SEGUNDA PARTE
Hoy, 10 de abril de 2003, jueves, casi nueve meses después, el buen Dios sigue mudo. Yo, al menos, no le escucho. Y sigo esperando. De la relación de fallos, ni una palabra. La lista debe ser tan agotadora que habrá optado por olvidarla. Comprendo y le perdono. Aunque, pensándolo bien, quizá no me expliqué. Si no recuerdo mal, aquella madrugada, con la muerte trapicheando en la UCI, solicité una lista (por escrito) de mis errores.
Si Él tenía a bien prorrogarme la vida, servidor estudiaría la relación y enmendaría el rumbo. Empeñé mi palabra (lo único medio sagrado que poseo). Pero, como digo, la lista con los fallos no termina de llegar. Me asomo al correo, al teléfono y a mi canal favorito (el de las «señales»), pero Dios se resiste. Sé, positivamente, que estaba allí y que escuchó mi súplica. Por eso, después de mucho meditar, he tomado una decisión. Él, bien lo sé, ha cumplido su parte. Pues bien, no me aprovecharé de su bondad. Seré yo quien se ocupe de esa lista de errores.
Yo mismo me escribiré y -lo juro- seré implacable. Mucho más que el bondadoso Dios. Él no sabe de esas cosas. Quizá, por eso, no responde. Sí, eso debe ser... .
Lo dicho. Aquí empiezan las cartas a un idiota [con información de primera mano]. Idiota, sobre todo, en el sentido original del término; es decir, el que carece de conocimientos y autoridad en una materia. En mi caso, especialmente, en la materia de la vida.
Manos a la obra...
10 de abril de 2003«BEBE» SENSACIONES Y VIVIRÁS
Querido idiota:
Han discurrido más de diez minutos desde que, animoso, me puse a escribirte. Diez minutos en blanco. Diez minutos en los que he comprendido que el profano o idiota soy yo. ¿Es que no has cometido errores en la vida? ¿Por qué me cuesta tanto arrancar? ¿No será que estoy malinterpretando esa vida? Sea como fuere, déjame que prosiga. Lo he prometido. De algo estoy seguro: hay asuntos en los que no has VIVIDO (con mayúsculas, como a ti te gusta). Sí, olvidemos la palabra «error». Es penosa y llena de «erres» (es una palabra cuesta abajo). Yo haré memoria por ti y te iré recordando en qué negocios no has sabido VIVIR. Después, naturalmente, tú sabrás qué hacer. . .
Desde tu despacho veo la mar. Hoy desciende las escaleras de las olas sin prisas. Parece adormilada o cansada. Trae a sus hijos (el poniente y el levante) de la mano y peleados. La tienes aquí mismo, rompiendo blanca y festiva contra el hierro de tu vieja «olivetti», pero tú no la ves. Te falta tiempo. «¡Dime en qué he fallado y cumpliré!» ¿Recuerdas tu miedo y la angustiosa petición en la UCI? En eso no has VIVIDO. VIVIR es sumar el tiempo, nunca quemarlo. Dedica el tiempo a sumar. Sobre todo sensaciones. La mar (tu segundo amor) está ahí, pendiente de los ojos de tu corazón. «¡Déjame vivir y VIVIRÉ!» Bien, estás vivo, te han prorrogado el «contrato». ¡VIVE, pues! Colma tu herido corazón con el licor de la emoción. Eso es lo primero y casi lo único. El dinero y el qué dirán son contrabando. Alijo que distrae, enreda y molesta. ¿Quién puede orquestar ese desfile marino bajo tu ventana? ¿Conseguirías el verde de la mar con dinero o con horas extras? «¡Dime qué debo VIVIR y así será!» Permíteme que te corrija: ¡Dime qué debo BEBER y así será! ¡BEBE la vida como surja! ¡BEBE sensaciones y VIVIRÁS! BEBE, ahora, tu segundo amor, porque después, quizá, como bien sabes, no habrá después.
Éste, insisto, ha sido un mal «negocio». Raras veces has VIVIDO (aunque parezca increíble). Y recuerda: sólo de eso «te» pedirás cuentas (ni siquiera de eso, me atrevo a anunciarte). Dejemos ese tema para otro momento. Por cierto, tu amigo Joaquín Ibarra tiene razón: «No hay nada (NADA) que no se pueda dejar para mañana.»
