6.
EL CUENTO DEL LOBO
Como decía, hay otros casos ovni en los que naves o tripulantes presentan ese
mismo «emblema», en forma de «H» o de «X», al que acabo de referirme. No se
trata de reseñarlos en su totalidad. Mi intención, como habrá adivinado el lector,
es otra. Si el asunto «Ummo» fue un invento humano, ¿cómo explicar esa veintena
de encuentros, algunos anteriores a 1967, en los que los testigos dan fe de la
presencia de la misteriosa «H»? Y algo más: ¿cómo es posible que personas tan
alejadas en el tiempo y en la geografía puedan coincidir en los detalles? En
1960, en Dinamarca, el testigo que vio a los seres los describió exactamente
igual que lo harían en Canadá, Australia y España algunos años después: seres de
pequeña estatura (alrededor de un metro), con trajes de color verde, con algo
similar a una «H» en el pecho, con movimientos lentos (como si flotasen) y
«peceras» o cascos en las cabezas. ¿Se pusieron de acuerdo los testigos? Es obvio
que no. Ninguno de ellos se conocía entre sí. ¿Y qué decir de la sensación de
calor experimentada por los observadores en Polonia y España? ¿Casualidad? Como
ya he mencionado en otras oportunidades, no creo en el azar...
¿Seres de pequeña estatura, «como niños»? ¿No fue esto lo que vio la india quechua,
en el altiplano boliviano? ¿Qué relación podía existir entre
los «ummitas» y estas criaturas de un metro de altura? Si no recuerdo mal, en
las cartas, supuestamente extraterrestres, se describe a los citados «ummitas»
como individuos altos y rubios (de aspecto nórdico). Algo, en efecto, no
encajaba en este endemoniado rompecabezas...
Reconozco que no fue agradable. No voy a disimular.
Conociendo lo que conocía, y después de haber reunido tan considerable bagaje
informativo sobre naves y tripulantes con la célebre «H», mis conversaciones con
José Luis Jordán Peña fueron un suplicio. Como ya referí, desde 1993, fecha en
la
que decidió
autoinculparse como responsable del fraude «ummita», he mantenido numerosas
entrevistas con Jordán, todas ellas en su domicilio en Madrid. E insisto: no fue
sencillo, ni tampoco agradable. Jordán es un mentiroso patológico. En mi caso,
al menos, no resulta cómodo comprobar cómo un individuo va cambiando de criterio
y modificando los hechos conforme transcurren los meses y los años. Ésa, en
definitiva, fue mi táctica: interrogar a Jordán Peña sobre los mismos asuntos,
pero dejando pasar cuatro o cinco meses entre charla y charla. Los resultados
fueron catastróficos (para él y para cuanto sostiene, naturalmente). Hoy, diez
años después del inicio de estas conversaciones, estoy más convencido que nunca:
Jordán ha mentido tanto y a tantos que nada de lo que pueda decir es creíble. Me
limitaré a exponer una síntesis de algunos de los temas tratados con él, bien
personalmente o por escrito. Entiendo que el lector sacará sus propias
conclusiones...

ASUNTO
«AUTOINCULPACIÓN»
En dos cartas a
Rafael Farriols (abril de 1993), Jordán afirma que «Ummo» es un mito creado por
él. Fue un experimento científico, dice. «Me decidí a contar mi versión de los
hechos, atosigado por la propaganda contraria. Sobre todo en Francia.» Algún
tiempo después, Jordán Peña explicó que la auto inculpación tuvo su origen en la
secta Edelweis. «No me gustó que unos homosexuales jugaran con mi símbolo» (se
refiere a la «H» de «Ummo»). Posteriormente me ofreció una tercera versión: «He
hablado sobre "Ummo" cuando el tema fue desclasificado por los norteamericanos.»
Sin comentarios.
ASUNTO ClA
En un primer
momento (1993), Jordán afirmó que «el invento sobre "Ummo" fue cosa suya, única
y exclusivamente». Meses después, al proponerle que escribiéramos conjuntamente
un libro sobre «Ummo», Jordán Peña cambió de criterio. En una larga carta me
decía textualmente:
«...Ante
todo, me reservo algunos puntos que mantendré o no secretos porque atañen a una
institución de Estados Unidos... Ya que no estoy seguro de sobre cuáles debo
guardar cautela es por lo que he evacuado con fecha 21 de marzo de 2000 una
consulta para comprobar las cuestiones desclasificadas [...] Aunque pueda
parecer que mi postura obedece a una subordinación de un agente
("quemado"
en el argot de la Agencia), te repito que
no soy, ni he sido
un
subordinado en nómina, de la Central Intelligence Agency (ClA). Es decir, un
agente
de los
muchos que tiene repartidos en el mundo. Ello no implica que
sí: He sido un
colaborador más.
Te lo aclaro
porque ha pasado tiempo y porque mentirte en cuestión tan delicada resulta
superfluo e inútil [...] La Agencia es como una masa amorfa y gigantesca (como
un pulpo viscoso) donde, analizando sus múltiples actividades, se pueden
encontrar partes muy buenas y casi excelentes y otras que apestan tanto que
producen horrible repugnancia [...] Valorarla en su totalidad es con certeza
tarea imposible. Tanto que ni el fallecido William J. Casey, que fue uno de los
controvertidos directores de la CIA, probablemente no fue capaz de dominar los
complicados entresijos de un Estado dentro de un Estado como EE. UU. Esta
afirmación quizá pueda extrañar a un observador poca avezado [...] Centrando
nuestro tema: la Agency (además existen ciertos organismos cuasi-independientes
de Inteligencia reservada)
no es,
como parece a
los profanos fantasiosos,
sólo
una central de
espionaje exterior e interna y con unos departamentos capaces de analizar la
política foránea y otros capaces de elaborar la modificación social (Dpto. de
Propaganda) que modifica y manipula profundamente las actitudes políticas y
económicas del público [...]
Sino también
(y es
importantísimo)
una sección de
estudios profundos en las áreas de epistemología, psicología social,
informática, antropología cultural, redes estructurales, electrónica espacial,
etc. Estas actividades, aunque independientes, se engarzan de alguna manera con
las usuales de Información y de la NASA [...] Ésta, repito, es la razón por la
que no
soy agente,
ya que mi
colaboración fue precisamente en esta "área" para la cual no tiene sentido tener
repartidos en el mundo agentes pagados. Esto me permite hacer una crítica acerba
o rigurosa con plena libertad a determinadas actividades (por ejemplo, en el
caso Pinochet, un pobre enfermo sádico y criminal) en la que tomó parte la Agency
y al alimón el depuesto presidente federal: Richard Milhous Nixon [...] Si fuera
lo contrario, te lo confesaría lisa y llanamente, ya que mis actividades han
cesado a causa de mi trombosis (soy evidentemente un paralítico). Repito: he
colaborado (como muchos) con la Agencia, que ha aportado varias docenas de
millones de pesetas (no de dólares) al proyecto. Y nada más. Un relato sucinto o
más extenso creo que es necesario incluirlo en el libro, salvo que se oponga la
Institución...»

Carta
de
Jordán Peña a Rafael Farriols, en la que asegura que se decidió a contar su
versión de los hechos, «atosigado por la propaganda contraria».
Esta confesión de
Jordán (aceptando que diga la verdad) (?) no me sorprendió. Todos cuantos nos
hemos interesado por el asunto «Ummo» hemos pensado en la hipótesis de la CIA
como uno de los posibles autores o colaboradores en el supuesto fraude. Como es
perfectamente sabido, la Agencia Central de Inteligencia investiga y reúne
información ovni desde 1949, intoxicando y mintiendo sin cesar. Naturalmente, al
volver a verlo, me interesé por la respuesta de la CIA a la solicitud de Jordán
Peña, evacuada, según él, el 21 de marzo de 2000. Jordán respondió
afirmativamente. «La Institución USA [en referencia a la CIA] me ha contestado.
Dice que no hay inconveniente. Podemos escribir el libro...»
Al solicitar
una copia de dicha carta, Jordán se negó. Ni siquiera permitió que la leyera.
¿Existe dicha carta de la CIA? Lo que está claro es que Jordán Peña mentía, una
vez más. Según una carta que obra en mi poder, en octubre de 1998, Jordán escribía
a Luis Jiménez Marhuenda, anunciándole que «desde abril de 1997 tengo
autorización para ampliar algunas notas que den amplia información de mis trabajos».
Si Jordán tenía autorización (se supone que de la CIA) desde 1997, ¿por qué me
dice que ese permiso llegó en 2000?
Y
los inventos,
mentiras y contradicciones se sucedieron sin el menor pudor...
«A finales de
1965 puse en marcha mi proyecto: observar
y
analizar las
reacciones de un determinado grupo social ante la hipótesis de una presencia
extraterrestre. Así nació "Ummo". Fue un experimento de carácter antropológico
religioso...»
Jordán, entonces,
decidió enviar dicho «proyecto» a dos antropólogos norteamericanos que -según
él- rechazaron la idea como algo carente de ética
y
de especial
peligrosidad por su claro contenido paranoide. El siguiente paso fue la CIA.
Jordán declaró que se puso en contacto con la «Institución USA» y en ese mismo
año 1965 recibió en Alicante la visita de dos «personalidades académicas norteamericanas:
un doctor del Instituto de Tecnología de Massachusetts (experto en termotecnia)
y
un doctor
ingeniero por la Universidad de Illinois». Cuando me interesé por la forma de
«contactar» con la CIA, Jordán Peña se negó a proporcionar detalles. Y uno,
lógicamente, se pregunta: ¿era tan sencillo contactar con la «Institución», como
la define Jordán Peña eufemísticamente? Obviamente, surge la duda (otra más):
¿era Jordán Peña, en 1965, un colaborador o agente de la CIA? Según sus propias
palabras, diez años atrás, hacia 1956, Jordán formó parte de los servicios de
inteligencia de Fe Católica, una organización de la Compañía de Jesús. «Me
propuse estudiar las sectas
y
para ello
colaboré con los jesuitas en tareas de espionaje contra la heterodoxia de la
doctrina verdadera.» En suma: llovía sobre mojado...

Desde 1956, Jordán Peña formó
parte de los servicios de espionaje de Fe Católica, según sus propias palabras.

«Era extraño ver cómo unos
hombres adultos y presumiblemente cultos se dejaban engañar por unas doctrinas
erróneas. Fue así, en 1956, cuando me propuse entrar sigilosamente en los
Pentecosteses», me confesó Jordán Peña.
De esa novelesca
(?) reunión en la playa de San Juan, en Alicante, a finales de 1965, con los dos
«académicos de la CIA», nació -según Jordán- el «experimento científico»
propiamente dicho. La CIA se hizo cargo y subvencionó el proyecto proporcionando
hombres y medios. «La operación se llamó «U W W». Al preguntar el significado de
las referidas siglas, Jordán se encogió de hombros. No lo sabía
(!).
Ésa, al menos,
fue su respuesta...
Naturalmente
pregunté por el dinero aportado por la CIA.
Y
lo hice en
diferentes ocasiones. Debo reconocer que, en este caso, las respuestas de Jordán
Peña fueron siempre las mismas: «La Institución corrió con todos los gastos: más
de setenta millones de pesetas.» En otras palabras, si Jordán dice la verdad
(?), esos setenta millones podían equivaler, en aquellos tiempos (1966) a unos
quinientos o seiscientos millones de pesetas del año 2000. «Yo me encargaba de
distribuir el dinero -dice
Jordán-, a razón de quinientas o seiscientas mil pesetas por mes, según las
necesidades.» Cuando pregunté a cuánto ascendía su remuneración, Jordán Peña
sonrió, dando a entender que él cobraba más. Por supuesto, en dinero negro...
Las cuentas, obviamente, no salían. Si el fraude «ummita» se prolongó durante
veintisiete años (entre 1966 y 1993) (?), ¿cómo entender que los colaboradores
percibieran alrededor de medio millón de pesetas mensuales? A este ritmo, los
supuestos setenta millones se habrían agotado en poco más de un año, suponiendo
que Peña hubiera «trabajado» con diez colaboradores. El problema es que, a la
hora de preguntar sobre dichos colaboradores, el ínclito Jordán tampoco acertó.
En algunas conversaciones habló de dos o tres «amigos y colaboradores». En
otras, elevó el número a quince y, finalmente, lo redujo a diez. Como ya
mencioné, la vieja táctica de interrogarlo cada cinco o seis meses fue demoledora.
Yo lo apuntaba todo, conforme él hablaba, y repetía muchas de las preguntas en
las sucesivas entrevistas. El resultado es elocuente: mentira tras mentira. Al
preguntar a los «colaboradores y amigos» de Jordán Peña sobre el dinero pagado
mensualmente, todos, sin excepción, lo negaron indignados. Uno de ellos -Vicente
Ortuño-, al que me referiré más adelante, definió la situación con una enorme
plasticidad: «Jordán Peña hace de la mentira un deporte.»
«La mayor parte
de ese dinero -prosiguió Jordán- estaba destinada a Alemania. Quizá un sesenta
por ciento.» (La situación seguía empeorando. Ahora, con esta nueva información,
los setenta millones de pesetas quedaban reducidos a treinta.) Las explicaciones
de Jordán me dejaron perplejo: «...La Institución USA utilizó las cartas "ummitas"
para encriptar información y remitirla sin peligro a sus agentes infiltrados.
Sólo se trataba de mensajes extraterrestres. ¿Quién podía imaginar que, en una
letra o en un signo de puntuación, pudiera esconderse una información secreta?
Así, los envíos «ummitas» viajaron a Rumania, Francia, Alemania (el verdadero
objetivo de la CIA, según Jordán), Italia, Argentina, Brasil y Chile. Estados
Unidos y Portugal fueron eliminados del «experimento». Al preguntar por qué,
Jordán Peña guardó silencio. «Estoy autorizado a revelarte que, en esos años,
los envíos (cartas "ummitas") fueron los siguientes: más de sesenta a Rumania;
más de doscientas a Alemania; unas diez o doce a Francia y alrededor de treinta
o cuarenta a España. Que yo sepa, sólo se han hecho públicas las cartas dirigidas
a ciudadanos españoles.» (La afirmación ha sido ratificada, hasta cierto punto,
por Ignacio Darnaude,
uno de los grandes estudiosos del caso «Ummo». Según Darnaude,
entre 1966 y 1994, los «ummitas» dirigieron 172 documentos a un total de 34
españoles, con un volumen aproximado de 1.148 páginas.) Si Jordán se ajustara a
la verdad (?), la explicación de los mensajes encriptados resolvería otra gran
duda: ¿por qué no han salido a la luz los documentos o cartas «ummitas» escritos
en otros idiomas que no sea el castellano? Lamentablemente, las palabras de
Jordán Peña no son fiables. Nada más formular la teoría de los mensajes
encriptados, en uno de sus habituales gestos, se echó atrás, afirmando que «durante
un tiempo, ésta fue la respuesta más verosímil. Después comprendí que la Institución
me estaba engañando...».
Insistí,
pero fue inútil. Jordán
no volvió
a hablar sobre los supuestos agentes de la CIA infiltrados en Alemania, Rumania,
etc. ¿Decía la verdad? Yo me siento incapaz de pronunciarme al respecto. «No te
extrañe mi silencio -añadió-. El experimento continúa clasificado. En los años
sesenta alcanzó el nivel 2. Ahora se encuentra en el 8. Por eso no han muerto
los rumores...»
Jordán mentía
de nuevo. Poco antes me había «revelado» que el tema «ummita» ya fue
desclasificado por la CIA. Por eso, según él, se decidió a hablar...
ASUNTO
«COLABORADORES»
Fue al tercer o
cuarto intento cuando Jordán Peña, inexplicablemente
(P),
me facilitó una
información, digamos, «delicada»: los nombres de sus colaboradores en la
gestación de «Ummo».
Y
digo
«inexplicablemente» porque, también de forma supuesta, serían agentes o
colaboradores de la «Institución». ¿Por qué Jordán accedió a proporcionarme las
iniciales de estos sujetos? Sólo cabe una sospecha: los nombres son pura
invención. ¿O no? He aquí un buen ejercicio para los jóvenes investigadores.
Excelente ejercicio de investigación, sí, y peligroso...
Con fecha 20 de
abril del año 2002, Jordán me escribía una carta en la que, entre otras
cuestiones, decía textualmente:
«...Vayamos
por partes: después de tu petición, me he esforzado en ponerme en comunicación
con mis colaboradores, tanto en España como en distintos países. Te confieso con
desilusión que he fracasado. Me explico: con cuatro personas no he logrado
ponerme en contacto porque ignoro su domicilio actual. Me he enterado con
tristeza que han fallecido
I.
F. y A. S. P., estos últimos españoles (el segundo ha fallecido en febrero de
1989) no han tenido relación alguna con la "Institución Americana". De V. O. B.,
como ya te informé en su día, a pesar de nuestra amistad, y de que colaboró
conmigo en los dos montajes del OVNI, le he ocultado, como a mi esposa, las
delicadas relaciones con
I. A. [la
CIA].
»De E. H. puedo
decirte que fue o es funcionario de la Agencia, e ignoro su destino actual. De
todos modos, te está vedado ponerte en contacto con él. Puedes, sin embargo,
citar su nombre abreviado, si lo deseas. También te digo que sus siglas son
verdaderas.
»He tenido
especial interés en ponerme en contacto con P.
S. S., que fue
colaborador mío, en Bolivia. Todas mis súplicas para autorizar que revele su
nombre completo y facilitar la documentación que tiene sobre el caso "D W W" han
resultado inútiles. Ni mediante las dos conferencias que tuve para disuadirle,
ni por la última carta que le envié, he logrado mi propósito. De todos modos, me
aseguró que su antigua vinculación con la
I.
A. [CIA] hace
tiempo que ha cesado, por lo que abrigo la esperanza de que decida, al fin, su
colaboración.
»Con M. S., de
Brasil, aunque es de nacionalidad española, he fracasado. Quiere quizá
desentenderse de esta historia porque le parece "peligrosa". ¿Por qué?
Él
sabía
perfectamente que fue una ficción y que los directivos del departamento del
Instituto [CIA], respetan una decisión que no les atañe. No sé, estimo que es
una reacción paranoide, pasado el tiempo. Aunque conoce que su nombre, y no sus
siglas, será respetado, por su vinculación a la Institución, se niega
tozudamente a aclarar más datos. No creo que la "I.
A." le ponga un veto, ya que, repito, no has de suponer que esté clasificada la
antigua operación "U W W" en lo que respecta a "Ummo", ya que es mía
exclusivamente...
»De Y. B.
(Francia) tuve otra vez una conversación telefónica con él el 6 de junio de
2001. Tampoco he logrado su colaboración. Es una lástima porque tiene abundante
información que quizá te interesaría en tu labor prospectora.
»R. A. B., W. G.
y R. V. (los dos primeros argentinos, aunque de nacionalidad foránea) también se
niegan. No creo, de todos modos, que te puedan facilitar reseñas de interés...»
En otro documento
escrito, Jordán Peña añade: «...Te pongo en guardia con mi antiguo colaborador
latinoamericano E. G. F., que estuvo a mi servicio. Es funcionario de la Agencia,
de modo que es preferible omitas toda relación con él. De Alicia Araujo,
fallecida, y que trabajó para la embajada en España, puedo decirte que fue una
excelente colaboradora en la Operación "U W W"... Del resto, hasta catorce
personas, me reservo sus nombres por razones sentimentales mías: tú puedes
localizados y mostrar sus nombres...»
ASUNTO «ORURO»
Fue otro de los
temas en los que estuve a punto de levantarme, llamarlo mentiroso y darle con la
puerta en las narices. Pero me contuve. Tenía que averiguar hasta dónde era
capaz de llegar. Jordán habló de un tal P. S. S., colaborador suyo en Bolivia
(en otra carta lo define como «colaborador argentino desplazado a Oruro») con el
que tramó lo que llama «simulacro
de Oruro». Como digo, lo dejé hablar, sin mencionar mis investigaciones en el
altiplano: « ..Para nosotros (Jordán y la CIA) era importante organizar un triángulo.
E inventé los aterrizajes de Madrid, Oruro (Bolivia) y Río Grande do Sul
(Brasil). De esa forma potenciaríamos la creencia en el hecho de que los "ummitas"
habían aterrizado ..»
Peña se estaba
refiriendo al célebre descenso de las tres naves «ummitas», anunciado en cuatro
cartas, a otros tantos españoles, en mayo de 1967.
«...Todo fue un
invento -prosiguió-.
Las coordenadas geográficas las elegí yo, al azar. Después, con la ayuda de mi
colaborador -P. S. S.-, se fraguó el plan, el simulacro de Oruro. P. S. S.
organizó otro aterrizaje ovni, similar al de San José de Valderas. Para ello
hizo fotos de una maqueta colgada de una cuerda, entre dos árboles, en plena
selva de Oruro. Mi colaborador tomó una serie de fotos: entre diez y quince, y
las llevó a la prensa local. La propaganda, en Bolivia, era menos eficaz que en
España, y la noticia no trascendió...»
No sé si Jordán Peña
percibió mi repugnancia. Oruro, como ya mencioné en su momento, es una ciudad
ubicada en el Altiplano, a 3.700 metros sobre el nivel del mar. Allí no hay
selva. La más cercana se encuentra a mil kilómetros, bien en el Mato Grosso (al
este) o en la Amazonia boliviana, al norte. Jordán Peña inventaba, una vez más.
Tampoco es cierto que las fotos del supuesto ovni fueran presentadas a la
prensa. Nadie sabía nada al respecto. «Algo así -me contaron los periodistas
bolivianos en Oruro, Uyuni y en La Paz- no hubiera pasado inadvertido. En aquel
tiempo, los medios de comunicación daban gran importancia al asunto de los ovnis...»

Entre la ciudad de Oruro y las
selvas más cercanas existen entre novecientos y mil kilómetros. Como dice el
refrán, antes se descubre a un mentiroso que a un cojo...

Oruro, en el Altiplano boliviano.
Ni un árbol en muchos kilómetros cuadrados... (Foto: J. J. Benítez)
Naturalmente
guardé silencio sobre el dramático encuentro de la india quechua en la región de
Uyuni y en esas mismas fechas del llamado «simulacro de Oruro». De haberlo
hecho, lo más probable es que Jordán Peña, con su habitual cinismo, lo hubiera
atribuido a otra «puesta en escena» de la CIA y de sus colaboradores...
Y
siguieron las
mentiras. Meses más tarde, al interrogarlo de nuevo sobre el «simulacro de
Oruro», Jordán perdió de vista lo que había afirmado anteriormente y aseguró que
«la elección de Oruro se debió, no al azar, sino a la presencia en la zona de un
agente de la Institución. Eso hacía las cosas más fáciles...».
Respecto al
segundo supuesto aterrizaje «ummita» (Río Grande do Sul), Jordán se sintió
atrapado y balbuceó:
«...Allí,
el montaje no salió tan bien... M. S., mi colaborador, repitió la operación
desplegada en Oruro, en la selva, pero sólo se publicó la noticia. Los
periódicos rechazaron las fotos del ovni con la "H" en la base... Yo me ocupé de
las coordenadas. M. S. hizo el trabajo y la CIA envió la noticia a la prensa...»
Cuando le pregunté en qué fecha se publicó dicha noticia, Jordán replicó,
rotundo: «El
2 de junio.» La
comprobación, como puede suponer el lector, fue sencilla. En tal fecha no se
publicó información alguna sobre un ovni con el referido signo en la panza. Al
menos en Brasil. Por supuesto, tampoco le hablé del objeto visto en 1954 sobre
la ciudad de Curitiba. Jordán, con su retorcida mente, lo hubiera utilizado para
seguir mintiendo o inventando. Y es más que probable que así suceda cuando tenga
conocimiento de lo que estoy exponiendo en el presente libro. Tiempo al tiempo.
ASUNTO «CARTAS "UMMITAS"»
También en este
capítulo, las contradicciones, las falsedades, los inventos y las medias
verdades fueron continuos. «Todos los informes y los dibujos son míos. Yo los
inventé y los diseñé.»
Cuando me
interesé por el número de folios escritos, Jordán respondió: «Imposible
precisar. Han pasado muchos años. Quizá fueron más de quinientos.» La respuesta
me desconcertó. ¿Es que no guardaba copia de lo escrito? En una de las primeras
conversaciones (1993) dijo que sí, «por supuesto». Posteriormente negó que
guardara nada. «Todo se lo llevó la Institución.» Aquello era de locos. Si
Jordán Peña era el autor material de los escritos «ummitas», ¿cómo era posible
que no supiera que el número de páginas superaba el millar? «Escribía los fines
de semana. Empecé dos o tres meses antes de lo de Aluche
(1).» Nuevo error (?). Si la primera reunión
con los agentes de la CIA tuvo lugar -según su propio testimonio- a finales de
1965 en Alicante, ¿cómo pudo enviar las cartas «ummitas» antes de que se gestase
el «experimento»? (Como recordarán los estudiosos del tema «Ummo», el no menos
célebre aterrizaje de Aluche se produjo el 6 de febrero de 1966.) En sucesivas
entrevistas, como era de esperar, las versiones cambiaron: «Yo fui el autor de
todos los mensajes, excepción hecha de los que redactó la "Institución USA".
Quizá media docena, no más...»
¿Participó
la CIA en la redacción de las cartas «ummitas»? Según
Jordán,
se limitaron a
los escritos «más técnicos, en especial los que hacen referencia a la nanotecnia
[miniaturización]. No sé cómo lo hicieron, pero ellos [la CIA] sabían de mi
defecto en la vista. Veo las cosas muy aumentadas. Esto me sirvió a la hora de
dibujar en algunos de los informes "ummitas..."».
En una de
estas visitas a su domicilio, al conversar sobre la miniaturización, Jordán fue
a mostrarme una placa de metacrilato en cuyo interior se conservaba un
pequeñísimo escrito (sólo descifrable con lupa o microscopio) con un texto de la
Biblia. «Fue un regalo de mis amigos, los norteamericanos...»
Algún tiempo
después, en una de las cartas, Jordán escribía: «Fue en febrero de 1971
cuando
recibí el obsequio que te mostré... Uno de mis colaboradores en Madrid me visitó
y
me entregó un sobre
cerrado, con el sello de la "Institución Americana" [CIA]
Lo abrí cuidadosamente. Contenía un saludo de..., fechado en Estados Unidos. En
su interior podía leerse: "...¿Recuerda la grata conversación que tuvimos en esa
maravillosa ciudad de Alicante (España)? Ahora tengo la satisfacción de
proporcionarle un ejemplar de la Santa Biblia, reproducida de un texto, editado
por World Publishing Company. Hemos utilizado una técnica que llamamos
microimágenes fotocrómicas. Como verá por la imagen que mide 1,3 x 1,3 pulgadas
[un cuadrado de unos 2,294 cm de lado],
aproximadamente la medida de un sello postal, puede apreciar con ayuda de un
microscopio ocular de alta resolución [sic] que está compuesto por
aproximadamente 3,6 millones de tipos de letra, lo que resuelve una densidad de
información de 330.578
letras/cm2...
Comprenderá que ha sido desclasificada en...»
¿Verdad?
¿Nueva mentira? Cuando le pedí que me mostrara la referida carta de la CIA,
silencio... «Los textos eran fruto de mi imaginación o de las lecturas de revistas
y libros científicos
(2).
En ocasiones tomaba apuntes, pero, en líneas generales, los informes surgían
improvisadamente, sobre la marcha. Una vez tuve problemas: uno de los receptores
de cartas, el comisario de policía Dionisio Garrido, en una de aquellas
conversaciones telefónicas con los «ummitas»
(3),
preguntó cómo grabar sin necesidad de elementos móviles. Me pilló por sorpresa.
No supe qué decirle. Consulté a la CIA y, al poco, me facilitaron un informe
sobre dicho tema.» No hubo forma de verificar lo apuntado por Jordán Peña.
Garrido, el comisario, harto de tanta mentira, se negó a hablar. En enero de
1995 lo intenté por última vez. Dionisio Garrido siguió negándose a hablar sobre
«Ummo», y mucho menos sobre Jordán Peña. Poco después falleció. «Para las
llamadas de los «ummitas» utilizaba un aparato que me proporcionó la
"Institución". De esta forma distorsionaba la voz... Sólo en una ocasión solicité
a uno de mis colaboradores que hablara directamente por teléfono, simulando que
era uno de estos viajeros del espacio» (Jordán se refería a Vicente Ortuño).

