«VOLUNTARIOS»

Es sorprendente. Mi padre, una vez mas, tiene razón. Estas «conversaciones» —o lo que sean— deben ser leídas tres y hasta cuatro veces. Quizá más. Y en cada lectura amanece algo nuevo. Algo en lo que no había reparado. Algo que estremece, que inyecta VIDA, que me obliga a levantar la vista hacia mí mismo, que dispara el optimismo, que me transforma, al fin, en un HOMBRE sin peso, en un HOMBRE-ESPERANZA.

Sorprendente, sí.

Y me pregunté una y otra vez: ¿será esto el cielo? ¿Será posible que, algún día, la Tierra deje de ser un infierno? Mi padre lo apunto: «. llegará una época en la que los hombres se llamarán «hermanos”».

La razón se resistió. Casi se burló de mí. ¿Un mundo anclado en la luz? Imposible. Tú suenas.

Pero la «voz» insistió:

—Es el plan. No dudes de mi palabra. La profecía se cumplirá. Él no falla en sus designios. Él no edifica para demoler.

—Tú lo has visto. Este planeta es un desastre. No tiene arreglo. Me parece que el Jefe se ha descuidado.

—Es lógico que pienses así. Tu perspectiva, ahora, no es más grande que la de un cangrejo. Prueba a preguntar a ese cangrejo qué sabe de sí mismo o de las estrellas.

—¿Me estás llamando cangrejo?

—Y tú, al Jefe, descuidado.

—¿Cómo interpretar entonces el dolor, la miseria y la injusticia?

—Te lo repito: es el plan. Sencillamente, te falta información.

—¡Pues vaya plan!

—No seas irreverente y atiende.

—Creo que no me vas a convencer.

—Ni lo pretendo. Las revelaciones no son dadas para convencer, sino para vencer. Sólo te invito a que reflexiones. El AMOR, como siempre, hará el resto.

»Atiende, pues. En la creación material, en los millones y millones de mundos en los que florece la vida, «ellos», los que trabajan para el Padre, han establecido —digámoslo así— dos grandes divisiones: los planetas «normales» y los «experimentales». Los primeros —¡qué difícil es aproximarme a tus conceptos!— son «dulces». Son lugares en los que la vida se desarrolla sin grandes conmociones. Los segundos responden a otros objetivos. ¿Cómo explicarte?

—Te entiendo. Vas muy bien.

—En éstos, en los mundos «experimentales», «ellos» ensayan para «prevenir». Ensayan las enfermedades, las guerras, el odio, los desequilibrios sociales, la injusticia y hasta las catástrofes naturales. Todo tiene un «por qué», sabia y minuciosamente calculado. Y esas «lecciones» son trasladadas después al resto de los mundos del tiempo y del espacio, evitando así sucesos y situaciones que no deben registrarse en esa parte de la creación.

—¡Un mundo «laboratorio»! ¿Eso somos?

—Sí, un planeta especial. Muy especial.

—Entonces es peor de lo que imaginaba. Dios consiente el mal.

—Negativo. También la muerte parece un mal y, ya ves, sólo es un sueño.

—No entiendo. El Jefe, con su prodigiosa imaginación, podría evitar esos mundos «laboratorio». ¿Qué necesidad hay de «ensayar» el dolor?

—Nunca juzgues. Y menos a Él. La creación tiene un sentido. Él, aunque no lo creas, VIVE en la materia lo que no puede VIVIR en su esencia. Los mundos del tiempo y del espacio «llenan» y «satisfacen» la «niñez», la «madurez», la «ancianidad» y la «humanidad», en definitiva, que nunca tuvo.

—Demasiado complejo para mis pobres neuronas.

—En efecto. Ésa es otra historia. Una historia que empezarás a comprender al «otro lado», cuando la perspectiva no sea la de un cangrejo. Pero confía. Todo tiene un «por qué», tan sabio como equilibrado.

—También es mala pata. Millones de planetas «dulces» y nos toca la china, un mundo « experimental».

