Fotograma de la serie "Planeta Encantado" del bautizo de Jesucristo en el río Jordán.

La Pasión: así no fue

La manipulación de la historia en la película "La Pasión de Cristo" es lo que J.J. Benítez cuestiona en la primera entrega de su serie sobre los grandes misterios de la Humanidad. Acusa a Mel Gibson de falta de rigor.

He tenido la precaución de contemplar, por dos veces, la película La pasión de Cristo. Algunas personas, conocedoras de mi interés e investigaciones sobre la figura de Jesús de Nazaret, me han preguntado sobre la supuesta objetividad del filme. "Así fue", resumió Juan Pablo II su impresión sobre dicha película. Eso, al menos, es lo que se ha dicho. Pues bien, tras examinar el trabajo de Mel Gibson, he quedado desconcertado ante el grado de manipulación al que ha llegado el amigo Gibson. No estoy juzgando, obviamente, la dirección cinematográfica. Desde ese punto de vista, La Pasión me parece una película impecable, con algunas escenas memorables.

  

Imagen 2: Un "lepton", moneda romana en tiempos de Jesús.     Imagen 3: Un judío ortodoxo.

Me refiero a la manipulación a la hora de dibujar la historia y sus personajes. Trataré de sintetizar lo que he visto:

1. Mel Gibson no es justo. La muerte de Jesús de Nazaret no fue responsabilidad de los judíos. La decisión final fue de los romanos. Ciertamente, algunos sacerdotes, saduceos, escribas y fariseos se las ingeniaron para acusar y acorralar al Maestro, pero, como digo, no fueron los únicos responsables. También sus íntimos y discípulos traicionaron y abandonaron al Galileo. En las escenas del prendimiento, en Getsemaní, sólo aparecen los levitas (la policía del Templo), olvidando a la patrulla romana que también acompañó a Judas. Una policía judía, por cierto, que no estaba autorizada a portar espadas.

2. Mel Gibson no es riguroso. Poncio Pilato, el gobernador de la Judea, no fue un cobarde. Si el director se hubiera documentado mínimamente, sabría que la ruina política de Poncio Pilato se debió, precisamente, a su crueldad y audacia. El lavatorio de manos no fue lo que ha trasmitido la tradición religiosa. Aquella maniobra recibía el nombre de "lustratio" y era administrada, única y exclusivamente, por determinados sacerdotes de la religión romana. Tenía el sentido de exoneración espiritual y se practicaba con las personas que habían tenido relación con el derramamiento de sangre, fueran o no responsables. Sólo un loco o un blasfemo, como Poncio Pilato, podía tomar la iniciativa y proceder, por su cuenta, a dicho lavatorio.

                               

Imagen 4: Rezos en el muro de las lamentaciones.     Imagen 5: Sobre estas líneas, imagen de la Sábana Santa de Turín.

3. Mel Gibson no es sincero. Él sabe que las torturas fueron muchas más de las que ha contado. Ejemplos: en el filme no aparece el proceso de "hematidrosis" o extravasación de sangre en el sudor, que dejó la piel muy frágil. Este fenómeno tiene su origen en el miedo o en el estrés (huerto de Getsemaní). Jesús recibió, al menos, 120 latigazos (el triple de lo que presenta la película). El Maestro soportó un casco, no una corona de espinas. Cargó un madero ("patibulum"), amarrado a los hombros y brazos, nunca una cruz completa. En este aspecto, la visiones de la alemana Ann Catherine Emmerich, que sirvieron de documentación a Mel Gibson, no tienen la menor base histórico-científica. Jesús no fue clavado por las palmas de las manos sino por las muñecas (el peso hubiera desgarrado los tejidos). Tampoco los pies fueron apoyados en el trozo de madera que presenta Gibson.

El Hijo del Hombre tuvo que tomar el aire necesario para respirar valiéndose, justamente, de los clavos que lo cosieron al "patibulum" y al madero vertical ("sti­pe") que permanecía fijo en el lugar de ejecución. Ese violento esfuerzo a la hora de respirar provocó la tetanización de las piernas, inutilizándolas en cuestión de minutos. De haber dispuesto del madero bajo los pies, la agonía habría sido mas. suave y dilatada. En cuanto a la lluvia. provocada por la lanzada, sin comentarios... Comprendo y admito que cada cual trate de contar la vida de Jesús de Nazaret como lo estime oportuno, siempre y cuando se ajuste a un mínimo de rigor. La vida del Maestro de Galilea es todavía uno de los grandes enigmas de la historia y no necesita diablos, serpiente y paranoias al estilo Gibson. 

FOTOS: IVÁN BENÍTEZ

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