Texto y dibujo pertenecientes a
una carta «ummita».

Escrito «ummita» sobre grabación
sin elementos móviles, redactado, según Jordán Peña, por la CIA.

Un defecto en la vista permitía a
Jordán Peña dibujar con gran facilidad los esquemas e inventos «ummitas».
(Imagen proporcionada por Jordán.)
En cuanto a la
mecánica para enviar las cartas «ummita» desde lugares tan distintos como
distantes (Europa, África, Indonesia, etc.), Peña, sonriendo, aseguró que todo
fue orquestado minuciosamente. «En ocasiones, yo mismo las echaba al correo,
aprovechando mis viajes profesionales...»
Nueva
falsedad. En aquellos años sesenta y setenta, Jordán, como empleado de la
empresa Agromán, no desempeñó ningún trabajo que exigiera el desplazamiento
fuera de las fronteras españolas. Otra cuestión es que pudiera viajar de forma
particular o por cuenta de la CIA... «En otras ocasiones -prosiguió
eran los
norteamericanos los que se ocupaban del asunto. Yo entregaba las cartas y ellos
las echaban al correo, allí donde fuera...»
¿Decía la verdad?
Sobre este no menos espinoso asunto recuerdo una carta que me remitió el
desaparecido Luis Jiménez Marhuenda el 5 de mayo de 1993, con motivo de la
citada auto inculpación de Jordán. Decía Luis, entre otras cosas:
...Creo que
después de los últimos acontecimientos
y
la reunión
celebrada en Barcelona, el asunto que tanto nos interesa debemos afrontarlo con
sosiego
y
objetividad. Ante
todo, debemos recapitular algunos hechos,
y
me permito
ponerlo todo por escrito porque así lo enviaré a algunos de vosotros
y
podéis añadir
o
corregir lo que
os
parezca, pero, al
fin y
al cabo, dejo un
testimonio de hechos que deben ser considerados.
Ante todo está la
«declaración» de José Luis Jordán. Los que hemos vivido experiencias personales
en el caso «Ummo»
no podemos tragar esa declaración aunque al exterior debamos admitirla. Pero
entre los íntimos, entre los que hemos vivido experiencias importantes
y
personales,
tragar esto equivaldría a admitir
o que
somos tontos
o que
somos falsos. Demos un repaso a algunas de las experiencias personales:
Día
26 de
febrero de
1983.
Me llama Juan
Dominguez
[otro de los receptores de cartas «ummitas»] a las once
y
media de la noche
y me dice:
«¿Te
has dado cuenta de que para el próximo mes tenemos un puente con la fiesta de
San José? ¿Qué te parecería
si
celebrásemos una reunión sobre el tema [se refiere a "Ummo"] aquí, en Madrid,
coincidiendo con esas fechas?»
Lo acepto.
Acordamos pedírselo a Manolo Alvárez (q. e. p. d.) para hacer la reunión en el
Colegio Mayor San Agustín. Juan me pide que prepare un esquema de la reunión y
que se lo mande a él para encargarse de distribuirlo entre los allegados al tema.
Esa misma noche,
en cuanto colgué el teléfono, preparé un esquema sencillo, lo metí en un sobre
y, a la mañana siguiente (día
27 de
febrero), lo eché al correo.
Pasan los días y
nos reunimos donde estaba previsto.
Y
justamente
estando reunidos se recibió una carta de
«Ummo»,
Fue llevada en
mano al padre Álvarez
e iba destinada a Juan Aguirre. Creo que era la carta que estaba «censurada» por
el
(o la) mecanógrafo.
Venía de Kuala Lumpur, en Indonesia.
¡Y
en el matasellos
se distinguía perfectamente la fecha en que había sido depositada allí: DIA
27 DE
FEBRERO! Muy rápido tenía que ser José Luis para lograr que el mismo día en que
yo mandaba la carta a Juan Dominguez
pudiese hacer que se depositara esa carta en Indonesia. Pasarse toda la noche
anterior, desde las 11.30, escribiendo y lograr que al día siguiente estuviese
en un lugar tan alejado...

Luis Jiménez Marhuenda, fallecido
el 18 de abril de 2000, martes santo. (Gentileza de la familia Jiménez Marhuenda.)
Para Jordán Peña,
la carta matasellada en Indonesia fue una simple maniobra de la CIA. Él supo de
la reunión en el Colegio Mayor San Agustín con varios días de antelación (no
olvidemos que Juan Domínguez y Jiménez Marhuenda se encargaron de alertar a
buena parte del llamado «grupo de Madrid» o receptores de los mensajes «ummitas»).
Jordán, según él, redactó la carta, y la CIA se ocupó del resto. Aun así, como
insinuaba el querido Luis Jiménez Marhuenda, la «maniobra» presenta puntos
oscuros. A saber: ¿cómo explicar la coincidencia del día 27 de febrero? Para
Jordán Peña sólo se trató de una casualidad.
Era otra pregunta
obligada. Si Jordán fue el autor de las cartas y las llamadas «ummitas», ¿por
qué lo hizo? ¿Cuál era su objetivo? Las respuestas, a lo largo de diez años,
fueron igualmente contradictorias y tan dispares que, en mi opinión, no merecen
confianza. Estaríamos, una vez más, ante una historia similar a la del
pastorcillo y el lobo. Las mentiras fueron tan numerosas que, cuando dijo la
verdad, cuando llegó el lobo, nadie lo creyó...
He aquí algunas
de las «explicaciones» de Jordán Peña, recogidas entre 1993 y 2003:
«Fue hacia 1963
cuando se forjó en mi mente la idea de estudiar las sectas, el masoquismo y la
figura del líder. El primer proyecto se moldeó en febrero de 1966 y tendría
[estimaba ingenuamente] un período aproximado de dieciséis meses.»
«Yo tenía muy
claro que el tema ovni era una falacia; es decir, un engaño o mentira con que se
intenta dañar a una persona. Así nació "Ummo", como un experimento para
demostrar que el asunto de los extraterrestres era una falacia
más.»
«El motivo de mis
ensayos está en buscar las raíces del delirio religioso-paranoide y sondear
paleológicamente el masoquismo de los grupos.»
«Quise
demostrar que el masoquismo constituye un pilar básico entre los miembros de las
sectas destructivas.»
«Ummo tenía otra
justificación importante: investigar la paranoia religiosa. ¿Hasta dónde puede
llegar un grupo que cree en Dios?»
«La experiencia
de "Ummo" me ayudó a trazar un esquema de la evolución darwiniana de la
humanidad.»
«Demostré que la
estupidez no tiene límites. El proyecto "Ummo" es la prueba.»
«Ummo fue la
demostración de la falacia de Brocken: la gente califica de sobrenatural lo que,
en realidad, sólo es un error.»
«La operación "Ummo"
fue diseñada por mí para testar a las personas en su conducta psicosocial: afán
de notoriedad, grado de estupidez, sumisión al líder, reforzamiento de las
creencias, etc.»
¿Y qué tenían que
ver estos supuestos «objetivos» con aquellos iniciales receptores de las cartas
«ummitas»? He conocido a muchos de ellos y puedo asegurar que jamás formaron una
secta, como pretende Jordán Peña. Es más: durante años ni siquiera se conocieron
personalmente. Sabían los unos de los otros por los mensajes mecanografiados. ¿A
qué figura del líder se refiere Jordán? ¿Masoquismo? ¿Delirio religiosoparanoide?
¿Masoquismo de los grupos? Está claro que estas «explicaciones» al por qué de «Ummo»
son muy posteriores al «experimento» propiamente dicho y, desde mi punto de vista,
dejan mucho que desear sobre la salud mental de Jordán...
Y en mitad de
este pandemónium de mentiras y despropósitos, con fecha 27 de marzo de 2000, me
llegó una carta de Jordán en la que ofrecía otra «explicación» sobre el origen
del «experimento». El texto dice así: «...Un poco después me percaté de que mi
proyecto se hacía muy difícil, casi imposible, sin ayuda económica, por lo que
escribí a dos antropólogos, uno de ellos catedrático de historia de las
religiones en Estados Unidos, exponiéndoles mi proyecto. El resultado fue
desolador: el primero rechazó la idea (creo que indignado) porque la consideraba
"poco" ética. El otro la acogió fría pero cortésmente. (Es preciso decir que mis
estudios se alejaban de la antropología porque carezco del título de licenciado
en filosofía y antropología.) Luego
(5
de
noviembre de 1966) volvió a escribirme, esta vez con una propuesta sorprendente.
Resulta que me habían investigado discretamente a través de la embajada de EE.
UU. (se informaron de mi cualidad curiosa de escribir y trazar dibujos-miniatura).
Y además resultó ser este señor, ¿un agente en nómina o, al menos, colaborador
de la Central Agency? (ignoro sus relaciones con este departamento). La carta
(que conservo cuidadosamente) contiene unas minutas que transformaban poniendo
del revés completamente mi ingenuo planteamiento inicial. Primero respetaban la
idea primitiva de crear una ficción extraterrestre. Y también de dos sectas:
hindú-masoquista y otra llamada "Pirophos". También aprobaba mi idea de desarrollar
literariamente una civilización novelesca en el supuesto planeta "Ummo" (les
daba igual lo estrambótico y absurdo que tenía mi proyecto)... Pero proponían,
para prestarme ayuda, una sugerencia que me causó gran sorpresa. A cambio
dispondria de ayuda ilimitada. Los fines (de la CIA) eran diametralmente
opuestos a mis pautas originales. Ante todo no se opusieron a mis estudios iniciales,
pero añadían
otra condición
[el
subrayado es de Jordán Peña]: era preciso que primara un estudio en profundidad
de las implicaciones sociales de la microtecnia, luego derivado a la nanotecnia.
Invitación que me sorprendió sobremanera. ¿Por qué diablos mezclaban un tema que
me parecía rotundamente ajeno a mi estudio?...
Desde luego, tuve que cambiar radicalmente mis planteamientos. Por lo pronto, de
estos magros dieciséis meses a los más de treinta años que duró el experimento.
Tuve, además, que ampliar (gratamente) el número de países sobre los que incidió
la muestra (España, Francia, Gran Bretaña, Rumania, la antigua URSS, Alemania,
Australia y Argentina. Tuve que omitir la misma USA)... Tuve que dar prioridad
al análisis de la propagación social de los temas microtécnicos. Te digo esto
porque no tiene nada que ver el estudio de los ovnis (falacia muy corriente de
los que como tú se dedican a este cometido). Repito: el análisis de los
supuestos Objetos No Identificados
"cae" relativamente
lejos
[subrayado de Jordán] del experimento "Ummo". (El tema ovni
nos
sirvió de tapadera)
y digo "nos", aunque seguí casi en solitario con el análisis de estas creencias
falaces...»
Jordán Peña, Víctima
de sus propias mentiras, comete un nuevo error al fechar la carta del
colaborador o agente de la CIA. Si la misiva de marras, según Jordán, está
fechada el 5 de noviembre de 1966, ¿por qué en otras entrevistas me aseguró que
el «experimento "Ummo"»
nació dos o tres meses antes del aterrizaje de Aluche? (6 de febrero de 1966).
En esa supuesta carta de uno de los antropólogos de Estados Unidos, la CIA -dice
Jordán Peña-
le ofreció ayuda
económica ilimitada si cambiaba los objetivos del «experimento». De ser cierto,
¿en qué quedan los restantes y no menos supuestos «objetivos»: masoquismo, delirio
religioso-paranoide, etc.? Y lo más escandaloso: si la CIA hizo la mencionada
propuesta en noviembre de 1966, ¿cómo explicar que Fernado Sesma (uno de los
receptores de las cartas «ummitas») recibiera informes de «Ummo» los días 11,
16, 18 y 19 de marzo de 1966? ¿Quién escribió las cartas «ummitas» que llegaron
a manos de otros receptores españoles a lo largo de ese año 1966? (Sesma, Campo,
Garrido, Regina Sendras, Joaquín Valdés, Sancho, Villagrasa y Alfonso Paso,
entre otros). En cuanto a los países citados por Jordán, como ya dije
anteriormente, en esos primeros años sesenta y setenta, sólo en España y
Argentina fueron detectadas cartas «ummitas». Del resto no se sabe nada ..
ASUNTO «SELLO "UMMITA"»
«Yo fui el creador
de la palabra "Ummo" y del símbolo que caracteriza al gobierno de aquel planeta,
la famosa "H"», me contó Jordán en muchas de las entrevistas. «Para ello me
inspiré en "humo", un concepto que evocaba, fonéticamente, a "Ummo". Algo vacío
e insustancial... Yo dibujé el emblema, al principio con los palos rectos. Después,
el periodista Antonio San Antonio curvó esos trazos hacia el exterior. No sé por
qué lo hizo... La Agencia [CIA] no tuvo nada que ver en la creación de la "H".
Sólo fue cosa mía. Yo les proporcioné el dibujo y ellos [CIA] me facilitaron el
soporte físico, el dispositivo mecánico, para imprimir el sello. Lo he tenido en
mi poder, en mi casa, hasta el otoño de 2002. En ese tiempo, cuando tú te interesaste
por dicho sello, la CIA se lo llevó. No he vuelto a saber de él... Lo inventé
antes de lo del aterrizaje en Aluche... Lo que no sabe nadie es que no se trata
de un único sello "ummita" sino de varios. Fue la "Institución" la que llevó a
cabo el ingenioso sistema. Me explico: cada receptor de cartas tenía asociado un
sello en particular, diferente de los que aparecían en los mensajes recibidos por
otros receptores. Las diferencias son mínimas, sólo perceptibles con lupa o
microscopio. Cada diferencia correspondía a una secuencia numérica que
identificaba al receptor en cuestión. Por ejemplo, el sello impreso en las
cartas de Ignacio Damaude era igual a "1010011001", por decirte algo... Y así
sucesivamente...»
Una vez más, no
hay forma de saber si Jordán dice la verdad. ¿Fue el creador de la «H» «ummita»?
¿La copió? ¿Ha hecho suyas (1993) las frases de Marius Lleget y Sebastián
Fontrodona (1979) cuando decían «"Ummo" se escribe con H» y «por el "Ummo" se
sabe dónde está el fraude»? (Pista proporcionada por el investigador Manuel R.
Salazar Serrano) ¿Quién plagió a quién? Dado el historial «delictivo» de Jordán
Peña, me inclino a creer que fue él quien copió al resto...

Cuaderno de campo de J. J.
Benítez, con dibujos de Jordán Peña sobre la creación del emblema de «Ummo» y la
no menos supuesta asociación del sello «ummita» a una codificación numérica
inventada por la CIA.

Cuaderno de campo de J. J. Benítez, con dibujos de Jordán Peña. Al preguntar
sobre el paradero del sello «ummita», Jordán aseguró que se lo había llevado la
CIA. Después modificó la versión, afirmando que lo tenía un guardia civil (se
refería a Manuel Carballal, alias «Benito Pazos», que entrevistó a Peña
haciéndose pasar por guardia civil). En una tercera versión me confesó que el
troquel de hierro lo había sustraído Carballal durante esa visita a su
domicilio.
¡También es
casualidad! Cuando, en una de las entrevistas, me interesé por el sello «ummita»,
la CIA acababa de llevárselo
(!).
Según Jordán
Peña, era lógico: quizá yo hubiera descubierto (¡pobre de
mí!)
los códigos
secretos de la «Institución»... Meses después, en otra conversación, al regresar
sobre el asunto del sello de «Ummo», Jordán se contradijo:
«...Ahora
lo tiene un guardia civil. Puedo preguntar si te dejaría verlo...»
¿Por qué
se refería a un dispositivo mecánico si, en realidad, según sus propias
palabras, eran varios? Enésima mentira. En algunas oportunidades hablaba de un
solo sello, y en otras, según, de varias decenas. Sellos que habrían sido
manipulados por la CIA
para
introducir determinadas «informaciones encriptadas» correspondientes, al
parecer, a secuencias numéricas. Esos dígitos -siempre según Peña- estarían
asociados a cada receptor de cartas «ummitas». Francamente, no concedí mucho
crédito a la nueva «revelación» de Jordán. Sin embargo, por aquello de la
objetividad, sometí algunos de los sellos originales al estudio de la policía científica.
Si Jordán decía la verdad
(?),
los sellos
recibidos por una misma persona deberían ser iguales y, al mismo tiempo, diferentes
de los estampados en los mensajes «ummitas» que llegaron a manos del resto de
los receptores. En otras palabras: treinta
y
cuatro sellos con
sendas
y
casi
imperceptibles «diferencias», como mínimo.
La investigación
fue simple. Varios de los sellos (estampados en cartas recibidas por un mismo
ciudadano español)
fueron sometidos
a las correspondientes ampliaciones e intensificaciones de imágenes, que
permitieron una completa apreciación de los más finos detalles del dibujo. Tras
el estudio mesoscópico a diferentes aumentos, se procedió al mensurado de las
imágenes en cuestión y a la comparación entre las muestras. Se emplearon también
iluminaciones episcópica, diascópica, rasante, blanca, ultravioleta e infrarroja
de distintas longitudes de onda. Conclusión: ninguno de los sellos era igual que
otro. En cada perfil existen más de setenta «diferencias». Algo lógico, por otra
parte, dada la simpleza del procedimiento de imprimación. Jordán seguía
inventando. Por supuesto, tampoco supo jamás de estas indagaciones policiales. Y
prosiguió con su locura: «...Como verás -añadió en otra de las entrevistas-, la
textura del sello cambia según sea el destinatario y la fecha en la que se
remitió... Modificación calidoscópica que se hace más nítida cuando cambia el
tono de color, según fuera la nacionalidad del corresponsal: creo que violeta
para España, amarillo para Australia, etc. De ese modo es imposible que sean
iguales las diferentes muestras calcográficas repartidas por todo el mundo... Como
cosa curiosa te diré que fue secreto para mí hasta que en 1991 me fue entregado
el dispositivo de imprimación. En resumen: el grabado es casi imposible de
falsificar para un experto agente. Resulta sencillo discriminar el original con
un vulgar sello de caucho realizado por cualquier taller calcográfico...»
¿En qué
quedamos? Primero afirmó que los sellos eran distintos (cada destinatario tenía
el suyo). Después, con idéntica frialdad y cinismo, dijo lo contrario: «De ese
modo es imposible que las muestras sean iguales.» Y volvió a caer en el embuste
cuando aseguró que la CIA le había entregado el «dispositivo de imprimación». Si
cada receptor de cartas tenía asignado un sello específico, con una «variante»
concreta en algún punto de la «H», ¿dónde están los restantes dispositivos? Como
ya mencioné, sólo en España se han contabilizado 34 receptores de mensajes «ummitas».
Cuando hablé con el periodista Antonio San Antonio, la respuesta fue la
esperada: «Jordán desvaría.» Aun así, Peña continuó empecinado en «su» verdad:
«Yo soy el creador del emblema. Yo lo inventé.» Como imaginaba, no supo aclarar
de dónde le llegó la inspiración. Yo, en cambio, sí tengo una teoría al respecto.
José Luis Jordán miente, pero, además, fue engañado. Trataré de explicarme. La
CIA sabía de la existencia de la célebre «H» en los ovnis desde mucho antes de
la supuesta gestación del fraude «ummita»
por parte de Jordán. Como ya mencioné, en 1954, los militares del polvorín de Curitiba,
en Brasil, permanecieron alrededor de veinte minutos observando una enorme nave
con el símbolo en la «panza». Militares y civiles coincidieron a la hora de
describirlo. Obviamente, si los militares supieron del avistamiento, la CIA no
tardó en recibir cumplida información. Años después, en mayo de 1966, militares
y servicios de Inteligencia recibieron la confirmación, merced a la película de
ocho minutos captada en la base de seguimiento de misiles, en la isla de Andros.
Fue la ratificación ideal: tres ovnis con la «H» en la base e inmóviles sobre
una instalación militar estadounidense. En otras palabras: cuando Jordán dice
que «inventó» el emblema «ummita», la CIA no sólo tenía conocimiento de la «H»
sino que, incluso, disponía de una filmación. Esta circunstancia me conduce a
otro inevitable planteamiento: ¿pudo ser la CIA quien propuso el sello «ummita»?
Ellos, al fin
y
al cabo, tenían
las pruebas sobre la existencia de unas naves «no humanas» con la referida «H»
en el fuselaje. Si la CIA tomó parte en el engaño, qué mejor argumento a favor
de unos supuestos viajeros espaciales que un símbolo tomado de la realidad,
aunque esa «realidad» sea negada sistemáticamente. Jordán, según esta hipótesis,
sería víctima y verdugo, al mismo tiempo. Algo que él no acepta, naturalmente. Y
en cada entrevista siguió insistiendo obsesivamente: «Yo
la dibujé.
Yo soy el creador de la "H". La Institución sólo siguió mis directrices y mis
dibujos...»
A decir
verdad, poco faltó para que le revelara el caso de Curitiba, en 1954. Pero
guardé silencio. ¿Hasta dónde podía llegar su cinismo?

Según Jordán, la flecha el sello
granate correspondiente a Rumania. «Lo he suprimido -dice- porque te podría
facilitar una información que no sé hasta qué punto estoy autorizado a
entregar.»

Tres sellos «ummitas» impresos en
otras tantas cartas, recibidas por el mismo receptor. Según la policía
científica, «no son iguales». Los dibujos presentan múltiples diferencias.

Últimos párrafos de una carta «ummita»
con el sello correspondiente, recibida, en este caso, por Ignacio Darnaude
Rojas-Marcos en 1972. «Por consejo de la CIA -dice Jordán Peña- suprimí acentos
y la tilde de la letra "ñ".»
ASUNTO «MECANÓGRAFO»
Vicente Ortuño,
uno de los colaboradores de Jordán Peña, se quedó corto cuando afirmó que
«Jordán hacía un deporte de la mentira». Veamos otros ejemplos. En aquel año de
1966, además de las cartas «ummitas», algunos de los receptores empezaron a
recibir otras misivas anónimas, redactadas, al parecer, por el «mecanógrafo de
los "ummitas"»
(4).
Este no menos supuesto personaje (perito mercantil), asombrado ante la presencia
de los extraterrestres, se decidió a contar lo que estaba viendo y, para ello,
eligió a los destinatarios a los que él mismo escribía por mandato de los «ummitas».
La primera de estas misivas «aclaratorias» (?) llegó en junio de 1966 a manos de
Sesma, en Madrid. A partir de ahí, otros receptores recibieron cartas igualmente
anónimas y con mensajes más o menos parecidos. En ellas se hablaba de los «ummitas»,
de su aspecto físico (rubios y altos), de sus continuos viajes y, por supuesto,
de su bondad. Cuando interrogué a Jordán sobre el citado «mecanógrafo», éstas fueron
sus respuestas: «No lo busques. El mecanógrafo fui yo. Yo escribí todas las
cartas. Por consejo de la Institución estadounidense puse un anuncio en el periódico
ABC,
ofreciéndome
para hacer copias a domicilio. Así nació el embrollo del falso mecanógrafo. Una
vez escritas, yo entregaba las cartas a mi contacto en la Agencia [CIA], y ellos
las revisaban y las echaban al correo. Para la redacción de los informes «ummitas»
-por consejo de los norteamericanos-, yo debía utilizar otra máquina de
escribir, omitiendo acentos e insertando faltas de ortografía. De esta forma,
simulando la lógica ignorancia de los extraterrestres, el contenido alcanzaba mayor
verosimilitud...»
Nueva
contradicción. Si los «ummitas» no podían escribir a máquina, y si los textos
eran mecanografiados por el perito mercantil, ¿por qué suprimir la tilde de la
«ñ»
o sembrar
los informes de faltas de ortografía? Una de dos: o Jordán volvía a mentir, o la
CIA es más estúpida de lo que parece...
La versión de Jordán Peña sobre el «mecanógrafo» presenta otros graves fallos
que, desde mi punto de vista, invalidan sus afirmaciones (una vez más). A saber:
según los análisis practicados sobre las cartas del «perito mercantil», varias
de estas misivas anónimas fueron tecleadas con la misma máquina con la que se
redactaron los informes «ummitas». En segundo lugar: el estilo literario de
ambos textos (cartas del «mecanógrafo» y de los «ummitas») es diferente. Jordán,
por tanto, en opinión de los peritos, no podría ser el autor de las cartas del
«mecanógrafo», suponiendo que hubiera escrito los informes, y viceversa.

Anotaciones de Enrique Villagrasa
durante la búsqueda del «mecanógrafo». Junto con Garrido, localizó una treintena
de pistas. Cuando estaban a punto de descubrir la identidad del perito
mercantil, una inesperada llamada telefónica los obligó a desistir. (Archivo E.
Villagrasa.)