—¡Ojo, querido cangrejo! Sigue fallándote la información.

—¿Qué insinúas?

—Que no estás ahí por azar. ¿Cuántas veces tendré que repetírtelo? La casualidad no existe. Ésa es otra deficiencia humana. Pero no voy a insistir en el asunto. Sé que preparas «algo» al respecto.

__¡ Cotilla!

—¡Cangrejo!

—Está bien, abre los ojos de este cangrejo. ¿A qué te referías al decir que no estoy, que no estamos aquí por azar?

—Lo que voy a revelarte es mucho y, al mismo tiempo, poco. Mucho porque —eso espero— aliviará una de tus grandes dudas. Y poco porque, aun siendo MAT-2, no dispongo de toda la información. Otras dudas, por tanto, seguirán flotando en tu mente.

—¡Adelante! Últimamente VIVO de «pellizcos».

—Lo que sé, lo que ahora sé, es que en los mundos «laboratorio» sólo ingresan «voluntarios».

1Arrea! ¿Yo, un «voluntario»? ¿En este valle de lágrimas? Entonces estoy más loco de lo que suponía.

—No, jovencito. Eres más audaz de lo que imaginabas.

—Explícate.

—Digamos que en el instante «cero» de tu existencia —antes de partir de la casa del Padre, antes de que Él te imagine—, se te da a elegir: una vida «sin tropiezos», una vida en un mundo «normal», o una experiencia extrema en una de las esferas llamadas «experimentales».

—¿El instante «cero»? Y eso, ¿qué es?

—Recuerda que mi camino hacia el Padre acaba de empezar. Ése, como otros muchos misterios, será resuelto «en su momento». Acéptalo, sencilla y dócilmente.

—¿Y por qué iba a elegir un planeta tan cruel y despiadado? ¿Qué ventajas tiene esa increíble decisión?

—Tantas que no podría enumerarlas. Ahí, en tu mundo, en el que fue mi primer mundo, te brindan la oportunidad directa —sin filtros— de conocer, experimentar y VIVIR lo más duro que pueda darse en el tiempo y el espacio. Ahí le das la mano a la soledad. Y sabes de su frío tacto. Ahí te bañas, una y otra vez, en el dolor. Y pruebas su acidez. Ahí, en ese «laboratorio», te enfrentas al miedo y recibes sus cornadas. Ahí tendrás que moverte en la oscuridad de la ignorancia y soportar sus continuos derribos. Ahí te harán cruzar océanos de injusticia y te ahogarás en ellos. Ahí beberás el desamor y te sentirás morir. Ahí, hijo mio, llenarás los depósitos del alma con el precioso combustible de la misericordia, de la generosidad y de la honradez.

—¿Y de qué sirve todo eso?

—Para enriquecerte. Para VIVIR más y mejor. Para «atajar» terreno. Para probarte a ti mismo. Para llegar aquí., más hecho, más HOMBRE.

—En otras palabras: yo elijo, yo «firmo», yo doy el «sí» a lo que será mi vida en la carne.

—Así es, pero obviamente, al aparecer en tu mundo, esa valiente decisión queda borrada. Si lo recordaras, si lo supieras, tus acciones no serían las mismas y quedarían «descafeinadas». Es el valor químicamente puro.

—Creo que empiezo a comprender. Eso sí explicaría, por ejemplo, el nacimiento de los niños subnormales.

—¡Bingo! Ellos, previamente, han «firmado», como tú dices. Y te aseguro que el ejemplo es inmejorable. Esas audaces criaturas son la admiración de todo lo creado. Esos hombres y mujeres, encarcelados voluntariamente en la más penosa de las «prisiones», son héroes. Son lo más hermoso, sagrado y edificante que puedas encontrar en la carne. A partir de ahora, cuando los contemples, arrodilla tu alma. Son los favoritos del Padre.

—Una vida diseñada y aceptada previamente. ¡Dios santo!, ¡estoy rodeado de héroes! ¿Cómo no me había dado cuenta?

