del televisor, pero cuando miré mi reloj lo descarté, pues la teleemisora de San Antonio Oeste no comienza sus emisiones hasta las 10.30. Luego supuse que se trataría de la aspiradora que mi mujer estaba utilizando, pero el sonido parecía provenir del exterior del chalet. En realidad no era un sonido de gran intensidad, no era muy fuerte, pero dada la carencia de otros sonidos se hacía bastante molesto», declaró el señor Moreno.
En la creencia de que el sonido provenía del exterior de la vivienda, el testigo se acercó a la única ventana de la habitación que da a los fondos del chalet, y buscó el origen del persistente zumbido. Fue entonces cuando vio, suspendido aparentemente sobre el tejado del chalet vecino, un objeto inmóvil en el cielo.
«Era algo así como un sombrero puntiagudo de un color gris oscuro y estaba suspendido en el cielo y completamente inmóvil. No sé por qué razón, pero casi de inmediato tuve la certeza de que aquel objeto era la fuente del zumbido que estaba escuchando. Cuando lo vi me quedé como paralizado, pero luego recordé la cámara fotográfica que siempre llevo conmigo y que había dejado en mi habitación. Entonces llamé a gritos a mi mujer y a mi hija, pues quería que ellas también lo vieran y me trajeran la cámara...»
Ambas mujeres oyeron los gritos del señor Moreno, tomaron la cámara y ascendieron presurosamente las escaleras que comunicaban ambas plantas del chalet.
Dos fotografías
«Cuando llegaron y me dieron la cámara me quedé tranquilo. Tenía miedo de aquello desapareciera en cualquier momento y de no poder obtener al menos una fotografía, así es que tomé la cámara y enfoqué al objeto. Recuerdo que la aguja del fotómetro marcaba subexposición, así que corregí la abertura del diafragma. El objeto seguía sin moverse, pero yo temblaba de tal manera que se me hacía bastante difícil enfocarlo correctamente...», prosigue el testigo.
El señor Moreno oprimió el disparador y obtuvo la primera diapositiva. Utilizó una cámara Asahi Pentax Spotmatic con objetivo Takumar de 50 mm, película reversible Kodak Ektachrome de 64 ASA, velocidad de obturación 1/125 y abertura 5,6.
«Una vez que disparé, corrí el rollo y me quedé mirando el objeto. Todavía estaba quieto, sin movimientos, aunque parecía que se balanceaba ligeramente. De improviso comenzó a moverse, primero muy lentamente para acelerar paulatinamente. Entonces levanté la cámara y saqué la segunda diapositiva. A medida que aceleraba su marcha, el zumbido parecía cobrar intensidad, aunque no sé si era ese el motivo o si era debido a que el objeto se acercaba al lugar desde donde lo observamos. Una vez que obtuve la segunda foto traté de obtener una tercera, pero desde donde estábamos no podíamos observarlo, aunque continuábamos oyendo el zumbido que se hacía cada vez más tenue.»
Entonces el señor Moreno y su esposa e hija se dirigieron al exterior de la vivienda. Salieron a la calle pero no pudieron ver el ovni nuevamente.
«Ese aparato parecía moverse bastante rápido, ya que no tardamos ni 15 segundos en llegar a la calle y ya había desaparecido y el zumbido había dejado de escucharse por completo...», coinciden los testigos.
Algunas indagaciones adicionales
Posteriormente realizamos otro interrogatorio, con el objeto de aclarar algunos puntos del relato y obtener datos adicionales, de sumo interés para la investigación. (Transcripción de la entrevista grabada el 20 de mayo de 1975 por Guillermo C. Roncoroni, Gustavo J. Álvarez y Norma Lo Faro.)
