«PUENTE AÉREO» A MAT-2

«Acabo de estrenar »

Recuerdo que lo escribí y subrayé. Pero, azotado por el vendaval de tanto sentimiento en libertad, casi lo olvidé.

¿MAT-2? ¿Un nuevo cuerpo «glorioso»?

Y una dolorosa idea me cosió al cuaderno de notas. Tenía que preguntárselo. Y así lo hice.

—¿Es que has vuelto a morir?

Escuché una risa. Después, redondo, un «no» oxigenante y cicatrizador.

—No. -—repitió la «voz»—. Sigues sin prestar atención a lo que te digo. No puedes remediarlo y lo comprendo: no es la intuición la que vuelve a leer lo escrito, sino la diosa razón. Querido hijo: estas revelaciones no deben ser examinadas a la luz de la lógica y del raciocinio humanos. Esos no vuelan.

—Explícate. Soy todo intuición.

—Te lo adelanté: el Jefe no se repite nunca. La muerte es una puerta que sólo se abre una vez. Aquí, en los mundos «MAT» y en el futuro, cuando me sea otorgada la forma definitiva —la del espíritu—, la muerte no existe.

—Lo sé. Me lo dijiste. Sólo se trata de un «ascensor».

—Correcto. Un «mecanismo» natural para abandonar la carne. Pero aquí, no lo olvides, no vivimos una existencia como la tuya. MAT-1 es materia, sí, pero modificada. «Gloriosa.» Para continuar hacia el Padre tenemos otros «procedimientos...

—¿Cuáles?

—En los primeros «saltos» —¡qué palabra tan vulgar!—, para pasar, por ejemplo, de MAT-1 a MAT-2, el plan exige que el aspirante a Dios sea nuevamente adormecido. Sólo en los primeros MAT se pierde la conciencia. Después, según mis noticias, los sucesivos e innumerables «cambios» de forma se desarrollan de otra manera. Ya no es preciso que seas dormido.

—La muerte —según tú— también es un dulce sueño. No veo la diferencia.

—Pues la hay. Para poseer un cuerpo MAT-2 no tienes que ser resucitado. Ese, como te dije, es un momento único y espectacular. El avance hacia MA’f—2 requiere tan sólo una ligera transformación del cuerpo que me fue regalado en MAT-1.

—¿Sigues con el aspecto que tenias a los veinte años?

—Físicamente, sí. La modificación a la que me refiero es de otro orden. Pero no preguntes.

—Sí, lo sé. No estás autorizado.

—No es eso. Es que tu cerebro no lo admitiría. Tú, ahora, no puedes sospechar hasta dónde llega la imaginación del Padre.

—¿Lo intentamos? Algunos dicen que tengo mucha imaginación.

—Te pondré un ejemplo. Solo uno. Aquí, en MAT-2, el nuevo cuerpo me permite ver lo que antes no veía. Y sólo es una «rendija» de lo que me aguarda.

Una nueva gama de visión?

—Exacto. Tú, como sabes, sólo eres capaz de captar una ínfima parte del espectro luminoso. El ultravioleta, infrarrojo, etc., te están prohibidos. Aquí no. Aquí, mis ojos se maravillan ante un nuevo espectáculo. Aquí, en MA’f-2, veo al fin a muchas de las criaturas que están por encima de mí. cómo son?

—Lo siento, jovencito. No hay palabras. Es un pequeño anticipo de la otra realidad, la del espíritu.

—Está bien, volvamos a ese «salto». Te adormecen y., ¿qué ocurre? ¿Dónde «despiertas»?

—Ene1 mundo previsto en el plan: en MAT-2.

¿Distinto al primero?

—Eso he dicho. MAT—2.

—¿Y dónde está ese mundo?

—Muy cerca del que ya te describí.

—No entiendo. MAT-1 era un cuerpo físico, muy similar al humano. ¿Cómo has llegado hasta MAT-2? ¿También hay puente aéreo?

