Huaco elaborado hace 2.000 años, en el que se aprecian dos alas sujetas al cuerpo por sendas correas.

Hombres alados en Perú

Las piedras de Ica, extraídas del desierto de Ocucaje, ponen sobre la mesa un nuevo misterio: ¿sabían volar los hombres de hace 2.000 años?

Más de una vez me lo he preguntado: ¿quién tenía la capacidad de volar en la antigüedad? Oficialmente, nadie. A lo sumo, las aves. Eso es lo que afirma la ciencia. Yo, sinceramente, después de lo visto en las pinturas rupestres de medio mundo, ya no estoy tan seguro. Fue en una de mis visitas a la ciudad de Lima cuando, supuestamente por casualidad (?), fui a tropezar con otro vestigio que me hace dudar. En una de las vitrinas del museo Larco Herrera puede contemplarse una figura de barro difícil de explicar satisfactoriamente. Se trata de un hombre, con alas. ¿Hombres alados en el viejo Perú? Aquel huaco, como otros descubiertos en diferentes museos y colecciones, había sido elaborado hacía 2.000 años. Pertenece a la cultura mochica y en él se distinguen dos alas artificiales, perfectamente sujetas al cuerpo con sendas correas.

                

Basilio Uchuya, recientemente fallecido.

Para los arqueólogos no existe tal misterio. No se trataría de hombres "con alas", sino de mensajeros. Es decir, individuos encargados del transporte de mensajes. La pregunta es elemental: si solo se trata de un símbolo, ¿por qué se molestaron en grabar el correspondiente arnés? De haber querido simbolizar la rapidez o la velocidad, el artista, obviamente, habría prescindido de semejante detalle técnico. Así ocurre, por ejemplo, con el dios Mercurio, representado en la vieja Europa como un joven desnudo con alas en los pies. Unas pequeñas alas que, naturalmente, no precisan de correas o atalajes porque, como digo, son una representación simbólica. Y otro tanto podría decirse de los ángeles etruscos, pintados, a cientos (siempre sin arnés), hace casi 3.000 años. Más aún: si los antiguos peruanos no estaban capacitados para practicar el vuelo, ¿no será que estos huacos, y las imágenes que aparecen en los no menos célebres mantos de Paracas, son el recuerdo de unos seres que sí podían hacerlo? ¿El recuerdo de unos dioses que sobrevolaron el Perú y que marcaron la memoria de los primitivos pobladores? ¿Fueron los hombres alados quienes diseñaron y ejecutaron el candelabro de Paracas? ¿O fue trazado por los indígenas como un homenaje a los dioses? ¿Dioses astronautas? Quién sabe...

 

El desierto de Ocucaje es el lugar de donde se extraen las famosas piedras de Ica.

Piedras labradas. Y en ese mismo país, Perú, fui a encontrar otro dato que me dejó igualmente desconcertado. Al sur de Lima, en la ciudad de Ica, tuve la fortuna de conocer a un médico que me mostró algo asombroso: más de 11.000 piedras grabadas, pertenecientes, al parecer, a una cultura desconocida. En muchas de esas rocas, desenterradas, según el doctor Javier Cabrera Darquea, en los cercanos desiertos de Ocucaje, pude contemplar las figuras de otros seres, supuestamente humanos, cabalgando a lomos de enormes pájaros mecánicos. Las rocas en cuestión, de todos los tamaños, aparecen grabadas con incisiones y altorrelieves de gran belleza. Javier Cabrera llevó a cabo análisis de la pátina de dichas piedras, confirmando en 1968 y 1969 que se trataba de incisiones de gran antigüedad. Posteriormente, una vez fallecido Cabrera, tuve la oportunidad de acompañar a los nativos de Ica hasta el citado desierto de Ocucaje, asistiendo con sorpresa a la extracción de nueve de estas piedras grabadas. Basilio Uchuya, el indio que me acompañó, me aseguró que "quedan miles de piedras por rescatar de aquellos ardientes arenales" .

 

Grabado de un "humano" sobre un pájaro mecánico en una piedra de Ica.

He aquí otro de los grandes enigmas por resolver. Para la arqueología, las piedras grabadas de Ica sólo son una falsificación. Para otros, en cambio, entre los que me encuentro, no todo está tan claro. No cabe duda de que hay piedras falsificadas, elaboradas por los indígenas de la zona, pero no es menos cierto que muchas de esas rocas nunca pudieron ser imaginadas siquiera por los incultos y analfabetos indios de Ica. La ciencia, una vez más, niega por sistema.

Fotos: Iván Benítez

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