―Señor Moreno, recuerda la hora exacta en que comenzó a oír el zumbido? ―Bueno, la hora exacta no puedo precisarla pero habré estado oyéndolo durante poco más de un minuto, hasta que miré el reloj. ―Después de mirar el reloj, ¿fue inmediatamente hasta la ventana? ―Casi de inmediato, aunque habrán pasado algunos segundos, quince o veinte, supongo. ―¿La ventana estaba cerrada? ―No, abierta, o mejor dicho entornada. ―Pero, ¿no era un día frío? ―Sí, pero había estado leyendo y fumando en la habitación cerrada y se había acumulado algo de humo, por lo que abrí la ventana para ventilar un poco. ―¿A qué hora la abrió? ―Un rato antes, una media hora antes. ―¿Observó algo extraño en ese momento? ―No. ―En el momento de la observación, ¿estaba en pleno uso de sus facultades físicas y mentales? Me refiero a si no estaba algo somnoliento o cansado. ―De ninguna manera, para mí es muy normal levantarme temprano y eso no me afecta en absoluto. ―Señora Moreno, ¿cuándo escuchó usted el zumbido por primera vez? ―Cuando llegué con Graciela a la planta alta. ―¿Cuándo entró al escritorio? ―Un poco antes. ―¿Podría comparar ese zumbido con algún otro ruido conocido? ―Sí, era como el silbido de un escape de gas o como el zumbido de un motor eléctrico. ―Escuchó el zumbido cuando llegó al piso superior, ¿antes no? ―Bueno, mientras limpiábamos también conversábamos, por lo que no presté atención a otros ruidos del exterior. ―¿La ventana de la habitación da al jardín? ―Sí. ―¿Estaba abierta? ―No. ―Vio algo extraño a través de ella? ―No. ―¿Qué gritó su esposo? ―Que subiéramos rápido y que le leváramos la máquina fotográfica. ―¿Le pareció excitado, emocionado? ―Sí, bastante. ―Cuando llegaron a la habitación, ¿dónde estaba su marido? ―Al lado de la ventana, mirando para afuera y para el lado de la izquierda. ―¿Qué hicieron entonces? ―Nos acercamos a él. ―¿Qué les dijo? ―«Miren eso, miren eso...» ―¿Qué fue lo que vieron? ―Vimos ese objeto. ―¿Cómo era? ―Era algo así como un sombrero puntiagudo. ―Sí era algo por el estilo. ―¿De qué color? ―Gris, más oscuro en la parte de abajo. ―¿En qué parte? ―En la de abajo, en la panza se podría decir, o sea debajo del ala, en la base. ―¿La parte superior brillaba? ―No, era mas clara, pero no mucho, aunque se notaba. ―A lo mejor era porque estaba más iluminado arriba que abajo. ―Pero, ¿no estaba nublado? ―Sí, pero digo por las nubes ¿no? ―Señor Moreno, ¿coincide con esas apreciaciones? ―No, yo lo vi como de un color gris oscuro, «gris topo», pero todo uniforme, sin variaciones. ―¿Dónde estaba el Sol? ―Detrás del tejado de la casa vecina. ―Señora Moreno, cuando usted vio el objeto, ¿estaba quieto? ―Sí. ―¿Y después? ―Después no, se balanceó y se fue. ―Explíquenos bien ese balanceo. ―Era algo así. (La señora Moreno nos describió el balanceo con el típico gesto de «más o menos», con su mano derecha.) ―¿Tan pronunciado? ―No, no tanto, era apenas, pero se notaba. ―¿Usted también lo notó, señor Moreno? ―Sí. ―¿Cuánto tiempo transcurrió desde que lo vio hasta que obtuvo la primera diapositiva? ―Calculo que poco menos de un minuto. ―¿Y entre ambas fotos? ―La verdad es que exacto no lo sé, pero fueron pocos segundos. ―¿Hacia qué lado partió? ―Hacia el sur. ―Sí, hacia el sur. ―¿Está de acuerdo, señora Moreno? ―Sí. ―Algo que en la primera entrevista se me olvidó preguntarle: ¿había bruma o niebla, o la visibilidad era buena? ―No, no era buena, había algo de bruma. Creo que mejor sería decir bastante niebla, pues el mar no alcanzaba a divisarse. ―¿Se puede ver el mar desde la ventana del escritorio? ―No, pero cuando salimos a la vereda miré para el lado de la costa y no se divisaba bien. ―¿A qué distancia estaba de la costa? ―Cinco cuadras. (Unos 500 metros.) ―Cuando salieron a la calle, ¿vieron a alguna otra persona? ―No. ―No, no había nadie. ―¿Saben si hay otros testigos en la zona? ―La verdad es que no. ―Yo estuve preguntando entre los vecinos pero nadie vio nada. ―Señor Moreno, ¿a qué distancia supone que estaría el objeto cuando