—La expresión no es mala. Cada cuerpo, en efecto, es transportado en ese estado de inconsciencia. Y una vez en MAT-2, como te decía, se procede a las «modificaciones» físicas pertinentes. Sólo entonces recobras el sentido.

—¡Un puente aéreo! ¡Me estás tomando el pelo!

—He dicho que la expresión no es mala. No empieces a sacar conclusiones equivocadas. Hay un transporte, sí, pero no como su— pones. Aquí lo llaman «enserafinar».

—¿Ángeles transportadores?

—Más que ángeles, jovencito.

—¿Y cómo lo hacen?

—¡Sorpresa! Cuando lo veas te quedarás con la boca abierta.

—Dame una «pequeñez», solo una.

—¡Ay, Dios!

—¿A qué velocidad se mueven?

—Pueden despegar a cuarenta y cinco kilómetros por segundo.

—¡Joder!

—Ésa es otra fra costumbre que también te será erradicada en MA’f-1. Aquí no hay «tacos».

—Perdón, me salid sin querer.

—¿Más preguntas?

—Miles.

—Pues selecciona. Mi «autorización» se agota.

—MAT-1, MAT-2. Y así, ¿hasta cuándo?

—Hasta que tu alma inmortal haya sido convenientemente entrenada para ingresar en la otra realidad, en la del espíritu. Hasta que tu inteligencia haya perdido todo vestigio de materialidad. Hasta que tu espíritu se vea definitivamente liberado. En cada <‘cambio», insisto, el cuerpo físico, aún conservando la forma primitiva —la humana—, experimenta una inexorable pérdida de materia, compensada por un incremento de la «sustancia espiritual». En suma: cuanto mayor sea el número de tu MAl, más cerca estarás del Padre.

—Tú vives ahora el MAT-2. ¿Cuántos calculas que te faltan?

—El plan establece unos pocos. Casi seiscientos.

—¿Y después?

—¡El espíritu! En mí ya no quedará un gramo de materia. Y volaré hacia Él.

—Recuerda que lo has prometido.

—¿Prometer? ¿El qué?

—Que me esperaras.

—No) yo no te esperaré. ¡Yo estaré!

—Por cierto, ¿falta mucho?

—Negativo. No estoy «autorizado»., y tú lo sabes. Además, después de lo que te estoy contando,¿te preocupa?

—Hombre. Lo decía, sobre todo, por organizarme.

—¡Qué pronto olvidas! Repasa, por favor, la última «conversación». ¡VIVE! ¡ Olvida la muerte! Ahora ya sabes lo que te aguarda.

—Sí, un «ascensor».

—¿Y desde cuándo te preocupan los ascensores? ¡VIVE, jovencito! ¡VIVE a tope! Son las órdenes del Jefe.

»¡Feliz VIDA en el AMOR!

 

REFLEXIONES

¡Sólo se muere una vez!

¡Gracias, Señor, por preferir la imaginación al poder!

¡Gracias por disipar tanta tiniebla interior e iluminarme

con el foco de la esperanza! ¡Gracias por ese pasaporte

Diplomático, el de la inmortalidad! ¡Gracias por crecer

conmigo, sin yo saberlo! ¡Gracias por hablarme de futuro,

cuando apenas conozco el presente! ¡Gracias por esta

vida, la primera, en la que has abierto mis ojos! ¡Gracias

por tocar cuanto me rodea y obsequiármelo! ¡Gracias por

el sufrimiento, ese colirio del alma! ¡Gracias por mis

errores, que permiten crecer al HOMBRE que me habita!

¡Gracias por mis hijos, la más grande señal de tu

confianza en mí! Y gracias también, Señor, en nombre de

los que no los han tenido. Todos ellos elegidos por ti para

cruzar otras duras «siberias» interiores.

¡ Gracias por esperar a que mi amor se escriba algún

día con mayúsculas! ¡Gracias por mis amigos,

tan leales y auténticos que sólo puedo contarlos

con los dedos de una mano!

¡Gracias, en fin, por mi padre, más tuyo, ahora, que mío!

¡Gracias, repito, Señor, por el «ascensor»!

 

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