Dionisio Garrido, comisario de
policía, otro de los receptores de las cartas «ummitas». (Foto: J. J. Benítez.)
Por supuesto, antes
que yo, otros receptores de las célebres cartas de «Ummo» dedicaron su tiempo y
su dinero para tratar de esclarecer el no menos supuesto anuncio en el diario
madrileño
ABC.
¿Era cierto que
un perito mercantil se había anunciado en dicho rotativo a lo largo de 1965? ¿Se
ofrecía para hacer trabajos a máquina? Enrique Villagrasa y Dionisio Garrido (ambos
receptores de mensajes «ummitas») tomaron una decisión confidencial, sólo
conocida por ellos: «Fue en 1970. Dionisio y yo
-me
contó Villagrasa- quisimos averiguar qué había de verdad en aquel asunto. ¿Existía
el tal mecanógrafo? Y nos pusimos a investigar en el más absoluto de los secretos.
Nadie supo nada al respecto. Garrido y yo acudimos a las páginas de
ABC
y revisamos el
año 1965...»
Enrique Villagrasa
me mostró uno de sus cuadernos. Allí leí treinta anotaciones, con nombres,
teléfonos y direcciones. Por ejemplo: «c/ Mauricio Lejendre, 11. Es una señora
la que lo hace.» «Lo hace una señorita, profesora de inglés.»
«Es una agencia de transportes y no recuerdan que se haya puesto ese anuncio...»
«De esta
manera -prosiguió
Villagrasa- llegamos a seleccionar tres o cuatro. Pues bien, cuando Garrido,
como policía, se dispuso a descubrir la identidad de la persona que se hallaba
detrás de cada uno de esos anuncios, sucedió algo imprevisto: Garrido recibió
una misteriosa llamada telefónica, en la que le advirtieron que debía suspender
la investigación. Si no lo hacía, si continuaba, los "ummitas" cortarían los
mensajes que estaban remitiendo. Y las pesquisas sobre el "mecanógrafo" fueron
interrumpidas.» Villagrasa, el ingeniero, no supo explicar la naturaleza de la
súbita llamada telefónica. ¿Fue Jordán Peña? Según Villagrasa, el asunto sólo
era conocido por Garrido y por él mismo. ¿Fue la CIA? ¿Estaban intervenidos los
teléfonos de los receptores de las cartas «ummitas»? ¿Quién fue el responsable
de aquella llamada
(5)?
ASUNTO «ATERRIZAJE
OVNI EN ALUCHE»
Como ya comenté
anteriormente, el domingo, 6 febrero de 1966, algo extraño sucedió en el barrio
madrileño de Aluche. Dos días después, la prensa publicaba la siguiente noticia:
«Serían más o menos las ocho de la tarde de ayer domingo, cuando en el barrio de
Aluche, muy cerca de la Casa de Campo, un objeto sin identificar, pero que por
las descripciones de los testigos responde a las características de los traídos
y llevados "platillos volantes", tomó tierra en terrenos de la finca "El Relajal"
y, segundos más tarde, emprendió nuevamente el vuelo para perderse en el cielo.
»Como vestigio de
la presencia del objeto, queda una superficie del suelo no muy extensa casi carbonizada
y la afirmación categórica de algunos testigos presenciales del hecho. Uno de
los testigos no ha querido facilitar su nombre para evitar su publicidad; el
otro, que observó desde la ventana de su casa la llegada y partida del extraño
objeto, es Vicente Ortuño. Las descripciones coinciden en afirmar que "un disco
anaranjado descendió, se posó en tierra y seguidamente emprendió vuelo a gran
velocidad". Todo ello a las ocho de la noche de ayer domingo...»
Uno de los testigos del supuesto
aterrizaje ovni en Aluche fue, justamente, Jordán Peña. Eso, al menos, fue lo
que reconoció
(6).
Cuando le interrogué sobre aquel lejano suceso, Jordán
titubeó:
«...
Han pasado muchos años...
Yo fui el inventor de
todo, con la
ayuda de dos personas más...
Esa tarde del domingo
fuimos al lugar y elaboramos las huellas. Las hicimos con un
cubo de playa...
Después quemamos la zona con un soplete... La Institución americana [la CIA] me
proporcionó tierra radiactiva (arena con un corto porcentaje de óxido de torio).
La esparcí en el interior de las huellas y en las proximidades. Ninguno de mis
colaboradores lo supo jamás [Jordán se refería -si decía la verdad- a Vicente Ortuño
y a uno de sus cuñados]. Después telefoneé a la prensa y aparecieron los
testigos... Algunos fueron pagados previamente o condicionados...»
Meses más tarde,
al preguntar sobre el mismo asunto, Jordán Peña desvarió. Ya no recordaba a los
testigos que habían sido «comprados», excepción hecha del ingeniero señor Ramírez.
«Era amigo mío. Ése era su verdadero nombre. Todo fue un montaje. Él cobró un
dinero...»
Jordán,
como digo, desvariaba o mentía.

Una de las fotos
tridimensionales, supuestamente «ummitas», presentadas a Sesma por Vicente
Ortuño en 1966. Se trataba de una publicidad de los laboratorios Pfizer, de
Nueva York.

Jordán Peña ocultó cuidadosamente
la parte dorsal de las fotografías tridimensionales en las que se leía el
presente texto publicitario, con el nombre del laboratorio norteamericano. En la
imagen se aprecian las veinticuatro manchas provocadas por el pegamento
utilizado para tapar dicha zona dorsal con una cartulina.

Simbolos «ummitas» dibujados por
Jordán Peña sobre una de las cartulinas adheridas al envés de la fotografía
tridimensional. Se trataría de una de las pruebas de su participación
fraudulenta en el caso «Ummo».
Ramírez fue uno
de los testigos (?) de otro caso, mucho más sonado, registrado en la tarde del 1
de junio de 1967, en San José de Valderas. El tal Ramírez aseguró haber visto el
ovni que fue fotografiado en Valderas y describió también la «H» que presentaba
en la panza. Jordán, al recordarle que se había equivocado de testigo, palideció
y cambió de tema, mintiendo por enésima vez: «...Fueron los norteamericanos
quienes me proporcionaron el aparato para practicar las huellas del aterrizaje
de Aluche. Todo el mundo se lo tragó.» Cuando interrogué a Vicente Ortuño, uno
de los cómplices de Jordán, confirmó la primera versión: la del cubo de playa.
«Con eso hicimos los agujeros -añadió Ortuño-. Yo lo ayudé también en la
redacción de algunas de las cartas «urnmitas», en las llamadas telefónicas y a
la hora de llevar unas fotos tridimensionales (supuestamente extraterrestres) a
Fernando Sesma. Eran unos cortes biológicos. No sé de dónde las sacó. Me pidió
que las llevara personalmente a la casa de Sesma y que se las mostrase, como enviado
de los «ummitas». Recuerdo que Sesma las recibió como un niño. Estaba
maravillado, y se las mostró a toda su familia. Eso fue en enero de 1966, poco
antes de lo de Aluche. Yo, entonces, me había dejado una larga y espesa barba.
Ésa fue una de las razones por las que no permití que me fotografiaran junto a
las huellas de Aluche. De haberlo hecho, Sesma podría haberme reconocido en mis
posteriores visitas a las reuniones que celebraban en la Ballena Alegre.» ¿Quién
mentía?
¿Cómo surgieron las huellas de Aluche? Para algunos investigadores, aquel
terreno era demasiado duro como para practicar unos «rectángulos» tan profundos.
Salazar Serrano lo intentó y comprobó que el cubo de plástico en cuestión no
servía para semejante fin.

Ortuño desaparece por la derecha
de la fotografía. «Si me hubiera dejado fotografiar junto a los testigos y las
huellas de Aluche, Fernando Sesma podría haberme reconocido como el "mensajero"
de los "ummitas".»

Vicente Ortuño, cómplice de
Jordán Peña, con la barba que lucía en aquel tiempo. «Me quité de en medio
cuando comprendí que aquella supuesta broma empezaba a escaparse de las manos.»
Tuvieron que
ablandar previamente el terreno (inundado) y utilizar después una pesada maza de
hierro. «Nadie, en su sano juicio, hubiera logrado unas huellas tan profundas
con un simple cubo y, mucho menos, la cruz en aspa que aparecía en el fondo.»
Cuando pregunté
por la autoría de la llamada telefónica recibida por Fernando Sesma y en la que
le anunciaban un avistamiento «urnmita» en Madrid para ese mes de febrero de
1966 (la llamada tuvo lugar el día 2 de febrero), Jordán Peña se limitó a
guardar silencio, invocando la enigmática y más que sospechosa excusa:
«Secreto». De esta llamada, Vicente Ortuño no sabía nada...
Algo no encajaba.
Si el avistamiento y el aterrizaje ovni de Aluche había sido otro «invento» del
diabólico Jordán, ¿por qué fue visitado en su domicilio, en la calle
San Illán, por un oficial del Ejército del Aire Español? Ésta fue la versión de
Jordán Peña y de Maite, su mujer, que asistió también a la conversación con el
citado militar: «Se presentó en la casa poco después del incidente de Aluche.
Llegó de uniforme. Se quitó la gorra y dijo que me había localizado por la
prensa. Quería conocer mi versión de los hechos. Yo, entonces, le dije que podía
tratarse de un ovni de origen norteamericano. Le comenté, incluso, que mis
sospechas se dirigían hacia la base de Torrejón. Según dijo, él también había
visto el objeto...»
Maite, la esposa, asintió con la cabeza.
«Y
nos habló de unas extrañas interferencias electromagnéticas registradas en la
torre de control y en coincidencia con el aterrizaje de Aluche. Yo estaba
asombrado. Aquel militar me estaba hablando de algo que yo había inventado.
Después añadió: "Tenga cuidado porque estas cosas pueden ser norteamericanas. Es
usted muy joven..." Me dejó una tarjeta con su nombre y teléfono. Plaza, se
llamaba.... Meses más tarde lo llamé por teléfono y me dijeron que me había
equivocado. Allí no conocían al tal Plaza. Nombre y teléfono eran falsos. Acudí
al Ministerio del Aire y presenté la tarjeta en cuestión. Nadie sabía nada. El
militar no existía. Después supe que otro de los testigos de Aluche recibió la
visita del mismo militar. Era un individuo de baja estatura, con bigotito y muy
educado.» Esta declaración de Jordán se produjo el 29 de abril de 1992; un año
antes de su autoinculpación.

Una de las huellas del supuesto aterrizaje ovni en Aluche (Madrid).

Forma y dimensiones, en
centímetros, de una de las huellas de Aluche (Madrid). (Archivo de Rafael
Farriols.)
Y
hay aún un último
«detalle» que obviamente, me hace desconfiar de la palabra de Jordán Peña. El 26
de febrero de 1966, como ya he mencionado, Jordán dirigió una larga carta al
investigador Eugenio Danyans, relatándole lo ocurrido en Aluche. En dicho texto
habla de «algo» que vio en el «vientre» o zona inferior de la nave: «...una
línea recta situada entre dos paréntesis abiertos hacia afuera». La explicación
iba acompañada por varios dibujos del propio Jordán. Años más tarde, al
interrogarlo sobre el emblema «ummita», Jordán cometió otro error: «Yo dibujé el
emblema, al principio con los palos rectos. Después, el periodista Antonio San
Antonio curvó esos trazos hacia el exterior.» Algo no encajaba, efectivamente.
Según declaraciones de Jordán Peña, su primer contacto con San Antonio fue
telefónico y tuvo lugar quince meses después del caso Aluche, en la mañana del 1
de junio de 1967, con motivo del ovni fotografiado en San José de Valderas
(Madrid). Si esto es así, ¿por qué en la versión proporcionada a Danyans habla
de un símbolo con los palos exteriores abiertos hacia afuera? Podría ser, claro
está, que Jordán y San Antonio se conocieran anteriormente. En este caso, Jordán
Peña seguiría mintiendo...

Dibujo de Jordán Peña. Objeto
visto en Aluche en la tarde del 6 de febrero de 1966.
ASUNTO «ClA Y
COMPAÑÍA»
En otra larga
carta (más de doscientos folios), Jordán, de pronto, hizo una inesperada
«confesión» (?): «...Era ministro de Gobernación don Camilo Alonso Vega, que
había sido informado años antes por la "Institución norteamericana" [ClA] de la
reservada operación "Ummo".
Ya me había entrevistado con él para informarle detalladamente de nuestros proyectos.
Él se mostró respetuoso con los planes, aunque se abstuvo completamente de toda
intervención por parte de ningún agente. Hasta que un día tuve una entrevista
con él, en el ministerio. Estaba hondamente preocupado por el cariz sociológico
que iba tomando el dichoso asunto de las "Caras de Bélmez". Había traspasado las
fronteras hasta el punto de que varios teletipos, desde Alemania, Italia,
Estados Unidos..., se mostraban inquietos ante las extrañas noticias que estaban
recibiendo. Tal vez porque estaba realizando una experiencia sociológica -"Ummo"-,
me rogó que interviniera en la selva de los supremos arcanos de ultratumba. No
me lo dijo así, claro está. Era demasiado inteligente para creer en las
supersticiones populares que mezclaban lo divino con lo mágico. Pero se mostraba
inquieto por las posibles e impredecibles implicaciones políticas que pudiera
arrojar el suceso, como un gigantesco pulpo que nos succionara a todos... Me
escuchó con asombro, entusiasmado por mis brillantes explicaciones. Entonces dio
las órdenes oportunas para que consideraran como oficial mi tarea investigadora.
Puso a mi disposición varios agentes de la Benemérita, incluso me asoció a un
miembro de la Brigada Político-Social. Esto es realmente lo sucedido. He de
rechazar como absurda la idea de que fuera el gobierno español el motor del
asunto "Ummo" y yo el agente subordinado al mismo Alonso Vega, aunque sí
-repito- estuviese informado de mis actividades...»
¿Hasta qué punto
son creíbles las afirmaciones de Jordán? ¿Se informó al gobierno de Franco de la
operación «Ummo»? ¿Lo hizo la
ClA,
como asegura José Luis Jordán Peña? Cuando analizamos lo ocurrido a lo largo de
esos años, las palabras de Jordán quedan de nuevo en entredicho. Los agentes o
servicios de Inteligencia de la dictadura sí estuvieron presentes, en varias
ocasiones, en el desarrollo del tema «ummita». Un ejemplo, lo tenemos en el
micrófono que fue hallado en la sede de Eridani, una sociedad fundada en Madrid
en 1971 para la investigación del fenómeno ovni y demás temas cosmológicos y de
la que formaban parte, entre otros, algunos de los primeros receptores de
mensajes «ummitas». Fueron éstos -Villagrasa, Joaquín Martínez y Jorge
Barrenechea- quienes me proporcionaron la información sobre aquel incidente:
«Fue hacia 1972. Eridani se hallaba entonces en la calle Belén, 15. Alguien
llamó por teléfono y nos alertó sobre la existencia de un micro. Nos reunimos
previamente, fuera de la sede, para decidir qué debíamos hacer, en el caso de
que apareciera dicho micrófono. Allí estaban Jordán Peña, que era presidente de
Eridani, Aguirre, Barrenechea, Juan Domínguez, Borraz, Villagrasa, Joaquín
Martínez, Paco Mejorada, Dionisio Garrido y Muela. Y a eso de las siete de la
tarde entramos en el domicilio, y procedimos a una minuciosa y silenciosa
búsqueda. Fue Barrenechea quien lo encontró. Estaba pegado con cinta a una tabla
existente sobre el radiador. Nos quedamos perplejos. Era increíble: alguien
estaba espiando. Era un micro pequeño, del tamaño de una caja de cerillas, embutido
en un bloque de plástico transparente. Pesaba muy poco. Garrido, el policía, lo
examinó y lo guardó en una caja, con el fin de que no pudieran escucharnos.
Entonces, alguien se percató de la presencia de un Mercedes negro, aparcado muy
cerca de la sede. Jordán Peña salió a la carrera, pero el coche arrancó y
desapareció. El micro parecía muy tosco y artesanal. Días después lo depositaron
en el buzón de Eridani porque -dijeron-
los de "Ummo"
pasarían a recogerlo...»

Camilo Alonso Vega, ministro de
la Gobernación (hoy llamado del Interior).

Jorge Barrenechea, el hombre que
halló el micrófono en la sede de Eridani, en Madrid. (Foto: J. J. Benítez.)

Tres imágenes del tosco micrófono
encontrado en la sede madrileña en la que se reunían habitualmente algunos de
los receptores de las cartas «ummitas». En la imagen 1 se distinguen el
acumulador, el solenoide y los posibles transistores. En la imagen 2 aparece la
antena, y en la 3, el micrófono. (Gentileza de Enrique Villagrasa.)
La cuestión es
que el micro terminó en el domicilio de Jordán Peña y, supongo, allí sigue, en
un cajón de su despacho. La última vez que lo tuve en mis manos fue el 20 de mayo
de 2000. Le pedí que me permitiera analizarlo, pero Jordán se negó. «Nunca supimos
quién estaba detrás -añadió-. La CIA me avisó de la existencia en Eridani de una
frecuencia desconocida. Por eso lo encontramos. En cuanto al vehículo que
permanecía estacionado a las puertas de Eridani, ni idea. La "Institución"
tampoco supo darme razón.»
Si Jordán decía
la verdad (?), es evidente que alguien deseaba estar al tanto de lo que se
hablaba en la inofensiva sociedad de estudios cosmológicos. Si ese «alguien» no
era la CIA, ¿en quién podemos pensar? Sólo se me ocurren dos posibilidades, medianamente
correctas: el ministro de la Gobernación o el propio Jordán, por su cuenta
y
riesgo. En ambos
supuestos, Jordán Peña habría mentido de nuevo.
Otro de los
incidentes en el que, al parecer, intervinieron agentes de policía españoles
tuvo lugar en diciembre de 1970, en plena «actividad» del asunto «Ummo».
El
«protagonista»
fue Enrique de Vicente, estudioso del tema ovni y hoy director de la revista
Año Cero.
Ignacio Darnaude,
en su exhaustiva recopilción de escritos «ummitas»
(Ummocat),
en el documento
número 415, dice al respecto: «Según aseveraciones de Enrique de Vicente... , hacia
diciembre de 1970 recibió un sobre anónimo con matasellos del distrito del
aeropuerto de Barajas (Madrid) que contenía dos fotografías (tamaño 9 x 12), pertenecientes
a un varón de raza blanca, corpulenta complexión y elevada estatura, que aparentaba
alrededor de cuarenta años, elegantemente vestido a la usanza europea y tocado
de mascota [sombrero] al estilo del cine negro americano .. El curioso personaje
se erguía a pie firme en alguna suerte de barco, malecón o paseo marítimo, en parajes
costeros o fluviales de Portugal o Brasil, a
juzgar por
los letreros, en portugués, que aparecen en dichas imágenes... Al dorso figuraba
un afectuoso mensaje dirigido a De Vicente, con motivo de su persistente interés
por el misterio de «UMMO»... El texto aparecía firmado por "Dei-98", el supuesto
líder de los «ummitas» en España. A Enrique de Vicente, excitado por el
inesperado regalo, le faltó tiempo para telefonear a medio Madrid, dando cuenta
de la existencia de las fotografías del «ummita»
"Dei-98"... Según De Vicente, las fotos en cuestión fueron a parar a su cartera
de mano y, con ella, se echó a la calle y prosiguió sus múltiples contactos y
actividades habituales. Pasadas varias horas, ante su sorpresa, fue abordado por
inspectores de la siniestra Brigada Social de Franco, adscritos al rastreo de
operaciones subversivas antifranquistas, que lo trasladaron sin contemplaciones
a la Dirección General de Seguridad, sita en la Puerta del Sol, en el corazón de
Madrid... Al llegar, como es preceptivo, entregó el portafolios con todo el variopinto
y personalísimo contenido, incluidas las dos fotos del supuesto
extraterrestre... Allí fue interrogado durante varias horas sobre su hipotética
participación en algaradas estudiantiles. Finalmente, los policías lo pusieron
en libertad, con la excusa de que todo había sido un error... Al salir del
"kilómetro cero", los "grises" le devolvieron cortésmente la bolsa de mano ..
Cuando Enrique de Vicente buscó las fotos de "Dei-98" comprobó que ambos
retratos habían desaparecido...»

Enrique de Vicente, receptor de
las falsas fotos de «Dei-98», el líder de los
«ummitas» en España. (Foto: J. J.
Benítez.)
Las fotos del
supuesto «Dei-98» fueron mostradas, antes de su incautación por los
funcionarios, a los también investigadores del tema «Ummo» Francisco Mejorada y
Javier Ruiz Sierra. Ambos dieron fe de la existencia de dichos retratos.
Hasta aquí, la
versión «oficial». Lo que no se había dicho hasta ahora es que Enrique de
Vicente fue víctima de una broma. El autor de la trastada fue Ignacio Darnaude.
Así me lo confesó: «Yo tenía un tío, Antonio, que era radioaficionado. Pues
bien, cuando efectuaban una nueva conexión, era costumbre que se intercambiaran
fotos o postales, dando cuenta de los pormenores de dicha comunicación. Un buen
día, mi tío Antonio recibió dos fotografías de un radioaficionado brasileño. Yo
me hice con sendos retratos y pensé en gastarle una broma al crédulo Enriquito.
Escribí un saludo al dorso de las fotos y lo firmé como "Dei-98". Después me
puse de acuerdo con un amigo de Madrid y éste lo echó al correo, en la zona de
Barajas. El resto ya lo sabes...»

Ignacio Darnaude, autor de la
broma a Enrique de Vicente. Las fotos del supuesto extraterrestre eran los
retratos de un radioaficionado brasileño. (Foto: J. J. Benítez.)
Sí, lo sabía, y
sigo preguntándome: ¿quién alertó a los policías de la Dirección General de
Seguridad? ¿Estaba «pinchado» el teléfono de De Vicente? Y, si lo estaba, ¿quién
llevó a cabo la escucha: la CIA o la policía de Franco? ¿Fue alguno de los
receptores de las cartas «ummitas», advertido por De Vicente de la existencia
de las fotos de «Dei-98», quien lo puso en conocimiento de Jordán? ¿Fue Jordán,
a su vez, el que avisó a la Policía o a la CIA? El embrollo es de tal magnitud
que hoy, incluso, dudo de la segunda parte de la historia: la detención de
Enrique de Vicente. Cabe la posibilidad de que las fotos de marras fueran
«extraviadas» por De Vicente, al comprender o sospechar que había sido víctima
de una broma...
El 20 de
noviembre de 1988, los servicios de Inteligencia españoles volvieron a
intervenir en el asunto «Ummo», según Jordán Peña. Ese día, en el hotel Sanvy,
en Madrid, un nutrido grupo de estudiosos y seguidores de los «ummitas», fueron
convocados para asistir a la lectura de una nueva y supuesta misiva
extraterrestre. Previamente (primeros de ese mes de noviembre), varios
ciudadanos españoles habían recibido sendas cartas procedentes de Suiza en las
que -en un pésimo inglés
se anunciaba que los «ummitas» estaban a punto de hacer
una importante revelación sobre la Sábana Santa de Turín. Yo fui uno de los
receptores de aquella carta y, francamente, quedé desconcertado. Curiosa y
sospechosamente, pocos días antes de dicha recepción, la Iglesia católica dio a
conocer en rueda de prensa el veredicto del carbono 14 sobre la antigüedad del
referido lienzo. El 13 de octubre, el cardenal Ballestrero anunciaba al mundo
que la Síndone o Sábana Santa fue confeccionada entre los años 1260 y 1390. La
reacción de los numerosos científicos que no estaban de acuerdo con el veredicto
del C 14 no se hizo esperar y, lógicamente, se encendió la polémica. Pues bien,
en mitad de esa polvareda -sospechosamente, como digo-, apareció la supuesta
carta de «Ummo». Y esa tarde del 20 de noviembre, ante doscientas personas,
Rafael Farriols procedió a la apertura de la misiva «ummita». En el sobre se
leía la siguiente observación: «ANTES DE ABRIR. Para abrir el 20 de noviembre de
1988
a las dieciocho horas y diez minutos ante toda la asamblea.» En total, casi
diez folios mecanografiados a un solo espacio. La larga y monótona carta, leída
por Luis Jiménez Marhuenda (7),
me dejó más perplejo si cabe. En ella, los «ummitas» aseguraban que la Sábana
Santa que hoy conocemos se trata, en realidad, de una copia, propiciada por la
Iglesia católica. El cambio -rezaba el panfleto- se efectuó en 1929. Según los «ummitas»
el lienzo fue comprado en secreto por la Iglesia. Se trataba de una tela
fabricada en Jaffa (Israel) en 1220. Construyeron igualmente un molde metálico
con la imagen del hombre muerto y así, aplicando el lino al metal previamente
calentado, obtuvieron la imagen que hoy conocemos. De la sorpresa pasé a la
indignación. Aquello era una burla y de muy mal gusto. Años después, al
interrogar a Jordán Peña sobre el contenido de esta carta, lo negó todo: «No sé
nada sobre ese cambio de la Sábana Santa. El Cristo de «Ummo» sí fue un invento
mío. Eso, en cambio, lo del hotel Sanvy, es falso...»
Meses más
tarde, al plantearle el tema de nuevo, Jordán olvidó sus anteriores
declaraciones y afirmó (por escrito):
«...El
documento sobre la Sábana Santa de Turín fue redactado al alimón por mí, y fue
injertada, además, una parte clave por un agente español del CESID. Te digo esto
porque fuiste
precisamente tú
quien
me inspiró relativamente la fantasía del informe sobre el sagrado Síndone. No
hay demasiado espacio en esta carta. Más adelante seré más explícito...»

Invitación para participar en la
reunión convocada por los «ummitas» en el hotel Sanvy, en Madrid.

Parte de la carta «ummitas»
recibida por J. J. Benítez en la que se habla de la Sábana Santa de Turín y de
cómo fue cambiada por un lienzo fabricado en 1220 en Jaffa. Otra burda broma...
En una nota
«E-1»,
en esa
misma carta, Jordán añadía: «Mi trato con el tema fue circunstancial. Sospecho
que la Administración norteamericana también tenía algún contencioso con esta
organización internacional
(8).
El caso es que,
¿a título
privado?, un agente conocido por mí que había, años atrás, actuado como enlace
en la operación U
W
W me
suplicó que recibiese a un agente del CESID, para tratar un asunto diferente al
caso «UMMO». Fue, pues, casi el único contacto que tuve con estos señores. El
ruego cumplido de insertar determinados párrafos en el informe. Que debería ser
leído precisamente a determinada hora y en un hotel determinado. La coincidencia
de la detención de la plana mayor de los dirigentes de esta secta frenoclasta me
sorprendió a mí mismo. Sospecho con bastante certeza que hay una especie de
hiato entre la lectura pública del informe y la operación policial. Pero el
asunto está entre tinieblas, tanto para ti como para
mí.»