lo vio por primera vez? ―Es difícil decirlo, creo que a unos trescientos metros. ―¿De qué tamaño le pareció que era? ―Si estaba a la distancia que supongo debía tener cuatro o cinco metros de diámetro. ―Para finalizar, dígannos su opinión sobre la naturaleza del objeto que vieron. ―Bueno, yo creo que era un objeto metálico, algo así como una nave. ―¿Cómo un avión? ―No, no como un avión; no se parecía a un avión. Lo que quiero decir es que era una nave voladora. ―¿Y usted qué opina, señor Moreno? ―Estoy de acuerdo con Graciela. Por lo menos yo nunca vi un avión con esa forma o que se detuviera en el aire. ―¿Podría haber sido un helicóptero? ―No, en absoluto, le digo que era algo que yo nunca había visto en toda mi vida, algo totalmente desconocido y me di cuenta desde el instante en que lo vi. Por eso pedí la cámara, para fotografiarlo; si hubiera sido algo conocido, no me hubiera tomado la molestia. ―Y usted, señora Moreno, ¿qué opina? ―Estoy de acuerdo con mi esposo. Yo nunca he visto nada por el estilo. Creo que era un aparato volador; creo que era un ovni, como lo llaman ustedes, ¿no? ―Sí, así los llamamos. Dígame, ¿piensa que ese aparato estaba dirigido, o pilotado? ―Bueno, es difícil saberlo, pero cuando se balanceaba me dio la impresión como si estuviera tratando de orientarse, como si estuviera buscando el rumbo hacia donde tenía que irse.Hasta aquí nos hemos limitado a referir la información reunida a través de dos entrevistas con los testigos.
La primera entrevista fue meramente fortuita, ya que uno de nuestros directores, Guillermo Carlos Roncoroni, conoció al testigo en la localidad fronteriza de Perito Moreno, provincia de Santa Cruz, mientras pasaba allí sus vacaciones. Allí mismo, el 12 de febrero de 1975, realizó la primera entrevista con el objeto de reunir el mínimo de información necesaria respecto del incidente del cual la familia Moreno había sido, hasta ese momento, única protagonista.
Posteriormente, y con el objeto de obtener copias de las dos diapositivas, tres miembros de ONIFE, Gustavo Álvarez, Guillermo Carlos Roncoroni y Jorge Vaggi, se trasladaron hasta el domicilio de la familia Moreno (una estancia en las cercanías de Henderson, Bolívar, provincia de Buenos Aires). En esa oportunidad, 26 de abril de 1975, se realizó la segunda entrevista, grabándose la misma en cinta magnetofónica.
Gráfico de la situación del ovni.
La investigación
1. Análisis del testimonio.
1.1. Los testigos:
Señor Francisco Moreno, 54 años, abogado y ganadero.
Señora Elisa M. Roca de Morena, 47 años, maestra primaria.
Señorita Graciela Susana Moreno, 19 años, estudiante.
El grupo familiar Moreno se completa con dos hijos: Francisco, de 22 años, y Eduardo Álvaro, de 18 años, que se habían quedado en la estancia, a cargo de la misma, durante la ausencia de sus padres y su hermana.
El nivel intelectual y cultural de los testigos es bueno, en especial en el caso del señor Moreno. Los testigos son proclives al diálogo franco y espontáneo. No hemos advertido señales que nos lleven a pensar que alguno de ellos sufre de alteraciones nerviosas u otros problemas psíquicos.
Afirman gozar de excelente salud física y mental. En las conversaciones que hemos mantenido con los testigos, hemos advertido, es bueno resaltarlo, un buen grado de objetividad y poca propensión a que sus opiniones se vean afectadas por influencias externas.
Los testigos no buscan publicidad alguna y los creemos sinceros en sus expresiones.
1.2. El testimonio:
Consideramos que los testigos relatan lo que vieron, y con suma objetividad, ya que nunca realizaron, de manera espontánea, consideraciones acerca de la naturaleza del objeto por ellos avistado. Sólo lo hicieron al requerírseles una opinión al respecto, y con bastante reticencia, por cierto. Enfatizaron el hecho de que nunca habían visto nada igual y que no era ningún aparato volador conocido por ellos.
El testimonio fue coherente y objetivo, y pese a nuestros intentos, no incurrieron en contradicciones.
