AL FIN LIBRE.  J.J. Benítez © 2.000

Todos los capítulos, también incluyen "Reflexiones".

1 Hasta luego

2 La señal

3 Los «camareros» (sobre la muerte. 1.ª conversación)

4 Miedo a morir: falta de información sobre el miedo a morir. 2.ª conversación)

5 El instante más espectacular (sobre la resurrección. 3.ª conversación)

6 «Yo, ahora, no soy tu padre» (sobre las «comunicaciones» excepcionales y el concepto familiar. 4.ª conversación)

7 «MAT-1» (sobre el primer cuerpo después de la muerte. 5.ª conversación)

8 Un Dios sensato (sobre la no presencia de Dios al «otro lado». 6.ª conversación)

9 Lo «poquísimo» que sé sobre Él (sobre lo que sabe del buen Dios. 7.ª conversación)

10 Algunas «pequeñeces» (sobre «detalles» respecto a MAT-1. 8.ª conversación)

11 Soltar lastre (sobre los objetivos en MAT-1. 9.ª conversación)

12 «Lloro por las estrellas, mi verdadero hogar» (sobre el universo del espíritu: la otra, la única realidad. 10.ª conversación)

13 «Pellizquemos» el infinito (sobre cómo abrir la «caja fuerte» de Dios. 11.ª conversación)

14 «Aquí no llueve» (sobre los mundos MAT. 12.ª conversación)

15 VIVIR por VIVIR (sobre el sentido de la vida. 13.ª conversación)

16 «Puente aéreo» a MAT-2 (sobre el «cambio» de MAT-1 a MAT-2. 14.ª conversación)

17 Un «encuentro» inolvidable (sobre lo que se aprende en MAT-2. 15.ª conversación)

18 VIVIR el presente, para escapar del presente (sobre el poder, el triunfo, la posesión y el tiempo. 16.ª conversación)

19 «Voluntarios» (sobre los mundos «experimentales» y la «firma» previa. 17.ª conversación)

20 «Ven. Hagamos el viaje que nunca hicimos» (sobre un «viaje», de la mano de mi padre. 18.ª conversación)

21 «Hasta luego»

«AL FIN LIBRE»

 

AL FIN LIBRE (2000)

 

 

HASTA LUEGO

Fue como una luz. Como un chispazo...

A mi espalda, agonizante, apenas insinuado por el amarillo vigilante de un piloto, mi padre consumía sus últimas horas. Y yo, impotente, me aferré una vez más a las estrellas, suplicando compasión y benevolencia. No para mí, sino para él. La muerte, avisada, se había instalado ya en los silencios. Todos lo sabíamos. Y él también. Pero cuándo, en qué momento besaría la frente de aquel buen hombre...

La tensa espera, vestida de plomo, fue una insoportable compañera de habitación.
Y ocurrió. Fue como un aviso. El primero de una larga serie. Fue como una luz. Como un chispazo...

Recuerdo que me hallaba acodado en la ventana, con la mente maniatada, casi tan moribunda como mi propio padre. No podía asimilarlo. Un mes antes, aquel hombre fuerte, sano y jovial me había hablado de proyectos... Al poco, todo quedaba en suspenso. Todo naufragó. Un mal irreversible lo invadió, empujándonos a ese rincón oscuro de la impotencia.

Y como todas las noches, como un rito obligado en cada guardia, me subí a las estrellas, buscando clemencia, rogando al buen Dios que acortara su agonía. Fue entonces, saltando de lucero en lucero, mientras aquel domingo, 27 de junio, se fugaba indiferente por la puerta de atrás de la medianoche, cuando escuché su voz. Sonó fuerte y clara. Tan nítida que, asustado, me volví hacia la cama. Pero mi padre, sedado, continuaba dormido. Perplejo, sólo acerté a pasar los dedos sobre su frente, acariciándolo. Mi primera y tímida caricia..., ¡en cincuenta y tres años!

Y la voz regresó, repitiendo:
" ¡ Escribe! "

Sí, era el primer aviso. El primero de una larga serie que ahora me propongo rescatar.
¿Un aviso? Quién sabe...
Lo cierto es que, a tientas, busqué el inseparable cuaderno de campo y regresé a la ventana.

" ¡Escribe, hijo mío!"

Escribir..., pero ¿qué?
No tuve que esforzarme. Mi mano, convertida en corazón, se deslizó rápida -casi vertiginosa- sobre el blanco del papel. Las estrellas, respetuosas, fueron los únicos testigos. Ellas, sabedoras, se dejaron caer, iluminándome.
Minutos después, más perplejo si cabe, leía el siguiente texto:

 

"Carta de José Benítez a los que le aman.
"Queridísimos:
"Aunque no soy el autor material de esta breve despedida, mi espíritu está en cada palabra. Sólo deseo pediros dos cosas:

"En primer lugar, aunque bien sé que son momentos críticos para vosotros, os ruego -os suplico- que no os dejéis dominar por la tristeza.
"¡YO SIGO VIVO! "
¡Estoy VIVO!
"He despertado en un mundo nuevo y ahora sigo un camino como jamás podríais imaginar. "Por favor, contened las lágrimas..., en la medida de lo posible. La vida humana tiene sentido. Un maravilloso sentido. Pero sólo aquí, EN LA LUZ, empezamos -empezaréis- a descubrirlo.

"Si en verdad me queréis, por favor, prestad atención: no os aflijáis. Vuestro sufrimiento no me ayuda. Al contrario. Celebrad mi entrada en la verdadera VIDA. Celebrad que, al fin, soy un ángel.
"Por último, quiero que sepáis algo de especial importancia. Yo lo practiqué en vida, aunque nunca lo suficiente. Sabed que la clave de vuestra existencia es el AMOR. Amad sin medida, sin esperar respuesta ni recompensa. Amad a cada instante, aunque no comprendáis. Yo, ahora, en este magnífico mundo en el que VIVO, lo sé: el AMOR es la única verdad. El AMOR lo sostiene todo.

"Recordadme y recordad: volveremos a vernos -físicamente-, en su momento". En realidad, esto no es una despedida. Sólo un "hasta luego". Como sabéis, los que se quieren nunca dicen "adiós".
"Que Dios os bendiga.

"JOSÉ BENÍTEZ, ahora más cerca del PADRE."

 

Me negué a leer por segunda vez. ¿Qué era aquello? Y continué enganchado al brillante firmamento, rogando por aquel buen hombre...

Al día siguiente, aparentemente por casualidad (?), mi hijo Iván formularía una extraña petición:
"Escribe algo... Al abuelo le gustaría. Se lo debes..."
Y remató, levantándome en el aire:
"... Si quieres, yo puedo leerlo en el funeral. "

Cuatro días después, en la tarde del dos de julio, mi padre fallecía. E Iván, con una entereza poco común, cumplió lo prometido, leyendo en público el singular "aviso".
En realidad, nadie supo cómo y cuándo fue escrito. Como tampoco han sabido de los siguientes e insólitos "encuentros" con esa misma "voz". Unos "encuentros" -lo adelanto desde ahora- cuajados de esperanza.

 

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