11 de abril de 2003
AQUELLA REVELACIÓN...
Querido profano:
(He tachado lo de idiota. Así, al pronto, me ha parecido que podías no entenderlo.)
Hoy quiero hablarte de lo más importante que te ha sucedido en la vida (de momento). Importante no es sinónimo de grave (olvida, pues, el trance de la muerte). Me refiero a «algo» (sé cómo te fascinan las comillas) valioso o de especial interés. Ocurrió hace algún tiempo. Tú casi no recuerdas ese momento, aunque también sé que lo tienes anotado. Lamentablemente lo escribes todo...
A lo que iba. Un día -porque así está escrito- recibiste una revelación. La palabra no tiene buena prensa, lo sé, pero es la menos mala. Te llegó como la lluvia mansa: sin aparente principio y sin final. Te dejó tan perplejo -caló tan hondo en el supuesto arenal de tu vida- que llegaste a retar a Dios. En realidad lo haces casi a diario. Y Él, ante el asombro de propios y extraños, te respondió y de qué forma. Si Dios tiene favoritos, tú eres uno de ellos. (Tienes la capacidad de distraerme a cada instante. No era por ahí por donde quería avanzar.) ¿Y qué decía esa revelación? Permíteme que abra las escotillas de tu memoria. Más-menos: «La Tierra es un mundo especial. Experimental o laboratorio», dices. Aquí cabe todo. Tres dimensiones normales y una cuarta llamada locura, arte, heroicidad o maldad químicamente pura. Aquí, las reglas del juego no son reglas. Son apuestas. Y cuantos lo habitáis lo hacéis por propia voluntad. Nadie ingresa en tu mundo sin un consentimiento y una «firma» previos. Ésa fue parte de la revelación, ¿recuerdas? Para Dios (y su «gente»), una apuesta. Para ti, un segundo nacimiento (el verdadero). Ahora sabes por qué y para qué. Sin embargo, querido idiota (lo siento), tu afán por gritar esa información privilegiada te está sumiendo en la incomprensión y, lo más terrible, en la soledad. Grave error. No planifiques, no edifiques, no destruyas por o para los demás. Recuerda: cada cual tiene su oportunidad y su «contrato». Te han regalado una atalaya para que descubras y disfrutes, no para vocear a cuantos pasan. De eso ya se ocupan otros. Has percibido (de lejos) el vuelo raso de la verdad (la verdad no está en lo alto). Bien. Disfruta de ello. No te sientas culpable. Dios apuesta fuerte, sí, y tu deber es jugar. El mundo no está al revés (aunque lo parece). Ocuparse de sí mismo es, precisamente, empezar a ocuparse de los demás. El resto son monsergas (parte de las apuestas). VIVE, pues, en paz contigo mismo y no te abrumes macheteando la selva de los otros.
12 de abril de 2003UNA JOVENCÍSIMA VERDAD
Queridísimo idiota:
La presente, como verás, es lógica consecuencia de la escrita en el día de ayer. Al recibir aquella revelación (como era de esperar), una cierta Verdad empezó a germinar en tu interior. Tú la has cuidado y protegido y ahora cimbrea ya con los vientos de tus dudas. La observas a diario y te desconcierta y maravilla (a partes iguales). Sabes (ésa es una de las funciones de toda revelación) que has sido bendecido con una parte de la Verdad. Hasta ahí correcto. Lo malo -tu error-empieza al pretender obtener fruto de dicha pequeña-gran Verdad. Las Verdades (la Verdad única no existe) no están hechas para satisfacer a otros. Ellas son la mismísima satisfacción. Por eso no debes perderte en el laberinto de las exigencias o de las imposiciones. Si los humanos pudieran dominar o poseer las Verdades, la esperanza sería una mentira. No te atormentes, por tanto, aguardando unos frutos que no existen. La pequeña-gran Verdad que ha florecido en tu espíritu no te hará más fuerte, ni más sabio, ni más rico, ni más feliz. No caigas en la equivocación de tantos: la Verdad no suma derechos. La Verdad (tan jovencísima en el huerto de tu herido corazón) es (a veces) un espejo. Sólo eso. Y hazme un favor: levanta la vista y echa una ojeada a tu alrededor. Comprobarás que cada ser humano tiene un pequeño huerto y, en él, una jovencísima y cimbreante Verdad...
