SOLTAR LASTRE
¿Pequeñeces? Para él, para mi padre, si. Y creo que lo entiendo. Para este pobre mortal, no.
Quién sabe las vueltas que le he dado. Desde entonces, desde aquella «conversacion», no ha pasado un solo día sin que medite sobre ello. Si fuera cierto, si esta supuesta locura no fuera tal, al «otro lado» me aguarda un cuerpo «MAT». No sé por qué, pero la definición me tiene cautivo. Me convence. Y forma parte ya de mi patrimonio. La intuición —ese «ángel-mujer»—, al abrir cada día la esperanzadora revelación, asiente feliz y satisfecha. Pero las dudas, como el oleaje, terminan borrándola. Y vuelta a empezar.
¿Dudas? Sí, a miles. Por ejemplo: ¿cómo conjugar un cuerpo MAT-1, una forma física similar a la de los veinte años, con una claridad mental como la que ahora disfruta mí padre? A mí también se me caen las palabras..,
Esta vez, la incógnita sí fue del agrado de la «voz».
—Tú, quizá, no eres muy consciente,
pero al formular esta pregunta, has planteado el objetivo clave, la razón de ser, del primer mundo en el que «despertarás» tras el sueño de la muerte. La existencia en MAT-1 tiene como destino básico la «limpieza» y «puesta a punto» del nuevo «motor» de tu inteligencia.
—Observo que recuerdas muy bien los viejos tiempos, cuando conducías camiones de pescado.
—No es fácil traducir esta realidad a los esquemas humanos. Hago lo que puedo.
—¿Y en qué consiste esa «puesta a punto»?
—Es un trabajo delicado. «Ellos» lo saben a la perfección y lo tienen muy bien planificado. Como te dije, al ser resucitado, salvo el nuevo cuerpo, todo, prácticamente, es una continuación de lo vivido en la Tierra. Aquí llegas con el lastre, con el plomo de los vicios, de las manías, de los defectos propios de una naturaleza animal. Aunque la memoria —también te lo adelanté— aparece depurada, la vieja personalidad debe ser limada y saneada. Es una condición indispensable para continuar la gran carrera hacia el buen Dios.
—Parece lógico y sensato.
—Así es y así figura a las puertas de la casa del Padre: «Bien venido, tú, un nuevo Dios. »
—Dices bien: un trabajo delicado. ¿ Cómo borrar de un plumazo tantos años de inercia y dependencia de la carne?
—En la escuela, jovencito.
—¿En la escuela?
—Sí y me adelanto a tu siguiente pregunta: existen unas «técnicas» —así lo llamarías tú—, pero no voy a desvelarías.
—Ya empezamos.
—Quédate con lo que verdaderamente importa. Ahí, en ese lugar prodigioso, de la mano de unos seres brillantes y cálidos, verás extinguirse todo lo que todavía te sujeta a la etapa humana.
—¿Puedes concretar?
—Con mucho gusto. Ahí, día tras día, comprobarás feliz y entusiasmado cómo los pesados residuos de la envidia, de la cólera, de la desconfianza, del miedo, de la soberbia, de la lujuria o de la mentira se alejan y distancian como los negros nubarrones de una tormenta de verano. Y te sentirás ligero. Mucho más despierto. Limpio como el clarear de un sol naciente. Infinitamente seguro. Con una paz y un AMOR que no puedo escribir en la pizarra de tu imaginación.
—Si eso es así, si es tal y como lo cuentas, entiendo por qué nadie regresa.
—¿ Regresarías tú?
—Probablemente sí., para contarlo.
—En cierto modo, ya lo estás haciendo.
—Entonces, eso es MAT- 1 .
—Sí y mucho más. Pero repito, quédate con lo esencial. La «puesta a punto», además, tiene otra no menos interesante finalidad. Algo que muy pocos conocen en tu mundo.
—¿Sorpresa?