Si bien existen algunas diferencias, en especial en lo que hace a la forma y color del ovni, éstas son, sin duda, debidas a los diferentes grados de percepción visual de cada uno de los testigos. A este respecto es necesario hacer notar que el señor Francisco Moreno utiliza gafas correctoras (padece de miopía leve) cuyos cristales son ligeramente coloreados de verde, lo cual puede haber inducido a error al testigo en cuanto a su apreciación respecto del color gris oscuro repartido uniformemente en la superficie del ovni. De allí que tomaremos por válida la declaración de la señora Moreno y su hija a ese respecto.
En otros aspectos del relato no existen diferencias notables. Los testigos contestaron todas nuestras preguntas sin dar señales de duda o incertidumbre. Por el contrario, lo hicieron en forma espontánea, precisa y con convicción, señal de su sinceridad y de lo impactante de la experiencia vivida, ya que sus recuerdos se mantienen frescos.
Es digno de resaltar el hecho de que los testigos no desean publicidad respecto de lo que vieron. En numerosas oportunidades nos solicitaron que sus nombres quedaran en el anonimato, solicitud que satisficimos a medias, ya que sólo hemos cambiado sus apellidos y no así sus nombres de pila y otros datos inherentes a los testigos.
2. Análisis del material fotográfico.
En análisis de fotografías de ovnis plantea un grave problema a quien deba pronunciarse su autenticidad.
La fotografía nunca debe analizarse prescindiendo del testimonio de quien asegura haberla obtenido y, como ha afirmado Ralph Rankow, «la fotografía en cuestión será tan fiable como fiable sea el fotógrafo que la obtuvo».
En el caso de las fotografías que aquí presentamos creemos que está refrendada la autenticidad del relato y la sinceridad de los testigos. El testimonio es altamente confiable y los testigos, honestos y objetivos.
Las fotografías fueron obtenidas sobre film Kodak reversible, de 64 ASA, el cual consideramos que ha sido sometido a un proceso normal de revelado por no existir reticulado o exceso de grano.
La exposición ha sido la correcta; las diapositivas no aparecen ni subexpuestas ni sobreexpuestas. La exposición que afirma utilizado el señor Moreno es la aconsejable para la sensibilidad del film Kodak 64 ASA para cielo «nublado claro».
Observadas las diapositivas con un microscopio Zuhio, de 500 aumentos, se observa que el grano está uniformemente repartido en toda la extensión del fotograma. El grano del film en el objeto es el mismo en cuanto a su tamaño y densidad que en el resto del film.
La definición de foco es excelente en ambas fotografías. Si bien en la primera diapositiva los bordes del objeto, especialmente en los bordes de lo que sería el ala, aparecen algo difusos y faltos de definición, esto podría explicarse por el hecho de la niebla o bruma que, según el señor Moreno, impedía una perfecta visibilidad hacia el lado de la costa.
La forma del objeto coincide con la declarada por los testigos, forma de «sombrero puntiagudo», y con los dibujos que ellos realizaron en nuestra presencia.
La señora y la señorita Moreno afirman que el objeto era más claro en su parte superior (cúpula) que en la parte inferior («panza» o base). Este detalle no se aprecia en las diapositivas pero el film fotográfico no tiene la sensibilidad ni la definición que brinda el ojo humano y, por efecto del contraste que brindan las nubes iluminadas por el Sol, que se encuentra tras el tejado que aparece en primer plano dando una superior brillantez a ese sector del cielo, el objeto aparece como de un color gris uniforme, gris oscuro, quizá más oscuro de lo que era en realidad.
También a este problema de contraste puede deberse la ausencia de reflejos en la superficie del ovni.
Tal como puede observarse en las ampliaciones de ambas diapositivas, la silueta del objeto es la misma, lo cual nos lleva a pensar que el objeto no ha variado su posición respecto de su eje y éste respecto al objetivo de la cámara.
Si bien en la primera diapositiva el objeto aparece perfectamente simétrico respecto a su eje vertical, en la segunda fotografía se puede apreciar una leve diferencia, un leve abultamiento, en la cúpula, lo cual puede deberse a que el objeto estaba acelerando su marcha.