12 de abril de 2003VIVE HOY, NO MAÑANA
Querido idiota:
Recuerdo muy bien tus palabras en la UCI: «Si me concedes una prórroga te prometo (me prometo) VIVIR.» Estoy pensando que deberías escribirlo cien veces en el encerado de tu memoria. Pero no serviría de nada. Ni siquiera estas cartas, como un «bypass» de urgencia, servirán de mucho. Pero yo, como tú, me limito a cumplir órdenes...
¿Cómo puedes prometer lo que no conoces? ¿Quieres VIVIR, con mayúsculas? ¿Y qué es para ti VIVIR? ¿Hacer girar las miradas hacia tu «yo» magnético? ¿Abrir nuevas cuentas corrientes en el qué dirán? ¿Poseer para desposeer? ¿Brillar para cegar? ¿Babear en los territorios de cartón piedra de la gloria humana? ¿Derramar adrenalina para desteñir los colores de tu vida?
VIVIR no es lo que supones, querido profano en la materia. VIVIR (yo te enseñaré) es el signo «más» (+) en lo más pequeño. VIVIR es experimentar en el laboratorio del sentido común, nuestro amo y señor, aquí y ahora. VIVIR es VIVIR. Nada más y nada menos. Y es así porque después, cuando mueras, no VIVIRÁS: (VIVIRÁS)2. Será otra experiencia (no ésta). No pienses, por tanto, en quimeras. VIVE ahora, no mañana. VIVE por y para las «PGC». ¿Qué son? Mañana te lo explico...
13 de abril de 2003LAS «PGC»
Querido idiota:
Las «PGC» son el remedio a tu mal. «Dime qué debo vivir -clamabas en la oscuridad de aquel 26 de julio- y así será.» Ésta es la respuesta: practica el deporte de las «PGC». ¿Qué son? Te lo explicaré con unos hechos ocurridos hace 1.368 días. Todo ha sido extraído de uno de tus cuadernos de campo. Todo minuciosamente, como a ti te gusta.. .
«14 de julio del año 1999. Miércoles. La vida de Thor, mi pastor alemán, está llegando al final. Han sido 14 años de hermosa compañía. Mi primer perro... »
«Toda la mañana para cavar una fosa. Estoy destrozado... »
«A las 19 horas, el veterinario se dispone a sacrificarlo. Thor se tumba junto al profundo agujero. Me mira y entiendo su mirada. Es un "adiós" y un "te quiero". Yo también...»
«Sostengo su cabeza. Se va en silencio, tal y como vivió. No hay reproches en sus ojos negros. Sólo la vida, alejándose, aleteando...»
«19.15 horas. Se ha ido definitivamente. Pido que me dejen solo. Quiero enterrarlo. Primera palada. Segunda, tercera. Las lágrimas me tienden una emboscada. Es una derrota anunciada. Pero, ¿cómo es posible que llore por un perro? Hace diez días enterré a mi padre y no derramé una sola lágrima...»
«Me refugio en la mar, como siempre. Ella no pregunta. Sólo mira, como Thor. Pero yo sí necesito respuestas. ¿Hay cielo para perros? Dios lo sabe. Y le reto...»
«15 de julio. Jueves. Compro dos rosales podados hasta las ingles. Nadie conoce el color de sus rosas. Ésta será la "señal": si hay cielo para perros, los rosales deberán florecer en blanco. Rosas blancas (mi debilidad con el Cristo sevillano del AMOR)...»
«19 horas. Planto los rosales "anónimos" sobre la tumba de mi perro. Esta vez sin lágrimas. Dios está muy cerca. Sabe que no hago trampas (hoy). Le veo recoger el guante (le encantan estos desafíos)...»
«Un mes después llega la "señal" de Dios: «Sostengo su cabeza. Se va en silencio, tal y como vivió. No hay reproches en sus ojos negros. Sólo la vida, alejándose, aleteando...»
«Un mes después llega la "señal" de Dios: los rosales se abren en ¡rojo! No hay cielo para perros...»
