VIVIR EL PRESENTE. PARA ESCAPAR DEL PRESENTE
Perplejo es poco. Cuanto más repasé la última «charla» más desconcertado me sentí. «Aquí, el poder, la posesión y el triunfo son aspiraciones ridículas.»
Quizá era otra de mis «pequeñeces», pero opté por aclararlo. ¿Qué clase de «sociedad» era ésa? ¿O no debía emplear la palabra «sociedad»?
Mi padre, puntual, entró en mí como siempre, por la puerta de atrás, la de la discreta y sigilosa intuición.
—Mi «sociedad», en la que ahora VIVO, es mucho más que una «sociedad». El término, por tanto, no es adecuado. La definición más certera sería «hermandad». El poder, la posesión y el triunfo tienen raíces humanas, casi animales. Cuando la inteligencia es depurada en MAT-1, eso se evapora. Y el AMOR lo sustituye con creces. ¿Has conocido alguna vez un AMOR que precise del poder para imponerse? ¿Sabes de algún AMOR que necesite acaparar riquezas o privilegios? ¿Qué AMOR se sostiene con los triunfos materiales? No, hijo mío, aquí nada es de nadie y todo es de todos. Aquí, el único «gobernante» es el AMOR. Él da, sostiene y controla.
—O sea, comunismo.
—¡No seas bruto! No embotelles al Jefe en los frágiles envases humanos. Esas ideas terrícolas son de usar y tirar. Aquí, en los mundos MAT, la armonía es permanente. Imperecedera. Cuando la experimentas, todo lo anterior se derrumba. ¿Puedes mencionar un solo sistema político que genere armonía y que sea medianamente duradero?
—Sabes que la política me aburre.
—No lo hay, jovencito. Y algún día, cuando tu mundo crezca y madure, esa «jungla» será sustituida por algo relativamente parecido a lo que ahora VIVO y disfruto.
—No me digas que los políticos, al fin, terminarán en el paro.
—Cuestión de tiempo. ‘u planeta también está destinado a VIVIR en la luz. Anota bien la profecía: llegará una época en la que los humanos habrán entendido el AMOR, con mayúsculas. Entonces, la sociedad tendrá otros objetivos y necesidades. Entonces, los hombres se llamarán «hermanos».
—Te veo muy optimista.
—La armonía es optimismo puro y duro. Además, tú no lo sabes, pero te estoy haciendo trampa. En MAT-2, mi presente juega a las cartas con el pasado y con el futuro.
—¡Ahora eres vidente!
—Respeta al «olvidado». Modera tu lenguaje.
—¡Perdón, mi querido Dios interior!
Insisto: ahora eres vidente.
—No exactamente, jovencito. Es mucho más que eso. Cuando cruzas la barrera de la carne, cuando inicias la gran aventura, el tiempo deja de ser un río que se mueve en una sola dirección. «Ellos» hacen el prodigio. En MAT, al rozar la Verdad, al abrazar tu «chispa» interior, al consagrarte definitivamente a la voluntad del Padre, la nueva criatura queda capacitada para «ver» en presente, hacia atrás y hacia adelante. Es otro «regalo» del Jefe. Una consecuencia automática de ese bello y benéfico propósito. Al desear hacer la voluntad del Padre, el tiempo pierde su rigidez. Un año o un millón de años no significa nada.
Los números se disuelven como la espuma marina. Tú, ahí, también puedes experimentarlo, en cierto modo.
—¿Yo?, ¿cómo?
—Prueba. Conságrate. Intenta que tu voluntad sea siempre la voluntad del Jefe y verás. Verás que, entonces, tu tiempo pierde las cadenas. Pierde hierro. Casi desaparece en tu horizonte interior. Verás que, entonces, al darlo todo, el tiempo deja de contar. Huirá como un ladrón en la noche. Ya no medirás los días por horas, sino por sensaciones. El tiempo, esa tela de araña que te aprisiona, continuará tejiendo, pero tú habrás volado. Presente, pasado y futuro serán entonces una sola cosa en la que podrás moverte mágicamente. Insisto: esa gran decisión —que tu voluntad sea la suya— te sacará del «río» para zambullirte en el «océano» de la eternidad.
