ROJO Y NEGRO

            En las habituales tertulias conmigo mismo siempre estamos de acuerdo: yo soy el peligro y mi peor enemigo. Cuando decido no ver, todo lo veo en rojo o en negro, según. Es el pecado de la ira, que salpica, o el de la tristeza, que inunda. No sé por qué pero, de vez en vez, me cubro de oscuridad y asalto el interior de los que me quieren, haciéndoles retroceder. No hay peor pecado. Después, al recuperar la visión, me pregunto por qué. Nadie lo sabe. Yo tampoco. Supongo que forma parte del engranaje humano. Algún día, cuando prescinda del tiempo y del espacio, la ira y la tristeza serán unos perfectos desconocidos. En la aduana del más allá sólo admiten lo que ha merecido la pena.

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