Fin de la historia. Una historia, querido idiota, que contiene, al menos, cinco «PGC»: cinco «pequeñas-grandes cosas». Cinco «salvavidas». Veamos:
1.ª El afecto (por Thor) te hace cavar una tumba (un pequeño-gran esfuerzo, según).
2.ª Sostienes la cabeza de tu fiel compañero y le ayudas a morir (un pequeño-gran esfuerzo, según).
3.ª Lágrimas al sepultarlo (un pequeño-gran esfuerzo, según). Si la memoria no me falla han transcurrido algo más de 1.300 días. ¡1.300 días sin volver a llorar!
4.ª Te asomas a tu interior (¿hay cielo para perros?: un pequeño-gran esfuerzo, según).
5.ª Él responde (físicamente) (un pequeño gran esfuerzo, según).
«Pequeñas-grandes cosas», sí: la vida eterna en el cuenco de la mano. ¿Recuerdas?: el signo + (más) en lo más pequeño. Ése es el secreto. «Dime qué debo vivir y así será.» Te lo estoy diciendo: VIVE por y para las «PGC». Déjate vencer por tus propias lágrimas. Nunca son derrotas, como tú crees. Consume toda tu inteligencia y vigor en la aparentemente fugaz hoguera de las pequeñas-grandes cosas. Busca el calor del ahora. El mañana y el después son fuegos en tu imaginación (fuegos fríos). Sobre todo, juega con Dios (agótale). Sus bolsillos están llenos de «señales» que casi nadie reclama. Practica las pequeñas-grandes cosas y harás jaque mate al idiota.
PD: Mientras escribo estas líneas, Blanca, tu mujer, ha descubierto una hermosa rosa roja (y solitaria) sobre la tumba de Thor. Otra «PGC».
15 de abril de 2003
UN PINCEL ENTRE LOS DEDOSQuerido idiota:
Me lo temía. Eres tan «profanus» (estás tan fuera del tiempo) que necesitas un manual para descubrir qué es una pequeña-gran cosa (« PGC»). Has vivido tanto que no sabes por dónde empezar a VIVIR. Te has movido a tal velocidad que las cosas, para ti, sólo son pasado. El detalle, el perfil, la sal, el alma o los claroscuros no son (con suerte, para ti, todo eso será). Yo te ayudaré. Yo marcaré el territorio de cada pequeña-gran cosa y tú anidarás sobre ella. Y lo harás, no como profano, sino como buzo de tu propio tiempo. Las «PGC», justamente, existen merced al tiempo (el que tú eres capaz de «congelar» para tu uso particular).
Pero vayamos a lo concreto, a la desnudez de las cosas. Ayer, sin ir más lejos, en Cantabria, mientras enterraban a Fernando Calderón, tu «miguel ángel» personal, varias pequeñas-grandes cosas fueron a posarse sobre tu espíritu. Pero, lastimado, lógicamente, no reparaste en ellas. Yo pasaré las páginas de tu endeble memoria:
Primera «PGC»: en la casa de las hijas, en El Bosque, te reúnes, finalmente, con el cadáver. Alguien, que piensa también en las pequeñas-grandes cosas, le ha colocado un pincel entre los dedos. Es la imagen que perdurará. Ésa, en efecto, es una «PGC». Una imagen viva que te ha hecho VIVIR como nunca. Ése es el sentido de cuanto trato de explicarte, querido idiota o profano en la difícil materia de la vida. «Déjame vivir y VIVIRÉ», ¿recuerdas?
Segunda «PGC»: Beatriz, una de las hijas, recita en el funeral unos versos de San Juan de la Cruz. «Muero porque no muero...» La voz abre la madera de los recuerdos y caen como árboles heridos sobre familiares y amigos. En el silencio te has rebelado. Tú lo has visto. Lo has visto primero entre la gente: un Fernando Calderón más sobresaliente e interminable que nunca. Un Fernando ¡bailando y divertido! Después, un Fernando abrazando a Bea y a su dolor. Y te has rebelado porque nadie parece verlo. Nadie «ve» que sigue (físicamente) VIVO. Es una pequeña-gran cosa que has guardado igualmente en la caja fuerte del «nadie me creería». No importa, querido idiota. Poco importa que nadie te crea. Lo realmente interesante es que, por espacio de unos segundos, has VIVIDO. Y en esas imágenes (tan físicas y reales como la del pincel entre los dedos) está parte de la Verdad (la que tú alimentas en el pequeño huerto de tu herido corazón). La clave, como ves, no es que las cosas sean grandes o pequeñas. La clave es que deben ser pequeñas y grandes a la par («PGC»).
