Los esenios esperaban a un Mesías sacerdote y libertador.

Jesús y los esenios

Hay quien mantiene que el Hijo del Hombre fue educado en la comunidad de Qumrám. Nada más falso.

   En los últimos tiempos he leído, visto y escuchado muchos despropósitos sobre Jesús de Nazaret. Al parecer son modas. Pues bien, una de las más tenaces y carente de rigor es la que pregona que Jesús era un esenio. Se ha escrito mucho sobre el particular, afirmando sin rubor que el Galileo fue instruido en la comuna de Qumrán, a orillas del Mar Muerto y que de dicho monasterio partió, en definitiva, para predicar su evangelio. Los que esto afirman, obviamente, no han estudiado la vida de los esenios y mucho menos sus complejas normas o reglas comunitarias. Yo sí lo he hecho y he encontrado veintitrés grandes diferencias entre los pensamientos de uno y de otros. Veamos algunas de las más interesantes:

Los esenios (así aparece en su obra Rollo de la guerra) creían en la guerra santa y se preparaban para ese momento. Jesús de Nazaret fue lo opuesto a la violencia.

Los hombres de Qumrán eran la derecha de la derecha religiosa, en clara oposición al culto y al templo de Jerusalén. Esta fue una de las razones por la que se exiliaron en el Mar Muerto. Jesús, sencillamente, no tomó partido por nadie, aunque acató el culto establecido.

Vista del mar muerto, desde el monte Nebo.

Los esenios se retiraron al desierto. Jesús jamás estuvo en el desierto. Tras el bautismo en el Jordán, el Hijo del Hombre permaneció cuarenta días en el mibdar, una zona cercana a la ciudad y que se utilizaba como lugar de pasto del ganado.

La comunidad de Qumrán estableció una normativa interna de auténtica pesadilla. El Maestro jamás dictó normas.

Los esenios se regían por el calendario solar. Jesús, con toda probabilidad, practicó el lunar (354 días), al igual que el resto de la comunidad judía. .

En el Rollo de Cobre, los esenios proporcionan pistas sobre un gran tesoro que no ha sido hallado. A Jesús jamás le interesaron esas riquezas.

En otra de las obras escritas por los esenios -el Rollo del Templo- se explica cómo debe ser el nuevo Templo de Israel.

Jesús nunca predicó la necesidad de un nuevo templo.

Los esenios se consideraban elegidos. Sus principios teológicos sobre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas estaban fundamentados en la supremacía racial del grupo. Para Jesús de Nazaret, todos los hombres son iguales (físicamente hermanos).

Los monjes de Qumrán jamás se dirigían a Dios como Padre ("Ab-bá"). Hubiera sido una blasfemia. "Ab-bá", en cambio, es la palabra más utilizada por el Maestro.

El nacimiento de Jesús de Nazaret no pudo ocurrir en diciembre.

Los esenios esperaban a un Mesías que debía jugar un doble papel: sacerdote y libertador político. Jesús no fue ni lo uno ni lo otro.

Los esenios creían en el regreso de un Maestro de Justicia. Si Jesús hubiera sido identificado como dicho personaje, ¿lo hubieran dejado morir?

Para ingresar un Qumrán se exigía un doble periodo de prueba. En total, dos años. Jesús nunca puso a prueba a sus discípulos.

Los esenios no admitían a enfermos y lisiados. Jesús de Nazaret era, justamente, lo contrario.

Una vez superado el periodo de prueba, el nuevo esenio se hallaba sujeto a la autoridad del Consejo, a las reglas establecidas en el manual, al criterio de los sacerdotes, etcétera. Nada de esto sucedió con Jesús.

Los esenios evitaban las relaciones con los gentiles, en especial con los romanos. Jesús se mezcló con todos.

En la comuna de Qumrán estaba prohibido untar el cuerpo con aceite y cambiar de vestido y de calzado. Sin comentarios.

"Ab-ba" (padre) es la palabra más utilizada por el Maestro.

Los esenios concedían una especial importancia a la astrología. Que yo sepa, Jesús nunca se pronunció sobre el particular.

   Para Qumrán, el final de los tiempos era inminente. Y así lo reflejan en sus escrituras. Cuando el Hijo del Hombre fue preguntado sobre el final de los tiempos, la respuesta no debió gustar a los esenios: "Salvo el Padre, nadie sabe sobre ese día..."

    Lo dicho: pura moda...

 

Fotos: IVÁN BENÍTEZ

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