—Te lo dije: falta de información, querido cangrejo.

—Ahora entiendo también el cruel Destino de hombres como Christopher Reeves.

—¿Quién?

—«Superman», el actor. De pronto, en mitad de una brillante carrera cinematográfica, fue a caer de un caballo y quedó paralítico. ¡Otro héroe!

—Sí, jovencito. Y observa algo más. Además de VIVIR y experimentar esa situación límite, «Superman» es ahora un admirable ejemplo de tenacidad, optimismo y superación. Él no lo sabe, pero está colaborando —¡y de qué forma!— en la construcción de un mundo más humano. Ahora sí es un verdadero «Superman».

—¿Y todos «firman»?

—Es la Ley. Cada cual en su momento histórico y en su lugar geográfico. «Firman» por una semana o por cien años. «Firman» el triunfo o la mediocridad. La soledad de un monasterio o el tumulto de una metrópoli. La esclavitud de la ignorancia o la brillantez del genio. «Firman», incluso, hasta el momento y la forma de morir.

—¿Y tú?

—Yo, igual que los demás. Elegí y firmé lo que ya conoces. Una vida anónima, amarrada al trabajo, sujeta a la voluntad de los otros. Todo un ejercicio de sacrificio y disciplina.

—En otras palabras: objetivo cumplido.

—No, jovencito. Siempre te quedas corto. Yo también fui un cangrejo. E infinitamente más torpe que tú. Por eso estoy aquí, hablando contigo. Por eso insisto una y otra vez: ¡VIVE! Y hazlo con la luz que yo no tuve. Eres un «voluntario». Acepta lo que el Destino te marque. No lo rechaces. Recuerda que lo has «firmado». No te rebeles contra ti mismo y mucho menos contra Él. VIVE a tope la experiencia que has seleccionado. Si el triunfo no llama a tu puerta, olvídalo. Señal de que no lo «firmaste». Si vives en el desamor, acéptalo. Eso fue lo «pactado». Si tu trabajo es árido, no desfallezcas. Contémplalo desde esta nueva perspectiva. Estás experimentando». Si la pobreza te acompaña como un perro fiel, no maldigas tu suerte. Ésa, precisamente, es tu suene. Si la fortuna, en cambio, duerme a tu lado, no te vanaglories. Despierta y utilízala como palanca para mover el mundo. Si ves morir a los tuyos, no clames a los cielos. Ellos también fueron «voluntarios». Si la enfermedad te consume, bendice al Padre y resiste. Tu «elección» fue «hasta el límite de mis fuerzas». Si vives, en fin, en la oscuridad, sí ni siquiera sabes por qué vives, deja que la oscuridad te cubra. De ahí saldrá la luz.

»¡Hazte «socio» del Destino!

»Si lo miras así, querido hijo, tendrás que reconocer que la vida y el mundo sí tienen sentido.

—Esto ha sido un escopetazo. Dame tiempo. Necesito pensar.

—¡Felices reflexiones, héroe!

 

REFLEXIONES

¡Vivo rodeado de héroes!

Debo pedir disculpas. Disculpas infinitas.

No lo sabía, pero el necio también «firmó» su necedad.

No lo sabía, pero el pobre nació para «enriquecerse y enriquecerme».

No lo sabía, pero el malvado —al «firmar»— ya no es mi enemigo.

No lo sabía, pero el mudo —más héroe si cabe— habla por sí solo.

No lo sabía, pero el ciego «firmó» para «ver» mucho más que yo.

No lo sabía, pero los míos —al «elegir»— me honraron antes de nacer.

No lo sabía, pero el autista, ahora, me aventaja un millón de años.

No lo sabía, pero —al «firmar»— los ricos eligieron una pesada carga.

No lo sabía, pero ahora, afortunadamente, lo sé: los «Down» no son hombres. Son ángeles.

No lo sabía, pero lo intuía: mi padre, como tantos, fue un héroe en la sombra.

No lo sabía, pero pediré perdón uno a uno.

Héroe tras héroe.

 

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