16 de abril de 2003
ABLANDABREVAS
Querido idiota:
Sigo con el catálogo de pequeñas-grandes cosas, otra especie en extinción en la reserva de tu vida. Los «negocios» pendientes...
Te veo a diario con el puño del alma en alto. Protestas por todo y por todos. Cometes un nuevo error. Mejor dicho, el error de los errores (¿hay algo peor que un convoy de «erres»?). Si un día, como sabes, te regalaron un atajo («aquella revelación»), ¿por qué vivir con el molesto lastre de seis «erres»? Si sabes que tu mundo es un laboratorio, ¿por qué sublimar lo obvio? Eso, en mi pueblo, se llama ser ablandabrevas. ¿Por qué arrojar gasolina al experimento? Si conoces el porqué, ¿a qué viene sumar otros «porqués»? Sigue el consejo: firma la paz con el silencio. El mundo no va a cambiar porque maldigas o critiques. No seas un abencerraje de lo absurdo. VIVE el silencio (la más dura gimnasia del alma).Practícalo, en especial cuando nadie lo practica.
Pero, si esto no fuera suficiente, entonces, querido idiota, penetra en el sanctasanctórum de tu «yo» y dale la vuelta. Colócalo al revés. ¿Qué aspecto tiene? Muy distinto, claro está. No es el «yo» de cada día. Ahora, el Norte habitual es el Sur, más cerca, naturalmente, de la nada. Ahora, con el mapamundi de tu «yo» boca abajo, no existe la razón de la sinrazón. Los océanos de tus dudas necesitan nuevos nombres. Los territorios de tu existencia son irreconocibles. ¿Como era arriba es abajo? Incluso las certezas, como los ríos y palabras, corren en otras direcciones. Es un «yo» contracorriente (hoy no se lleva). (Deberías saber que un «yo contracorriente» es lo más indicado para transferir energía.) Es un «yo» VIVO (lo que necesitas).
Lo dicho: empieza la nueva dieta del silencio. En dos telediarios notarás un saludable cambio. Y lo que es mejor: descubrirás que los demás existen. Es otra «PGC».
A una mala, como te decía, si esta pequeña gran cosa es pelo de mal peinar, entonces prueba con el mapamundi del «yo». Un «yo» boca abajo es colgar una jaula de pájaros en tu corazón, ¿recuerdas?
PD: Si tienes dudas consulta con el doctor Manolo Molína «Molí»). Él sabe cómo darle la vuelta a un mapa.
18 de abril de 2003
ALGO MEJOR QUE LA CONFIANZA
Querido idiota:
Hablando de telediarios, déjame que abunde en otro «negocio» en el que tampoco has brillado con luz propia y que viene siendo fuente de muchos de tus quebraderos de cabeza. Llevas más de cincuenta años aceptando dócilmente cuanto ves, cuanto escuchas y cuanto lees, Nuevo fracaso. En este mundo, tal y como te fue revelado, todo cabe, incluyendo a los mentirosos crónicos (sus corazones son tan mediocres y atocinados que no son capaces de decir una verdad aunque les beneficie). Guárdate, pues, de los apóstoles, de las banderas, de los dioses prefabricados, de los ejes del bien y del mal, de las apariencias, de la ciencia rasante y de la rectitud estudiada. Es hora ya de que te sacudas el polvo de tanto falso amigo. No temas. Empezarás a VIVIR cuando descubras que todos te abandonan (empezando por ti mismo.)
Es bueno vivir en la confianza (tú lo has practicado), pero es mejor VIVIR (es decir, vivir en la realidad). La realidad de un planeta «laboratorio», como sabes: hervidero de mercachifles y chiquilicuatres. No tienes más remedio que vivir entre ellos, sí, pero aprende a colocar a cada cual en su sitio.