En la primera diapositiva, el objeto, más exactamente su sabe, se encuentra perfectamente horizontal, mientras que en la segunda se observa al objeto algo inclinado en el sentido de su marcha, lo cual, extrañamente, nos recuerda las teorías de propulsión del teniente Plantiner y la más reciente del doctor Bernard E. Finch («Los ovnis: ¿Generadores volantes de láser?», por el doctor Bernard E. Finch. Publicado en Ovnis. Un desafío a la ciencia, número 3, páginas 5 y 6.)
En cuanto a la posibilidad de que la foto sea la de un objeto conocido, creemos que está fuera de toda discusión. Tampoco es una mancha, huella de revelado o fallo de la emulsión. En cuanto a la posibilidad de trucaje, que nunca debe descartarse en esta urticante problemática, también la hemos desechado, no sólo por considerar honestos y sinceros a los testigos sino por haber examinado exhaustivamente el film.
El grano está repartido uniformemente en todo el fotograma, es el mismo en cuanto a su tamaño y densidad, lo cual nos lleva a descartar un fotomontaje. Además, el grano, en cuanto a su densidad, es el mismo en los dos fotogramas sometidos a análisis que en el resto del film. El proceso de fotomontaje implica aumento de grano, de densidad, y disminución de definición, que, como dijimos, es excelente.
También hemos descartado la utilización de un vidrio con el objeto pintado en él o una pequeña maqueta arrojada al aire para ser fotografiada.
3. Análisis comparativo:
El relato de la familia Moreno presenta numerosos puntos de contacto con decenas de informes ovni: zumbido, objeto detenido, partida a gran velocidad, etc. Pero hay un detalle que nos llamó la atención desde un primer momento, pues no es muy común su comprobación. Es el detalle de balanceo observado instantes antes de la partida del objeto con rumbo hacia el sur. A tal efecto extractamos un caso acontecido en el año 1968, en el territorio de la República Argentina:
«El 18 de junio de 1968, Jorge Scassa Sutter, aviador civil (con veinticinco años de experiencia en esa actividad), avistó un objeto volador no identificado desde la cabina de su avión Cessna 182, matrícula LV-ITR, cuando volaba, en compañía de Rubén Andrawos, ejecutivo de la firma ARCOR S.A.I.C., desde la ciudad de Villa Dolores hacia Catamarca, a 7500 pies de altura. El avistamiento se produjo a las 16.25. Para no agobiar al lector con el relato de todo el incidente me remitiré a citar textualmente un párrafo del relato del señor Scassa Sutter: "El mismo (objeto) se abalanzó sobre nosotros al frente del avión, deteniéndose a escasos metros del mismo (50 a 100 metros) y comenzó a bambolearse levemente, acompañándonos por escasos segundos hasta que volvió a imprimir velocidad hacia el norte, perdiéndose definitivamente de nuestra visual."»
Este balanceo, o bamboleo, lo intenta explicar el doctor Wilbur Smith, a través de su teoría sobre el mecanismo de propulsión de los ovni.
Smith considera que el sistema de propulsión de los discos voladores es electromagnético y que los discos se apoyan en las corrientes del campo magnético terrestre para realizar sus maniobras. La navegación de un disco volador sería, en realidad, un proceso sumamente complicado, ya que los campos magnéticos forman toda clase de ángulos con el horizonte, dependiendo de la latitud geográfica y de las condiciones locales. Así, la dimensión de la fuerza, que resulta de la acción conjunta del campo terrestre y del campo del disco, puede ser en cualquier dirección. Más aún, la inclinación del disco, necesaria para obtener la fuerza de reacción en la dirección deseada, resultaría, muy probablemente, en fuerzas aerodinámicas encaminadas en otra dirección.
La navegación, pues, se produciría primero por una determinación de la dirección del campo, luego por una comparación de la dirección en que se desea el desplazamiento, después por el análisis de las fuerzas aerodinámicas que resulten de tal movimiento, y finalmente por una corrección adecuada a la inclinación inicial del disco y la salida del flujo magnético.
Es dudoso que un piloto humano, terrestre o no, pudiera hacer todo esto con la rapidez necesaria, que deducimos de las velocidades terroríficas a que se desplazan los discos voladores y de los giros y evoluciones intrincados que han sido observados. Es altamente probable que los controles de una nave del tipo que analizamos sean semi o enteramente automáticos.