Carta «ummita» con matasellos de
Suiza, con fecha 1 de noviembre de 1988. Según Jordán Peña, fue manipulada por
el CESID.
¿Decía la verdad
Jordán Peña? ¿Participó el CESID (antiguo Centro Superior de Información de la
Defensa) en la redacción de la carta «ummita» sobre la Sábana Santa? Para mí, en
este asunto, sólo hay una cosa cierta: la supuesta revelación sobre la Síndone
es más falsa que el pavo de
Bush...
ASUNTO «OVNI
SOBRE ALICANTE»
No pude resistir
la tentación. En una de aquellas incómodas entrevistas saqué a relucir el caso
del ovni visto en la noche del 27 de mayo de 1977 sobre la localidad de San Vicente
del Raspeig, en Alicante. Como se recordará, dos días antes, el desaparecido Luis
Jiménez Marhuenda recibió una carta anónima en la que le anunciaban una «señal
luminosa» , visible desde su domicilio. Luis y otras diez personas fueron testigos,
a las doce de la noche del referido viernes, 27 de mayo, de una bola de fuego
que cruzó el cielo en silencio y de este a oeste. Al recordar el caso, Jordán
sonrió malévolo y afirmó: «Eso fue un misil. Fue lanzado por el ejército de
Estados Unidos desde la base de Aitana. Yo supe del lanzamiento con antelación y
envié la carta al pobre Luis...»
Ante las
nuevas preguntas, Jordán Peña aclaró: «Me enteré del lanzamiento en una reunión
en Madrid, en la que participaron Alicia Araujo, la Institución norteamericana y
yo...
Formaba parte de la operación "Ummo"
o "U W W". Supe de la fecha y de las características de la prueba y me apresuré
a escribir la carta...»
Era asombroso. La
capacidad de Jordán Peña para la mentira no tenía límites. Y lo más increíble es
que terminaba por creer sus propios embustes. Veamos. Jordán volvió a mentir al
situar el lanzamiento del misil (?) en la base de Aitana. Este lugar, al
noroeste de la ciudad de Alicante, es un radar militar. Nunca fue una base de
lanzamientos. En segundo lugar, si se hubiera molestado en consultar un mapa,
Jordán habría comprendido que esa «explicación» era inviable porque, sencillamente,
el ovni fue visto de este a oeste (Aitana, como digo, se encuentra al norte). En
tercer lugar, según mis averiguaciones, en esa fecha y en las anteriores y
posteriores al 27 de mayo, no se registraron maniobras militares en la zona. Por
último, por muy norteamericanos que sean, ¿en qué cabeza cabe que disparen un
misil sobre un núcleo urbano y a las doce de la noche? La carta existe y me consta.
Jordán Peña miente. Eso también es innegable. El objeto fue visto por muchas
personas. Esto es igualmente cierto. La cuestión es: ¿quién manipuló al
manipulador?

Ovni sobre San Vicente del
Raspeig a las doce de la noche del 27 de mayo de 1977. Situación del radar
militar en Aitana y trayectoria del supuesto misil, según Jordán Peña. El
viento, esa noche, soplaba de norte a sur. El último vuelo que entró en el
aeropuerto de El Altet se registró a las 23.25 horas del jueves, 26. Es decir,
media hora antes del avistamiento ovni.
ASUNTO «SUSURROS»
Lo ocurrido en
aquel verano de 1996 fue, cuando menos, sorprendente. Debo empezar por aclarar
que Jordán Peña jamás pisó la casa de Rafael Farriols, en Argentona (Barcelona).
Pues bien, en varias de las entrevistas en su domicilio, en Madrid, Jordán repitió
que «Ummo», como «experimento», finalizó en 1989, «más o menos coincidiendo con
la caída del muro de Berlín. La Institución -añadió, refiriéndose a la CIA- dio
por concluido el "experimento". No me preguntes por qué ..»
Jordán
mentía o inventaba, una vez más. Después de 1989 siguieron apareciendo cartas «ummitas».
¿Fueron obra suya? La cuestión es que el 15 de julio del citado 1996, Rafael
Farriols recibió una nueva misiva, supuestamente «ummita». Dado su especial interés,
y con la autorización de Farriols, la reproduzco íntegramente. Decía así:
Ummoalevee
Número de copias:
3
(Escrito
a
mano
(9))
Permítame poner la mano en su pecho.
Mi nombre es OOLEEOO
2,
hijo de EEWAANII
1.
Yo no he tenido el honor de dirigirme
a
Vd. previamente, pues
me
encontraba hasta hace
2,4
años [en medida de su tiempo] en «Ummo»
planeta del que soy originario.
(Yo entiendo que hace 2,4 años que está en la Tierra).
He sido destinado recientemente
a
su bello país con la misión de restablecer un contacto voluntariamente abortado
por imperiosas órdenes de mis hermanos
a
los que
me
hallo voluntariamente sometido. Obran en mi poder todos los DEEGOO
(Supongo que se refiere a datos y referencias; es una voz nueva)
conteniendo una precisa descripción de toda la historia de nuestra incorporación
(98,4%
de las veces pasiva)
a su hermoso OYAGAA
(10).
(Entiendo que sólo en 1,6% de ocasiones ha sido una incorporación o relación
íntima y
activa). Poseo también una minuciosa definición psicosomatológica de Vd. y de
todos sus hermanos que han tenido contacto más
o
menos próximo
a
nuestra cultura. Mis hermanos expedicionarios que estuvieron en contacto con Vd.
me
ruegan le transmita un emocionado saludo.
Vd. no puede
hacerse una idea ni remotamente aproximada de la tristeza que nos embarga cuando
debemos abandonar misiones en las que se implican afectos y sentimientos. Ello
es debido a la peculiar estructura de nuestro cerebro en el que además de una evolución
del cuerpo estriado y del tálamo muy superior a la de Vds. se ha desarrollado
considerablemente en nuestra especie el GOOYOOOOO (parte del cerebro equivalente
a lo que Vds. denominan Polígono de WILLlS). Este subórgano es el responsable de
lo que su inteligentísimo hermano Miguel Unamuno denominaba «Inteligencia
Simiente»
y que sus hermanos
neurólogos están próximos a descubrir en su planeta.
De hecho
algunos pedagogos y psicólogos norteamericanos ya han empezado a elaborar tests
(más sobre bases empíricas que científicas) que correlacionan inteligencia y
sentimientos. Compruebe Vd. mediante sencilla observación de las diferentes
especies animales que comparten existencia con Vd.
A mayor inteligencia
mayor sensibilidad
Pero además
(y
esto es
parcialmente desconocido en OYAGAA) la sensibilidad, retroalimenta a la inteligencia,
no solamente por proporcionar una mayor información sino también una MEJOR
información
situando así a los cerebros en un plano cuántico perceptible por BUAWA BIIAEI
(11)
que instará
a una mutación de la especie a través de unos individuos concretos, auténticos
«pioneros biológicos».
Sr. Rafael: Con
contenida emoción hemos estudiado su libro EL HOMBRE EL COSMOS Y DIOS el cual
nos ha parecido excelente: es encomiable y enternecedor observar a un OEMMII
(12)
de OYAGAA
luchando con dignidad y tesón entre las embravecidas aguas de la ignorancia
imperante. Nuestra mano en su pecho, señor. No obstante (y le suplicamos no tome
lo que sigue como una crítica) le invitamos encarecidamente a que repase los
siguientes documentos: EL MANIFIESTO COMUNISTA (Karl Marx y Friedrich Engels) y
los cálculos de Gauss y las implicaciones del llamado plano de Gauss para
representar gráficamente los llamados por Vds. «números complejos».
Nosotros conocíamos
con una alta certeza la posibilidad de victoria de su hermano J.
M. AZNAR
en las elecciones democráticas del país España. Por ello mis hermanos le
advirtieron de lo arriesgado de ciertas inversiones antes de la primera mitad
del año actual. Si Vd. pregunta a expertos inversores le dirán el número de
aventuras empresariales fracasadas
o
periclitadas en los
últimos dos años. Nosotros creemos con alto grado de fiabilidad que se aproxima
un buen momento inversor, mas ello sabiendo elegir los campos y momentos
adecuados y dejándose asesorar por expertos.
Sr. Farriols: Hay
un riesgo de rebrote en su país de fiebre equina. Tome precauciones.
Sr. Farriols: Nosotros
queremos saber si quiere Vd. ayudamos
a
reestructurar la A
YUYISAA
(Red) de su país.
Para ello
nos sería de gran ayuda que Vd. pregunte personalmente
a
TODOS
cuantos han tenido un contacto razonablemente alto con civilización «UMMO» sobre
su eventual interés en una reparticipación en el estudio de nuestra civilización.
Puede para ello usar canal telefónico entre días
5
de Julio y
28 de Agosto
del año 1996. Puede
suplicar ayuda
a
su hermano PONS.
Sr. Rafael, yo
pongo mi mano en su pecho. Ruego transmita nuestro respeto
a
su YIEE
(esposa) y
a
sus hermanos
adictos.
Dictó: OOLEEOO
2
Hijo de EEWAANII1
Cuando Farriols leyó la carta, quedó sorprendido, al menos por dos motivos. El
24 de julio de ese año (1996) me escribía, lógicamente alarmado, explicando las
razones:
«...He
escrito un libro que titulo
El hombre, el cosmos
y
Dios.
No lo he publicada todavía, aunque ésta sea mi intención. He sacado unas pocas fotocopias
del libro que he repartido entre la familia y, desde hace un mes, una copia a
Jorge Barrenechea... Me parece inconcebible que digan "hemos estudiado su libro".
¿Cómo es posible si -prácticamente- sólo estaba en el ordenador?...
Además, y
eso es muy interesante, yo había "metido la pata" en mis comentarios sobre el
manifiesto comunista y sobre la imposibilidad de representar gráficamente los
números complejos, o imaginarios, en el plano de Gauss. A raíz de las advertencias
"ummitas", tuve que modificar ambos conceptos para ceñidos a la realidad, pues
llevaban razón...»

Cubierta del libro escrito por
Rafael Farriols y mencionado en la carta «ummita» del 15 de julio de 1996. Según
Jordán, «la Insititución» (CIA) supo del libro porque «espiaron su ordenador».
(Gentileza de Farriols.)
La segunda causa de extrañeza se hallaba en uno de los últimos párrafos de la
referida carta «ummita»: «Sr. Farriols: Hay un riesgo de rebrote en su país de
fiebre equina. Tome precauciones.» Y Rafael Farriols, con razón, se preguntó:
«Si Jordán fuera el autor de esta carta, ¿cómo podía saber que tengo caballos si
jamás ha estado en mi casa?, ¿cómo adivinó que entre mis planes, estaba la exportación
de caballos a Alemania e Italia y que, obviamente, la fiebre equina hubiera puesto
en peligro mi proyecto?» Jordán, según dijo, «no sabía nada de esa carta». Meses
después cambió de opinión: «No sé quien la redactó, pero la información procede
de la Institución. Ellos disponen de medios técnicos para espiar las conversaciones
de
Farriols y para
entrar en su ordenador. Así supieron lo del
libro y lo
de los caballos.»

«La CIA espió a Farriols», dice
Jordán Peña.
¿Decía la verdad
Jordán Peña o se trataba de una nueva mentira-fantasía? Un mes más tarde, el 26
de agosto (1996), Farriols recibió una segunda misiva «umrnita». En ella,
comentada en páginas precedentes, los supuestos extraterrestres le rogaban que
elevara el tono de la voz por encima de diecisiete decibelios. Días antes, como
se recordará, Rafael se encerró en su estudio y a eso de las dos de la
madrugada, mientras caminaba en círculos, susurró a los «ummitas» una serie de
preguntas y reflexiones. «Este monólogo lo ensayo varias veces al año, aunque,
en aquella ocasión, me dio por hablar con susurros; es decir, sin emplear las
cuerdas vocales y confiando en la eficacia de sus métodos de amplificación. Por
lo visto me equivoqué y les fue muy difícil grabar lo que decía. Pero fíjate
que, con esa frase, me confirmaron que estaban "escuchando", pese a que
obtuvieran una "mala grabación". ¡Ándate, pues, con cuidado con lo que piensas!
"Ellos" acceden a tus pensamientos siempre que dispongan de un artefacto
adecuado situado dentro de una área circular de veintidós metros de radio. Esta
"gente" se las sabe todas...»
Cuando planteé el
enigma de los «susurros» Jordán me remitió a lo ya dicho: «Fue la Institución
norteamericana [CIA] quien espió a Farriols.» Lógicamente, me interesé por los
detalles: ¿cómo lo hicieron? ¿Cómo es posible que estuvieran vigilando la casa a
las dos de la madrugada, de una noche y de un año cualquiera? «Ellos captan la
voz -fue la única respuesta de Jordán Peña-.
Para eso disponen de sistemas electrónicos muy precisos. Al hablar, los
cristales vibran. Esa vibración (treinta mil ciclos por segundo) es recogida en
el exterior por un receptor.» Tal y como decía, Jordán no conoce la casa de
Farriols y, por tanto, no sabe que los cristales del estudio son, en realidad,
planchas de metacrilato de veinte milímetros de espesor. En otras palabras:
jamás vibrarían ante un susurro... Jordán, además, olvidaba sus declaraciones
anteriores. Si el «experimento» había concluido -según él
en 1989,
¿por qué espiar a este ciudadano barcelonés en 1996? Por esa misma regla de
tres, también el resto de lo receptores de mensajes «ummitas»
deberían haber sido espiados, día y noche. Es decir, cientos de personas,
contando a los familiares y amigos que compartían cartas e inquietudes. No
imagino a la CIA manteniendo semejante dispositivo, durante treinta años, para
satisfacer las pretensiones de un desequilibrado. Naturalmente, cuando pregunté
por el suceso protagonizado por María Antonia Segura («MAS»),
poco antes del congreso sobre «Ummo» celebrado en marzo de 1980 en Alicante,
Jordán se quedó en blanco y reconoció que no sabía de qué le hablaba. Y volví a
plantearme la gran cuestión: si José Luis Jordán estaba mintiendo, si la CIA no
había espiado a Farriols, ¿quién tenía acceso a susurros y pensamientos? ¿Quién
manipulaba al manipulador?

Rafael Farriols, en su estudio,
en Argentona. La totalidad de las ventanas y puertas están protegidas por placas
transparentes de metacrilato de metilo de veinte milímetros de espesor
(antibalas). Es técnicamente imposible que dichas placas puedan vibrar a causa
de la voz y, mucho menos, por los susurros. Una de las aplicaciones de este
material consiste, justamente, en el aislamiento acústico. Ejemplo: las grandes
pantallas dispuestas a lo largo de autopistas para disminuir el ruido en las
viviendas cercanas. (Foto: J. J. Benítez.)

Cuaderno de campo de J. J.
Benítez con anotaciones durante una de las visitas a la casa de Farriols, en
Argentona.
ASUNTO «SAN JOSÉ
DE VALDERAS»
Naturalmente, en
esos años en los que interrogué a Jordán, no podía olvidar el no menos oscuro
asunto del ovni observado en San José de Valderas, en las cercanías de Madrid.
El hecho, como ya mencioné, tuvo lugar hacia las 20.20 horas del jueves, 1 de junio
de 1967. Los testigos vieron un objeto silencioso, en forma de disco, que sobrevoló
la zona. Alguien, al parecer, tomó fotografías. A los pocos minutos el ovni se
alejó en dirección a la Casa de Campo, al oeste de Madrid, y se registró un aterrizaje
en la colonia de Santa Mónica. Al día siguiente, 2 de junio, el diario madrileño
Informaciones
daba cuenta del
avistamiento, publicando dos fotografías de la nave. En una de las imágenes se
observa la célebre «H» de «Ummo» en la base del objeto.
He aquí, en síntesis,
las versiones proporcionadas por Jordán en diez años:
1. «Yo fabriqué
el ovni -aclaró (?) en mi primera conversación (1993)-. Lo hice con dos platos
de plástico. Me ayudaron dos colaboradores. No eran de la Institución norteamericana.
No me preguntes cómo se hizo. Eso es secreto. Tendría que solicitar autorización
a esos señores.»
2. «Yo
confeccioné la maqueta de plástico con la ayuda de un amigo y colaborador. Seleccionamos
el paraje por el castillo de Valderas, un lugar muy propio (?).»
3. «El lugar para
colgar la maqueta de plástico lo eligió mi colaborador. Fue ese amigo quien decidió
igualmente qué tipo de película debía utilizarse en el trucaje (400 ASA).»
4. «La película
fue revelada esa misma noche del 1 de junio en un laboratorio comercial de
Madrid.»
5. «Esa mañana,
al hacer las fotos, yo revelé el carrete en un pequeño laboratorio que había
instalado en mi domicilio.»
6. «Yo pinté la
"H" en mi casa.»
7. «La "H" fue
diseñada con cinta aislante de color negro.»
8. «La maqueta de
plástico fue colgada con un hilo de naylon, con la ayuda de un palo. Mi ayudante
sostenía el palo y yo hacía las fotos.»
9. Jordán declaró
a Antonio Luis Moyano (véase
Enigmas,
abril de
2001) que la maqueta fue «suspendida de otra más grande». Jordán dibujó el
artilugio, consistente en tres palos (?), similares a una portería de fútbol.
Según esta nueva versión, el ovni colgaba del travesaño.
10. «No sé dónde
están los negativos que no fueron publicados y tampoco la maqueta de plástico.»
11. «La maqueta
del ovni, la película sobrante y el aparato para fabricar las huellas del
aterrizaje de Aluche se los llevaron los norteamericanos [ClA].»
12. «Hice un
rollo completo: treinta y seis imágenes de la maqueta de plástico.»
13. «Hice diez o
quince fotografías -declaró en mi última charla, en febrero de 2004-. Seleccioné
cinco negativos y llamé al periodista Antonio San Antonio. Lo elegí porque le
gustaba el tema ovni. La maqueta fue colgada de un árbol.»

Dibujo de Jordán Peña, publicado
en la revista Enigmas. (Cortesía de Antonio L. Moyano.)

Dibujos de Jordán Peña en el
cuaderno de campo de J. J. Benítez. Enésima versión sobre el trucaje de San José
de Valderas. En esta ocasión, la maqueta fue colgada de un árbol, según Jordán.
E insisto en algo
que ya comenté. Si Jordán Peña pintó o fabricó la «H» que lucía la supuesta
maqueta de plástico, y si dicho símbolo aparece con los extremas curvados hacia
el exterior, ¿cómo es posible que Antonio San Antonio fuera el «inventor» de
dicha curvatura? Según Jordán, el citado periodista fue telefoneado
después
de llevar a
cabo el fraude.
Sí, alguien
miente como un bellaco...
Por su parte, la
versión de Vicente Ortuño, uno de los
«colaboradores» que menciona Jordán,
tampoco resulta definitiva ni fiable. Y me explico: ¿por qué creer a quien
colaboró con un mentiroso patológico? ¿Es que Ortuño es menos culpable porque se
limitara a llamar por teléfono, hacer de recadero o sostener el palo del que
colgaba la maqueta de plástico?
«El trucaje de Valderas
-contó Ortuño en diferentes conversaciones- se hizo unos días antes del primero
de junio. Creo, incluso, que antes de la lectura de la carta en la que
anunciaban los tres aterrizajes en Madrid, Oruro y Brasil. Yo mismo firmé en el
reverso de aquella hoja... Las fotos se hicieron una mañana, a eso de las once.
Yo trabajaba ya con Jordán, en Agromán. Empecé en abril de 1967, si no recuerdo
mal... Era un día de labor. Fue él (Jordán) quien escogió el sitio. A esas horas
no había nadie en el lugar... La maqueta la hizo con dos platos de plástico que
nos proporcionó mi mujer... Jordán ya traía pintada la "H". Supongo que lo hizo
en su casa. Colocamos un palo cimbreante en el capó del seiscientos de Jordán
Peña y él tomó las fotografías... La operación pudo durar una hora, más o menos.
El ovni colgaba de un hilo. Terminada la sesión de fotos, nos dirigimos a la casa
de Jordán. Allí, en un laboratorio muy elemental, procedió al revelado de las
imágenes. Pudieron ser diez o quince fotos. Era un rollo virgen. Allí no había
fotos de ningún otro asunto... Fuimos cinco las personas que estuvimos al tanto
del montaje: Jordán Peña, nuestras respectivas esposas, un cuñado de Jordán y
yo... La verdad es que me he sentido defraudado: Jordán podía haberme advertido
que pensaba autoinculparse, aunque sólo fuera por cortesía. Yo le hice muchos
favores durante aquellos años ..»

La «H» con los brazos curvados
hacia el exterior. Esta imagen fue tomada antes de que Jordán Peña telefoneara
al periodista San Antonio.

Primero de junio
de 1968, a las 20.20 horas. Primer aniversario del avistamiento
ovni en Valderas. Farriols, Villagrasa y otros interesados en el asunto hacen
acto de presencia junto al castillo, «por si se repetía el avistamiento». De
pronto apareció un «600» que merodeaba por la zona. Alguien creyó ver a Jordán Peña
al volante. Lo acompañaban una mujer y un niño. En la imagen, el seiscientos sospechoso
junto al Morris 1100 de Rafael Farriols. Otros estiman que el conductor del seiscientos
podria haber sido Vicente Ortuño, colaborador de Jordán. (Archivo: Farriols).
El ovni, tras evolucionar
sobre la zona del castillo de Valderas, se desplazó hacia el oeste de Madrid, y
realizó un descenso o aterrizaje en la colonia madrileña de Santa Mónica. Así lo
ratificaron los testigos (13).
Dos de ellos -los hermanos Arribas- aseguraron haber visto un disco posado en el
suelo y cómo, tras recoger a unos hombres, volvía a partir a gran velocidad
(14).
Cuando interrogué a Jordán Peña sobre estos testigos de Santa Mónica, la
respuesta fue siempre la misma (algo no menos singular en Jordán): «Todos
mienten. No hubo ovni. Yo lo inventé...»
Y
fue en ese lugar
(Santa Mónica) y en esas fechas (primeros de junio de 1967) cuando entró en
escena un nuevo elemento en este endiablado caso: unos tubos metálicos que, al
parecer, fueron hallados en el mismo paraje en el que había aterrizado el ovni.
Por más que lo intentaron, los investigadores y periodistas de la época no
fueron capaces de encontrar ninguna de estas piezas, supuestamente arrojadas por
la nave. Lo único que circuló (y sigue circulando) fueron dos fotografías de dichos
tubos. La primera, en la que se aprecia un tubo roto y dos láminas con la «H»,
fue enviada por un tal «Antonio Pardo» al investigador Marius Lleget
(15),
ya fallecido. La segunda imagen, en la que se ve un tubo completo, llegó días
después, por correo, a diferentes vecinos del citado barrio o colonia de Santa
Mónica. Junto a la foto y un croquis de dicho tubo, con sus dimensiones, podía
leerse una nota en la que ofrecían dieciocho mil pesetas por la recuperación de
cada tubito. Los cilindros en cuestión tenian
que ser idénticos al que mostraba la referida foto. La misiva aparecía firmada
por un tal «Henri Dagousset». La carta presentaba la siguiente nota: «Dirijan la
correspondencia antes del 28 de junio a Mr. Antoine Nancey. Lista de Correos.
Madrid.» Hoy existen fundadas sospechas para creer que «Antonio Pardo» y «Dagousset»
sólo son «fantasmas», creados por la retorcida mente de Jordán Peña. Cuando pregunté
por este asunto me aseguró que «las láminas de plástico se las facilitó la Institución
[ClA]». En otra entrevista habló de un «ingeniero norteamericano, amigo suyo,
que trabajaba para la NASA y que fue quien le regaló el plástico». En una
tercera conversación, Jordán habló de un «industrial estadounidense...». Para
qué seguir. Lo que está claro es que los mencionados tubos metálicos «no existen».
Nadie llegó a tenerlos en las manos, excepción hecha de Jordán. Él mandó
fabricar la pieza fotografiada en la carta de Henri Dagousset, él fue Dagousset.
Él mismo procedió a romper una de las mitades del tubo y la fotografió después.
Él fue quien remitió el plástico y un fragmento del tubo de Márius Lleget,
haciéndose pasar por Antonio Pardo. Ésta, al menos, es la versión de Jordán...

Tubo metálico, supuestamente
extraterrestre, tal y como aparece en las cartas remitidas por Henri Dagousset.
«Yo la mandé fabricar», dice Jordán Peña. (Archivo: R. Farriols.)

Tubo metálico, supuestamente encontrado en la colonia madrileña de Santa Mónica.
Según Jordán, las láminas de plástico, con el sello («H») de «Ummo», se hallaban
en el interior. En el centro de la imagen, el fragmento metálico que fue
remitido por «Antonio Pardo» a Lleget el 26 de agosto de 1967. (Archivo: Rafael
Farriols.)

Carta enviada por el falso «Dagousset»
a los vecinos de Santa Mónica. En ella ofrece «hasta deciocho mil pesetas por
cada uno de los cilindros que idénticos al modelo adjunto se nos proporcione».
Según Jordán Peña, «él era Dagousset». El tubo completo que aparece en la
fotografía fue el único que se fabricó. Después, Jordán rompería una de las
mitades y mentiría también sobre su origen. (Archivo: Rafael Farriols.)
A pesar de las
lógicas sospechas respecto al origen «humano» del fragmento metálico y de la lámina
de plástico enviados a Marius Lleget, algunos de los receptores de los mensajes
«ummitas» quisieron asegurarse. Fue Farriols quien hizo las gestiones oportunas
para que las muestras fueran analizadas en el Instituto Nacional de Técnica
Aeroespacial «Esteban Terradas» (INTA), dependiente del Ministerio del Aire. El
general Calvo Rodés, tío de Farriols, era el director de dicho instituto. Calvo
Rodés, además, estaba al tanto de los sucesos ovni ya referidos y, naturalmente,
prestó todo el apoyo del INTA para tratar de esclarecer la naturaleza de las
piezas enviadas por el tal «Pardo». Los resultados llegaron el 15 de octubre de
1968. El fragmento metálico, supuestamente procedente del tubo, era níquel, «con
una pureza superior, posiblemente, al 99 por ciento». En cuanto a la lámina de
plástico, los análisis establecieron que se trataba de «un polifluoruro de vinilideno
con un pigmento de coloración a base de hierro y cadmio
(16)».
En definitiva: materiales de gran pureza y poco comunes en 1967, pero no por
ello «extraterrestres».

Lámina de plástico examinada en
el INTA, en Torrejón. En relieve, el símbolo de Ummo. (Archivo: Rafael Farriols.)

Croquis y dimensiones del tubo
fotografiado en la cara de «Henri Dagousset». Si Jordán fue el falsificador,
¿cómo pudo «encriptar» entre los números las medidas del ovni observado en
Valderas?
Durante los años
ochenta, tuve la oportunidad de conversar con los científicos que habían participado
en el citado estudio. Todos confirmaron lo que ya sabíamos: «La lámina de plástico
era un polifluoruro de vinilideno, un material de lo más normal. El color verde
procedía de la mezcla de dos pigmentas: azul, a base de hierro, y amarillo
(cadmio). En cuanto al fragmento metálico, todo resultaba igualmente "normal".
El metal base era níquel, con indicios de manganeso, hierro, titanio y cobalto,
y algunas muestras de silicio y aluminio. El níquel superaba el 99 por ciento,
aunque, dada la escasa cantidad de muestra, no fue posible comprobado. Lo que sí
estaba claro es que se trataba de un material de gran pureza ..»
A título
anecdótico (nunca se publicó), lo que sí desconcertó a los científicos fue una
serie de extrañas «coincidencias», surgidas en el estudio de las dimensiones del
tubo metálico que aparece en la fotografía de «Henri Dagousset». Un tubo supuestamente
gemelo al que (también supuestamente) encontró el niño de la colonia de Santa
Mónica. Al examinar las dimensiones que presenta el croquis del referido tubo,
los científicos se encontraron con lo siguiente: la suma de 129,8 milímetros y
1,8 es igual a 131. Si multiplicamos por 2 los 24 mm, el resultado es 48. Curioso:
13,1 metros era el diámetro de la nave de Valderas y 4,8 la altura de la misma.
¿Casualidad? Cuando pregunté si las medidas del croquis de «Dagousset» obedecían
a alguna razón en particular, Jordán se encogió de hombros, asegurando que no.
«Todo fue al azar -manifestó-.
Esas
dimensiones también me las inventé yo...»
Naturalmente,
no le dije nada sobre la curiosa coincidencia...