19 de abril de 2003
ENEMIGOS Y FROTA ESQUINASQuerido idiota:
Dios tenía razón. Es tal la lista de errores que has ido sumando en estos 56 años que no hay forma de cuadrar la vida. Son tantos los vicios, y tan enredados, que casi prefiero saber de ti por los espejos de la casa. Pero no quiero lamentarme. Prometí escribirte y lo haré, aunque uno de los dos perezca en el empeño. No se trata, querido profano, de herir o de arrodillar tu alma como lo haría un cara de badajo. Mis cartas sólo pretenden estimularte y, de paso, encofrar lo prometido en la UCI. Y ya que menciono a los otros idiotas (los cara de badajo), permíteme subrayar uno de tus más clamorosos errores, una tarántula que anida en tu inteligencia y que envenena por el gusto de envenenar. Me refiero a esa inclinación tuya (no sé si natural) a embestir cualquier rojo y de cualquier enemigo. No has aprendido a distinguir. Hay enemigos y frotaesquinas. Los primeros sí merecen tiempo y respeto. Son los únicos que desenfundan en tu presencia y siempre de cara. Son los menos. Son enemigos en la batalla dialéctica y en el cuerpo a cuerpo del alma, sí, pero jamás traicionan. Los otros son vagos, tramposos y necios. Su mediocridad no les permite ver más allá de su yo de plomo. Gustan autoproclamarse «justicieros», «racionalistas» y «defensores de la verdad». Su única «justicia» es prevaler (no importa el veneno o la jauría utilizados en la traición). Su «razón» es negra, como el poder al que sirven. En cuanto a la «verdad», jamás la conocieron. Son eunucos mentales, siempre cortejando a otros, tan mediohombres como ellos.
No, querido idiota, no pierdas tiempo y energías con los frotaesquinas. El silencio, una vez más, es la mejor guillotina contra semejantes fuleros. Deja que suban y bajen por su propia codicia. Son ratas de estercolero.
Estás equivocado: el que calla no otorga. Si te fijas, esa conclusión (el que calla, otorga) procede siempre de un mediocre.
20 de abril de 2003
MILONGASMi muy querido idiota:
Una de las ventajas de escribir para nadie es que, amén de colgar los puntos y comas en los ventanales de mi calle principal, puedo permitirme el lujo de no rendir cuentas. Ni siquiera a ti. Hoy te hablo sin las cadenas del tiempo. Mañana puede que sin tiempo. Puedo soñar la omnipresencia del espacio o hacerme peregrino en cada universo de bolsillo de las pequeñas-grandes cosas. Soy libre (creo), al fin. Por eso estoy capacitado para aconsejarte. Un día (yo también) tuve la mala fortuna (?) de caer del caballo de lo establecido. Y la Verdad me pisoteó. Mala suerte, sí, porque la Verdad no es lo que venden. Si te alcanza quedarás ciego para el mundo. Es como el rayo. Si te alcanza te harás uno con él. Brillarás con plenitud, pero en soledad. Muy pocos tendrán la capacidad de verlo. La mayoría nunca lo sabrá. Y tú (yo) tendrás la mala fortuna de vivir libre y solo.
Moraleja: los que poseen parte de la Verdad no figuran en el «hit parade» de los santos, ni de los influyentes, ni tampoco de la historia. Tal y como te explicaba, sencillamente, son tanto que no son (la luz no sabe que juega a ser luz).
Moraleja (2): No pierdas el tiempo corriendo detrás de este o de aquel maestro. Los únicos que han sido tocados con la varita mágica no son (no viven) como tú imaginas. No te rindas, por tanto, ante el canto de sirenas de cruces o medias lunas. Los que dicen tener autoridad moral, justamente, son los inmorales. Las batallas entre el bien y el mal no existen. Son decorados, oportunamente removidos por los frotaesquinas de turno. El mal, querido idiota, es un depredador (siempre bajo el agua). Si acertara a mostrar sus fauces en el exterior moriría inexorablemente. El mal sólo existe en los zoos humanos. Forma parte del experimento. Tampoco hay guerreros de la luz, ni batallas celestes, ni victoriosos o ángeles caídos. Eso son parches en la frente de los incautos. Los «maestros» (?) que pregonan semejantes milongas van siempre acompañados por su abogado. ¿Por qué será?
