VIVIR POR VIVIR

Lo confieso. Soy un ignorante.

He vivido equivocado. Mi padre, ahora, me ha enseñado mucho más de lo que yo he conseguido aprender en medio siglo. Siempre escuché la misma letanía: VIVIR es poseer. VIVIR es triunfar, escalar, dominar. VIVIR es aprender. VIVIR es hacer méritos para la otra vida. VIVIR es resignarse. VIVIR es padecer. VIVIR es aceptar sin comprender.

1Falso! ¡Todo falso! VIVIR, al parecer, es otra cosa.

Mi padre, ahora, lo tiene muy claro. Y así me lo transmitió. Con toda probabilidad, ésa fue la «conversación» que más me impactó y con la que he procurado apuntalar lo que me queda de vida.

Todo empezó al recordarle una de sus sugerencias.

—¿Por qué es importante que me hables del sentido de la vida?

—Para que no padezcas mis propias carencias. En eso, ya ves, no fui muy afortunado. Pasé por la carne a tientas. Casi como un ciego.

—No estoy de acuerdo. Fuiste un hombre bueno. Lo poco que te concedieron lo regalaste.

—No me has entendido. Nunca supe del por qué de la vida.

—Pero fuiste honrado, trabajador. Sacaste a los tuyos adelante. Todos admiramos tu paciencia, tu capacidad de sacrificio, tu generosidad.

—Eso, querido hijo, es una consecuencia de la bondad natural del hombre. La mayoría de los seres humanos actúa así. Mi lamento es otro: nunca supe por qué había nacido, qué sentido tenía mi existencia.

—Está clarísimo. Acabo de apuntarlo.

—Te equivocas. VIVIR no es únicamente ser honrado, trabajar o ser buena persona.

—Me tienes en ascuas.

—Es aquí, al «despertar» con un cuerpo «MAT», cuando la vida en la carne adquiere su verdadero significado. Entonces comprendes. Entonces percibes cuál era el auténtico sentido del fugaz paso por la Tierra.

—¿Cuál?

—¡VIVIR!

—Tus mayúsculas me dan miedo. ¿Qué insinúas?

—Lo que has oído. Ése es el objetivo primordial, la gran finalidad de la existencia humana: experimentar> gustar, VIVIR tu cuerpo material., mientras dure. VIVIR la vida como el que saborea un buen vino. VIVIR sabiendo que no tendrás otra oportunidad.

—Eso huele a existencialismo puro y duro.

—No, la palabra VIVIR la has escrito con mayúsculas. El «vivir» al que te refieres —con minúsculas— sí es existencialismo. VIVIR, como yo te sugiero, implica haber abierto los ojos a esa «otra realidad» de la que ya te he hablado. La gran realidad del espíritu. VIVIR así exige —necesariamente— VIVIR en y para el AMOR.

—Aquí, en mi mundo, eso parece un contrasentido.

—¿Por qué?

—Disfrutar de la vida, como tú apuntas, saborearía, suena a derroche. ¿Dónde está la frontera con el vicio?

—Te lo he dicho: en el AMOR. Y no es un contrasentido. Es el plan de tu Jefe. Lo hablamos días atrás. El que VIVE en el AMOR nunca cruza la frontera del exceso. El sentido común siempre lo precede. Insisto: es el plan. Debes VIVIR la carne y cuanto te rodea porque aquí, en los mundos «MAT-1», la experiencia será distinta. Algo te he contado, creo.

—VIVIR por VIVIR.

—Así de sencillo y sublime. El Padre te ha colocado en lo más bajo, en lo más imperfecto. Pues bien, no es casualidad. Experimenta las mil sensaciones de esa primera etapa. Las buenas y las desagradables. Todo obedece a un «por qué» divino. No lo dudes nunca. VIVE al día. No hagas planes. Al menos, como tú dices, no más allá de treinta segundos. Saborea lo grande y lo pequeño. Déjate llevar por el «ángel-mujer» de la intuición. ¿Crees que está ahí por azar? ¡Experimenta, hijo mío! Aún estás a tiempo.

—Pero, papá, el mundo es inmenso. Nunca podré VIVIRLO todo.

—VIVE sobre la marcha. VIVE lo que Él te ofrezca. No tengas prisa. Él sabe.

—¿Y qué sucede con algo que ansías de verdad y que jamás alcanzas?

—Buena pregunta.

—¿Conoces la respuesta?

—Naturalmente. Como te digo, nada escapa al plan divino. Yo mismo, ahora, estoy disfrutando de los sueños que no pude materializar en la carne. Aquí—te lo aseguro— se hacen realidad tus más íntimos deseos. Todo aquello que alguna vez imaginaste y que el Destino no te concedió.

—¿Es mucho pedir que me reveles uno de esos sueños?

—Viajar, jovencito. Ahora viajo mucho.

—Y supongo que gratis.

—Es que el Jefe es mucho Jefe. Por cierto, ya que lo mencionas, cuando VIVAS el dinero, VIVELO como una simple «caja de herramientas». Usalo., sin más. No te dejes «usar» por él.

»¡Feliz VIDA en la carne!

 

REFLEXIONES 

«VIVIR por VIVIR.»

Así de sencillo y sublime.

Y yo, ¿qué hago?

¿VIVO por VIVIR? No, yo malvivo entre las prisas, esa

Jauría siempre en celo.

¿VIVO por VIVIR? No, yo malvivo al son del «qué

Dirán», el viejo «tamtan» de los necios.

¿VIVO por VIVIR? No, yo malvivo en la tiranía del

dinero, marcando el paso a las órdenes de unos pocos.

Siempre los mismos.

¿VIVO por VIVIR? No, yo malvivo en el desierto

sofocante de un trabajo al que yo mismo desertizo con

más y más horas de trabajo.

¿VIVO por VIVIR? No, yo malvivo con un «yo» que no escucha,

un eficaz extintor contra los sentimientos de los demás.

¿VIVO por VIVIR? No, yo malvivo con la mentira al

hombro, dispuesto siempre para abrir fuego.

¿VIVO por VIVIR? No, yo malvivo sin preguntas, no sea

que Dios exista.

¿VIVO por VIVIR? No, yo malvivo en la calle de los

indiferentes. Tocar, sentir, saborear, VIVIR, queda más

abajo, en la calle de los «perdedores».

¡VIVIR por VIVIR!

¡Quien fuera otro, para experimentarlo!

 

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