El general Calvo Rodés
(izquierda), director del INTA, y José Antonio García Poggio, jefe de la
División de Materiales Estructurales. Ambos, juntos a Julio Apraiz Barreiro,
Alonso Roldán y Enrique Asensi Alvárez-Arenas, participaron en el estudio del
fragmento metálico y la lámina de plástico.

Enrique Asensi, jefe de la
sección de Metalografía del INTA. Identificó el fragmento metálico con la ayuda
del microscopio metalográfico.
Las imágenes del
ovni que sobrevoló San José de Valderas, al suroeste de Madrid, dieron
rápidamente la vuelta al mundo. No era para menos. Las fotografías son
espectaculares. En muy pocas ocasiones se había captado un ovni con tanta
claridad. Y, como era de esperar, surgió la polémica. En 1968, tras la compra
por parte de Farriols de los cinco negativos en poder del diario
Informaciones
(17),
salió a la luz el primer informe sobre dichas fotos. Lo llevó a cabo Alberto
Costa Romero de Tejada, ingeniero industrial. Decía así: «A petición de Rafael
Farriols Calvo, he examinado cuidadosamente los negativos que muestran un objeto
volante no identificado sobrevolando el término municipal de San José de Valderas.
Prescindiendo de la pretensión de identificar el objeto, es evidente que las tomas
son auténticas por las siguientes razones:
»1. Los
negativos han sido impresionados y procesados por manos no profesionales. Su
calidad es muy baja.
»2. La
luminosidad del objeto hace difícil su diferenciación con el cielo, por lo cual
el positivarlos es algo dificultoso. Esto excluye la posibilidad de una
sobreimpresión, que resaltaría marcadamente las diferencias de luminosidad.
»3. La posición
del objeto, particularmente en dos de los negativos estudiados, demuestra una
secuencia de disparo muy rápida, imposible de lograr con tanta exactitud en un
trucaje.
»4. La
uniformidad del grano de la emulsión descarta el hecho de una exposición doble,
ya que las partes superiores de todas las fotografías han recibido una cantidad
de luz idéntica.»

Imagen tomada por Rafael Farriols
en el bar Texas, durante la entrevista sostenida con el periodista Antonio San
Antonio. Los cinco negativos del ovni fotografiado en San José de Valderas
fueron comprados por treinta mil pesetas.
En agosto de
1972, el investigador gallego Óscar Rey Brea se enfrentó a los defensores del
caso Valderas, asegurando que las fotos del ovni eran el resultado de un fraude
perfectamente orquestado en el que había intervenido un fotógrafo con una cámara
provista de trípode. El ovni, en suma, era una maqueta, en opinión de Rey Brea.
Este informe en contra de las fotos de Valderas, publicado en la revista
Stendek,
aparecía
acompañado de una serie de comentarios que, en un primer momento, me
despistaron. Don Óscar, sencillamente, ridiculizaba el asunto «Ummo» y el libro
en el que se daba cuenta de los avistamientos de Aluche, Valderas y Santa Mónica
(Un caso
perfecto)
(18).
Al principio, como digo, no comprendí: aunque las fotos fueran falsas, el
avistamiento de la nave podía ser real. ¿Por qué Rey Brea, un excelente investigador,
ignoraba a los numerosos testigos? Fue el también investigador Manuel Salazar
quien me puso sobre la pista: las intenciones de don Óscar no eran tan limpias
como parecían. Don Óscar no aceptaba el tema «Ummo», como extraterrestre, porque
estaba convencido de que los ovnis procedían del planeta Marte... Así lo declaró
en un libro publicado en 1968 en Barcelona. El señor Rey Brea, a la pregunta de
por qué creía en los ovnis (19),
respondía textualmente: «Porque desde el año 1945 vengo estudiando el
problema... , hace tiempo que llegué a la conclusión de la absoluta realidad de
los ONls como máquinas extraterrestres... En el año 1952 estuve ya en
disposición de predecir nuevas apariciones de ONls que se repetían en ciclos de
veintiséis meses. Lo hice públicamente dos años antes que Aimée Michel y que
ningún otro investigador del problema...»
A la
cuestión de si se trataba de naves extraterrestres, Rey Brea responde así: «Naturalmente.
PROCEDEN DE MARTE.» En esa misma entrevista, fechada el 26 de enero de 1968, don
Óscar Rey Brea reconoce que su curiosidad por el fenómeno ovni está satisfecha y
que, en consecuencia, ya no lo estudia. «Miento -rectifica-, hoy estoy estudiando
su posible forma de propulsión.» Obviamente, don Óscar no jugaba limpio. Si
estaba convencido del origen marciano de los ovnis
(20),
¿cómo investigar con un mínimo de imparcialidad las imágenes de una nave procedente
de otro planeta? «Urnmo», en consecuencia tenía que ser un infundio...
Algo similar sucedería
años después con Claude Poher, jefe del Departamento de Sistemas y Proyectos Científicos
del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) de Toulouse, en Francia. En
1976, Farriols le entregó los cinco negativos que había comprado al periodista
Antonio San Antonio y Poher procedió al estudio de los mismos. El 25 de noviembre
de ese año concluyó los análisis con los siguientes resultados:
1.
Los negativos no
estaban manipulados.
2. Eran
fotografías de un objeto real.
3.
El día y
la hora en que fueron tomadas las fotos coincidían con la narración de los hechos
(longitud de las sombras, etc.).
4. El objeto
fotografiado estaba cuidadosamente elaborado, tanto como para que, con un
estudio posterior (de los negativos), resultase muy difícil determinar su tamaño
real y su presencia.
5.
No
obstante, el tamaño del objeto no sobrepasaba los treinta centímetros.
6.
El
montaje del truco tuvo que ser muy inteligente.
7. Se trataba,
pues, de fotografías de una maqueta pequeña, posiblemente sostenida con un hilo
(no detectado en los negativos).
8.
En
consecuencia, ¡todo era falso!, incluido el fenómeno ovni en general
(21).

Ovni sobre San José de Valderas.
Atardecer del 1 de junio. Primera toma conocida, correspondiente al negativo
número 12.

Segunda imagen del ovni de San
José de Valderas (Madrid), tomada entre las 20 y las 20.30 del 1 de junio de
1967 (negativo número 19),

Tercera toma (negativo número
21).

Cuarta toma fotográfica del ovni
de Valderas (negativo número 23).

Quinta toma conocida (negativo
24).
Si el informe de
Poher se hubiera limitado a lo expuesto anteriormente quizá no habría levantado
sospechas. Pero, en uno de los párrafos, cometió un desliz:
«...el
asunto "Ummo" va estrechamente ligado a estas observaciones y, por consiguiente,
también se derrumba por la base. Pero, de ser así, difícilmente
puede admitirse que quien hubiera estado divirtiéndose de forma astuta en la
confección de los clichés de San José de Valderas haya podido, de la misma
forma, fabricar toda la puesta en escena de "ummo", que ostensiblemente
pertenece a un orden superior en cuanto a magnitud. Estremece que quizá no se
trate de un simple juego intelectual para fastidiar a algunos aficionados a las
chisporroteantes historias de ovnis, sino que pueda ser también un juego de adultos
mucho más grave, menos pacífico...»
Y
me pregunto: ¿por
qué Poher mezcló los análisis de unos negativos fotográficos con un veredicto
sobre «Urnmo»? Al igual que Rey Brea, Poher ignoró el importante capítulo de los
testigos, y lo hizo, sencillamente, porque estaba en contra del fenómeno ovni en
general. «Su intención era fulminar el asunto ovni, como fuera,
y
desde donde
fuera.» La explicación me fue dada por Rafael Farriols. A finales de 1976, el
propietario de los negativos de Valderas acudió a la ciudad francesa de
Toulouse, atendiendo la llamada de Poher. Farriols recuperó los cinco negativos
y,
durante casi tres
horas, tuvo que soportar las diatribas de Poher contra los «platillos volantes»
(la entrevista fue grabada). «Me di cuenta de que Claude Poher tenía la intención
preconcebida y recóndita de desacreditar el tema ovni -fuera como fuera-, por razones
íntimas y quizá inconfesables. ¿Normas de los altos mandos que controlaban el
Centro Nacional de Estudios Espaciales? La cuestión es que, durante ese tiempo,
Poher se empeñó en demostrar que, puesto que las fotos eran falsas, "Ummo" y los
ovnis también lo eran...»
La «brillante y
científica» conclusión del que fue sobrino del presidente del Senado francés no
merece mayores comentarios. Desde mi punto de vista, esa cerrazón mental pone en
tela de juicio la imparcialidad de los análisis del CNES (Poher nunca publicó
las fotos de la maqueta elaborada por él).
En diciembre de
1977, la ya mencionada publicación barcelonesa
Stendek
(boletín
informativo del Centro de Estudios Interplanetarios -CEI-), supuestamente la
línea más critica
y
científica de la
ufología española, ofrecía a sus lectores, conjuntamente con el informe de Poher,
otro estudio sobre las fotos del ovni de Valderas. Esta vez lo firmaban William
Spaulding
y
Fred Adrian, director
del Centro de Investigaciones Ground Saucer Wath
(22),
de Phoenix (Arizona),
y
consultor
fotográfico del GSW, respectivamente. Bajo el aparente
y
pomposo título de
«Análisis por computador de las fotos de San José de Valderas», Spaulding
y
Adrian declaraban
que las imágenes de Valderas eran un fraude. El ovni -decían- era una maqueta
colgada de un hilo. Y proporcionaban unas fotografías digitalizadas en las que,
al parecer, se veía dicho hilo
(23).
El caso, tras la sentencia de los gringos, quedó definitivamente cerrado, al
menos para algunos.
Otros, en cambio,
alertados por los espectaculares patinazos del GSW en estudios de parecido
corte, no quedamos satisfechos. Poher
y
Spaulding se
contradecían, por ejemplo, en el asunto de la luminosidad del objeto
y
en su volumen,
entre otras cosas (el francés defendía que el ovni era una maqueta
y
el norteamericano
apostaba por algo plano
y
sin grosor,
excepción hecha de la «H»). Pues bien, ante esta serie de anomalías, me puse en
movimiento, empezando por el principio: ¿qué clase de copia analizó el GSW? Las
primeras consultas a Farriols, depositario de los negativos, fueron estériles.
Rafael no había proporcionado ninguna copia a las gringos, ni sabía nada al
respecto. Y me remitió a Ribera, miembro del CEI en aquellos años. La
conversación con Antonio Ribera fue esclarecedora. El GSW nunca trabajó con los
negativos originales, sino con una copia de copia (segunda generación) de una de
las fotos de Valderas. Esta copia de copia, en papel, fue enviada a Valencia
(24)
y,
desde allí, a
Estados Unidos. Eso, según Ribera, fue lo único que recibió W. Spaulding
y
en lo que
fundamentaron el «cuidadoso estudio». Poco después, con fecha 28 de marzo de
1981, Ribera me lo confirmaba por escrito: «...El
Dr. Claude Poher dice, en su análisis de los negativos de las fotos de San José
de Valderas, que se pueden hacer dos listas: pruebas a favor de la autenticidad
de las mismas; pruebas a favor de un fraude. El resultado, pues, es incierto. En
cuanto al análisis -por llamarlo de alguna manera-
que
hizo William Spaulding, del GSW, utilizando un escáner empleado para "lavar"
electrónicamente las fotos marcianas, dicho señor sólo utilizó una copia o
positivo de segunda generación, lo cual invalida para mí totalmente su análisis
(el supuesto hilo no se puede detectar en una copia, por causa de la difusión
luminosa). No sólo ignoró las demás fotos de la serie y los negativos, sino
también las declaraciones testificales. En algunas otras fotos de la serie se ve
un objeto con "cuerpo", invalidando así su afirmación de que el ovni era un
modelito plano.» Evidentemente, alguien estaba mintiendo. ¿Los gringos?, ¿el
«vampiro valenciano»?,
¿Ribera? Las sospechas se centraron en los primeros (Ribera murió con el
convencimiento de que las fotos de Valderas no eran un trucaje). En el fondo
daba igual quién fuera el mentiroso. Lo importante es que, dadas las
circunstancias, el informe de Spaulding era nulo...

Imágenes proporcionadas por el
GSW y difundidas por el CEI. Spaulding mintió. Nunca trabajaron sobre una copia
de primera generación. En las fotos inferiores la flecha señala el supuesto
hilo, otra falsedad.
Las sorpresas,
sin embargo, no terminaron ahí. El siguiente «hallazgo», especialmente
interesante, fue obra de Manuel R. Salazar Serrano. He aquí el «descubrimiento»:
«En abril de 1974 sale a la venta en EE. UU. el libro
Beyond Earth,
de
Ralph y Judy Blum, con subtítulo: "Hombres en contacto con los ovnis." No se
trata de un ufo-libro cualquiera, pues está avalado por el prestigio de Blum (el
currículum de los Blum tampoco es precisamente moco de pavo: Ralph Blum -californiano-
estudió en Harvard y, más tarde, en la Universidad de Leningrado; ha recibido
premios tan importantes como el de la Fundación Nacional de Ciencias; Judy
Henson -inglesa- se graduó en el Wadhurst College, y se licenció en la Sorbona.
En 1971 se casó con Ralph Blum). En dicho libro, el matrimonio Blum saca a
relucir la abducción de Pascagoula, el gran bombazo después del caso de los
Hill. En tan sólo dos años,
Beyond Earth
vende doce
ediciones (es decir, cientos de miles de ejemplares) y, como es lógico, se
convierte en un clásico en la literatura ufológica. En España no se publica. Con
la muerte de Franco y la transición, ya tenemos bastante... Es, pues, un
desconocido. Pero lo que nos interesa del libro de Blum -prosigue Salazar
Serrano en su exposición- no son estas apreciaciones personales mías, sino el
hecho de que, entre las 32 páginas de fotos e ilustraciones, recoge dos
instantáneas del ovni de Valderas y una de las huellas de Aluche. [Estas
fotografías, por cierto, no tienen nada que ver con el texto. Se trata de una
recopilación de las "mejores" imágenes o con pinta de ser auténticas, realizada
por el autor.] Bajo el epígrafe de "Antonio Ribera
&
Flying Saucer
Review"
(para
que no tengamos dudas de la procedencia), las instantáneas de Valderas vienen a
ser el plato (o platillo) fuerte de esta sección. Nada extraño, si leemos los
pies de foto (aunque esto nos cause cierta vergüenza). Ejemplo [pie]: "En junio
de 1967, más de cincuenta personas observaron este ovni, con este inusual
emblema, volando a baja altura sobre San José de Valderas, España. Aterrizó
y
dejó profundas
huellas." No existe, vuelvo a repetir, ninguna otra mención en el libro a estas
fotografías, ni a los casos de Aluche
y
San José, ni a "Ummo",
ni a Antonio Ribera, ni siquiera a España. Nada. Las tres fotos
y
sus pies
(información inventada, en parte), eso es todo... Obviamente, el libro de Blum
no debió de pasar desapercibido para los "especialistas" del GSW. Casi me los
puedo imaginar mirando una
y
otra vez las
fotos de San José
y
pensando:
"¿Cómo
un caso tan
espectacular ha podido pasar desapercibido hasta la fecha? Un caso en el que
existen multitud de testigos. Un ovni que se ha visto
(y
fotografiado, a
tenor de los pies utilizados por Blum) en dos ocasiones. Que ha dejado, en
ambas, huellas
y
que, para más
inri, viene avalado por la prestigiosa revista inglesa
Flying Saucer
Review.
Y los veo
metiendo en sus "poderosos" ordenadores... ¡UNA DE LAS FOTOS DEL LIBRO DE BLUM!

Dibujo publicado en el boletín
del CEI, según el informe de W. Spaulding. En la foto original aparecen dos
postes.

Beyond Earth, el libro de Blum
sobre el que los gringos del GSW llevaron a cabo el «cuidadoso estudio»...
»Blum, en
definitiva, escogió de la revista
FSR
las dos
fotografías ovni que le parecieron más espectaculares. Éstas, lógicamente,
procedían directamente de Antonio Ribera. Pero lo que Blum no podía saber,
porque en la
Flying
no aparecía
tampoco, es que una de esas fotos (la que muestra el ovni de panza dejando ver
el emblema de "Ummo") no está completa. En realidad, se trata de una copia en la
que se ha suprimido la mitad izquierda de la fotografía. Y ésta es, precisamente,
la que fueron a escoger en el GSW para realizar sus "estudios" (por eso sólo
hablan de UN poste, nunca de dos, que son los que realmente aparecen en la fotografía
original (negativo
24)... Pero hay más, mucho más:
»1. Los
tamaños del ovni, tanto en la foto reproducida por Blum como la que utilizan los
del GSW, son idénticos [!],
Basta tomar un pliego de papel cebolla y una regla para comprobarlo...
¡Calca y verifica, Juanjo! ¿Es posible que dos editores distintos, en dos países
distintos, de dos continentes distintos, con dos equipos de impresión distintos,
en dos formatos de impresión distintos, utilizando dos papeles distintos, usando
(en teoría) dos fotografías procedentes de copias distintas, etc., etc.,
resulten EXACTAS? [Calca. Juanjo, calca! Eres tú quien no cree en la
casualidad...

Fotografía reproducida en el
libro de Blum y sobre la que «trabajaron» Spaulding y compañía. Ellos, sin
embargo, hablaron siempre de una copia de primera generación.
»2. En la foto de
Blum, precisamente porque la reproducción se hace sobre papel malo y porque no
sabemos de dónde sacó el "original", aparece una línea o banda (en la parte
derecha del ovni) que distorsiona (oscurece) la zona de la fotografía sobre la
que se encuentra. Pues bien, estas "aguas" o manchas, se observan también en las
fotos del GSW y, además, mucho más acentuadas, debido a los diferentes procesos
a los que la han sometido.
»3. Lo mismo
podemos decir de la mancha (o defecto de impresión) con forma de media luna
(bajo el ovni, a la derecha) que se vislumbra en la reproducción de Blum y que
vemos, en todo su esplendor, en la del GSW.
»4. Y por si
acaso nos quedara duda en cuanto a las dimensiones (insisto en que
distorsionadas por múltiples causas): si medimos la distancia del centro del
emblema de "Ummo" al borde superior de las fotografías utilizadas (al tratarse
de dos puntos, adimensionales, no puede existir distorsión), resulta que en
ambos casos obtenemos lo mismo: 3,3 centímetros [!].
En palabras mas sencillas, el ovni se encuentra en el mismo sitio en las dos. Lo
que quiere decir que se han utilizado dos ampliaciones de idéntico tamaño (lo
cual requeriría, como te decía, una serie interminable de "casualidades" o, en
términos más sencillos, que se trata de la misma
foto [!].
»Corolario: los
resultados del tal "estudio" sirven, únicamente, para ser arrojados -urgentemente-
a la papelera más cercana...»

En la parte superior, imagen
publicada en el libro de Blum. En la inferior, foto digitalizada de Spaulding,
señalando el supuesto «hilo» sustentador de la maqueta. Se trata de la misma
fotografía (escala 1:1 / tamaño natural). Sospechosamente, la distancia de la
parte superior de dichas fotos al centro del emblema («H») es idéntica: 3,3
centímetros (!).
Mi buen amigo
Manolo Salazar tiene razón: ni los estudios de Poher ni los de los gringos son
fiables. Pura basura. Y decidido a salir de dudas, solicité de Rafael Farriols
una copia de primera generación, y la deposité en un centro de investigación que
sí merece respeto y confianza: la Dirección General de la Guardia Civil, en
Madrid. El 14 de marzo de 1995 entregaba el juego de fotos sobre el ovni de
Valderas al entonces coronel Zamorano, director de la Jefatura de Investigación
y Criminalística de dicha Dirección General. El coronel sugirió que un análisis
de los negativos originales resultaría más interesante y eficaz. Dicho y hecho.
Farriols aceptó y, poco después, llevaba personalmente los cinco valiosos
negativos a la referida jefatura
(25).
Las imágenes del supuesto ovni de San José de Valderas permanecieron varios
meses bajo el control de los expertos el Departamento de Acústica e Imagen. El
informe, con un total de sesenta y seis páginas, fue terminado el 30 de
diciembre de 1996. El 18 de enero de 1997
lo
recogía de manos del teniente coronel Francisco Álvarez, responsable de los
análisis. Las conclusiones de los especialistas de la Guardia Civil fueron las
siguientes:
«1. Los negativos
remitidos y examinados, no tienen indicios de haber sido manipulados.
»2. Son
originales en cuanto a que han sido obtenidos en una misma máquina fotográfica,
la cual no es de buena calidad, ni estaba en buen estado de uso. Es muy probable
que, con el carrete impresionado y sin rebobinar, se abriera la máquina, lo que
originó veladuras, visibles en los negativos.
»3. No aparecen
señales inequívocas de que los negativos examinados sean producto de montaje o
cualquier manipulación fraudulenta. No obstante, en razón de la no concordancia
en la luminosidad entre los negativos y entre los objetos fotografiados, así
como la aparente iluminación artificial en el negativo 19 y unas imágenes
anómalas (brillos y sombras) en el negativo 12, no se descarta la duda de que su
elaboración haya sido fraudulenta.
»4. La supuesta
línea recta, que puede aparecer en las reproducciones del negativo n.º
24 que alguien, maliciosamente, considera o define como "un elemento sustentador
del ovni" y en el "Análisis Infográfico de Material Ufológico", lo interpretan
como un "elemento radiante indetectable", no es más que la reproducción de una
ralladura que sufre el negativo.»
Al conocer los
resultados quedé nuevamente perplejo. En la imagen estudiada por los
norteamericanos (negativo 24), ¡no hay hilo! Además de un estudio nulo, el
informe del GSW fue una manipulación vergonzosa. Ante mis dudas, los expertos de
criminalística me llevaron a uno de los microscopios y, efectivamente, pude
comprobar por mí mismo el lamentable estado de la película, surcada por decenas
de ralladuras (lógica consecuencia del trasiego de los negativos y del paso del
tiempo). «De haber sido un hilo o un elemento sustentador -opinaron en la
Guardia Civil-, la imagen habría sido definida por la reacción de los
halogenuros del material sensible a la luz. La luz rasante, sin embargo,
demuestra que esa línea es sólo una lesión o ralladura en el negativo.» En otras
palabras: alguien descubrió una ralladura que simulaba un «hilo» en la parte
superior de la imagen y nos hizo comulgar con ruedas de molino...

Don Francisco Álvarez, hoy
coronel de la Guardia Civil, en la Jefatura de Investigación y Criminalística.
En sus manos, el informe AIMU. (Foto: J. J. Benítez.)

Informe de la Guardia Civil: «Fotografia
número 12. Deterioros en el cliché, por rozamiento. Luz rasante.»


En los análisis de la Guardia
Civil fueron detectados cientos de lesiones o ralladuras en cada uno de los
cinco negativos del ovni de Valderas. En el dibujo, algunas de las lesiones o
ralladuras (L. R.) más destacadas, así como las sombras de los mismos (S. L.).
Como puede comprobarse, el supuesto «hilo» del GSW (negativo número 24) es otro
defecto más de la película. La ralladura no es totalmente recta, como debería
suceder en un hilo sometido al peso de una maqueta. Por el «hilo» muere el
pez...
Entonces, si no
existe tal hilo, ¿qué podemos pensar? Si las fotos de Valderas fueron un
trucaje, como afirmaron Rey Brea, Poher y Spaulding, entre otros, ¿cómo se llevó
a cabo dicho fraude? ¿O estamos ante una nueva falsedad de Jordán Peña? Si
analizamos las versiones de Jordán -todas formuladas a partir de 1993-,
observaremos que, en realidad, al hablar de maquetas, lo que hace es copiar a
Poher y al GSW. Jordán sabía de los «informes» de 1975 (ambos, como dije, fueron
publicados simultáneamente en diciembre de 1977 por
Stendek,
el boletín
del CEI). Lo que Jordán Peña no podía saber en 1993 es que la Guardia Civil
estudiaría los negativos de Valderas en 1996 y que no encontraría hilo alguno.
Quizá, de haberlo sabido, la versión de la maqueta o de la «portería de fútbol»
habría sido diferente...
Naturalmente, las
fotos del ovni de San José de Valderas pueden estar trucadas, pero no como
pretende esta banda de farsantes e intoxicadores. Durante años (prácticamente
desde finales de 1977 hasta el día de hoy), una serie de individuos,
supuestamente científicos, amparándose en los citados «informes» de Poher, y
especialmente, de William Spaulding, se han burlado del caso Valderas, del tema
«umrnita» y del fenómeno ovni en general (26).
Pues bien, a la vista de estos resultados, me pregunto de nuevo: ¿quién tiene razón?,
¿quién era el crédulo?, ¿quién piensa
y
actúa como un inquisidor?
ASUNTO «PERITAJE
GRAFOLÓGICO»
Todos lo
sospechábamos, pero, en honor a la verdad, quien levantó la liebre fue Ignacio Darnaude.
Todos lo intuíamos, en mayor o menor medida: Jordán mentía y se contradecía,
como ya he citado hasta el aburrimiento. «Yo he sido el que ha escrito los
informes de "Ummo" -escribía a Farriols el
8 de abril
de 1993-. Casi todos, hasta que la enfermedad me impidió continuar. Los escritos
posteriores a mi trombosis fueron falsificados. Así, el que aludía a la Sábana
Santa o el de la guerra del Golfo llevaban el sello perfectamente falsificado.
¿Quién ha sido? Por lo pronto, una secta hindú. Otros proceden de un amigo de
Farriols perfectamente identificado.» A mí, en otras cartas y entrevistas personales,
me dijo lo contrario, tal y como mencioné en su momento
(«...el
documento sobre la Sábana Santa de Turín fue redactado al alimón por mí... fuiste
precisamente
tú
quien me inspiró
relativamente la fantasía del informe sobre el sagrado síndone»). En otra comunicación
posterior (24 de mayo de 2000), refiriéndose de nuevo a las cartas «ummitas»,
Jordán me escribía lo siguiente:
«...Hay,
empero, un asunto mucho más grave. La posible tentación de arrogarme falsamente
la autoría de los textos que contienen la información de "Ummo". Suponiendo que
falseo conscientemente la realidad. Camuflándolos con otro nombre o simplemente
escribiendo que son mías las ideas reflejadas en el texto... Aparte de la
reacción airada de la Institución norteamericana. Me expondría al más espantoso
ridículo, cuando surgiera el fantasmal autor, pidiéndome quizá cuentas del evidente
plagio.»
En esa misma carta, seis líneas más adelante, Jordán Peña se contradecía por
enésima vez:
«...casi
todos los episodios, incluyendo, claro está, la inmensa mayoría de los temas
pseudocientíficos o técnico-fabulados, son míos realmente. Y, por supuesto, también
son creados por mí la denominación de "Ummo" y su anagrama. Por el contrario,
atribuyo realmente: por ejemplo, los esquemas de grabación acústica sin órganos
móviles, y un diagrama de altímetro nanotécnico, a personas de la Institución
norteamericana [ClA].»