En suma: si en verdad quieres VIVIR empieza por lustrar tus propios pensamientos. Aprender a dudar (cada día) es permitir que uno de los rayos, de una de las Verdades, te fulmine.
21 de abril de 2003
LUZ + LUZ = OSCURIDAD
Mi querido idiota:
Veo que no has comprendido. Para ti, caer del caballo de lo establecido es una suerte. Para mí, en cambio, fue un «Damasco» en negro (luz más luz...). Tuve la mala fortuna de ser despabilado por la Verdad (una de ellas, supongo). Desde entonces, desde aquella revelación, nada es igual. No quiero tampoco que embarulles las ideas. Mis palabras no son cometas estresadas. A cada cual lo suyo (sólo así podrás VIVIR). La Verdad (cualquiera de ellas) no es buena, ni mala, como tampoco lo es el sistema (lo establecido). Lo malo de perder la virginidad con la Verdad (con cualquiera de ellas) es que, de inmediato, quedas deslumbrado por sus encantos y ninguna otra volverá a catapultarte a lo más alto de ti mismo. Durante segundos (ni eso) serás (te sentirás, diría yo) el lazarillo de la luz y la yedra del hidrógeno y del oxígeno en el agua.
Planearás a voluntad sobre las voluntades y contarás (a manos llenas) las monedas de oro del «ahora lo sé». Durante décimas de segundo (ni eso) estarás presente (a la vez) en los infinitos agujeros negros que custodian el aprisco de Dios. Serás todo y parte. VIVIRÁS la magia de nadar en el tiempo y de secarte con el espacio. Te sentirás (serás) otro Dios-Creador (¡bienvenido a la nómina divina!) con una súbita eternidad en las palmas de las manos. Durante centésimas de segundo (ni eso) AMARÁS tanto que cada átomo de ti mismo parirá otro Dios-Creador (y vuelta a empezar). Serás, sencillamente, otra genial carambola en la mesa de billar de la creación. Pero ese abrazo es tan breve (ni eso) que mata al nacer. Después, cuando el rayo sólo es un sentimiento intraducible o una página de la memoria, entonces, querido idiota, nada es igual. Cuando ella no está, cuando no la posees, todo a tu alrededor es un eco. Comprendes, sí, pero en soledad. Soy libre (creo), pero estoy solo. Más aún: la Verdad (cualquiera de ellas) no te hará libre. Esa frase -como tantas- ha sido escurrida en beneficio de los de siempre. La Verdad, querido profano en la materia, al menos aquí, en tu mundo, no hace libre a nadie. La Verdad aparta. Y hasta que vuelvas a reencontrarla serás el TODO en mitad de la nada.
Como ves, tengo cierta razón al lamentar mi caída de lo establecido. Toma, pues, buena nota: reza para que la Verdad (cualquiera de ellas) te seduzca lo más tarde posible.
23 de abril de 2003¿QUÉ HAGO YO AQUÍ ARRIBA?
Querido idiota:
Comprendo tu agitación. Has hecho una promesa pero no sabes cómo satisfacerla. De pronto, alguien más veterano empieza a desmontar hitos y mitos (los tuyos). La Verdad, por ejemplo, es una amante poco recomendable (ahora). Y te preguntas como el equilibrista borracho: «¿Qué hago yo aquí arriba?» No temas. Todo está previsto (incluso ese naufragio personal). La vida no es lo que parece (hasta que caes del alambre). Después, al precipitarte en la duda, la vida es lo que es: puro ensayo, puro ir y venir de intenciones, inteligencias descarriladas, botarates uniformados que pliegan a su antojo mapas de hombres y países, falsas verdades (en púrpura, negro o azafrán) disfrazadas de dogmas y príncipes de luz que se encarcelan en la carne por el puro placer de experimentar. La vida, en fin, es lo que es: una caldera en la que muy pocos saben por qué hierven (con un resultado siempre excelente, al final del serpentín). I