—Espero que sí. Escribe: esa depuración, esa ducha divina, nos ayuda a ir venciendo la gravedad. Ahora, en tu actual estado, es posible que no lo comprendas, pero aquí, y en la larga carrera hacia la conquista de mi definitiva forma —la espiritual—, todo lo creado obedece y está sujeto a una gravedad muy diferente a la que tú conoces. No tengo mucha información, pero sé que la llaman la «gravedad del Padre». Es una fuerza que sostiene y arrastra. Una fuerza tan real y medible como la que equilibra los planetas. Es la gravedad de la que dependen los seres y los mundos espirituales. Me atrevería a decir que la «auténtica».
—¡Una gravedad «espiritual»!
—Sí, la fuerza que gobierna al «otro lado». Algunos, en tu mundo, la han intuido. Incluso, sin saber de su existencia, la han experimentado.
—¿Aquí?, ¿cómo?
—Observa a tu alrededor. Seguramente conoces a personas cuya espiritualidad es tan intensa y desarrollada que parecen ignorar la materia. No la necesitan. Prescinden diariamente de ella. Viven en «otro mundo». Hay casos de levitación física.
—Cierto.
—Esos seres privilegiados —aunque, como te digo, no lo saben— están mostrando y adelantando el futuro. El que yo tengo y disfruto.
—Veamos si lo he entendido. Quieres decir que, a mayor espiritualidad, menor dependencia de la gravedad.
—Correcto. Y aquí, en los mundos «MAT», te preparan para el definitivo cambio: anulación total de la gravedad terrestre y dependencia definitiva de la «gravedad del Padre».
—Me pregunto por qué los científicos humanos no la han descubierto.
—Es muy pronto. Pero algún día lo harán. De hecho, si te fijas, la ciencia ha asomado la nariz. Pero, impotente, se ha asustado.
—¿La ciencia? ¿Ha asomado la nariz?
—Lo llaman el «muro de Planck». Ahora mismo es eso, una pared que esconde la naturaleza íntima del átomo. Lo último. Lo más profundo en la esencia de la materia.
—¿Qué quieres decir?
—Muy simple: que la «gravedad del Padre» está ahí, detrás del «muro de Planck». Ésa es la «fuerza» clave. La matriz de todo. Una «fuerza» que hará temblar de emoción a los científicos. Ese descubrimiento, cuando llegue, abrirá de par en par una esperanzadora puerta. Una puerta apenas entreabierta por los expertos en física cuántica. ¿Me explico con claridad?
—La verdad es que me tienes desconcertado. Ahora también sabes de física.
—Te lo dije: el AMOR del Padre hace prodigios. ¿Queda satisfecha tu gran duda? ¿Entiendes ahora cómo un cuerpo «MAT», con la forma física de los veinte años, puede disfrutar al mismo tiempo de una inteligencia clara y experimentada?
—Lo entiendo., a medias. Pero lo creo.
—Con eso basta. Y ahora, por favor, sigue mi consejo: prescinde de la materia. Renuncia. Despégate. Experimenta el placer de ser atraído por la otra gravedad, la del Padre. Ensaya eí futuro.
» ¡Feliz experimento!
«Renuncia. Despégate. Ensaya la otra “gravedad”.Ensaya el futuro.»
¿Cómo hacerlo?
Y el Dios que llevo dentro replica:
«Simple. No codicies. No te dejes enroscar por la pitón de
las apariencias. Al “otro lado” llegarás desnudo y sin
tarjetas de crédito.»
¿Cómo hacerlo?
«Simple. No caigas en las arenas movedizas del “mañana
más”. Te tragarán sin haber visto ese “mañana”.»
¿Cómo hacerlo?
«Simple. No guardes. No acapares ni un gramo más de lo
que permita la caja fuerte de tu corazón.»
¿Cómo hacerlo?
«Simple. No envidies bajo ningún concepto.
La envidia es una cobra al cuello. Todos huirán de ti.»
¿Cómo hacerlo?
«Simple. No traiciones. No vayas por la vida con
muletas.»
¿Cómo hacerlo?
«Simple. No metas las manos en el avispero de la
mentira. La honradez es mucho más dulce.»
Ensaya el futuro. Ensaya ser hombre.
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