Carta «ummita»
remitida desde Aarburg (Suiza) el 1 de noviembre de 1988 y en la que se habla de
la Sábana Santa de Turin. Las grafías han sido realizadas bajo un estado de
atención consciente y con voluntad deformadora. Jordán Peña sufrió la trombosis
el 12 de marzo de 1988. Según el experto, existen caracteres que, a pesar de las
deformaciones, presentan similitudes gráficas, de valor identificativo, coincidentes
con los restantes manuscritos examinados.
La relación de mentiras
y nuevas mentiras sobre la última mentira sería interminable. Como digo, todos
lo sabíamos o intuíamos, pero fue Darnaude quien tuvo el valor de ponerlo por
escrito por primera vez. En el documento número 4.971 de su célebre
Ummocat
(exhaustiva y
minuciosa información sobre cualquier aspecto relacionado con «Ummo»),
Ignacio dice textualmente: «¿Escribió José Luis Jordán Peña de su puño y letra
la dirección de los destinatarios en los sobres franqueados de algunas de las
últimas cartas de "Ummo" (números 488, 1.492, 1.551, etc.)? Ignacio Darnaude
Rojas-Marcos ha recibido de Peña en abril de 2003 dos estudios casi gemelos y
una pareja de disquetes (documento 4.970), cuyos sobres aparecen cumplimentados
a bolígrafo por el remitente. Comparando la caligrafía de Jordán en ambas
misivas con la que luce en el sobre del mensaje de "Ummo" en inglés acerca de la
Sábana Santa de Turín (documento n.º
488), enviado desde Aarburg (Suiza), el 1 de noviembre de 1988, y recibido en
Sevilla por Ignacio Darnaude, se observa una similitud entre ambos tipos de
letra. También existe un cierto parecido con la dirección postal escrita a mano
en otras comunicaciones de "Ummo" dirigidas asimismo a Darnaude: una en italiano
en torno a la supuesta reunión de ummólogos a celebrar en la ciudad alemana de
Essen, matasellada en Bethnal Green (Gran Bretaña) el 5-2-90 (documento n.º
1.492), y la segunda sobre el mismo tema expedida en Ávila el 3 de abril de
idéntico año (documento n.º
1.551). Esta curiosa circunstancia arroja nueva luz sobre el eventual papel
jugado por José Luis en la distribución por correo de determinados papeles "ummitas".»
Yo
fui más allá y, tras solicitar de Darnaude los citados escritos, los sometí a un
especialista, experto en grafología y perito judicial ante la Audiencia Nacional
y los tribunales de la Jurisdicción Penal. Semanas más tarde llegaba un informe
de siete páginas en el que se hacía un detallado estudio de las diferentes
letras y que, dada su complejidad técnica, no voy
a reproducir. Me limitaré a
copiar la conclusión. Dice así: «A la vista de los resultados obtenidos en el
análisis de las reproducciones de manuscritos, existentes en los documentos
remitidos, se concluye el informe en los siguientes términos: la escritura
original de la que procede la reproducción del sobre con matasellos de «AARBURG,
1.11.88» ha sido deformada conscientemente, probablemente, para ocultar sus
signos peculiares identificativos. Existen fundamentos objetivos para considerar
que las escrituras, de las que proceden las reproducciones analizadas, han sido
realizadas por una sola persona.»

Cartas enviadas por Jordán Peña a Ignacio Darnaude en abril de 2003. En opinión
del perito calígrafo, se trata de «escrituras habituales». Las letras
y
cifras de ambos
manuscritos contienen características peculiares concordantes en cuanto a la
forma, estructura e idea de trazado, por lo que pueden identificarse entre sí,
lo que expresa que han sido realizados por una sola persona. El análisis de las
letras hace pensar al perito en la existencia de una incapacidad psíquica o fisiológica
aguda. La cacografía (escritura defectuosa por el carácter de la letra o por
incorrecciones ortográficas) «Cabez» (escrito superior) y el error 04004
(escrito inferior), como código postal de Sevilla, unido a lo dicho
anteriormente, hace suponer que la causa de la dificultad escritora se debe a
una patología (enfermedad) psíquica. Una hipotética enfermedad degenerativa se
aprecia con más claridad en estos dos escritos. Algunos caracteres resultan
concordantes con los respectivos de los restantes escritos.

Misivas
«ummita» recibidas
en Sevilla el 14 de febrero de 1990 y mataselladas el
5
de febrero de 1990 en Bethnal
Green (Inglaterra). Las cartas (dos hojas fotocopiadas)
aparecen escritas en un pésimo y confuso italiano. Según el perito calígrafo,
en estos escritos se aprecia también una escasa agilidad o soltura, consecuencia
de una incapacidad
y
no de una intención deformadora consciente. Las
concordancias
gráficas de las letras mayúsculas y de las cifras permiten establecer
una identidad entre ellas, lo que acredita que es la misma
persona quien las escribió.

En la imagen superior, carta «ummita»
matasellada en Ávila el 3 de abril de 1990. En ella se habla de Pepe Rodríguez y
uno de sus libros sobre sectas. La letra es la misma que presenta el sobre
inferior, dirigido al desaparecido Luis Jiménez Marhuenda. Ambas letras
corresponden a la misma mano, idénticas, a su vez, a las remitidas a Darnaude.
En otras
palabras: Jordán Peña era la persona que había escrito los nombres y las
direcciones de los sobres «ummitas». Quedaba, pues, demostrado que mentía.
A este peritaje
grafológico he sumado posteriormente otras caligrafías «ummitas», dirigidas a
Luis Jiménez Marhuenda, a Ribera y a mí mismo, con idéntico resultado: «Las
diferentes letras son de una misma persona.» Las referidas caligrafías son
idénticas, a su vez, a las proporcionadas por Darnaude. En suma: lo que ya
sabíamos o sospechábamos...
ASUNTO
«¿DESEQUILIBRIO MENTAL?»
Lo apuntado por
el estudio grafológico (patología o enfermedad psíquica) tampoco es una novedad,
al menos para los que hemos profundizado mínimamente en el asunto «Ummo» y,
sobre todo, en la mentalidad y el comportamiento de Jordán Peña. Aceptando, como
así parece, que buena parte de los informes «ummitas» fueran obra de este individuo
(con o sin la ayuda de la CIA), el simple examen de los contenidos de dichas
cartas hace sospechar que estamos ante un más que notable desequilibrio mental
o, quizá, ante algo peor. Analicemos algunos de esos demoledores contenidos y
las reacciones de Jordán en aquellos momentos:
1968. Las cartas
procedentes de los «urnmitas»
se hallaban en pleno apogeo. En algunas de ellas, los supuestos extraterrestres
hablan de su Dios y de su particular «teología». Jordán Peña, católico hasta la
médula en esas fechas, e inquisidor y perseguidor de otras religiones, no tiene
piedad alguna y se burla de los siempre sagrados principios religiosos de sus
amigos, la mayoría católicos. No le importa herir sentimientos y creencias.
Cuando uno de estos ciudadanos españoles
-movido
por el entusiasmo- declara públicamente su personal convencimiento en la
existencia de «Ummo»,
Jordán hace bromas con Vicente Ortuño, disfrutando con las declaraciones de
aquel ciudadano, el padre López Guerrero, párroco de Mairena del Alcor, en
Sevilla. En setiembre de 1968, el diario
ABC
recogía unas
audaces palabras de este sacerdote, reconociendo que los «ummitas»
eran una realidad:
«...no
sólo creo que existen seres extraterrestres -declaró Enrique López Guerrero-,
sino que tengo el conocimiento pleno de que en España reside una colonia cuya misión
es totalmente bienhechora y pacífica. Esta colonia de seres extraterrestres
habita en nuestro planeta desde 1950».
¿Qué puede llevar
a una persona a semejante maquinación? ¿El desequilibrio mental o la maldad
químicamente pura?

P. Enrique López Guerrero. (Foto:
J. J. Benítez.)
1973. El 10 de
octubre, otro de los habituales receptores de cartas «ummitas» recibió un texto
que llenó de angustia a los ya numerosos implicados en el asunto «Ummo». En
dicho mensaje, en síntesis, se anunciaba la posibilidad de una guerra nuclear
(un enfrentamiento EE. UU.-URSS como consecuencia de otro conflicto
árabe-israelí). Los «ummitas» estaban a punto de abandonar la Tierra y, como
agradecimiento a la fe y a la ayuda del «grupo español», les comunicaban que
disponían de tres refugios antiatómicos (uno de ellos en España, cerca de la
localidad de Piedralaves, Ávila). El citado refugio -decían- estaba a disposición
de los ciudadanos españoles y de sus familias. Y aquí surgía uno de los aspectos
más diabólicos de la referida comunicación «ummita»: «Sólo podían salvarse un
máximo de dieciocho familias, con un número medio de nueve beneficiarios.» Es
decir, 162 plazas. Entre esas personas -según los «ummitas»- no figuraban
mujeres embarazadas, niños o ancianos, «en beneficio de la supervivencia de la
especie». El «mensaje» quedó complementado con nueve normas en las que se
explicaba cómo llegar al citado refugio antiatómico, entre otras cuestiones. La
norma dos decía textualmente: «Esta norma presenta indudablemente los aspectos
más sombríos e irresolubles. No podemos en absoluto recabar para nosotros la
durísima decisión de fijar los nombres de las personas que resulten
beneficiarias, las probabilidades de éxito están fuertemente ligadas, en razón
inversa al número de hermanos que constituyen la
expedición.
Sospechamos que ello pueda crear en ustedes lógicas
y
explicables
reacciones fuertemente condicionadas por una postura egoísta. No por otra razón
mis hermanos los han orientado, postulando un orden de prioridad por razones de
parentesco. Decisiones que contravengan esta pauta (inclusión de prometida o
prometido para cualquier beneficiario soltero, inclusión de otros parientes,
serán severamente analizados por la junta decisoria que ustedes forman y
mediante voto secreto para evitar situaciones violentas). Igualmente doloroso
puede resultar definir los nombres de esas dieciocho familias, con un número
medio de nueve beneficiarios. Si acordasen reducir esta cifra, ello no debería
interpretarse como un incremento de la cuota de beneficiarios (nueve) por
familia, sino una media [¿medida?] tendente a reducir en lo posible el volumen
de la expedición. Les repetimos que la cifra 196 global (162 plazas para
ustedes) es un límite permisible, que sería aconsejable NO ALCANZAR.»
No encuentro las
palabras adecuadas para definir semejante grado de maldad o de trastorno mental.
Aunque la mayor parte de los receptores de los mensajes «ummitas» terminó
comprendiendo que «aquello no tenía pies ni cabeza» (si eran extraterrestres ,
¿qué sentido tenía un refugio antiatómico?), durante horas, muchos de estos
ciudadanos se vieron atropellados por el miedo y, sobre todo, por la angustia.
Si tenían que salvarse dieciocho familias, ¿cómo proceder a la elección? En
aquellas fechas (1973), el número de receptores de mensajes «ummitas» superaba
la treintena (es decir, más de treinta familias). En cuanto a los
«beneficiarios» (nueve por familia, como máximo), ¿qué hacer? ¿A quién incluir
en la lista y a quién dejar «en el exterior»? Fueron momentos muy difíciles para
todos aquellos que creían ciegamente en la realidad de los «ummitas». Poco
importa que pudiera tratarse de un «experimento» o de una «broma», bien por
parte de Jordán Peña o de la CIA. La cuestión es que alguien jugó con los
sentimientos ¡y de qué forma! «Recuerdo, como si fuera ahora mismo -me decía
Farriols, uno de los afectados-, los traumas que padecimos al tener que
seleccionar quién iría al refugio y quién no. ¿Descartábamos a la abuela, a los
padres, al bebé, a los nietos? Sí, fueron momentos terribles... Si el mensaje
fue maquinado y redactado por José Luis Jordán Peña, no me parece la conducta de
un imbécil, sino la de una malísima persona.»
1974. El
5 de
marzo, la prensa española publicaba la siguiente noticia: «Ha sido detenido por
la policía José Luis Jordán Peña, quien, sobre las 11.30 de la mañana de ayer,
hizo una llamada anónima al 091, en la que amenazó e insultó a la policía.
Inspectores del Departamento de Orden Público comprobaron que, efectivamente, la
llamada había sido realizada por el citado individuo, que en un principio lo
negó. Sin embargo, a diversas preguntas de los funcionarios, incurrió en
numerosas contradicciones, cortando, además, el hilo de su teléfono para simular
una avería. Pese a esto, terminó por confesar ser el autor de la llamada. Fue
conducido a la Dirección General de Seguridad, donde se instruyen las oportunas
diligencias, pasando más tarde a disposición judicial.»
Jordán Peña, en
efecto, fue detenido por sus insultos a la policía. Eran tiempos en los que
militaba en los sectores más extremistas de la Iglesia católica. Pocos días
antes, como consecuencia de una homilía, el obispo de Vizcaya, monseñor Añoveros,
fue «invitado» a permanecer en su domicilio hasta nueva orden. Esa jornada del 4
de marzo corrió el rumor de que el prelado podía ser deportado al extranjero.
«Fue entonces -cuenta Jordán- cuando, desesperado, en un ataque inconsecuente de
rabia e impotencia, me dejé arrastrar por el síndrome de la Esfinge. Cogí convulsamente
el teléfono
y
prorrumpí en
insultos contra el policía que descolgó...» Dos días después de ser detenido,
las oportunas gestiones de sus amigos, los receptores de las cartas «ummitas»,
encabezados por el comisario Dionisio Garrido, lograron la liberación de Jordán
Peña. Pues bien, como «agradecimiento», a José Luis Jordán le faltó tiempo para
repetir una de sus llamadas telefónicas (haciéndose pasar por un «ummita»), en
esta ocasión al citado comisario Garrido. En dicha conversación le habló de la
tetralogía de Fallot, un defecto cardíaco que padecía uno de los hijos de
Garrido, el amigo que lo había sacado de las
dependencias
policiales (Jordán sabía de dicho problema desde tiempo atrás) y le hizo
concebir esperanzas sobre la curación del muchacho. Y me pregunto: ¿quién actúa
de esta forma con la persona que lo ayuda tan generosamente: un demente o un
malnacido?
1983. Jordán
seguía empeñado en hacer sufrir a sus amigos y conocidos, deleitándose con
cartas como la de Kuala Lumpur, ya mencionada, matasellada el
27 de
febrero del referido año de 1983. «El actual dirigente soviético -reza la misiva
«ummita»
escrita por Jordán Peña- persiste en violar los derechos del pueblo Afgano y
prepara sus prototipos de vector por satélite, con ojiva nuclear dirigida por
haz helicoidal de electrones sobre haz de flujo magnético terrestre. El premier
estadounidense americano lleva adelantado su programa de arma de
fisión-Fusión-Fisión, poli vectorial, que permitirá el lanzamiento de millares
de ojivas de 0,3 Megatones en vuelo rasante a una altura de cuatro metros sobre
el nivel topográfico, que serían innacesibles para los medios de radiolocalización,
que ya permiten la detección de misiles crucero. Estos vectores de pequeño
tamaño, dotados de gran autonomía sortearían incluso pequeños arbustos y
estructuras rocosas reducidas. La República Popular china, continua desarrollando
simultaneamente (a las) armas nucleares casi obsoletas, con una superarma de
Plasma, aunque desde Noviembre de 1982 está tratando de resolver un problema de
refrigeración del vapor de Arseniuro de Cadmio, anclado a causa de su indigencia
de equipos de programación apropiados. No es el Arseniuro de Cadmio el compuesto
más apropiado, y aunque sus especialistas lo sospechan, persisten
afortunadamente en esa linea. Mientras tanto, los horrores genocidas de esta
etapa casi comienzan a igualar a los provocados en las décadas de los cuarenta
meses a partir de 1938 en el tercer Reich,
con el asesinato masivo de millones de seres desafectos a la raza germana. La
Unión Soviética ha empleado Orto 1,2,2, trimetilpropilo metil fósforo
hidratofluorado, sobre bandas guerrilleras, Un
producto
de horrorosa acción sobre el sistema nervioso que produce terribles convulsiones
mortales con dosis casi infinitesimales filtradas en el organismo no protegido
por sofisticada escafandra. esto constituye una repugnante violación de la
integridad del ser humano. Estados Unidos ha enviado desde Abril de año
terrestre 1981, cuatro mil seiscientas cuarenta especialistas en tortura
policiaca con destino a Chile, Guatemala, Turquia,
El Salvador, Haití, Argentina y Paraguay. Algunos de sus procedimientos tecnicos
abarcan tecnicas tales como el uso de curarizantes, como un derivado de la
tubocurarina que produce horribles sufrimientos en las desgraciadas víctimas
interrogadas. Delante de sus propias madres, en Argentina y Salvador, en
Guatemala y Chile, niños de seis a
[?]
ocho años
de edad son sometidos a sevicias por estos agentes norteamericanos,
extirpandoles sus ojitos y provocándoles terribles incisiones en el abdomen
hasta aflorarles el paquete intestinal. Ustedes mismos, mantienen a sus Yies
(Mujeres) aun en un estado de semiservidumbre humillante marginandola hasta
extremos inadmisibles. Mientras no resuelvan estos problemas, la perspectiva
sombria de hecatombe, se cernerá sobre ustedes.» (Texto íntegro, incluidas
faltas de ortografía.)
Sólo un
sadomasoquista podría disfrutar con algo así... 1988. El 12 de marzo, Jordán
sufre un ataque cerebral y queda muy disminuido (casi paralítico). Su mente, sin
embargo, sigue maquinando. A primeros de noviembre de ese año, varios ciudadanos
españoles, como ya referí anteriormente, recibieron sendas cartas, supuestamente
«ummitas», en las que se anunciaba la revelación de un gigantesco fraude: la
Sábana Santa de Turín -decían las cartas escritas por Jordán- fue cambiada por
la Iglesia católica en 1929. Lo que hoy veneran los católicos es sólo una
copia...
Los ejemplos
serían interminables. Treinta años de fraude y manipulación dan para mucho...
Quizá algún día
los médicos especialistas se decidan a estudiar los contenidos de estas cartas
y, sobre todo, la mente de su autor o autores. En mi humilde opinión, la locura
no es ajena a muchas de ellas, a no ser, claro está, que se trate de algo peor:
la actuación de unos malparidos, que de todo hay en la viña del Señor. Estoy
seguro de que el lector sacará sus propias conclusiones.
Y
para cerrar este
nada agradable capítulo, he aquí una síntesis del pensamiento de Jordán Peña
sobre «Ummo», que, a mi entender, arroja mucha luz sobre su salud mental:
• «Asumo mi
responsabilidad moral. No obstante, quiero insistir: no ha sido mi intención
mancillar a nadie, en su sentido de ridículo» (declaraciones de Jordán a B. A.
Pazos, seudónimo de Carballal).
• «Como
veis, la tesis es que la paranoia está mucho más
extendida de lo
que los psiquiatras consideran. Todos somos paranoicos, excepto el veinte por
ciento de la población (se libran algunos científicos). Como muestra, ahí tienen
las supersticiones de los platillos volantes (ufología), astrología,
espiritismo, parapsicología, medicinas alternativas (curanderismo), guerras de
religión y, sin ir más lejos, la religión de todas las formas» (carta a Farriols).
• «Por entonces,
yo trataba de contrastar mi tesis de que la paranoia estaba más extendida de lo
que los psiquiatras creen. En efecto, somos el 80 por ciento de la población los
que estamos enfermos de este síndrome. Resulta curioso cómo se acusan los
paranoicos, los mismos que padecen este delirio selectivo, la prueba es que
vemos a los católicos imputar a los astrólogos en su misma superstición de los
horóscopos. Llevan razón los locos imputándoles la locura a quienes están fuera
del recinto nosológíco. (artículo de Jordán Peña en La Alternativa Racional).
• «Después de la
ruptura con el franquismo, me dedico en la etapa 1959-1964 a documentarme en la
psicología social. No me atan ya los vínculos que me habían impelido al estudio
de las sectas cristianas. Así que pergeño el experimento "Ummo" para conocer los
mecanismos de acción de las sectas en general. Escogí un grupo avanzado e inocuo
como eran los «forofos» de los platillos volantes, que se particularizan por su
desprecio intuicionista con la soberbia ante los logros científicos. Con la idea
en mente de ampliarlo hasta sectas más corrosivas. El proyecto inicial de 1955
(así creía yo) se limitaba a cortos meses» (comunicación a J. J. Benítez).
• «...Me
precio de definir al hombre, no como
Porcus bipedus,
como
lo creen chuscamente algunos, sino como un saco inmenso de falacias, en el que
se disuelven como un azucarillo en el océano mis ingenuas mentiras sofísticas de
"Ummo". (comunicación a J. J. Benítez).
• «De mis años
horribles de bachiller en 1957 puedo lamentarme de que los panfletos de eso que
llamaban filosofía -fui educado en los HH. Maristas- nos retorcieron el cerebro
como un paño recién lavado hasta el punto de obligamos a venerar a Platón, santo
Tomás de Aquino y Kant (comunicación a J. J. Benítez).
• «Los que ven
luces en el cielo [ovnis], marxistas y religiosos de toda laya: a todos los
englobo como enemigos de la ciencia experimental» (carta de Jordán a J. J.
Benítez).
• «Sabemos
con certeza que la gente en general es imbécil
o
idiota. Corría el año 1966, en pleno despertar del experimento "Ummo". Hacía dos
meses que excavábamos en los terrenos de Aluche las huellas de un falso ovni y
esparcido arena con un corto porcentaje de óxido de torio radiactivo. Habían
surgido como un géiser hirviente los hombres impecablemente vestidos, en el
gabinete del gobierno, capitaneados por don Laureano López Rodó, y suman su
cuarto menguante los de Falange con su mano en alto...»
(comunicación a J. J. Benítez).
• «La negación
del holocausto nazi es semejante a mi embuste
de
"Ummo".»
(comunicación a
J. J. Benítez).
• «No hay que
confundir la casi segura existencia científica de estructuras biológicas,
incluso dotadas de inteligencia en astros apagados situados a millares incluso
docenas de años luz con esos productos soñadores de la paranoia sincopada de los
ovnis» (comunicación a J. J. Benítez).
• «Yo, empero,
estoy en condiciones de asegurarles que, exceptuando contados casos puntuales,
no deben arrogarle a la "Institución" [CIA] ninguna responsabilidad de perturbarles,
al menos en España» (comunicación a J. J. Benítez).
• «Por desgracia,
la masa mesantropoide -cerca del 72 por ciento de la humanidad- es un núcleo
informe de personas
vacuas, irrecuperable por su paranoia supersticiosa» (carta a J. J. Benítez).
• «Recuerdo que
en los círculos de estudio en 1980 comentando con el selecto grupo de amigos,
todas las tardes sabatinas, los informes de "Ummo", yo acababa, por cansancio,
de creerme lo que yo mismo había creado y escrito unas semanas antes»
(comunicación a J. J. Benítez).
• «Los nazis, si
hubieran sobrevivido a la conflagración que ellos armaron con su intuición
resplandeciente, ¡seguro que hubieran defendido mi ficción de "Ummo"!»
(comunicación a J. J. Benítez).
• «Repito lo que
dijo Goebbels, ministro nazi de propaganda: "Una mentira repetida mil veces se
convierte en verdad." Eso es el cristianismo y
"Ummo".»
(comunicación a
J. J. Benítez).
• «Los paranoicos
creen que nosotros, los que criticamos a los paranoicos, somos los paranoicos»
(comunicación a J. J. Benítez).
• «Mientras
ignoremos su etiología y no la parametricemos y la situemos como un fantasma
etéreo en la escala de valores, no sabremos jamás dónde está la frontera entre
la normalidad y el trastorno grave delirante. Los verdaderos psiquiatras dan un
significado a la paranoia "a secas", como un patrimonio triste de la humanidad
poco evolucionada: como el cansancio, los excrementos, o las glándulas mamarias
atrofiadas del varón...»
(comunicación a J. J. Benítez).
• «La sociedad
Eridani fue promovida por mí en 1971 con el propósito de seguir atentamente la
evolución del asunto "Ummo". (carta a J. J. Benítez).
• «Aunque lo
convenza de la falsedad de los viajeros de "Ummo", si usted creía ya que los
ovnis tenían origen extraterrestre, veo difícil persuadirlo de lo contrario»
(comunicación a J. J. Benítez).
• «Nadie puede
comprobar lo que hay de cierto en mis declaraciones...»
(carta de
Jordán a J. J. Benítez).
• «Ufólogos,
católicos,
protestantes, islamistas y comunistas creen patológicamente y arrogantemente que
poseen la verdad absoluta» (comunicación a J. J. Benítez).
• «Los que
arremeten contra los hombres de ciencia, despreciándolos, tachándolos de "poco
inteligentes", "cabezas cuadradas", "obtusos" presentándose a sí mismos con "su
verdad", proyectan curiosamente sus propias deficiencias. Son paranoicos agudos
(delirio ególatra); además, acusan problemas en su área de madurez mental»
(comunicación a J. J. Benítez).
• «La obsesión
angustiosa de que estamos invadidos por extraterrestres, la curiosidad morbosa
por lo paranormal, es típica de la paranoia» (comunicación a J. J. Benítez).
• «De joven
milité y ocupé un cargo en el Consejo Diocesano de Acción Católica en Alicante.
El obispo de Orihuela me estimuló para emprender un estudio de las sectas
extrañas (masonería, espiritismo, dianética, subud, testigos de Jehová, etc.).
Mis posteriores lecturas de filosofía me transformaron en un agnóstico. Creo que
la ufología, la paraciencia y la parapsicología son falsas, supersticiones y
pseudociencias. Sus adeptos son unos paranoicos que sólo creen en errores y
falacias. Los fenómenos paranormales constituyen un mito rechazado por la
ciencia verdadera. La arrumbada hipótesis extraterrestre ha sido redescubierta
por los pirados platillistas, unos memos
víctimas
de bromas o sugestión colectiva. En los congresos de ufología se reúnen el mayor
conjunto imaginable de paranoicos y locos desatados. Las ideas platillistas me
parecen una despreciable y paranoide pseudociencia. Los que las propagan son
escritores enfermos de delirios paranoides sistematizados»
(Ummocat,
número 2.660).