—Una «pequeñez». ¿Tú, ahora, usas reloj?
—Ya veo que no has entendido nada.
—Pero ahí, en MAT-2, también hay «día» y «noche». Y eso, ¿cómo se mide?
—Comprendo. Ese tiempo físico al que te refieres —el «otro», el que ya no cuenta para mí— sigue fluyendo en los mundos MAT. Es el plan. El tiempo precedió a la materia y ahora todo lo no espiritual se des-liza por ese «tobogán» que arranca en la casa del Padre.
—No te distraigas. ¿Cuál es vuestra medida del tiempo?
—¿Lo quieres aproximado o exacto?
—Ya me conoces.
—Pues bien, aquí, un día equivale a setenta horas y cincuenta y seis minutos., de los tuyos.
—O sea, mientras tú VIVES un día, yo vivo casi tres.
—Sigamos siendo rigurosos. Tú no vives. Tú malvives.
—Eso es cierto.
—No te desanimes. Te estoy ofreciendo las claves para VIVIR y, sobre todo, para VIVIR sin tiempo.
—Repítelas, por favor. Soy muy torpe.
—Ponte en sus manos. Toma la gran decisión. Hazte «socio» del AMOR. Entonces comprobarás lo que ya te mencioné: el tiempo liberará tu corazón y lo verás discurrir, sí, pero como un extraño.
—Pero seguirá ahí, restando.
—No, hijo mío. Ése es el milagro del AMOR. Al madurar, al VIVIR, el tiempo se transforma en otra cosa: INFORMACIÓN. Y tus días, recuérdalo, no serán ya un angustioso «suma y sigue» hacia la muerte. Medirás cada jornada por lo que has VIVIDO. Por lo que has AMADO. Ése será tu verdadero «calendario».
—Interesante propuesta: VIVIR a tope el presente, para escapar del presente.
—VIVIR a tope el AMOR, sí, para huir de la esclavitud del presente. Fíjate en la gente inmadura, en aquellos que aún no han aprendido a VIVIR, ¿qué hacen? Desgarrarse con la impaciencia. El que AMA, en cambio, jamás tiene prisa. No lo verás consumirse en el peligroso «no tengo tiempo». Al que AMA, al que VIVE, jamás lo verás desteñido por el ácido de la mediocridad. El AMOR lo hace brillar y, lo que es mas importante, hace brillar a los demás. El que AMA, el que VIVE, sabe conjugar su trabajo con la sonrisa. Para el inmaduro, para el esclavo del presente, la sonrisa es un lujo. El que VIVE, el que AMA, camina por el sendero de las pequeñas cosas. Los otros, lamentablemente, ni siquiera caminan. Para el que AMA, para el que VIVE, lo sagrado anida en el interior. Para los súbditos del presente, lo sagrado se compra o se vende. El que AMA, el que VIVE, querido hijo, entenderá estas palabras. Los que son arrastrados por el «río» del tiempo ni siquiera sabrán de ellas.
—De momento.
—Dices bien. De momento. Veo que aprendes rápido.
—Tendré que repasar.
—Pero hazlo sin tiempo. Hazlo con AMOR.
»¡Feliz INFORMACIÓN!
REFLEXIONES
«VIVIR sin tiempo. Medir los días por sensaciones.»
Sí, tengo que probar.
Probaré el sabor de las miradas.
Probaré y tocaré al extraño.
Probaré y encerraré el trabajo en los corrales de lo justo y necesario.
Probaré el perfume del pan recién horneado.
Probaré a soñar a deshoras y jugaré al aro con las ideas.
Probaré y, aunque sólo sea una vez, me asomaré a la cara oculta de la Luna.
Probaré y miraré donde nunca me atreví a mirar.
Probaré y encenderé el alma en las tertulias que jamás pisé.
Probaré y mojaré los pies en la orilla de los demás.
Probaré el vino caliente de la opinión ajena.
Probaré y escucharé la música de los vientos.
Probaré a desnudarme y me ducharé con el buen humor.
Probaré a medir el tiempo con la vara sin medida del corazón.
Probaré, en fin, que puedo VIVIR sin tiempo.
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