Smith considera que es de esperar que ocurra este balanceo, y lo explica de la siguiente forma: «Digamos que ha sido apretado un botón para efectuar un giro. Probablemente habrá una fracción de segundo de retardo, mientras el robot-analizador comprueba las fuerzas resultantes necesarias, previas al movimiento de los controles. Esto justifica las oscilaciones que se ven antes de cualquier cambio repentino, como puede ser una ascensión pronunciada o un giro cerrado.» (Platos voladores de otros mundos, por el mayor Donald Keyhoe. Populibros La Prensa, México, 1955.)
Otro aspecto importante en la evaluación del incidente que aquí tratamos, es la comparación de los documentos fotográficos de Las Grutas con otros documentos obtenidos en distintas oportunidades.
Como bien lo ha hecho notar Antonio Ribera, dos fotografías pueden comprobar mutuamente su autenticidad si, procediendo de lugares y fechas distintas, muestran un objeto de muy similares características. Tal es el caso de dos fotografías sumamente conocidas por los aficionados a la ufología: una es la obtenida por Paul Trent el 11 de mayo de 1950 en Oregón, EE.UU., y la otra es la lograda por un oficial del ejército francés durante el transcurso del mes de marzo de 1954, en las cercanías de Ruán, Francia. (Un caso perfecto, por Antonio Ribera y Rafael Farriols. Editorial Pomaire, Barcelona, España, 1969.)
Ambas fotografías muestran objetos idénticos: un disco con una cúpula achatada y, rematando el conjunto, una especie de antena de singulares características. Vale la pena aclarar que las fotografías obtenidas por Paul Trent no pudieron ser rebatidas por el tristemente célebre Informe Condon, cuyas conclusiones respecto del incidente de Oregón fueron las siguientes: «Éste es uno de los pocos informes de ovni en donde todos los factores investigados, geométricos, psicológicos y físicos, parecen consistentes con la información de que un objeto volante, plateado y, evidentemente, artificial, voló a a vista de dos testigos.»
Respecto al incidente que nos ocupa, y luego de una intensa búsqueda en nuestros archivos, hemos encontrado varias fotografías que muestran objetos aparentemente idénticos al fotografiado en Las Grutas; pero hay una fotografía que nos llamó especialmente la atención y es una de las cuatro instantáneas obtenidas por Vincent Perna el 18 de diciembre de 1966. Ese día, Perna se encontraba pescando acompañado de su hermano y un amigo en el lago Tiorati, situado a unos 56 kilómetros de Times Square, cerca de Pearl River, en el estado de Nueva York, EE.UU. Alrededor de las 5.30 advirtieron la presencia de un extraño objeto volador que, presumiblemente, había salido de detrás del monte Fingerboard. Perna tenía consigo una pequeña cámara fotográfica, una Brownie Starflash, cargada con película pancromática. Con ella logró obtener cuatro instantáneas del objeto antes de que éste se ocultara tras el monte Stockbridge, Los testigos describieron el objeto como un platillo de color dorado (auque bien pudo ser grisáceo y dar la impresión de ser dorado merced a los rayos del sol naciente) y de unos 5 a 6 metros de diámetro. Este caso fue profundamente investigado por el NICAP. Las fotografías fueron dadas como válidas por sus técnicos fotográficos y el testigo fue interrogado bajo los efectos del pentotal sódico por el doctor Charles T. Henderson, no pudiéndose detectarse ninguna fisura en el relato del incidente.
Hay varios detalles interesantes que saltan a la vista si comparamos el incidente de Las Grutas y el caso de Vicent Perna:
1. La forma de los objetos es prácticamente idéntica. 2. La relación entre diámetro y la altura de los objetos es casi similar: Las Grutas: 3,35; Perna: 3,38. 3. La fotografía del señor Perna muestra claramente que la parte superior del objeto es más clara que la zona inferior. Este detalle es muy significativo, pues si bien las fotografías de Las Grutas no nos permiten emitir un juicio a este respecto, tanto la señor Moreno como su hija coinciden en afirmar que la parte inferior del objeto era más oscura que la superior.Conclusión
El comentario final sólo puede ser uno: una nave espacial, posiblemente tripulada, y de origen extraterrestre, permaneció a la vista de los testigos por espacio de escasos segundos. Ahí están tos testimonios y, sobre todo, esas dos extraordinarias imágenes que lo confirman.
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