De izquierda a derecha: Juan
Domínguez, el padre José María Pilón, Rafael Farriols y Jordán Peña, once meses
antes de que este último sufriera un ataque cerebral. A pesar de su estado,
Jordán siguió mintiendo y manipulando a sus amigos.
• «Os recuerdo
que para hacer el experimento
[«Ummo»]
alenté un código
ético:
a)
Crear un grupo de
personas inteligentes. A lo sumo, se incorporaron libremente los adictos a los
ovnis.
b)
Impedir en lo
posible la difusión excesiva del mito. (Por contravenir las instrucciones, negué
a Ribera cualquier documento. Por desgracia, no pude evitar la publicación por
éste de las cartas.) c) Fomentar los valores humanos, tal como la amistad mutua,
el amor hacia sus semejantes y el respeto hacia las ideas de los demás. Defender
los derechos de la mujer. Ensalzar a los representantes de la ciencia...» (carta
a Rafael Farriols).
• «Quedan en pie
las gratas horas que hemos pasado enriqueciendo nuestra cultura, y sobre todo la
amistad profunda y el cariño imperecedero: valores eternos que son
indestructibles. Adiós, ya sabéis que mi amistad no os faltará jamás» (carta de
Jordán a Farriols).
• «Hay, empero,
una coincidencia en nuestros cerebros hirvientes: la exaltación mutua muy dulce,
que se desborda como una tormenta marina, mucho más allá del acantilado: el amor
sin límites a lo desconocido y a los hombres. Aunque jugando en distinta clave
el término
"desconocido",
que expresa un significado semántica, probablemente diferente para los dos. Hay
por fin un último paralelismo: el anhelo compartido de prospección social sobre
la masa, aunque observo con inquietud, cierta fosa profunda en nuestros
respectivos métodos» (comunicación a J. J. Benítez).
• «El recelo que
puedas intuir hacia una persona experta en Falacias y que ha manejado hábilmente
-como yo- la mentira, como arma eficaz de la psicología social, se explica
perfectamente» (comunicación de Jordán a J. J. Benítez).
• «No te
preocupes: ellos [ClA] respetan todas las ideas y, por supuesto, las nuestras.
Claro que tienen la obligación de proteger sus propios intereses, entre los
cuales es lógico que clasifiquen ciertos conceptos y nombres propios. Ahí
discrepo indignado en los medios. ¡Pero qué le vamos a hacer! ¿Quizá se rijan
por una moral desconocida para nosotros?» (carta a J. J. Benítez).
• «Muchas veces
han pensado ustedes: ¿Cómo pagaríamos a estos oemmii [hombres] de "Ummo"
la ingente aportación que nos están haciendo de datos sobre su cultura? Ha
llegado la hora de casi exigirles a ustedes el precio; nuestro precio a esta
aportación. Es un precio alto, difícil de abonar. Deseamos que se cristalice
en AMOR.
Amor mutuo entre los componentes de ese núcleo»
(carta «ummita»,
supuestamente escrita por Jordán Peña, al llamado «grupo de Madrid»).

Jordán Peña: «¿Qué ganaría yo en
falsear mi relación con la "Institución" norteamericana [CIA]?» (Foto: J. J.
Benítez.)
• «JOSÉ JORDÁN
PEÑA.
Nos llamó la atención este
oemii
[hombre] de
Oyaagaa
[Tierra], pues nos recordaba la grandeza moral intelectual de ese gran
oemmii
de Tierra y
España llamado Miguel de Unamuno, siempre debatiéndose atormentado por la duda.
Señor Jordán, era usted un
oemmii
apasionado
por el estudio de nuestra civilización y, sin embargo, racionalmente incrédulo
respecto a nuestra identidad. Porque usted es el único componente de esta microred
que ha sido fiel a nuestro exhorto de no ser creídos, aunque respetase nuestra
ideología. Ponemos nuestra mano en su pecho. Es usted el tercero en nivel de
inteligencia y el primero en nivel de positivismo racionalista. Vemos en usted a
uno de los mejores especialistas en psicología que hemos conocido en la Tierra.
Mas luche usted contra su introversión, ese cerrarse sobre sí mismo. Busque el
apoyo moral
de sus hermanos de la microred. Ayúdelos a su nivel elevado y ellos, a cambio,
le aportarán mucho. No se atormente con sus torturantes dudas. Admiramos su
sentido de moralidad intelectual» (carta «ummita», supuestamente escrita por
Jordán).
• «¿Cómo puedo
resarcir a mis víctimas [de "Ummo"] si no estoy arrepentido de nada?» (comunicación
a J. J. Benítez).
• «En la experiencia
de "Ummo" comprendí más que nunca el pragmatismo norteamericano. Ya sé que esta
confesión bastará para hacerme quizá aún más antipático. Es la primera vez que
lo confieso llanamente. Mi admiración a lo que supone Estados Unidos, sin dejar
de ser izquierdista» (carta a J. J. Benítez).
• «Nosotros, los
pacíficos, repudiamos sensatamente la guerra, como rechazamos tajantemente el
excremento. Es una función fisiológica que apesta, pero no la negamos...
Consideramos, por el contrario, el pacifismo como una de las religiones más irracional
es para gran parte de sus seguidores. Con mirada fija a su dios "La Paz" no
aprecian el sufrimiento hondo que sufrieron los masacrados, y consienten que
ad
calendas
Graecas
(es decir, nunca)
no sea reprimida esta misma violencia criminal: haciéndose cómplice de los
genocidas...»
(comunicación de
Jordán Peña a J. J. Benítez).
• «Lo que sucede
en la Tierra es que desgraciadamente se producen distorsiones, y un ser puede
ser inteligente y paranoico, puede ser inteligente y psicópata. Esto es lo peligroso,
lo terrible» (declaraciones de Jordán Peña al diario
Informaciones
de
Madrid).
• «En resumen,
tengo una personalidad un tanto inestable
y
lejanamente
intermitente en mi equilibrio psíquico» (carta a J. J. Benítez).
(1)
El
6 de febrero de 1966,
en el barrio madrileño de Aluche, se registró, al parecer, un descenso ovni en
la finca llamada «El Relajal», El hecho se produjo hacia las ocho de la tarde.
Según relataba la prensa, parte del terreno quedó carbonizado. Varios testigos
aseguraron haber visto un disco de color naranja que aterrizó
y
luego desapareció a gran velocidad.
(2)
La mayor parte de los
informes remitidos por los supuestos «ummitas» (1.148 folios recibidos por los
ciudadanos españoles) tiene un carácter técnico-científico. En ellos, los «ummitas»
tratan de satisfacer la curiosidad de los receptores en temas como la navegación
espacial, medicina, astrofísica, biología, teología, psicología, costumbres
sociales en su planeta («Ummo»),
etc.
(3)
Durante años, un grupo de españoles, generalmente los receptores de las cartas «ummitas»,
fueron objeto de una serie de extrañas llamadas telefónicas (a sus domicilios)
en las que los supuestos extraterrestres, con voces dístorsionadas, similares a
las de los asmáticos, respondían a preguntas de toda índole, formuladas por esta
treintena de ciudadanos.
(4)
Los «ummitas», según los informes, tenían una extremada sensibilidad en las
yemas de los dedos. De ahí que contrataran a uno o varios mecanógrafos a los que
dictaban las supuestas cartas, previo pago de una sustanciosa remuneración
económica.
(5)
Según Ignacio Darnaude, recopilador de documentos «ummitas»,
entre junio de 1966 y marzo de 1984 se recibieron cartas del «mecanógrafo» con
un total de casi sesenta páginas. Los destinatarios fueron Sesma, Villagrasa,
Garrido, Alicia Araujo y Aguirre. Enrique Villagrasa fue el mayor receptor, con
diez cartas.
(6)
En una carta fechada el 26 de febrero de 1966, Jordán escribió al investigador
Danyans y le relató el avistamiento: «El domingo 6 de febrero, hacia las 8 de la
noche, regresaba a mi domicilio procedente del poblado de Casilda de Bustos, al
que había ido aquella tarde para visitar a unos amigos. Había caído la tarde y
me dirigía hacia el "Poblado C" de Aluche con los faros del coche encendidos.
Algo me llamó poderosamente la atención. En principio creí identificarlo con un
autogiro, pero instantáneamente cambié de opinión, puesto que el rotar de estos
aparatos no suele estar iluminado, según creo. Se trataba de un disco blanco al
principio, cuyo tono fue virando hacia el amarillo y luego al anaranjado
conforme se acercaba (tal vez no sea éste el orden exacto, pero así creo
recordarlo). Para entonces yo había parado el seiscientos y bajado del mismo
para poder observar el "extraño avión". Confieso que, polarizado por la
tendencia a identificarlo como un helicóptero, no pensé siquiera que se tratase
de uno de esos "platillos volantes" tan manoseados por la prensa veraniega. El
disco se acercaba cada vez más a una velocidad aparente muy elevada (no me
atrevo a aventurar comparaciones, pues soy profano en asuntos aeronáuticos).
Cuando pasó por el cenit, casi encima de mi
cabeza, aunque
todavía a gran altura, parecía tener un diámetro aparente similar al de un
volante de automóvil. Se desplazaba en dirección casi perpendicular a la
autopista del aeroclub. En ese momento se me ocurrió fijarme en los alrededores.
Una docena de metros o algo más atrás había un hombre -creo que con una niña-
que miraba también hacia arriba. Cuando volví los ojos hacia el extraño
fenómeno, observé perplejo que el disco descendía a una zona próxima al punto de
la carretera donde me encontraba. Confieso que en el primer instante no me
asusté lo más mínimo. Incluso di una interpretación lógica a ese extraño
aterrizaje. Recordemos que no lejos de allí se encuentra el conocido aeroclub y
no tenía nada de extraño que estuviesen realizando en aquella área experiencias
de algún prototipo de avión. Fue este juicio rápido y mi curiosidad no
satisfecha lo que me impulsaron a subir al coche y arrancar de nuevo para acudir
al lugar probable del aterrizaje. Por ello no presencié del todo el descenso. Me
fijé que por una pequeña carretera que derivaba en la "autopista", podría
acceder a ese punto, y cuando me acercaba -aún dentro del coche que frené
bruscamente- vi elevarse de nuevo el enorme disco. Era, repito, enorme respecto
a lo que pensaba encontrarme. Su diámetro no bajaría de los diez o doce metros.
Quedé tan impresionado por la visión esta vez que recuerdo cómo me quedó después
durante unos minutos la lengua pastosa y reseca. No era su diámetro tan
apreciable lo que me asustó, sino su intrigante luminosidad. Sería más exacto si
se la comparase con la de esas pinturas fluorescentes utilizadas en la
señalización de la carretera, pero mucho más viva e intensa (no había faros
cercanos que activas en esta luminiscencia). Emitía un sonido uniforme
y
apagado que me
recordó la vibración de unas turbinas de energía eléctrica que visité algún
tiempo atrás en un pantano de la provincia de Jaén. La subida: ascenso uniforme
y
equilibrado, fue
rapidísima,
y
salté violentamente
del coche para presenciarla, pese a que -confieso- las piernas me temblaban.
Siendo mucho que el fuerte
shock
que sentí me impidiese
reparar en detalles, alucinado como estaba por la sorprendente visión. Es inútil
que me pregunte si vi puertas, ventanas, aparatos auxiliares o el perfil exacto
del aparato. Tan sólo me fijé en un detalle sobresaliente -aparte de los pies
sustentadores que describiré-: en el centro del disco ("vientre" o zona inferior)
aparecía lo que creo que podría ser una tobera o salida de gases, con perfil
irregular que podría (sin demasiada certeza) esbozar como una línea recta situada
entre dos paréntesis abiertos hacia afuera (juraría que no era una estrella,
y
que más bien resultaba
de un negro completamente mate sobre la luminiscencia del conjunto)...
(7)
En las comunicaciones previas a la apertura de esta carta, los supuestos
extraterrestres recomendaban que la lectura fuera llevada a cabo por el
periodista Julio César Iglesias, de Radio Nacional. Ante la lógica dificultad
para pronunciar los términos «ummitas», Julio César optó por dejar dicha lectura
en manos de Luis Jiménez Marhuenda, mucho más experimentado en tales asuntos.
(8)
Jordán se refiere, al parecer, a la Iglesia de la Cienciología Internacional,
cuyos dirigentes fueron detenidos por la policía en otro céntrico hotel de
Madrid y coincidiendo con la lectura de la mencionada carta «ummita».
(9)
Lo escrito entre paréntesis son comentarios o aclaraciones de FARRlOLS.
(10)
OYAGAA, en lenguaje "ummíta", se refiere al planeta Tierra.
(11)
Espíritu colectivo humano o alma colectiva.
(12)
«Hombre».
(13)
Véase
Un caso perfecto
(capítulo VIII).
(14)
Noticia aparecida el 12 de junio de 1967 en la revista italiana
Gente.
(15)
Con fecha 26 de agosto de 1967, «Antonio Pardo»
escribió la siguiente carta a Lleget: «Muy señor mío:
Antes de remitirle la otra carta que le adjunto, he querido ampliarle con la
presente algunos datos sobre el curioso tubito que pude conseguir el día 3 de
junio del presente año. El chiquillo que lo ha encontrado, hijo de un modesto
peón, tuvo la desgraciada idea de abrirlo, forzándolo de mala manera. Entre su
madre y yo pudimos deducir, con una serie de preguntas que le hicimos, que el
extremo que falta del tubito era «igual»
que el intacto. Si efectivamente fuese así, el artefacto sería simétrico, pero
ya sabe usted y es fácil de sospechar que un niño de doce años escasos puede
confundir fácilmente, con su poco espíritu crítico, dos cilindros o piezas de distintos
formatos, aunque de aspecto parecido.
»Pero
todavía resulta más lamentable la desidia de algunos padres que permiten a sus
hijos manipular objetos de procedencia desconocida sin la más elemental
precaución. Si se hubiera tratado de un explosivo, la actitud de pasividad
hubiese sido la misma.
"Por
algún comentario que capté en la barriada, se habían encontrado más tubos
semejantes, pero los rumores eran vagos y nadie pudo ofrecerme datos concretos.
Incluso dijeron que los tubos eran radioactivos
y
que lo sabían de "buena tinta". En
realidad, todos sabemos lo que fantasea la gente en estos casos. Yo he examinado
el tubo que poseo en la oscuridad y no se nota ninguna fosforescencia, que tengo
entendido es una de las señales típicas de este fenómeno. Le remito, además, un
fragmento pequeño del mismo, pues lo que sería interesante es saber de qué
material es. Parece estaño o plomo aleado, pues es muy dúctil, Desde luego no es
aluminio como aseguraban en la Colonia de Santa Mónica.
»El pequeño que lo
encontró no había tirado el roIlito doble que había dentro. Se trata de dos
láminas, al parecer de plástico, cuyas dimensiones respectivas son 13 x 2,3 cm y
13 x 2 cm (Ésta última se la envío). Iban adheridas la una a la otra y ambas
tienen en relieve una marca que, si se fija usted bien, es similar al distintivo
de la aeronave, por lo que la procedencia del tubo no ofrece duda.
»Lo curioso de la
lámina esa de plástico es que es muy difícil de cortar o romper con la mano,
aunque se corta fácilmente con las tijeras.
»La longitud del
semitubo que queda intacto es de 6,3 cm, y la planchita en forma circular tiene
un diámetro aproximado de 2,5 cm y de espesor unos dos milímetros.
»Exprofesamente
para usted, he sacado dos fotos cuyos clisés le remito también. No he tenido
tiempo de sacar copia, pero en el negativo apreciará tanto el tubo como un
fragmento que yo mismo he cortado para usted de la zona rota por el muchacho, y
las dos láminas desenrolladas que iban dentro.»
ANTONIO PARDO
(16)
En gestiones posteriores, Rafael Farriols averiguó que la lámina de plástico era
un producto fabricado por Du Pont de Nemours, en Estados Unidos con la marca
comercial TEDLAR. El tejido TEDLAR es muy resistente y útil para aplicaciones
arquitectónicas, decorativas e industriales. En 1967 era poco conocido en
España. TEDLAR era insensible a la humedad y poseía unas excelentes propiedades
eléctricas, incluyendo una elevada constante dieléctrica (el tejido permanece
flexible a 36 grados Celsius). Además de la arquitectura, el tejido TEDLAR era
utilizado en el revestimiento de presiones sensibles, como hoja suelta para
reforzar plásticos y como película separadora y aislante para cuerdas y cables.
El TEDLAR se proporcionaba en calidad transparente o en color (puede convertirse
también en una delgada lámina de gran consistencia). El tejido de color puede
fabricarse con diferentes grados de brillo. Dicho tejido es servido con una
superficie adherente compatible con varias clases de adhesivos o con lacre,
también con superficies que no permiten adhesión.
(17)
En 1967, Farriols se puso en contacto con el periodista Antonio San Antonio, del
diario
Informaciones
de Madrid. La
entrevista se llevó a cabo en el bar Texas. «San Antonio -explicó Farriols- me
mostró los cinco negativos junto a unas copias, en 13 x 18 cm. Me pidió la
"módica" suma de treinta mil pesetas. Me negué
y
ahí terminó la entrevista. Al dia
siguiente, después de pensarlo mejor, le rogué a mi primo Ocejo que hablara de
nuevo con San Antonio
y
que cerrara el trato. Y así fue.»
Farriols nunca supo si las treinta mil pesetas fueron a parar a las arcas del
periódico o al bolsillo del reportero...
(18)
«Soy un estudioso del problema ovni -escribe Rey Brea en
Stendek-,
o como
quiera denominarse, que no está ligado a grupo alguno; que lo que hago es por
satisfacer mi propia curiosidad y, por consiguiente, me era indiferente que se
creyera o no lo que el famoso
Caso Perfecto
contiene.
Pero el infundio «ummita», que tanta preponderancia ha tomado, está
ridiculizando el problema ovni ayudado por otras muchas cosas que se dicen y se
escriben, y creo que no es lícito por mi parte el permitirle prosperar aún
más... En ello (se refiere a «Ummo») tiene que estar implicada una extensa
organización, si consideramos la existencia de los extraños tubos de níquel y de
las tiras de polifluoruro de vinilo (comercialmente, Tedlar), con el anagrama «ummita»
fabricadas por la casa Dupont de Nemours de EE. UU. Un quidán [Rey Brea se
refiere a quídam: persona indeterminada o despreciable] cualquiera, ni un
reducido grupo, podría adquirirlos fácilmente. Y aceptarlos como tales sería
tanto como imaginar que los extraterrestres se dedican a un feo "espionaje
industrial", puesto que, si mal no recuerdo, creo que se pretende demostrar que
estos «ummítas» proceden de la estrella Wolf424...
(19)
El libro en cuestión, titulado
Cuando...
¿extraterrestres en la Tierra?,
fue escrito por Benito Franco Vidal
(Linosa, 1968).
(20)
El convencimiento de Óscar Rey Brea sobre el origen marciano de los ovnis
llegaba a tal punto que lo anunció en repetidas ocasiones en la prensa
(Pueblo,
9
de abril de 1954, y
El Ideal Gallego,
11
de abril de 1954). En estos rotativos habló de la oleada de 1954 (de especial
intensidad en Francia). También predijo la oleada de 1952, coincidente con otra
oposición marciana. Don Óscar Rey señaló igualmente que, durante el período
1947-1964, el número de avistamientos ovni estaría en razón inversa a la
distancia de las oposiciones Marte-Tierra. Don Óscar Rey fue observador de
primera de meteorología, destinado en el equipo de Radiosonda de La Coruña, en
Galicia (España). En septiembre de 1965 vio un objeto de color rojo mate de
forma circular, sin estela, que cruzó el cielo nocturno de La Coruña. Según sus
cálculos, el ovni se desplazaba a más de dos mil kilómetros por hora («muy
veloz para un avión, que no era, y muy poco para un aerolito, que tampoco lo
era»).
(21)
En el capitulo dedicado a los «argumentos en favor del fraude», Poher escribe
textualmente: «B-1)
El objeto no se encuentra centrado en ninguno de los clichés sino siempre muy
cerca del límite superior lateral (en lo alto y a la izquierda en los clichés 12
y 19, y en lo alto a la derecha, en los demás); esto es perfectamente incompatible
con una toma de vista "al vuelo" y en estado de "excitación psicológica", de un
objeto volante (una simulación meticulosa y en lo mismos lugares ha puesto
netamente en evidencia este último punto).
»B-2) Por una
parte, el objetivo del aparato fotográfico ha permanecido a 1,15 m el suelo
durante 13 clichés, a pesar de una rotación de 120 grados en azimut y un
desplazamiento lateral de varios metros; y por otra, las variaciones del
paralelismo del horizonte en relación con los bordes de los clichés, y las
variaciones de la altura angular del eje óptico, en relación con la horizontal
local, son incompatibles con una toma de vistas "hechas estando de rodillas",
puesto que requieren el empleo de un pie, o bien unas precauciones y actitudes
de enfoque "anormales". Además, la posición relativa del objeto y la precisión
de los enfoques son particularmente incoherentes.
»B-3) Ha habido un
único y solo fotógrafo, pues los clichés del pretendido segundo fotógrafo que
dice nombrarse Antonio Pardo (un nombre español tan corriente como Dupont en
Francia o Smith en Gran Bretaña) pueden ser yuxtapuestos, en cuanto al paisaje,
con tal precisión que los objetivos de los aparatos (cámaras) deberían estar
situados en el mismo lugar, o al menos a pocos centímetros, lo cual es
inaceptable, sobre todo en el caso de dos clichés.
»Uno de los clichés de "Antonio Pardo" es perfectamente oponíble,
o sea, exactamente yuxtapuestos (objeto incluido) al cliché n.º
12 (mejor precisión alcanzada: 0,1 %).
"B-4) El análisis
detallado del "flou" de los diferentes planos del paisaje, en relación con el
efectuado de los detalles del objeto, hace pensar más bien que el objeto
consistía en una pequeña maqueta cercana y situada en el límite inferior de la
profundidad del campo visual (aproximadamente a unos 3,50 m, siendo, por tanto,
el diámetro de la maqueta del orden de unos 20 cm).
»B-5)
La comparación fotométrica detallada de los clichés 23-24 y los clichés 12 y 19,
permiten los cálculos precisos de Albedo y demuestran con toda evidencia que el
objeto fotografiado sobre el cliché 19 es traslúcido (como por ejemplo, un plato
de camping, de materia plástica opal) y que el signo lo es también. El valor de
los factores de transmisión son exactamente aquellos que se obtienen dibujando
un signo al
marker
o a tinta, sobre una maqueta
traslúcida de plástico común.
»B-6) La
fotometría y la geometría de la luminosidad de la "cúpula" del objeto en la foto
12 son compatibles con la transmisión y la difusión de la luz solar por una
"cúpula" cuya pared circular hubiera sido realizada con un material traslúcido y
pulido en su superficie. En efecto, la ley de variación en la iluminación sigue
perfectamente la ley de Lambert predecible y el esperado reflejo especular se
hace presente. Y esto es fácil de conseguir con una pequeña maqueta.
»B-7) El valor de
la energía luminosa que emitiría el objeto si fuera opaco y sus variaciones
locales a lo largo del artefacto son incompatibles con la hipótesis de que se
tratara de un objeto que emitiera la luz por ionización o excitación del aire
ambiental (el objeto no puede ser opaco).
»EN CONCLUSIÓN:
Los resultados de los estudios efectuados me obligan a pensar que estos clichés
son una superchería realizada por medio de una pequeña maqueta de plástico
traslúcido y debajo de la cual se ha dibujado, con tinta, el signo "H" y está
suspendida por un hilo finísimo, al objeto de fotografiarla, teniendo al mismo
tiempo mucho cuidado de que no aparezca la, digamos, "caña de pescar", en los
clichés, lo que explica perfectamente los enfoques anormales. Por otra parte, he
de decir que he podido reproducir muy exactamente todos los aspectos de los
clichés, realizándolos por el mismo procedimiento, o sea, mediante una maqueta
obtenida pegando juntos dos platos de plástico por sus respectivos bordes y
añadiendo la cúpula que es, asimismo, un fondo de taza de camping de la misma
marca. El conjunto me ha costado unas ciento treinta pesetas (o sea, 1,5
dólares).
(22)
Según la GSW, esta organización estaba especializada en el estudio de imágenes
fotográficas ovni, utilizando para ello el instrumental más altamente avanzado,
con ordenadores electrónicos.
(23)
El informe del GSW (con copyright 1976) dice textualmente: «Después de obtener
una copia de
primera generación
[el subrayado es mío]
de este supuesto incidente ovni, nuestro equipo de analistas preparó un negativo
de alta resolución, el cual mostraba la imagen de un objeto en forma de disco o
platillo con una extraña marca en su superficie. La imagen era clara y contenía,
además, aspectos del entorno. Esta información junto con el hecho de que la foto
se tomó a la luz del día, permitió su proceso mediante la técnica de la mejora
fotográfica por ordenador
(computer image enhacement).
Se
han utilizado las siguientes formas de mejora durante la evaluación de este
caso: mejora de contornos, retoque de colores, conversión en dígitos mediante la
distorsión de las unidades o células de tonalidad (distancia) y computarización
por alta resolución.
"CONCLUSIONES: tras un
cuidadoso estudio,
tanto
de los datos pictóricos como de las informaciones procedentes del análisis con
el ordenador, todo el
staff
de
nuestro grupo, GSW, coincidió en afirmar que la imagen ovni no era otra cosa que
un crudo fraude. Seguidamente relacionaremos la evidencia que apoya las razones
para sostener la hipótesis del trucaje:
»1.
La imagen del supuesto ovni carece de sustancia. Hacemos referencia a la
fotografía número 1. La línea del cursor, que actúa como un cuchillo electrónico
que diseccionara el objeto que aparece en la foto, reveló que el objeto era completamente
llano, esto es, que no tenía grosor alguno. La única porción del objeto con un perfil
aparente era el símbolo oscuro de la base.
»2.
Densitometría digital. Esta técnica mide la densidad o valor del gris de la
imagen fotográfica, y demostró que la imagen tenía una baja luminosidad y
reflectividad.
»3.
El análisis de las "celdas" que forman toda foto puso de manifiesto que el
supuesto ovni se encontraba extremadamente cerca de la cámara y del fotógrafo.
»4.
Un equipo especial de ordenador que evalúa la distríbución de lúmenes
(luminosidad) y los datos del perfil que proporciona el cursor arrojó como
conclusión que el "objeto" era muy similar a un plato de papel, invertido, con
un símbolo que se hubiera pintado en su panza.
»5. El objeto
medía menos de 20,3 centímetros de diámetro.
»6. La posición de
la cámara era muy baja con respecto al suelo para proporcionar la sensación de
que el objeto se encontraba alto y lejos.
»7. La mejora de
contornos reveló una estructura lineal que representaba un hilo sobre el
supuesto ovni del que éste pendía.
»8. La imagen del
supuesto ovni es mucho más clara que la que ofrece el poste blanco que aparece
en los alrededores, indicando de forma abrumadora la cercanía del "objeto"
comparada con dicho poste.
»Esta fotografía representa un crudo intento de duplicar una
genuina experiencia ovni. Somos de la opinión de que los fraudes como éste deben
ser aireados si queremos que continúen los resultados objetivos de la
investigación ovni que se
precie de seria.
Ni
remotamente esta fotografía tomada en San José de Valderas (Madrid) representa
un objeto volante extraordinario.»
(24)
Según Ribera, la foto de marras fue solicitada por V. J. B. O., colaborador
del servicio de Inteligencia del Ejército del Aire español, conocido en el
mundillo ufológico como el «vampiro valenciano».
(25)
Junto a los negativos originales, la Guardia Civil recibió también una copia de
los informes de Poher
y
GSW, así como un tercer estudio (AIMU),
realizado por informáticos.
(26)
He aquí algunos ejemplos que conviene no olvidar
y
que colocan en su lugar a estos
supuestos «investigadores científicos»:
• Stendek,
septiembre de 1976. El señor Casas Huguet, miembro del
CEI, escribía lo siguiente: «...Observación
ovni en Puibolea
(Huesca) el día 5.4.76. Al parecer, un tractorista vio, en
la localidad de Puibolea -distante
unos veinte kilómetros de Huesca (en dirección NO)- y en
el camino de regreso a su casa, al anochecer, un ovni situado a una altura de
unos ochenta metros, cuya forma era circular
y en cuya parte inferior se apreciaba un sombreado cuya
forma recordaba claramente la de una
letra "H". El testigo ignora si se trataba de una marca o de elementos
pertenecientes a la estructura propiamente dicha del ovni.
Tal vez en otra ocasión volveremos a ocupamos de esta Observación con mayor
detenimiento y una vez que obren los datos precisos en nuestro poder. (Cabría
preguntarse: ¿adulterinos y tardíos frutos de la tan amena y voceada como
inefable e inaprehensible aventura "ummita"?
El interrogante queda abierto... bromas aparte.)»
Durante un tiempo, como
es mi costumbre,
busqué en Puibolea
y en su comarca al supuesto tractorista. Nadie sabía
nada. Me decidí entonces a telefonear
a Casas Huguet, quien, sorprendido, desvió el asunto,
culpando de lo escrito a Pere Redón,
otro inefable miembro del CEI. En una
segunda llamada, Huguet reconoció
que lo escrito en
Stendek
era suyo,
efectivamente, pero que «todo había
sido un invento
porque lo de "Ummo", en aquel tiempo,
estaba de actualidad".
El CEI, como dije, era considerado
el organismo
de máximo rigor y seriedad en la investigación
ovni en España...
• Primer Congreso Nacional
de Ufología,
celebrado en Barcelona en 1978. El
señor Ballester
Olmos expone los «estudios»
de Spaulding y Cía.
sobre «las fotos» del ovni de San
José de Valderas y
afirma que «las fotos
son falsas». En diciembre
de 1979,
Stendek
se hace
eco de la noticia, apoyando lo dicho
por el GSW.
Y
añade en el editorial de ese número:
«Nosotros creemos -que nos perdonen los que no crean lo
mismo- que todo el asunto "Ummo" es un gran fraude del que
nadie tiene todas las claves. Hubo un complicado trucaje
de ovni en San José de Valderas.» ¿Con
qué autoridad podía sentenciar el CEI si
ellos mismos inventaban casos ovni? ¿Por qué el
colaborador del servicio de Inteligencia
habló de fotos (en plural) cuando el propio GSW reconoce que «obtuvieron
una copia de primera generación»?
Sí, aquí huele a podrido...
• Márius Lleget,
en la revista
Telepsiquia:
«Sinceramente,
siempre creí que todo el ruido que se venía haciendo en
torno a los presuntos "ummitas"
era absurdo. Por lo menos, en la
época de Don Quijote,
de Tirant lo Blanc y de Amadís de Gaula,
cuando el hombre poseía menos información
que en el presente, eran lícitas (además de hermosas) las
fantasías de los caballeros
andantes.
Pero en nuestros bien
informados días nos huele
a falso todo cuanto haga referencia
a unos seres del espacio -los "ummítas"-
cuya existencia está en flagrante
contradicción
con la astrofísica...
¡Adiós a "Ummo", la única cortina
de humo que he visto
escrita sin "h"!»
Supongo que -ahora- don Maríus sabe que el asunto «Ummo» está muy
lejos de haber sido resuelto. A lo ya expuesto me remito...
• Revista
Algo
(supuestamente
científica): «...No parece que en el supuesto ovni de San José de Valderas valga
la pena gastar más tinta, pero pensando en la innata curiosidad humana, y
rogando al doctor Jiménez del Oso que nos perdone, recomendamos la atenta y
desapasionada lectura del libro de Ribera-Farriols, titulado
Un caso perfecto,
en
cuyas páginas el atento lector encontrará con todo detalle el desarrollo de esta
curiosa historia que dista tanto de la ciencia como un campo de fútbol de un
laboratorio atómico.» (15 de noviembre de 1974).
Lógicamente, el autor del comentario no aclara a qué tipo de
ciencia se refiere: ¿a la que quemó vivo a Giordano Bruno o a la que duda?
• Diario
16,
mayo de 1992. El señor Toharia, en un artículo titulado
«¿Ovnis
en la universidad?»,
escribía: «Las personas
que abordan
con seriedad el fenómeno
ovni
no afirman nada; se limitan a examinar con frialdad
y espíritu crítico los casos de "avistamientos",
"contactos" y demás fenómenos extraños. Muy pocos de ellos
resisten un análisis detallado,
pero hay una exigua minoría de casos
que no tienen una explicación racional
aparente. Lo
que no significa
que se trate de extraterrestres "ummitas",
por supuesto... Por eso tiene escaso sentido
que un personaje fabulador e
imaginativo, pero nulamente
científico,
como Juan José Benítez, pudiera ser
invitado por
una de las mejores universidades del país a impartir un curso sobre
ovnis.
Porque lo
que
no sería perdonable
es que allí se
pueda llegar a afirmar
que los
ovnis
están gobernados
por unos visitantes ajenos a la humanidad y procedentes
de otros planetas.»
Lo dicho. Si existiera el Santo
Oficio, este sujeto sería el primero
en prender la hoguera
y quemar vivos a cuantos no pensaran
como él.
• Revista
Enigmas
(número
8). Manuel Carballal,
en un artículo titulado
«Los secretos de Ummo», publica
cuatro fotografías que, supuestamente, corresponderían
a las tomadas por Jordán Peña en San
José de Valderas y que
nunca salieron
a la luz «porque
se veía la mano de su compañero mientras realizaban el fraude».
Los negativos de marras aparecen
numerados como 15A, 16A, 17A Y 18A.
Al preguntar a Carballal
por la naturaleza de tales fotos (nada claro en el texto),
la respuesta fue la que imaginaba:
«Se trata de un montaje, pero no de Jordán.
El responsable
fui yo.» En la página
62, en ese mismo reportaje sobre «Ummo»,
Carballal
escribe: «Durante un año Jordán
explotó el caso Aluche,
pero en 1967 decidió superarse
a sí mismo. Para
ello fabricó la maqueta
de un platillo volante utilizando dos platos de plástico
y una semiesfera transparente.
Una tarde de
mayo de 1967 se desplazó
a San José de Valderas en compañía
de su amigo Vicente Ortuño e
impresionaron varias fotos: "Utilizamos la maqueta
colgada de un hilo
de naylon muy delgado..."»
La «exclusiva mundial»
fue
publicada
en el verano de 1997. Hacía siete meses que la
Guardia Civil
había descubierto
que en los negativos de Valderas
no hay ningún tipo de hilo, pero el
inefable Carballal
no lo sabía...
• Diario
Unidad,
de
San Sebastián. Con fecha 18 de enero
de 1977, Mañu de la
Puente publicaba
una información cuyos titulares eran
los siguientes: «Félix
Ares: "En Guipúzcoa se ha podido ver el 0,31 por
ciento del total constatado
en España. San Sebastián
e Irún son ubicaciones
privilegiadas
para la visión de ovnis."»
En el texto, entre
otras «perlas», puede
leerse: «...Luego... se narraron
[se refiere a los conferenciantes Carmen Garmendia
y Félix Ares de BIas]
otros dos [aterrizajes] similares que ocurrieron
en Aluche (Madrid),
en 1966, y en San José de Valderas (Madrid),
un año más tarde. En estas dos apariciones
el número de testigos fue mayor y se
pudieron
aportar pruebas
fotográficas
de los mismos, que fueron mostradas
a los asistentes a la conferencia.
El señor Ares aseguró que estos documentos
gráficos fueron
estudiados por
dos expertos en la materia,
y tanto uno como
otro afirmaron que las fotos no estaban
trucadas.» El 14 de septiembre de
1980, los mismos sujetos, en el diario
Deia,
de
Bilbao,
arremetían
contra el fenómeno ovni (curioso cambio en poco más de tres años) y decían
textualmente en uno de los pies
de las ilustraciones: «La foto de la izquierda
fue obtenida en San José de Valderas,
a muy pocos kilómetros de Madrid,
en el mes de junio de 1967, Y ha dado
la vuelta al mundo como un caso perfecto
de "ovnis". Cuando
nosotros
hemos pedido que nos hagan un análisis
por computador
hemos obtenido,
entre otras muchas, la foto de la
derecha. La flecha señala
el hilo de naylon
que sujetaba la maqueta de
plástico de unos veinte
centímetros de diámetro [el subrayado
es mío].