Y te preguntarás: si (ahora) nada es lo que parece, ¿cómo puedo ser feliz, cómo intentar VIVIR, cómo cumplir mi deuda? Sólo conozco una respuesta: VIVIR al margen de la Verdad (cualquiera de ellas) VIVIR (me veo obligado a insistir en ello) tampoco es lo que se vende en el exterior. VIVIR (te lo dije) es, sobre todo, experimentar, siempre de la mano de tu verdadero padre en la Tierra: el sentido común. VIVIR es regresar a la lejana patria de la niñez, a los universos hechos canicas de las pequeñas-grandes cosas (¿recuerdas?). VIVIR puede ser parte de la Verdad (cualquiera de ellas), pero nunca es la Verdad (químicamente pura). Ésa o ésas son criaturas tan lujosas que su sola posesión significa la ruina (ahora). Puedes cumplir tu palabra, VIVIENDO. Y es hora ya -creo- de entrar en detalles. Pero, antes, permíteme un matiz. VIVIR no significa ser feliz. VIVIR no es acertar. Conviene enderezar el concepto. Ser feliz no es la meta, querido idiota. La felicidad es una consecuencia, un matiz que te hace brillar brevemente. Eso es VIVIR. No explores, por tanto, donde no debes. Deja que la felicidad te sorprenda cada día. Dios es un salteador de caminos y despoblados interiores. No temas. Él, de pronto, casi de puntillas, embozado en el azar, te roba lo aparentemente grande y te obliga (a volver) a lo pequeño. Te obliga a VIVIR de nuevo. No puedes ser feliz si no VIVES, aunque (recuerda) el objetivo de VIVIR no es la felicidad. VIVIR es una llave. Es al abrir la nueva puerta (al experimentar) cuando el fugaz rayo de luz de la felicidad puede sorprenderte.
24 de abril de 2003UN LOMO DE METAL
Querido profano en casi todo:
Te decía ayer que es hora ya (creo) de descender a los detalles. Puedes cumplir tu palabra, VIVIENDO, sí, pero cómo. ¿Cómo se VIVE sin dejar de vivir? Llamemos a la puerta de don concreto. Es la mejor forma de aprender. Él hablará por mí...
Ayer sucedió algo que te hizo vivir de forma intensa (diferente): VIVIR en suma. Fue un día amenazado desde el principio por la tristeza. «Él» se iba. Mejor dicho, tú lo desterrabas. Tu viejo automóvil hacía su último viaje. Antes de partir hacia ese territorio de «nunca jamás», en el que ingresan las cosas (?) queridas, «él» se quedó a solas contigo y te miró en silencio. No hubo parpadeos, ni ráfagas de súplica, tampoco reproches intermitentes. Fue una repetición de la lenta agonía de Thor, tu pastor alemán. Entonces, comprendiendo, acariciaste el lomo de metal y acertaste a susurrar un « lo siento». Fue suficiente. Parte de tu alma escapó por los dedos e inmortalizó lo que sólo era una máquina. Ahora podía desaparecer en paz. Con ese sentimiento derramado, tu anciano coche no es sólo un grato recuerdo. Es parte de tu particular cielo, al que va todo lo que merece la pena. Él vivió (y te hizo vivir) 478.869 kilómetros. ¡Más de quince veces la vuelta al mundo! Era justo, pues, que lo compensaras con una caricia. Y tú, querido idiota, merced a ese espontáneo sentimiento, sacaste los pies del barro de la rutina y tuviste la oportunidad de VIVIR. VIVIR, con mayúsculas, sin dejar de vivir. Experimentar la tristeza, aunque sólo fuera por un amasijo de hierros (tú y yo sabemos ahora que la voluntad humana, si quiere, viste y calza a los sueños o llama por su nombre a los hermanos inanimados). Experimentar, como te dije. Ésa es la combinación secreta para abrir la caja de caudales de las sensaciones. Experimentar = VIVIR. Experimentar gracias a las pequeñas-grandes cosas. Gracias a unos dedos sobre un lomo de metal y a la tristeza, la cenicienta que te empeñas en ignorar. Como habrás comprobado, esa tristeza (en el momento adecuado y en dosis razonables) es un vasodilatador de la vida. Te acelera. Te hace sentir vivo. Te recuerda que, sobre todo, eres humano. Es decir, bellamente imperfecto. Abraza, pues, a la tristeza cuando llegue. Es una experta en despedidas. Deja que haga su trabajo. Permite que se instale momentáneamente en tu herido corazón. Cuando desaparezca comprobarás (y comprobarán) que eres un poco mejor.