Foto publicada en el diario
Deia (1980) y a la que hacen alusión Ares y Garmendia.
El patinazo de Ares y
cía. (no es broma) terminó
dándole la razón al investigador
Salazar Serrano cuando
apuntaba
que el GSW llevó
a cabo sus «análisis»,
no sobre una copia de primera
generación, sino sobre una reproducción
del libro de Blum. Si en el «informe» del GSW aparece el
copyright, fechado
en 1976, y si fueron Ares y cía. quienes pidieron
que se hicieran
los análisis
por computador,
¿cómo es posible
que en enero de 1977 Ares y cía.
defendieran las fotos
de Valderas? Como
vemos, en este asunto
«Ummo», el único mentiroso
no es Jordan Peña...
En 1991, en un programa de Televisión
Española llamado
«Tribunal Popular», el comandante Carlos
García Rodriga explicó
de nuevo el
avistamiento
de julio de 1985, cuando pilotaba un avión
de pasajeros entre Barcelona
y Madrid. Al pasar por debajo de
dicho objeto, toda la
tripulación
pudo observar una enorme
«H» en la base o panza de la nave.
Pues bien, uno de los invitados
a dicho programa
-Félix Ares-, «explicó»
así lo observado
por el piloto español: «Lo que
no comprendo
o no haya comprobado,
es imposible.»
¡Genial y, sobre todo, muy científico!
• En relación con este mismo caso ovni del comandante Rodrigo, el
14 de agosto de 1992, en el
programa de Radio Cinco «Aúpa con ellos» (Radio Nacional de España), otra
«lumbrera» de la ufología hispana -el señor Gámez- se permitió afirmar: «Podía
tratarse de un globo sonda que hubiera perdido el instrumental.» Y el individuo
se quedó tan ancho...
Al año siguiente, en el Primer Congreso Nacional sobre
Pseudociencias, celebrado en Zaragoza, este mismo
«investigador»
afirmaba sobre el tema «Urnmo»: «Aquellos chalados y sus amigos "ummitas". Los
extraterrestres del planeta "Ummo" llegaron a la Tierra en marzo de 1950. Al
menos, eso es lo que mantuvo hasta su fallecimiento en 1982 FERNANDO SESMA, el
contactado que recogió en España el testigo del norteamericano GEORGE ADAMSKI,
que fotografiaba tapas de aspiradora y las presentaba como naves procedentes de
Venus. Sobre el contactado español, que ha sido tratado con más que respeto por
la mayoría de los ufólogos ibéricos, sólo cabe decir que o bien era un chalado o
bien un incauto.»
Obviamente, Fernando Sesma no podia defenderse... Al hablar de
Valderas, el individuo en cuestión dijo lo siguiente: «La aparición de San José
de Valderas fue la gota que colmó el vaso del fraude "Urnmo". El suceso,
calificado por Antonio Ribera y Rafael Farriols como "El caso perfecto" (Ribera
y Farriols, 1973), fue un burdo montaje orquestado por José Luis Jordán Peña,
como todos los informes "ummitas". Los análisis de las fotografías demostraron
que la "nave interplanetaria" de San José de Valderas era un plato de plástico
suspendido de un hilo (Spaulding y Adrian, 1978) y nadie, excepto Jordán Peña,
había sido capaz de hablar con los testigos presenciales. Aunque ufólogos como
Ribera acostumbraban a deshacerse en elogios al referirse a todo papel
autentificado con la hache barrada "ummita", la verdad es que los documentos
eran simple y llanamente basura pseudo científica disfrazada con palabras
exóticas como
ibozoo uu
o
uyooaladaa.
Todos
estos puntos flacos fueron sistemáticamente ignorados por los apóstoles de la
ufología espectáculo durante más de un cuarto de siglo. Sin embargo, el tiempo,
una vez más, ha dado la razón a los escépticos.»
No se puede intoxicar más en menos espacio. ¡Que santa Lucía le
conserve la vista!
• Diario
La Gaceta del Norte
de
Bilbao (España), 11 de febrero de 1985.
Antonio Biosca, más conocido por «Antonio José Alés», escribía sobre «Ummo. y
decía: "La máquina de reventar "ovnis", El llamado "caso perfecto", que
entusiasmó a muchos, ahora ya no lo defienden, supongo que por pudor, cayó en
las fauces insaciables de los llamados investigadores críticos, quienes enviaron
las fotos a Estados Unidos, para que fueran sometidas al implacable análisis de
la famosa "V-P
8", unidad tecnológica de la NASA, utilizada para la decodificación de las fotos
enviadas por las naves norteamericanas y que es capaz de determinar masa,
tamaño, distancia y otros parámetros fotográficos; el resultado no pudo ser más
desalentador: eran maquetas de papel.»
Alés, una vez más, confundió churras con merinas... ¿Fauces
insaciables de los llamados investigadores críticos?
Dos años más tarde, no satisfecho con lo anterior, Alés volvió a
la carga en la revista
OMNI
(febrero de
1987):
«...Creo
-sin pontificar- que "Ummo" fue un invento de alguna agencia de opinión
extranjera, para comprobar cómo reaccionaba un país (que salía a duras penas del
subdesarrollo y entraba de puntillas en la era industrial) ante la llegada de
seres de otro mundo. He de reconocer que, de ser cierta mi teoría, el
experimento les salió bordado. Nuestro retraso cultural les proporcionaba la
base para crear una aura de superavance técnico-científico, que sobrepasaba los
conocimientos de los humanos...»
¿Agencia de opinión? Alés, evidentemente, no sabía muy bien de
qué hablaba. Este individuo debería recordar que, en 1966, España estaba muy por
delante de EE. UU. en infinidad de temas culturales y que, casualmente, los
receptores de los mensajes «ummitas- eran, en su mayoría, universitarios.
• Diccionario
Temático de Ufologia,
editado en noviembre
de 1997 por la Fundación Anomalía (Santander,
España). En la página 337, al referirse al caso San José
de Valderas, Matías Morey,
coordinador,
escribe: «La evidencia fotográfica (cinco
negativos del fotógrafo anónimo y dos
copias de Antonio
Pardo) fue posteriormente examinada
por estudiosos españoles y extranjeros,
entre los que
cabe destacar a
Óscar Rey
Brea, Claude Poher
y los analistas del GSW norteamericano. Todos
ellos coincidieron
en afirmar que
se trataba de un montaje realizado
con una maqueta
de no más de medio metro a la que
se había pintado
el signo "ummita".
Tanto Poher como el GSW utilizaron computadoras
para su peritaje (el primero, sobre
los negativos originales),
y sus conclusiones
fueron confirmadas por otro análisis
hecho por Carles
Berché en 1994...»
¿Rectificarán los «anómalos» y reconocerán que los gringos
mintieron y manipularon? Imposible: entre bomberos nunca se pisan la manguera...
• LAR
(panfleto de la
llamada "La Alternativa Racional»), 1993. (Otro nido de «anómalos»,
intoxicadores profesionales y tontos útiles.) En un artículo titulado "UMMO: el
planeta de los corresponsales anónimos», Luis R. González Manso decía, entre
otras cosas: "...no existe ninguna duda entre los ufólogos españoles serios de
que "UMMO" es un FRAUDE... El affaire "Ummo" sería simplemente una empresa
unipersonal. Naturalmente que el autor contaría con algunos cómplices para
falsificar las huellas y las fotos, y además obtuvo la desinteresada ayuda de
muchos otros bromistas, pero no hace falta más gente, ni motivaciones
inconfesables. Los fraudes son divertidos, mucho más si te puedes mezclar con
tus víctimas y disfrutar con sus dudas, emociones, ingenuidad, llegándote a
convertir en dueño y señor, manipulando los hilo de tus marionetas a
voluntad...»
Y
surgen un par de dudas: cuando el Manso habla de ufólogos serios
¿a quién se refiere? ¿Quizá al GSW? Cuando escribe "los fraudes son divertidos»,
¿está hablando por experiencia? Manso concluye acusando a Jordán Peña como el
creador de
«Ummo»
y afirma: "No obstante, me gustaría pedir al jurado una suave condena, pues con
su trabajo de todos estos años, Jordán Peña nos ha facilitado la maravillosa y
poco frecuente oportunidad de ser testigos del nacimiento de un mito moderno.»
El manipulador, naturalmente,
«olvida»
a los testigos de las naves con la "H» en la panza. ¡Toda una tripulación de la
compañía aérea Iberia fue testigo de un mito!
Pero la manipulación por parte de este «anómalo» no termina ahí.
En el
Ummocat
de Ignacio Darnaude
(documento 2806), el tal Manso asegura que Garrido, comisario de policía (uno de
los receptores de las cartas), sería ganado para la causa «ummita» cuando la
salud de su hijo, en urgente necesidad de una operación cardíaca, mejoró lo
suficiente como para permitir esta intervención, gracias a los «ummitas» y sus
«ovnis microscópicos». La estupidez no merece comentarios...
Un año después (1994), Manso se cubría nuevamente de «gloria». En
un artículo publicado en
Cuadernos de
Ufología,
el órgano de difusión de la referida Fundación Anomalía
(supuestamente la línea seria y científica de la investigación ovni), bajo el
título «"UMMO": el derrumbe de un mito», el «anómalo» de marras insistía en el
asunto del «hilo»: «...Óscar Rey Brea, Claude Poher y el GSW
demuestran de forma
inapelable
la falsedad de las fotos de San José
de Valderas... [el subrayado es mío].»
Lo único inapelable, amén de la torcida intencionalidad de
Cuadernos
de Ufología,
es el estudio nulo llevado a cabo por los gringos...

Logotipo del GSW, con el arranque
del «informe» sobre la foto de Valderas, tal y como fue publicado por el CEI en
diciembre de 1977. A la derecha, el copyright.
• Cuadernos de Ufología
(Santander, España), números 16 y 17 (1994). El argentino Agostinelli escribe
también sobre «Ummo»,
y
dice: «Ahora bien; cuando se acerca el punto final, los autores
de textos ufológicos suelen afanarse por rematar el texto con una idea fuerte y,
en lo posible, dejarlo todo en suspenso, tanto como para no cauterizar
definitivamente el misterio. Por desgracia, éste no es el caso: la maravillosa
historia de "Ummo", antes que un "experimento cuidadosamente diseñado", evoca la
escena de una familia de gatos jugando con un ovillo de lana. Una vez que la
madeja empieza a enredarse, llega una instancia en que hablar de "inteligencias
externas" o "internas" (visitantes de mundos fantásticos, maquiavélicas agencias
paraoficiales o un contubernio de científicos lunáticos), que invirtieron tiempo
y fortuna para someter a su capricho un fárrago de creencias que en realidad
pueden emerger y prosperar con la cooperación premeditada de unos pocos
y
las bromas, los
fraudes, la inocencia y la necesidad de creer de unos cuantos), no sólo es
estéril e innecesario: también puede ser un perfecto acto de cretinismo
intelectual.»
Cree el ladrón que todos son de su condición...
• Cuadernos de Ufología
(«Centrada
-según ellos- en el análisis riguroso de la fenomenología ovni.»
Cuadernos de
Ufología
-dicen-
es una tribuna en la cual colaboran estudiosos de todo el mundo, que mantienen
la necesidad de un enfoque fuera de especulaciones sensacionalistas que tanto
han afectado a la credibilidad de esta fenomenología, planteamiento
imprescindible para profundizar de modo serio y objetivo en los ovnis y su
entorno.») Septiembre de 1988. Ignacio Cabria escribía en el referido «modelo»
de rigor y seriedad:
«...el
comisario de policía Dionisio Garrido Buendía recibe, a lo largo de 1967,
comunicaciones telefónicas e informes [se refiere a los "ummitas"]
sobre parapsicología y sobre fotografía. Se me ha contado un hecho acontecido
cerca de esta persona y que la hizo convencerse totalmente de la autenticidad de
los extraterrestres que se presentaban como "ummitas". Un hijo suyo sufría una
dolencia cardíaca y no podía ser operado por sufrir una deficiencia en la
sangre, una carencia parcial de plaquetas. Al poco tiempo de este primer
contacto, y de un modo que Garrido no interpretó de otra manera que como una
intervención de los extraterrestres, su hijo tuvo las plaquetas suficientes para
poder ser intervenido quirúrgicamente. Hasta aquí la concisa información que se
me ha proporcionado.»
Cuadernos de Ufología
y el señor Cabria
deberían saber que el rumor está más cerca de la «especulación sensacionalista»
que del «análisis riguroso». Por cierto: ¿quién copió a quién? ¿Manso a Cabria o
viceversa?
En ese mismo artículo sobre «Ummo», Cabria, en otro alarde,
recuerda los «hallazgos» de Poher y Spaulding, y dice: «Los análisis de las
fotos realizados por técnicos franceses y norteamericanos respaldaban los
resultados de Rey Brea en el sentido de demostrar que el ovni era, en realidad,
un plato suspendido de un hilo» (Poher, 1977; Spaulding, 1977).
El
pobre Cabria no acierta ni en las fechas...
En 1994, tras conocerse la autoinculpación
de Jordán Peña,
Cabria publica otro artículo
en Cuadernos
de Ufología
bajo el título «"Ummo":
el fin de la trama». Y dice: «Nos queda una cuestión
incómoda que pone en entredicho
a la comunidad
de investigadores de la ufología y
la parapsicología. José Luis
Jordán fue presidente
de la entidad ufológica
Eridani A. E. C. en los años
setenta. Impartió charlas
en las que mostraba
un talante escéptico
hacia la naturaleza
extraterrestre
de los ovnis y en los últimos
tiempos se había
mostrado un
crítico mordaz
con los ufólogos. En el campo de la parapsicología
representó el ala más escéptica y radical
de la Sociedad Española de Parapsicología.
¿Cómo es posible que los investigadores
de la ufología
y de la parapsicología hayan podido
ser engañados de manera tan sistemática?»
El señor Cabria, una vez más,
manipula
la información. Que yo sepa, de la
treintena de receptores
de cartas «ummitas»,
sólo Ribera y Darnaude
pueden ser considerados
como «investigadores de la ufología».
En cuanto a la parapsicología,
excepción
hecha del P. Pilón, ¿a quién
se refiere este «modelo
de rigor»?
¿«Engañados de manera tan sistemática»?
Cabria, obviamente, no conoce
los cientos de documentos
escritos por Ignacio Darnaude
Rojas-Marcos en los que duda de la paternidad
«ummita». ¿O sí los conoce?
Y algo más: en 1971, cuando se fundó la Sociedad
de Estudios Cosmológicos
Eridani, en Madrid,
Jordán Peña, en efecto,
fue elegido presidente.
Uno de los que apostó
por él fue el también «anómalo»
Félix Ares de BIas,
compañero de viaje en
Cuadernos
de Ufología
del señor Cabria...
• Cuadernos
de Ufología,
septiembre de 1988. Julio
Arcas, Cabria y José Ruesga
firman un editorial en el que se dice: «C.
de
U.
no va a rechazar en sus páginas a
los escépticos ni los temas
"malditos" como "Ummo" o los contactados si se aportan sobre ambos
visiones renovadoras...»
Basta echar un vistazo
a las páginas de
Cuadernos
de Ufología
para darse cuenta
de que las «visiones renovadoras»
son todas tan
parciales como
mal intencionadas.
A lo expuesto
me remito.
• Cuadernos de Ufología,
septiembre de 1988.
CarIes Berché,
del CEI de Barcelona, asegura «que
los análisis
por ordenador de las fotos de San
José de Valderas demuestran que se
trata de una maqueta reducida
colgando de un
hilo de naylon.» Años
después, en 1994, también
en C.
de
U,
Berché
i Cruz se reafirma
en lo dicho: «La existencia de fotografías
del presunto ovni
de San José de Valderas, supuestamente
visto el 1 de
junio de 1967, parecían ser la prueba
definitiva de
la autenticidad
del caso. Más aún, cuando los fotógrafos
eran -en un principio- dos
diferentes. Lejos de
eso, las fotografías han
sido la puntilla
del caso "Ummo" en general. Si las
fotos son falsas, el caso también
lo es y si se montó un falso caso
ovni anunciado
por los "ummitas", es
que éstos participan
del fraude.»
Las «brillantes
y científicas» deducciones
de Berché lo dejan a uno traspuesto
(sobre todo por lo del «hilo»
de Spaulding). Más adelante en ese
mismo artículo,
Berché reconoce que
algo falla: «Según ciertos ummólogos,
el que Spaulding
hiciera sus
análisis sobre una "copia"
en lugar de sobre los negativos invalida su trabajo. Pero
si aparece un HILO bien visible, de algún lugar debe de salir, creo yo...»
La respuesta la proporciona el propio Berché: "En definitiva, si
bien no he hallado el mismo hilo que los técnicos del GSW, sí puedo confirmar
que éste existía y que no estaba aguantado por una caña, sino que arrancaba del
suelo
y
pendería en una estructura superior -una rama de árbol, tal vez-
que el fotógrafo cuidó de no encuadrar.»
¡Genial! La cuestión es mantener el «hilo» como
sea, aunque no exista.
Esto debe de ser lo que los «anómalos» y «científicos» de
Cuadernos de Ufología
llaman "visiones renovadoras»...
<
Capítulo 5
Capítulo
7 >